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El TSJ valenciano estudia la próxima semana si paraliza la vacunación infantil contra el coronavirus en los colegios​

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) decidirá la próxima semana, el 26 de enero, si paraliza la vacunación infantil en los centros educativos, tal como le reclama el padre de una niña y abogado como medida cautelar, o deja a la Generalitat continuar con la inmunización iniciada en diciembre.

En esa sesión plenaria del tribunal, se va a debatir este asunto porque hay una «discrepancia en la deliberación del auto», según comunicó el TSJCV a este letrado, Curro Nicolau, que de momento pide que se interrumpa, aunque aspira a su suspensión definitiva y sentar jurisprudencia.

Ahora, ante la noticia de un nuevo caso en Elche de vacunación de una niña de seis años

de edad por error sin el consentimiento de los padres y con los precedentes anteriores esta misma semana, Nicolau ha presentado otro escrito de súplica para que sea tenido en cuenta antes de la citada reunión del órgano judicial.

Y ha acompañado como «documento de relevancia» esta situación anómala para ampliar sus alegaciones.

«Riesgo para la salud»​

«Junto con los casos presentados en días anteriores, vemos cómo es muy posible que se den circunstancias anómalas de este tipo ya que los padres no están con los menores en los centros educativos y pueden darse situaciones que ponen en riesgo su salud», señala.

Igualmente, con estos presuntos errores o negligencias, Nicolau argumenta que se debería revisar el argumento del TSJCV para no paralizar la vacunación de que tiene un carácter «voluntario», dado que en esas situaciones, no se respeta la voluntad de los afectados.

Por eso, insiste en que la administración del fármaco «se realice con todas las garantías en centros sanitarios y en presencia de los padres o tutores legales, con el objeto de preservar la seguridad de los menores y los derechos de las familias», y reclama el respaldo del Ministerio Fiscal.

A su juicio, los casos de inoculación por error «no son fruto de la casualidad y solo con un único caso es suficiente motivo para suspender este criterio de vacunación» y se corre el «riesgo» de que se repitan, por lo que «pueden tener repercusiones gravísimas», según alerta en este escrito al TSJCV.

 

El aumento de los precios en España provoca que las colas del hambre vuelvan a crecer en pleno invierno​



En España, el alza de los precios en 2021, que en diciembre llevó la inflación hasta el 6,5 %, un récord de los últimos 29 años, ha dejado a la población con un menor poder adquisitivo. Con tres de cada cuatro productos o servicios más caros, preocupa la llegada del frío, sobre todo por el aumento del precio de la electricidad y los combustibles.

Además, poco más del 15 % de los trabajadores ha tenido un aumento salarial acorde a esa subida en la canasta alimentaria, lo que se traduce en que las colas del hambre vuelven a crecer semana tras semana.

Una de las ONG que ha dado la voz de alerta es la Fundación Madrina, adonde acuden cientos de personas para recibir ayuda en Madrid para hacer frente a la crisis económica, sanitaria y al frío del invierno.

La fundación trata de ofrecer a todas estas personas estufas para calentar la casa, mantas para abrigarse e incluso velas para que los niños puedan estudiar de noche, además de alimentos y pañales para bebés que les entregan una vez a la semana.

Algunos llevan tiempo acudiendo a esta cola, mientras que hay quienes llegan por primera vez ante la falta de ingresos. Yolanda Ramírez, beneficiaria de la Fundación Madrina, explica que le da "mucha vergüenza" pedir ayuda: "Se me saltan las lágrimas. Demasiada vergüenza", dice.

Sin ayudas ni subsidios​

Muchas de las familias que acuden a esta organización no reciben ayudas ni del Gobierno estatal ni del autonómico. Las hay que comparten casa y no tienen un contrato a su nombre, y la falta de documentos da lugar a obstáculos burocráticos que imposibilitan el acceso a subsidios, como el ingreso mínimo vital.

Es el caso de Wendy Soto, que vive con su madre y sus dos hijas en una habitación alquilada. Sigue sin papeles más de cinco años después de su llegada a España. Han sido unos años duros. Encuentra algún trabajo por horas, pero no es suficiente para vivir y debe acudir a este tipo de instituciones para recibir ayuda.

