Los talibanes ganan terreno en la guerra civil que asola Afganistán: ¿se puede producir una nueva crisis migratoria?

Para varias generaciones de afganos, recordar un Afganistán en paz es una tarea imposible. El país asiático vive sumido desde hace casi medio siglo en una lucha constante; primero contra potencias extranjeras y, después, contra el fundamentalismo, impuesto a base de religión y metralla.

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán anunciada por Joe Biden es ya una realidad, algo que han aprovechado los talibanes para tomar rápidamente el control de buena parte del país. Las tropas afganas, incapaces de repeler la ofensiva, se limitan a retrasar lo máximo posible la previsible victoria insurgente.

Este jueves, los talibanes capturaron Ghazni, la décima capital regional en caer en manos del grupo insurrecto en una semana, tras lograr victorias sucesivas en las capitales de las provincias de Faizabad, Nimroz, Jawzjan, Sar-e-Pol, Kunduz, Takhar, Samangan, Farah y Baghlan.

"Existe muchísimo miedo a que se pueda producir un flujo migratorio de decenas de miles de desplazados"

El principal portavoz de los talibanes, Zabihullah Mujahid, aseguró en un comunicado que "nadie resultó herido en estas operaciones" y que todas las instalaciones oficiales de la ciudad están bajo control insurgente, en referencia a la conquista de Faizabad este miércoles. "El enemigo huyó y los muyahidines los están persiguiendo", dijo Mujahid.

Por otro lado, el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, viajó a la provincia de Balkh, la única del norte del país que se mantiene bajo el control de las fuerzas de seguridad. En su visita, Ghani se reunió con funcionarios de seguridad y líderes políticos, incluido el ex vicepresidente y señor de la guerra Abdul Rashid Dostum, con los que trató la posibilidad de armar y coordinar a milicias de civiles para combatir a los insurgentes y aumentar el apoyo a las tropas.

Los talibanes podrían aislar entre los próximos 30 y 60 días la capital de Afganistán, Kabul, y tomarla dentro de 90 días, según han confirmado altos funcionarios estadounidenses y recoge la cadena CNN. La conquista de Kabul probablemente conduciría a la caída del Gobierno actual.

Pese al reciente interés de los medios por conocer lo que ocurre en Afganistán, la realidad es que esta guerra no es algo nuevo. Así lo asegura a 20minutos José Mas Campos, responsable de emergencias de Médicos Sin Fronteras (MSF), que recuerda que cada año se producen ofensivas talibanes.

No obstante, a diferencia de otros años, a lo largo de este invierno "la violencia no ha cesado en ningún momento y en los últimos dos meses hemos visto un recrudecimiento mucho más importante", explica Campos, que ha pasado buena parte de 2021 en Afganistán.

"La violencia, más que resurgir, se ha recrudecido de forma muy acentuada", añade. "Cuando los combates se trasladan a las zonas urbanas hay mucha más gente afectada, muchas más víctimas de violencia directa, muchos más heridos y muchos más muertos".

"La situación es dramática"​

El aumento de estos combates urbanos está sumiendo a los afganos en una complicada situación humanitaria. El responsable de Médicos Sin Fronteras reconoce que "cuando la guerra llega a la ciudad la gente no puede acceder tan fácilmente a los hospitales". "Hay que tener mucho valor para asumir el riesgo de salir de tu casa", reconoce.

Pese a la delicada situación, la actividad humanitaria no cesa. "No porque haya guerra se detienen las enfermedades y los problemas de salud de la gente", recuerda Campos. "En la ciudad de Kunduz llegaron las hostilidades la semana pasada y ahora está bajo control talibán (…). Nosotros intentamos asegurar que el espacio para nuestras operaciones está garantizado por todas las partes".

Algo parecido se vive en la la ciudad de Lashkar Gah, al sur del país, que lleva con combates desde hace más de 10 días. "La situación es dramática. Tenemos al equipo trabajando en circunstancias muy difíciles, bajo el fuego de mortero, bombardeos, explosivos, misiles y tiroteos dentro de la ciudad. No obstante, tenemos pacientes y hay que seguir trabajando, pero somos conscientes de que el riesgo de convertirte en daño colateral sigue existiendo".

