El próximo día 4 de septiembre la Junta Local de Seguridad afrontará los problemas de seguridad ciudadana desatados en las últimas semanas en los sectores zaragozanos de Pignatelli y Oliver en busca de soluciones. A su vez, el 6 de septiembre los vecinos, hartos ya de esta situación, se concentrarán frente al ayuntamiento. Es imperativo que se diseñe de un plan de contingencia contra la creciente violencia e inseguridad que se está apoderando de calles por las que, la ciudadanía cree, se ha perdido el control. Los mencionados sectores no son los únicos en los que se está apoderando el caos, la violencia y los robos. Desde el barrio Oliver, que ha registrado 20 robos en dos semanas, los incidentes se han comenzado a expandir con rapidez al vecino barrio de las Delicias.
Por otra parte, el sector Pignatelli está visibilizando en estos momentos la inseguridad que viene sufriendo desde hace tiempo todo el Casco histórico. La capital aragonesa no es ajena al creciente brote de violencia surgido por parte de menores de edad no acompañados (menas), una creciente ola de crimen a la que le urge una solución que pacifique y apacigüe las zonas más afectadas.
En las últimas semanas, uno de los periódicos aragoneses de mayor renombre, como es el Heraldo de Aragón, ha comenzado a llenar sus páginas de sucesos con hechos que comienzan a evidenciar una generalizada escalada de violencia, agresiones e inseguridad en la capital aragonesa. Zaragoza, al igual que la Barcelona de Ada Colau, está comenzando a registrar su propio episodio de inseguridad cívica.
Hay una realidad, no escrita hasta hoy, que rige la vida de la ciudadanía y hace que en Zaragoza haya calles por las que ya no se pase, otras por las que la gente se restringe a una franja horaria acorde al comercial o a las horas de luz, e incluso, zonas que la gente ya evita transitar. Hablamos de sectores donde las trifulcas, la suciedad, las peleas con armas de todo tipo y el tráfico de drogas se han normalizado.
En el último mes se han disparado los asaltos a viviendas para, posteriormente, vender todo lo que sea de valor en los edificios que estos mismos menas ocupan. Además, las zonas de ocio de Zaragoza también se han resentido: grupos organizados de menas, amparados por su condición de menores, se dedican a esperar en las calles próximas a zonas como la del Casco, e incluso Cesareo Alierta, para atacar con extrema violencia a los jóvenes ya de vuelta, a altas horas de la madrugada, aprovechando la embriaguez para robarles todas sus pertenencias de valor llegándose a registrar hasta 15 asaltos en un solo una noche de sábado.
Pero ahora cabe preguntarse: ¿Qué sucederá en un futuro cercano?, ¿cómo frenar esta oleada en un contexto en el que las leyes maniatan el trabajo de Policía Nacional y Policía Local? Algunos piensan que las leyes se deberían endurecer y dejar de lado la indulgencia con la que se tratan todos estos casos, por otra parte, entre sectores comerciales y vecinos comienzan a oírse soluciones que pasarían por instaurar patrullas ciudadanas como las anunciadas en Barcelona el pasado mes de julio. Patrullas que podrían empezar a servir de refuerzo y que, en mucho, recuerdan al somatén que también se instauró en Cataluña en 1855, que posteriormente se expandió al resto de España.
En este contexto, algunos de los miedos que está empezando a alarmar a la ciudadanía son la sensación de impotencia que hay en torno a la autodefensa en el propio hogar, la desprotección que el ciudadano de a pie percibe incluso en su propio hogar y la percepción de que, hasta en los más flagrantes casos de defensas contra agresiones, hay que dar más explicaciones que los delincuente. Un debate abierto a toda la sociedad, en el que hay opiniones para todos los gustos y está levantando no pocas ampollas. Lo cierto es que Zaragoza necesita que se tomen medidas urgentes antes de perder el control hasta los extremos alcanzados en Barcelona. La alcaldía, encabezada por la coalición de PP y Ciudadanos, se ha tomado este tema en serio y parece que el primer paso se dará el próximo 4 de septiembre, para mejorar el bienestar de la ciudadanía y en previsión de lo que pueda llegar a suceder en el periodo de las Fiestas del Pilar.
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Por otra parte, el sector Pignatelli está visibilizando en estos momentos la inseguridad que viene sufriendo desde hace tiempo todo el Casco histórico. La capital aragonesa no es ajena al creciente brote de violencia surgido por parte de menores de edad no acompañados (menas), una creciente ola de crimen a la que le urge una solución que pacifique y apacigüe las zonas más afectadas.
En las últimas semanas, uno de los periódicos aragoneses de mayor renombre, como es el Heraldo de Aragón, ha comenzado a llenar sus páginas de sucesos con hechos que comienzan a evidenciar una generalizada escalada de violencia, agresiones e inseguridad en la capital aragonesa. Zaragoza, al igual que la Barcelona de Ada Colau, está comenzando a registrar su propio episodio de inseguridad cívica.
Hay una realidad, no escrita hasta hoy, que rige la vida de la ciudadanía y hace que en Zaragoza haya calles por las que ya no se pase, otras por las que la gente se restringe a una franja horaria acorde al comercial o a las horas de luz, e incluso, zonas que la gente ya evita transitar. Hablamos de sectores donde las trifulcas, la suciedad, las peleas con armas de todo tipo y el tráfico de drogas se han normalizado.
En el último mes se han disparado los asaltos a viviendas para, posteriormente, vender todo lo que sea de valor en los edificios que estos mismos menas ocupan. Además, las zonas de ocio de Zaragoza también se han resentido: grupos organizados de menas, amparados por su condición de menores, se dedican a esperar en las calles próximas a zonas como la del Casco, e incluso Cesareo Alierta, para atacar con extrema violencia a los jóvenes ya de vuelta, a altas horas de la madrugada, aprovechando la embriaguez para robarles todas sus pertenencias de valor llegándose a registrar hasta 15 asaltos en un solo una noche de sábado.
Pero ahora cabe preguntarse: ¿Qué sucederá en un futuro cercano?, ¿cómo frenar esta oleada en un contexto en el que las leyes maniatan el trabajo de Policía Nacional y Policía Local? Algunos piensan que las leyes se deberían endurecer y dejar de lado la indulgencia con la que se tratan todos estos casos, por otra parte, entre sectores comerciales y vecinos comienzan a oírse soluciones que pasarían por instaurar patrullas ciudadanas como las anunciadas en Barcelona el pasado mes de julio. Patrullas que podrían empezar a servir de refuerzo y que, en mucho, recuerdan al somatén que también se instauró en Cataluña en 1855, que posteriormente se expandió al resto de España.
En este contexto, algunos de los miedos que está empezando a alarmar a la ciudadanía son la sensación de impotencia que hay en torno a la autodefensa en el propio hogar, la desprotección que el ciudadano de a pie percibe incluso en su propio hogar y la percepción de que, hasta en los más flagrantes casos de defensas contra agresiones, hay que dar más explicaciones que los delincuente. Un debate abierto a toda la sociedad, en el que hay opiniones para todos los gustos y está levantando no pocas ampollas. Lo cierto es que Zaragoza necesita que se tomen medidas urgentes antes de perder el control hasta los extremos alcanzados en Barcelona. La alcaldía, encabezada por la coalición de PP y Ciudadanos, se ha tomado este tema en serio y parece que el primer paso se dará el próximo 4 de septiembre, para mejorar el bienestar de la ciudadanía y en previsión de lo que pueda llegar a suceder en el periodo de las Fiestas del Pilar.
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