"La verdad que veo todo ciegas, veo un túnel sin salida", dice Soto, aunque mantiene "la esperanza de que algún día va a ser el día de la luz".

Conrado Giménez es el presidente de Fundación Madrina. Todos los miércoles asiste a las familias ofreciéndoles alimentos mientras intenta buscarles trabajo o vivienda a aquellos que lo necesitan. Es testigo de cómo las colas están volviendo a crecer: "Había mucha menos hace varias semanas. De pronto está subiendo y estoy alarmado. Porque en estas colas ya hay gente de clase media", relata.

Organizaciones no gubernamentales como esta son un pulmón financiero para miles de familias en España, ofreciendo servicios esenciales donde el Estado no llega.

 

Italia pone más límites a los no vacunados: solo podrán comprar en supermercados, farmacias y gasolineras​

Italia volvió a limitar este viernes las actividades para los antivacunas con un decreto ley en el que figuran los pocos servicios y establecimientos de bienes esenciales a los que se puede acceder sin el certificado sanitario básico, que se logra con la vacuna, tras pasar la enfermedad o con una prueba negativa al coronavirus.

A tenor de la nueva normativa firmada hoy por el primer ministro italiano, Mario Draghi, la mayoría de las tiendas del país exigirán exhibir el certificado sanitario, por lo que aquellos que no han querido vacunarse sólo podrán entrar, a partir del 1 de febrero, en supermercados, farmacias, parafarmacias, ópticas, tiendas de animales y gasolineras, además de que sólo podrán adquirir bienes de consumo esenciales.

En estos establecimientos, a los que se puede acceder sin el pase antiCOVID, se realizarán controles aleatorios, explicaron fuentes del Gobierno. Por ejemplo, en la lista se confirma la exclusión de los estancos, por lo que para comprar tabaco se tendrá que tener un certificado sanitario, y tampoco se podrá entrar sin él en las oficinas de correos y los bancos, ni siquiera para retirar la pensión de jubilación.

Por contra, se permitirá siempre el acceso a centros sanitarios y veterinarios, así como a las dependencias de los cuerpos policiales y a las de las policías locales "para la prevención y denuncia de las infracciones".

Las medidas entrarán en vigor el próximo 1 de febrero, el mismo día en que la duración del pase verde también cambiará de 9 a 6 meses.

Italia también introdujo la exigencia de la vacuna para todos los mayores de 50 años, lo que entrará en vigor a partir del 15 de febrero, mientras que el certificado reforzado, que se consigue con la pauta completa de la vacuna, haber superado la enfermedad y la dosis de recuerdo a los 6 meses, es obligatorio también para entrar en los medios de transporte desde el pasado 10 de enero.

 

Soy idiota y “estaba deseando que me lo pidieran para enseñarlo”​

Como muchos de ustedes habrán podido comprobar, en los últimos días hemos reducido notablemente el número de publicaciones porque estamos tomándonos un pequeño descanso hasta el lunes. Y en este fin de semana largo que nos hemos tomado de descanso nos hemos desplazado hasta una de las zonas de España en las que se pide el pasaporte, no sin antes habernos asegurado que, a pesar de esa teórica obligatoriedad, no nos lo han pedido en ningún sitio y tampoco hemos visto que lo hicieran con más gente.

Y esto ha sido así hasta la noche del sábado. Entramos en un restaurante en el que nadie nos dijo nada y, sorprendentemente, sí lo hicieron con las personas que entraban después que nosotros. Lo sabemos porque estábamos muy cerca de la puerta de entrada. De esas personas a las que se lo pidieron muchas acabaron cenando en una terraza cubierta del exterior porque, suponemos, o no estaban inoculadas, o no lo había hecho con la pauta completa. El caso es que no lo tenían. Seguíamos sorprendidos con que a nosotros no se nos hubiera pedido en ningún sitio.