Según la ONU, el conflicto armado en Afganistán ha causado en los primeros seis meses de 2021 la muerte de 1.659 personas y dejó heridas a otras 3.524. En este último mes han muerto más de 1.000 civiles solo en las ciudades de Herat Kandahar y Laskar Gah.

¿Represalias contra los "traidores del islam"?​

Con la retirada de las tropas, las personas que han colaborado con fuerzas extranjeras viven unas angustiosas horas por las posibles represalias de los talibanes. El grupo fundamentalista prometió el pasado mes de junio no atacar a los intérpretes afganos y a otros ciudadanos del país asiático que hubieran prestado servicio a las fuerzas militares extranjeras: "Volver a sus vidas normales y, si son expertos en algún campo, servir a su país. No correrán ningún peligro", señalaron en un comunicado. Sin embargo, consideran que estas personas han cometido "una traición contra el islam y el país" y deben "mostrar remordimiento por sus acciones".

Ante esta declaración, el Gobierno estadounidense anunció a principios de agosto que expandía su programa de acogida de refugiados afganos y tramita ya unas 20.000 solicitudes de visado de intérpretes, conductores y otros exempleados que quieren mudarse a EEUU junto a sus familiares, con el fin de ayudarles a salir del país antes de que acabe agosto.

Por otro lado, El Gobierno de España ultima una operación para traer a los intérpretes que colaboraron con los soldados españoles en Afganistán y que, tras la retirada de las tropas, se quedaron en el país asiático. Fuentes de los ministerios de Asuntos Exteriores y Defensa han confirmado a Efe que estudian junto a Interior cómo prestar ayuda a esos intérpretes que se sienten amenazados por haber trabajado para la coalición internacional, aunque no precisan el número de personas afectadas.

Temor a una nueva crisis migratoria​

Otra de las consecuencias del recrudecimiento de los combates son los desplazamientos de personas, que abandonan sus hogares sin saber si cuando vuelvan sus casas seguirán en pie. Además, a la movilidad interna se le suman los refugiados que deciden abandonar el país huyendo de la guerra.

"Existe muchísimo miedo a que se pueda producir un flujo migratorio de una dimensión de decenas de miles de desplazados, porque la presión se pondría en el resto de países colindantes", explica José Mas Campos. "Muchos de estos países dicen que no están capacitados para dar la asistencia necesaria y pertinente a todos estos desplazados", añade.

"Los refugiados que están saliendo ahora y están cruzando las fronteras son los que tienen los medios para hacerlo, los que no los tienen todavía son desplazados internos (…). Lo que todavía no se sabe es si se harán asentamientos tipo campos de desplazados, donde las condiciones de vida son muchísimo más pobres, el acceso al agua potable es más difícil, están más expuestos a las condiciones meteorológicas y la salud más en riesgo”, agrega Campos.

Se calcula que desde principio de 2021 cerca de 400.000 personas afganas se han desplazado dentro del país, unas 244.000 desde mayo, una cifra que aumentará en los próximos días. ACNUR advierte de que "cualquier flujo significativo requeriría claramente que la comunidad internacional actuase de manera inmediata para apoyar tanto a Afganistán como a sus países vecinos, con espíritu de responsabilidad y de compartir la carga".

Todas las miradas puestas en las negociaciones en Qatar​

El presidente del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional de Afganistán, Abdulá Abdulá, ha exigido a los talibanes este martes en Doha, Qatar, el cese inmediato de las hostilidades y les ha pedido que presenten cuanto antes un plan político para salir de la crisis, en la que no tiene cabida una solución militar.

Junto a los representantes de Naciones Unidas, la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China, Pakistán, Uzbekistán y Qatar, Abdulá ha enfatizado la necesidad de poner fin a esta nueva escalada de violencia y de acelerar "los esfuerzos de paz", con la "rápida reanudación de las conversaciones" y la "formación de un gobierno de todos" para lograr soluciones políticas".

