Dedicó la Sinfonía número 3. (La heroica) a Napoleón Bonaparte cuándo pensaba que era un hombre justo que expandería los ideales revolucionarios hacia los paises dominados por el absolutismo, pero al ver que Napoleón se nombró emperador, lo vió como a un déspota tirano y tachó la partitura. Finalmente se la dedicó a Joseph Franz von Lobkowitz