Pero siendo eso absolutamente aberrante, llegó algo que fue aún peor. Entraron dos parejas de unos treinta y pocos años y uno de ellos, el más “listo”, cuando se le pidió el salvoconducto respondió: “No me importa. Estaba deseando que me lo pidieran para enseñarlo”.

No hay nada peor en el mundo que los idiotas como ese. No hay nada peor en el mundo que un servil que, no solo no se entera que está siendo esclavizado, sino que está feliz con ello puesto que siente, además, que está por encima de los demás. Ese tipo de personas, esas cabezas huecas con patas son, sin enterarse, los cómplices de dictaduras, personajes sin un ápice de sentido común cuyo único objetivo en la vida es formar parte del rebaño mayoritario. Que es feliz por obtener un salvoconducto que le permita sentarse en la mesa de un restaurante para cenar.

Desgraciadamente, se sentaron justo al lado nuestro y las conversaciones que pudimos escuchar nos pusieron mucho más nerviosos e indignados. “Hay que inocularse”… “Si nos hemos puesto todo tipo de inoculaciones en nuestra vida, no entiendo qué tiene de malo ponerse esta”… “Me parece muy bien que se pida el pasaporte, los inoculados tenemos que saber que vamos a sitios en los que no nos vamos a contagiar”…

En esas conversaciones participó, en algún momento, el camarero. Una persona que, hasta ese momento, nos había parecido amable y educada. Por suerte, no consumieron demasiado y se fueron antes que nosotros y nos alegramos porque ya nos estaban poniendo nerviosos con tanta tontería. Además, en lugar de ser discretos lo hacían en voz alta como para sentir que estaban dentro de un club de privilegiados mientras “la plebe” cenaba en la terraza cubierta del exterior. Eso nos hizo mucha gracia porque imaginábamos cómo se hubieran sentido de aterrados si se llegan a enterar que al lado tenían a dos “purasangre” a los que no se le había pedido documento alguno, por el motivo que fuera.

Pero el final fue bastante divertido. Llamamos al camarero. Pedimos la cuenta. Pagamos y dejamos una propina. Cuando pasó a recogerla le dijimos: “De parte de dos no vacunados”. Y le dejamos, además de la propina, la mejor de nuestras sonrisas.

 

El Gran Maestro Dubov se niega a jugar con mascarilla en Países Bajos y pierde por incomparecencia​

El Gran Maestro ruso Daniil Dubov, uno de los ayudantes del campeón del mundo de ajedrez, el noruego Magnus Carlsen, en el último Mundial, se ha negado a jugar con mascarilla su partida de la séptima ronda del torneo Tata Steel Master, que se disputa en Wijk Aan Zee (Países Bajos), contra el neerlandés Anish Giri, y los organizadores se la han dado por perdida.

"Daniil Dubov no jugará la séptima ronda hoy. Debido a un contagio de Covid en su círculo próximo, la organización, tras consultar con el árbitro principal, le ha pedido que juegue con mascarilla para proteger a su rival, Anish Giri. Dubov no se ha presentado a la partida, lo que significa que pierde por incomparecencia", anunciaron los organizadores del torneo, el más prestigioso del mundo desde la desaparición del español de Linares.

Según el comunicado de los organizadores, "Dubov ha explicado que se negó a jugar con mascarilla por una cuestión de principio".

El Gran Maestro ruso dio negativo en un test rápido y además se ha sometido a una prueba PCR cuyos resultados se conocerán probablemente esta tarde, añaden los organizadores.

Una vez disputadas seis de las 13 rondas, Carlsen ocupa la primera posición empatado a 4 puntos con el indio Santosh Vidit y el azerí Shakhriyar Mamedyarov. El torneo, en el que Carlsen aspira a un octavo título, terminará el 30 de enero.

 

Irlanda elimina las restricciones​

El Gobierno de Irlanda levantaba esta semana las restricciones de COVID. El anuncio se produce después de que los planes para eliminar las restricciones fueran al Gobierno esta tarde después de que el NPHET -Instituto Público de Salud- aconsejara a los líderes que pusieran fin a la mayoría de las medidas, incluido el uso de certificados de vacunas controvertidos.