Las negociaciones entre el Gobierno de Afganistán y los talibanes han fracasado en todos los intentos de los últimos años. Ahora, con más poder que antes, los talibanes se encuentran en una situación muy diferente para negociar. Mientras tanto, millones de afganos huyen de los combates, en una guerra que se ha convertido para varias generaciones en una forma de vida.

 

Qué es el Acuerdo de Doha firmado entre el gobierno de Trump y el Talibán y por qué ha sido clave para que los islamistas recuperen el poder​

El guion de la vertiginosa recuperación del poder en Afganistán por parte de los talibanes se gestó mucho antes de la toma de Kabul el pasado 15 de agosto.

El 29 de febrero de 2020, el gobierno de Estados Unidos, presidido por Donald Trump, y los talibanes firmaron en Doha, Qatar, el acuerdo que fijó un calendario para la retirada definitiva de Estados Unidos y sus aliados tras casi 20 años de conflicto.

A cambio se firmó el compromiso de los talibanes de no permitir que el territorio afgano fuese utilizado para planear o llevar a cabo acciones que amenazaran la seguridad de Estados Unidos.

Se le llamó oficialmente Acuerdo para Traer la Paz a Afganistán, aunque de momento su único resultado observable es la caída del gobierno afgano, con la salida del presidente Ashraf Ghani del país, y el temor a que los talibanes restauren el régimen integrista que impusieron en Afganistán antes de la invasión occidental.

Muchos expertos creen que el retorno de los talibanes es consecuencia del Acuerdo de Doha. "Aquello no fue un acuerdo de paz, fue una rendición", le dijo a BBC Mundo Husain Haqqani, director para Asia Central y Meridional del Instituto Hudson y exembajador de Pakistán en Estados Unidos.

Qué se acordó en Doha​

El acuerdo fijó un calendario para la retirada de las tropas de Estados Unidos y sus aliados internacionales en un plazo de 14 meses desde que se anunciara el acuerdo.
Washington se comprometía también a levantar las sanciones que había impuesto sobre líderes talibanes.

A cambio, Washington obtenía el compromiso de que los talibanes no permitirían "que ninguno de sus miembros, ni otras personas o grupos, incluida al-Qaeda, usen el territorio afgano para amenazar la seguridad de Estados Unidos y sus aliados".

Igualmente, se establecía que los talibanes y el gobierno afgano entablarían después las llamadas negociaciones entre afganos, que deberían desembocar en un alto el fuego y un acuerdo definitivo sobre el futuro político del país.

Los talibanes incluyeron al final de la negociación la exigencia de un acuerdo de liberación de prisioneros, que fue finalmente incluida. Hasta 5.000 prisioneros talibanes y 1.000 funcionarios del gobierno afgano presos de los talibanes serían liberados.

Qué falló en el Acuerdo de Doha​

Para Laurel Miller, diplomática estadounidense retirada y directora del Programa de Asia del International Crisis Group, un centro de análisis, "nada de lo que está pasando es sorprendente".

Haqqani, por su parte, asegura que "lo único que acordaron los talibanes fue una retirada estadounidense".

"Dijeron: 'De acuerdo, comenzaremos un diálogo con el gobierno afgano'. Pero nunca se lo tomaron en serio".

El hecho es que el gobierno afgano cayó antes de que el diálogo con los talibanes produjera el alto el fuego previsto y un acuerdo definitivo. E incluso la violencia se recrudeció en los meses posteriores al acuerdo, según algunos observadores, debido al interés de los talibanes en controlar el mayor territorio posible y ganar fuerza de cara a esas negociaciones inconclusas.
El Acuerdo de Doha se basaba en la premisa, repetida por el gobierno de Joe Biden y de su antecesor, Donald Trump, de que serían las fuerzas de seguridad afganas las que tomarían el control de la situación después de la retirada occidental.

Pero las capitales afganas fueron cayendo en los últimos días en manos de los talibanes sin apenas resistencia de las fuerzas estatales, en cuyo entrenamiento y equipamiento invirtió Estados Unidos millones de dólares en los últimos años.

