Es evidente que quiere ir de pijo sin serlo, y lo que pretende es llenar un vacío que comprando compulsivamente no lo va a conseguir. Como decía Schopenhauer: "La vida es un negocio que no cubre los costes".
Haga lo que haga, lo que sea que le haya llevado a la situación actual va a seguir estando ahí. Analicemos someramente: ponerte al servicio de los deseos es un camino que no tiene fin, porque los deseos son siempre ilimitados y sus exigencias inagotables. De cada deseo satisfecho nace otro nuevo.
La base de ese querer tener cosas, más que una necesidad, es la reacción a algún tipo de carencia, o sea, en realidad es una huida de algún tipo de dolor, puede ser motivado por algún suceso doloroso del pasado, cuando no del propio dolor y el propio vacío inherente al hecho de estar vivo.
El problema de entregarse a la búsqueda del placer inmediato, como es el tener cosas, es que a lo más que se pude llegar es a una especie de balanceo pendular, porque sin más objetivo que el de una satisfacción demasiado fácil, la sensación de saciedad desaparece enseguida, después de conseguir el objeto deseado viene nuevamente la insatisfacción y el desengaño, y te invade un terrible vacío y aburrimiento.