En un discurso el jefe del Gobierno irlandés, Michael Martin, dijo que “las noticias de hoy serán bien recibidas por muchos”, pero reconoció que aquellos en grupos vulnerables pueden estar ansiosos por el regreso a la normalidad. Martin dio el visto bueno para eliminar la mayoría de las estrictas restricciones pandémicas de Irlanda que han sido parte integral de la vida pública durante casi dos años.

“Hoy es un buen día”, dijo Martin antes, y agregó: “Los humanos somos seres sociales y los irlandeses somos más sociales que la mayoría. Mientras esperamos esta primavera, necesitamos volver a vernos, necesitamos vernos sonreír, necesitamos cantar de nuevo”.

La confirmación del gobierno significa que los pubs, restaurantes y otros establecimientos de hostelería irlandeses finalmente pueden volver a funcionar con normalidad este fin de semana, y no se les pedirá a los clientes que presenten pasaportes de vacunas.

Igualmente se han eliminado los requisitos de distancia social, los eventos públicos podrán desarrollarse sin límite de asistentes y se eliminan, también, los límites a las reuniones en domicilios privados.

 

Se extiende la coronafobia: “Trabajo en casa y evito salir para no infectarme”​

“Apenas salgo. Me contagié en la primera ola y arrastro fatiga crónica. Tengo miedo a infectarme otra vez y no quiero volver a la oficina. Mi puesto permite teletrabajar al 100%. Las empresas dicen que toman medidas, pero luego hay quien no las cumple. Me genera ansiedad ir al comedor o al baño, potenciales focos de contagio. Asistí a una reunión en un coworking y la mayoría estaba sin mascarilla”, afirma Marta, coordinadora en una conocida editorial. Puede que no lo sepa, pero se enfrenta a un nuevo problema de salud mental, la coronafobia, sobre la que alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Casos como este son cada vez más frecuentes en trabajadores que han desarrollado excesiva ansiedad asociada a la covid-19. Temen socializar o utilizar el transporte público, pero también subir en ascensor, abrir una puerta o cruzarse sin distancia con un compañero en el entorno laboral. No confían en el cumplimiento a rajatabla por parte de jefes y empleados de las medidas de seguridad. “Nos están llegando consultas relacionadas con la posible consideración de esta patología como motivo de baja laboral”, sostiene Mariano Sanz, secretario confederal de Salud Laboral y Sostenibilidad Medioambiental de CC OO. Pero aclara: “Una fobia está considerada una enfermedad común dentro del Sistema de Salud Pública y no una enfermedad derivada de la actividad profesional, por lo que no es motivo de baja laboral profesional”.

Sanz lamenta que el sistema “tampoco reconozca esta nueva patología como riesgo derivado del trabajo” y que desencadena una excesiva ansiedad por temor al contagio, en el marco de las relaciones laborales. Más aún cuando la OMS advierte de que en 2030 los problemas de salud mental serán el primer motivo de discapacidad. Por ello, desde el sindicato UGT, José de las Morenas, coordinador de Salud Laboral, reclama sacar toda la infantería de prevención en los puestos donde es inviable el teletrabajo. “En sectores que no permiten trabajar desde el salón de casa, como la industria, la construcción, los mataderos o la hostelería es necesario volver a las medidas de la primera ola porque se está trabajando con miedo”. Reivindica “la importancia de la distancia, control de aforos, sobre todo en vestuarios; filtros HEPA de extracción de aire, pantallas y uso de mascarillas FFP2 (no quirúrgicas) debido a la alta incidencia por aerosoles”.

La mayoría de las consultas que reciben en CC OO provienen “de trabajadoras de mediana edad con empleos de cara al público en comercios o en la Administración, donde el riesgo de contagio se multiplica”, indica Sanz. También de logística, servicios y entretenimiento, según De las Morenas. “Hay miedo. Y se acentúa en trabajadores más expuestos y que padecen afecciones derivadas de la covid. Igual que entre aquellos que temen ser transmisores porque conviven con niños o personas de riesgo”, añade.