Según fuentes militares anónimas citadas por el diario The Washington Post, muchos mandos militares y policiales afganos aceptaron rendirse a los talibanes a cambio de dinero, una vez el Acuerdo de Doha dejó claro que la retirada de las fuerzas de Estados Unidos era inminente.

Una de las grandes preocupaciones ahora es qué pasará con las afganas, ya que se teme que vuelvan a sufrir la discriminación y violencia machista que fueron la tónica en el régimen talibán de la década de 1990.
El Acuerdo de Doha no menciona nada sobre ellas, ni obliga a los talibanes a respetar los derechos humanos.

Suhail Saheen, portavoz de los talibanes, le dijo a la BBC que en el nuevo Afganistán "las mujeres pueden tener acceso a la educación y al trabajo".

El analista Haqqani alerta, en cambio, de que nunca se puede confiar "en la palabra de los talibanes: siempre llevan sus promesas a tribunales que se rigen por su interpretación del islam".

Haqqani cree que "es solo cuestión de tiempo que se materialice" la amenaza de acciones terroristas desde Afganistán que temen los países occidentales y lamenta que el Acuerdo de Doha no incluye ningún mecanismo para garantizar que, efectivamente, los talibanes cumplen su compromiso de no permitir que Afganistán se convierta en una base terrorista.

Él es uno de los que teme que entre los 5.000 presos liberados en virtud del Acuerdo de Doha pueda haber integrantes de organizaciones yihadistas como Al-Qaeda, Estado Islámico o el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental, que tiene como objetivo la región china de Xinjiang, donde viven los uigures, una minoría de chinos musulmanes.

Cómo se llegó al Acuerdo de Doha​

La invasión de Afganistán fue parte de la "guerra contra el terror" declarada por el expresidente estadounidense George W. Bush después de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El Afganistán de los talibanes era una de las bases de Al-Qaeda y la inteligencia estadounidense ubicaba allí y en el vecino Pakistán la sede principal de actuación de su líder, Osama Bin Laden.

A sus acciones contra intereses estadounidenses y occidentales se sumarían más tarde las del autodenominado Estado Islámico.

Cuando Trump llegó a la Casa Blanca en 2017 lo hizo con la promesa de poner fin a las "guerras interminables" de Estados Unidos.

En 2018 comenzaron las conversaciones con los talibanes para poner fin a un conflicto en el que han muerto más de 2.400 militares estadounidenses y más de 32.000 civiles afganos.

Trump le encargó al enviado especial de Estados Unidos en Afganistán, Zalmay Khaliljad, negociar un acuerdo con los talibanes en Doha, donde llevaba tiempo instalada gran parte de la dirigencia talibán, encabezada por Mulá Abdul Ghani Baradar.

Las negociaciones se interrumpieron varias veces y Trump llegó a dar por "muerto" el acuerdo, pero finalmente Washington acabó aceptando la demanda talibán de que se apartara al gobierno afgano de las negociaciones y eso desbloqueó el diálogo.

Cuando anunció el acuerdo, Trump advirtió: "Si las cosas van mal, volveremos con una fuerza como nunca antes se ha visto".

Su sucesor en la Casa Blanca, Biden, decidió acelerar la retirada y, pese a las imágenes de las últimas horas, se ha reafirmado en su decisión de poner fin a "la guerra más larga de Estados Unidos".

Para las hemerotecas quedarán palabras como la del secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, tras el anuncio del Acuerdo de Doha: "Solo nos marcharemos cuando las condiciones sean adecuadas".

También las de la activista afgana Zahra Husseini, que le dijo a AFP: "Mientras veía como lo firmaban, tuve ese mal presentimiento de que llevaría al retorno de los talibanes al poder y no a la paz".

 

La Unión Europea dice que hay que conversar con los talibanes​

Así de claro lo ha dicho Josep Borrell, Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, que los talibanes han ganado la guerra en Afganistán y que, por lo tanto, la Unión Europea ha de conversar con ellos.

¿Esta es la Unión Europea que queremos?, que cada uno, como siempre, saque sus propias conclusiones. Venga, vamos a conversar con los terroristas de los talibanes…




 
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La Comunidad de Madrid, "a disposición" de lo que necesite el Estado para acoger refugiados afganos​

La Comunidad de Madrid está "a disposición" de o que requiera el Estado a la hora de acoger refugiados provenientes de Afganistán tras la caída de su capital, Kabul, en manos de los talibanes.

