En 1999, American Pie se vendió como una comedia adolescente escandalosa y divertida. Doscientos treinta y cinco millones de dólares en taquilla, una generación entera que la vio a escondidas y chistes que todavía se repiten. Pero cuando uno vuelve a mirar todo lo que pasó detrás — cómo se armó el elenco, qué escenas se cortaron, cómo el estudio manejó el contenido, y qué le pasó a los actores después — aparece algo mucho más incómodo que una tarta de manzana. Hollywood no se escapó de control con esta película. La controló perfectamente.