Por su parte, la jefa de la unidad de Cristalografía e Ingeniería de Proteínas del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Inés Muñoz, coincide: “A pesar de la vacunación, el miedo persiste en personas que no lo han pasado y en las que temen volver a contagiarse porque les preocupa cómo va a reaccionar su organismo”. Y aclara que “no estamos ante una gripe, es otro virus y, como te pille mal, acabas hospitalizado”.

Una incertidumbre que trae de cabeza a una profesora de la Escuela Oficial de Idiomas, que prefiere mantener el anonimato. Confiesa “enorme ansiedad” al impartir clases presenciales. “Llevo muy mal las dos horas de transporte público hasta mi centro de trabajo. Me fijo en si la gente lleva bien puesta la mascarilla, evito que me rocen o se acerquen demasiado”. Reconoce que puede dar clases presenciales porque “la alternativa síncrona ha rebajado sustancialmente la asistencia de alumnos hasta seis u ocho. No podría asumir muchos más. Tengo mucho miedo. No se respeta la distancia. Los compañeros se han relajado y tocan todos los ordenadores…”. A su juicio, tendrían que ser obligatorios los test de antígenos para entrar en los centros.

Entornos de confianza​

La coronafobia, según los expertos, ha encontrado su caldo de cultivo en personas vulnerables y en aquellas con cierta predisposición a trastornos mentales como las fobias. Por ello, apelan a la responsabilidad de las empresas para crear entornos de confianza en los centros de trabajo. “El coronavirus ha generado hipocondría, heredada en muchos casos del confinamiento”, sostiene Javier Cantera, presidente de Auren Consultores. Una hipocondría que, en su opinión, viene determinada por “lo cercano que cada persona ha vivido las consecuencias de esta enfermedad en su familia y su entorno” y que nada tienen que ver con la alta vacunación y una sexta ola del coronavirus más laxa.

Cantera apela a la urgente y masiva implantación de planes de bienestar psicológico en las empresas. Por tres motivos: “Estamos ante una fobia muy relacionada con la cibercondria, la que desarrolla el sujeto que se informa constantemente de cifras de infectados, hospitalizaciones, muerte y malas noticias”. Y que se alimenta con “el continuo bombardeo de vídeos virales, fake en su mayoría”, explica. El segundo motivo tiene que ver con los directivos. “Deben trabajar la ejemplaridad en el respeto a las medidas sanitarias y que el empleado vea que son los primeros en cumplirlas, porque una cosa es lo que se dice y otra muy diferente, lo que se hace”. Finalmente, pide “que en la vuelta al presencialismo, cada vez más cercana tras la incipiente caída en contagios de ómicron, las empresas no se relajen en el control de las instalaciones, para que el empleado perciba que puede trabajar en un entorno seguro y protegido”, concluye.

Adiós al apretón de manos​

No pocos son los negocios que tras su cierre quedan sellados por un apretón de manos. El origen probable de este gesto se sitúa en la antigua Babilona y está presente en la iconografía grecorromana. De su significado se ha escrito que podría ser un gesto de paz al mostrar con la mano abierta no portar armas. En Roma fue empleado por los emperadores para sellar pactos de hospitalidad iniciados con los visigodos, para intercambiar servicio militar por tierras.
La pandemia, sin embargo, puede acabar con este milenario gesto, ya que según los expertos la mayor parte de las infecciones comunes se contagian por las manos. De hecho, ya ha sido eliminado de las reuniones formales. “La nueva normalidad covid representa un cambio de paradigma en muchos aspectos. Igual que incorporamos a nuestra vida la mascarilla, se suprime en el ámbito laboral todo contacto como medida de prevención sanitaria”, explica el consultor Javier Cantera.

 

Feijóo (PP) mantendrá el Pasaporte Covid "mientras no finalice la pandemia".​

"Mientras no finalice la pandemia, el certificado sí es útil", ha respondido en un acto en Vigo, donde los medios le han preguntado sobre la decisión de otras comunidades de levantar esta medida.

En este contexto, Feijóo no cree "que sea lo más razonable" mandar "un mensaje de que la pandemia ha finalizado" cuando todavía hay "100 muertos diarios en España".