"Madrid va a estar a disposición de lo que el Gobierno nos solicite, esa va a ser su posición leal de colaboración", ha asegurado el consejero de Transportes e Infraestructuras, David Pérez, quien ha aclarado que, de momento, no han recibido ningún requerimiento en ese momento.

La vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, anunció ayer que el Ayuntamiento de la capital, por su parte, habilitará 12 plazas en su centro de acogida temporal de emergencia de Vallecas conocido como Las Caracolas, para acoger a mujeres afganas perseguidas por los talibanes, aunque el número de plazas podría ampliarse hasta las 100.

 

Protocolo sanitario, tiendas de campaña y parques para niños: así es el campamento de Torrejón para los evacuados​

Después de más 7.000 kilómetros de viaje, Kabul-Dubái; Dubái-Madrid, los primeros evacuados desde Afganistán ya han aterrizado en España. Son 53 personas, cinco españoles y 48 afganos (entre colaboradores del Gobierno y sus familias), que se encuentran en la base de Torrejón de Ardoz (Madrid). Allí, el Ejército ha levantado una suerte de campamento de refugiados con capacidad para 800 personas para acoger temporalmente a quienes huyen del terror talibán.

Anoche aterrizó el primer avión, pero llegarán más a lo largo de la semana. España maneja, tal y como informó Esteban Villarejo, una lista de 800 personas que saldrán del país centroasiático en vuelos de 75 personas.

Una vez llegan a España comienzan las 72 horas que los evacuados tendrán que pasar en la base militar, preparada para su acogida, y por la que tendrán que pasar el resto de personas procedentes de Afganistán que lleguen en los próximos días.

En Torrejón son recibidos por personal de Cruz Roja y sometidos a un control sanitario contra el Covid-19, con unas pruebas de antígenos, como parte del procedimiento de control de la pandemia. Tras los resultados, miembros de la Policía Nacional harán una primera toma de contacto con la identificación de las personas. Además, todos ellos recibirán atención psicológica para poder hacer frente a la situación traumática de la que provienen.

En las instalaciones hay espacios diferenciados para mujeres y niños y hombres, un comedor que puede albergar a 200 personas y zonas de aseos y duchas, según informa el Gobierno.

A pie de pista, el campamento cuenta con una zona para lactancia materna y parques infantiles. El protocolo contempla, además de todas las medidas sanitarias y de salud, la entrega de enseres personales a todos los evacuados. Desde mascarillas a productos de higiene femenina, o pañales para bebés.

La base militar de Torrejón, con tiendas de campaña preparadas por el Ejército del Aire y la UME, será un campo para los refugiados hasta saber dónde van a ser reubicados, tal y como informó el ministro José Luis Escrivá. Este alojamiento provisional servirá a las personas que no tengan dónde pernoctar y permanecerán hasta que se regularice su situación. La capacidad del campamento levantado en la base es para unas 800 personas, informa Carlota Pérez.




En el dispositivo han participado el Ejército del Aire, en colaboración con la Unidad Militar de Emergencias (UME) y Migraciones.




La mayoría de las 53 personas que han llegado en el avión procedente de Kabul son colaboradores afganos de la Embajada y traductores, en el primer vuelo de uno de los tres aviones A400M del Ejército del Aire que conforman el operativo de evacuación. En este operativo, liderado por el Ministerio de Exteriores, también participan los ministerios de Defensa, Interior e Inclusión Social, Seguridad Social y Migraciones.


Este país es de coña 🤦‍♀️
 

Una derrota anunciada o por qué los talibanes han tomado Afganistán y los occidentales huyen​

Afganistán ya está en manos de los talibanes. Todavía no tienen el control absoluto de Kabul y no controlan el 100 por 100 del territorio del país, pero la estructura de Estado diseñada por Occidente durante dos décadas se ha desplomado como un castillo de naipes en apenas unas semanas. Algo que no sorprende. Es la crónica de una caída anunciada. Entre otras cosas, porque Afganistán nunca ha sido un estado como los que concebimos los occidentales.

Estados Unidos, la OTAN y una serie de países aliados intervinieron en Afganistán en 2001 por los atentados terroristas del 11-S. Los talibanes protegían a Osama Ben Laden, que se había convertido en el enemigo público número uno, y por eso había que acabar con ellos. Y se lanzaron sobre el terreno sabiendo que otras grandes potencias como la Unión Soviética o el Imperio inglés habían sucumbido en los desiertos afganos.

La persecución contra los talibanes se extendió por todo el país, aplaudida en Occidente por los traumas causados por el 11-S y las brutales imágenes que llegaban de la aplicación de su dogmatismo islámico: amputación de miembros del cuerpo por delitos menores; ejecuciones y lapidaciones públicas; prohibición de la música, el cine o la televisión; o la obligación del burka para las mujeres, que no podían ir a la escuela más allá de los diez años de edad.

Los talibanes llegaron a estar acorralados en las montañas. Pero su desaparición final nunca llegó a estar cerca, pues las zonas rurales tienen una cosmovisión más cercana a la de estos fundamentalistas que a la de los occidentales. Iniciaron una guerra de guerrillas durante años. Los ciudadanos occidentales, distraídos en otros menesteres, empezaron a olvidar quiénes eran los del turbante negro y solo atendían a noticias fugaces sobre los féretros que llegaban a sus países.

Los talibanes lo tuvieron claro, sabían que si aguantaban y enquistaban la guerra terminarían ganando. Hay un proverbio árabe, que se usa prácticamente desde el Sáhara Occidental a la propia Afganistán, que dice que los occidentales tienen los relojes pero que ellos tienen el tiempo. Las sociedades occidentales tienen prisa para todo, necesitan resultados inmediatos, y los talibanes sabían que ahí estaba la debilidad occidental. Porque Afganistán, con gran parte de su territorio anclado prácticamente en la Edad Media, no es país para resultados inmediatos.

Occidente y la opinión pública​

La guerra de Vietnam puso de manifiesto que la opinión pública de los países occidentales puede hacer perder una guerra, aunque su país fuera venciendo con mucho esfuerzo, porque el número de féretros o el dinero invertido es excesivo. Los féretros enturbian las idílicas vidas occidentales y el excesivo gasto reduce la calidad de vida. Y muchos grupos rebeldes o insurgentes tomaron nota. Sobre todo cuando los países donde se produce la intervención nunca han tenido una estructura formal de Estado. La Somalia de 1991 era el espejo en el que mirarse.

Antes de 2010 la guerra de Afganistán empezó ya a lastrar política y económicamente a los países implicados. Los ciudadanos occidentales ya no recordaban ni por qué se estaba allí y tampoco les importaba porque empezaban a vivir en una crisis mundial sin precedentes. Y fue en ese año cuando hubo consenso en que había que empezar la retirada. Comenzó a hablarse entonces del ‘proceso de afganización’.

Un proceso que consistía en idear un plan para comenzar una retirada masiva de tropas del país y empezar a dejar la gran mayoría del mismo bajo el control del Ejército Nacional Afgano, que se había estado adiestrando durante más de una década. No importaba que su nivel de adiestramiento real fuera muy bajo por la actitud de los propios reclutas afganos, o que se obligase a empezar a funcionar hasta el extremo a unas administraciones locales totalmente ineficaces, incompetentes y corruptas.

No importaba que buena parte de los militares afganos desaparecieran durante meses de sus acuartelamientos. Algunos porque no les apetecía ir. Otros porque durante meses se pasaban al enemigo talibán porque pagaba mejor salario. Otros porque se iban a la recolección de la amapola –con su savia se hace el opio y la heroína–, lo que suponía acceder a mucho mejor sueldo sin tantas exigencias físicas.

El ‘proceso de afganización’​

Ése fue el momento clave. Cuando entró en escena el ‘proceso de afganización’. Los talibanes comprendieron que ya habían ganado la guerra, solo tenían que esperar un poco más a que madurase la indiferencia occidental. La alarma de los relojes aliados ya había sonado y ellos tenían todo el tiempo del mundo para esperar a que la fruta madura cayera del árbol. Y 2013 fue la siguiente fecha de referencia para la victoria talibán. Fue el año de la gran retirada de tropas occidentales de este país asiático.

Estados Unidos llegó a tener en su pico máximo cerca de 110.000 efectivos en Afganistán. Fue en los años 2010 y 2011. En 2014, tres años después, no llegaba a los 25.000 efectivos. Un año después, en 2015, no superaba los 10.000 militares. España llegó a tener en su pico máximo casi 1.500 militares desplegados en las provincias de Herat y Bagdhis. Desde 2014 el despliegue español se limitaba a 24 militares y 2 traductores en Kabul.

La gran retirada de tropas internacionales provocó la reaparición de los talibanes, que llevan años ganando terreno en las zonas rurales del país. Llevan años combatiendo con un ejército afgano que podía limitar el terreno que perdía porque seguía contando en combate con el apoyo de la aviación internacional. Pero este resurgir talibán no frenó la decisión de Occidente de retirarse definitivamente del país.

Tan fuertes se vieron los talibanes, y tan confiados estaban en su victoria final, que abrieron en Doha (Qatar) una embajada diplomática con la excusa de las negociaciones que el débil Gobierno de Kabul intentó entablar con ellos para que no recuperasen el país tras la salida de las tropas occidentales. Por ella han pasado estos años muchos enviados de gobiernos sin escrúpulos que ven a estos fundamentalistas islámicos como interlocutores válidos.

No es guerra para sociedades ricas​

El reto de Afganistán ha sido muy superior al que cualquier sociedad occidental está dispuesta a aguantar o a tolerar. Las sociedades pudientes no están preparadas para una guerra de larga duración por simples conceptos como democracia, libertad o derechos humanos. Por eso el calendario de retirada y salida definitiva se ha mantenido pese a que los talibanes llevan los dos últimos años avanzando lentos pero constantes en las zonas rurales.

Donald Trump y el resto de líderes de la OTAN ultimaron un plan de salida inmediata pese a que sabían perfectamente que Afganistán estaba condenada a caer bajo el yugo talibán. Y ni Joe Biden ni ningún otro líder aliado ha sido capaz ahora de cambiar una sola coma del plan establecido. Afganistán ha sido un gran problema para los países occidentales. No querían ni quieren estar desde hace demasiado tiempo.

Por eso los talibanes llevaban meses acercándose poco a poco a las capitales de provincia y preparando su gran ofensiva final. Por eso en menos de diez días el país está a punto de caer en sus garras. Sobre todo ahora que los militares afganos no tienen ningún tipo de apoyo aéreo internacional que les ayude cuando vienen mal dadas en el campo de batalla. Todo se ha derrumbado como un castillo de naipes y Occidente sabía que iba a suceder, aunque tal vez no con tanta celeridad. Tal vez pensaron que les daría tiempo a irse antes de que la reconquista talibán llegase a estos niveles. Y tal vez pensaron que iba a pasar inadvertido para la opinión pública internacional.

Afganistán es un gran fracaso para Occidente, pero es que a sus líderes no les da ningún rédito electoral ni social en sus países. Más allá de unos telediarios aquí o allí, o unas portadas de periódicos aquí o allá, a los ciudadanos occidentales solos les importa ya el beneficio inmediato y su calidad de vida. Occidente ha perdido sus valores y no le importa perder también su crédito internacional. Mientras tanto, China, que está en un juego distinto, ya ha tenido su primer encuentro con los líderes talibanes.

 

¿Recuerdas a los talibanes en los auto de choque?, al día siguiente quemaron el parque de atracciones​

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¿Recordáis las bucólicas imágenes de los talibanes en los auto de choques del parque de atracciones? Se les veía muy felices, disfrutando como niños, pues al día siguiente quemaron el parque de atracciones.

Así se explica en una noticia del digital británico Unilad y que puedes leer en este enlace. Hemos de decir que existe confusión en relación al parque de atracciones quemado, pero qué más da, el hecho es que los talibanes ya están haciendo de las suyas y como un parque de atracciones es una fuente de pecado pues se quema y ya está. Aquí paz y después gloria, ¿no?

Esta es la realidad del Estado Islámico, de los radicales terroristas talibanes. Nos han querido vender una imagen de diálogo y de respeto que para nada es real y parece que las viejas estructuras políticas occidentales se lo han creído, por eso les piden diálogo, gobiernos inclusivos y respeto a los derechos humanos, pero eso no ocurrirá y lo sabe todo el mundo.

Lo del parque de atracciones destruido entre las llamas es un ejemplo más de en qué se ha convertido Afganistán y lo que está por venir…




 

Nadie podría haber predicho que el gobierno afgano caería en 11 días: Máximo general de EE.UU.​

El principal general de Estados Unidos, Mark Milley, dijo el miércoles que no había información de inteligencia sobre el inminente colapso del ejército afgano.

“No había nada que yo o cualquier otra persona supiera y que diera indicios sobre el colapso de este ejército y de este gobierno en 11 días”, dijo Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, a los periodistas durante una conferencia de prensa con el jefe del Pentágono, Lloyd Austin.

Su afirmación contradice los informes de líderes militares que indican la posibilidad de la inminente caída del gobierno afgano una vez que las tropas estadounidenses fueran retiradas del país. El grupo extremista talibán se apoderó de Kabul y del palacio presidencial, el domingo, después de una ofensiva devastadora en la que se apoderaron de varias capitales provinciales, sin disparar un solo tiro en algunos casos.

El comentario de Milley se produjo en respuesta a una pregunta, que se formuló durante la entrevista en el Pentágono, para saber si el caos en Afganistán se produjo debido a que Joe Biden ignoró las advertencias sobre la rápida salida del ejército estadounidense.

“He dicho anteriormente desde este podio y en testimonio jurado ante el Congreso, que la inteligencia indicó claramente que eran posibles múltiples escenarios: uno de ellos fue una toma de control total de los talibanes luego de un rápido colapso de las Fuerzas de Seguridad afganas y del gobierno. Otro fue una guerra civil y un tercero fue un acuerdo negociado”, dijo Milley y agregó: “Sin embargo, el período de tiempo de un colapso rápido, que fue ampliamente estudiado, osciló desde semanas, meses e incluso años después de nuestra partida”.

Mientras tanto, hasta el miércoles, cerca de 4500 soldados estadounidenses estaban estacionados en el aeropuerto de Kabul para ayudar en la evacuación de estadounidenses, intérpretes, trabajadores afganos, entre otras personas, según Milley.

El general dijo que cualquier estadounidense que intente salir de Afganistán tendrá la oportunidad de hacerlo, aunque ni él ni Austin dijeron que las tropas estadounidenses se desplegarían en otros lugares para tratar de encontrar a estadounidenses atrapados detrás de las líneas talibanes.

En un momento dado, Austin le dijo a la prensa que los miembros talibanes estaban “comprobando las credenciales” de las personas que intentan entrar en el aeropuerto y que “les permitirán pasar.” Los talibanes afganos y paquistaníes están actualmente designados como organizaciones terroristas globales por varias agencias federales y han sido acusados desde hace tiempo por violar los derechos humanos.

Sin embargo, los comentarios de Austin se produjeron después que una alta funcionaria del Departamento de Estado, la subsecretaria Wendy Sherman, dijera en una conferencia de prensa, el miércoles, que los talibanes están violando su acuerdo con Estados Unidos para permitir que las personas ingresen al aeropuerto de Kabul.

“Hemos visto informes que mencionan como los talibanes, en contra de sus declaraciones públicas y sus compromisos con nuestro gobierno, están impidiendo que los afganos, que desean salir del país, lleguen al aeropuerto”, dijo Sherman.

También se publicaron fotos y videos online que sugerían que los talibanes atacaron a personas que intentaron ingresar al aeropuerto el martes y el miércoles.

Por otra parte, los talibanes advirtieron siniestramente en Sky News que las fuerzas estadounidenses debían retirarse de Afganistán antes del 11 de septiembre de 2021.