Desde hace tiempo se nos machaca la mente con el mantra de "los hombres también lloran" cuya intención es desacreditar la tradicional educación masculina que hacía hincapié en lo contrario.

Obviamente cualquier reivindicación de aquella educación, que enseñaba a los hombres a ser tales y no unos papanatas, provoca reacciones de horror y los conocidos reflejos condicionados mentales:

¡Machista! ¡Retrógrado! ¡Reaccionarios! ... con la misma expresión de escándalo que podría tener una maruja de la era victoriana ante una mujer que descubriese la pantorrilla unos centímetros de más. Son palabras arrojadizas, palabras policía que se usan para criminalizar, intentar cerrar la boca, a quienes defiendan ideales mínimamente viriles de vida y carácter. Unos ideales que no tienen nada que ver con la obsesión por el sexo, la promiscuidad y el correr detrás de la mujer continuamente. Muy al contrario, el hombre que hace del sexo el centro de su vida representa una masculinidad de nivel bastante bajo y está destinado a ser un juguete en manos de la mujer, sintonizando fatalmente su vida e intereses en una longitud de onda femenina.

Lo cual naturalmente corresponde al hombre políticamente correcto y aceptable en la sociedad matriarcal en que vivimos.

¿Pero por qué los hombres no deben llorar, como nos han enseñado hasta ayer mismo, antes de que la decadencia y la degeneración del carácter se convirtiesen en ideología dominante?

Es mejor darle la vuelta a pregunta como si fuera una tortilla ¿Por qué quieren que los hombres sean lloricas? Es un procedimiento que a menudo arroja luz, cuando se trata de la propaganda feminista específicamente dirigida a los varones: la lucha contra los valores masculinos se refleja exactamente en el ideal penoso y amorfo de hombre moderno que intentan crear.

Para comprender cómo es este hombre del siglo XXI nada mejor que picotear un poco en los abundantes artículos de adoctrinamiento que aparecen con regularidad en la prensa, en macabros "estudios de género" y en enfermizos talleres donde se les enseña a los adolescentes, precisamente, a ser lloricas.

Si esta es la porquería de educación que reciben nuestros hijos no debemos sorprendernos que salgan atontados, amorfos, incapaces del mínimo autocontrol. Porque precisamente éste es el punto clave, el motivo detrás de la exaltación del hombre llorica. No se trata tanto que un hombre pueda soltar una lágrima alguna vez, cosa que hemos hecho casi todos, en situaciones de intensa emoción. Se trata de que lo que condena la educación tradicional y correcta en un hombre, no es que tenga emociones, sino la falta de control y de compostura en su expresión.

Naturalmente las siniestras expertas y expertuzos, con mala fe y evidente voluntad de falsificación, hablan de que los hombres tenemos miedo a sentir, que las emociones no nos debilitan sino que nos fortalecen, que hay que liberarse de los referentes tradicionales, y demás bla bla bla. Ahora bien, la correcta formación viril jamás a enseñado a los hombres a máquinas y no tener emociones, sino el ideal del autocontrol y del dominio de sí mismos, la estabilidad interior y la fortaleza de ánimo. De eso se trata, y en la antieducación que se quiere impartir a los chavales se les pretende inculcar el exacto contrario de todo ello; con la precisa voluntad de destruir en ellos el germen de cualquier firmeza de carácter, de inocular la ponzoña de la disolución interior.

No se trata de reprimir las emociones sino de no estar a merced de ellas, de saber mantener una compostura dentro y fuera de sí mismos, una forma interior, contra el ideal del desparrame y del hombre amorfo como una babosa. Es más, cabe ir más allá y sostener que la dignidad, el decoro en la expresión de los propios sentimientos, indican una mayor profundidad y sinceridad.

Se trata de una cuestión de pudor: si un sentimiento es realmente profundo e importante, pertenece exclusivamente a mí y a las personas con las cuales lo comparto, no al primero que pase por la calle. En cambio el continuo marujeo de "sentimiento" y "emoción" exhibido a los cuatro vientos (e impuesto a los demás) tiene un tufillo de superficialidad e inautenticidad: uno nunca sabe hasta qué punto es real y en qué medida es para la galería. El límite extremo de este sendero de falsedad lo constituyen los llantos y emociones exhibidas en televisión.

En general siempre se ha sabido que propia del hombre es la estabilidad, propia de la mujer el cambio y la volubilidad, especialmente en el campo de los humores y los sentimientos. Esto forma parte de los invariantes de la naturaleza humana y no es ninguna construcción cultural, por muchos rebuznos que suelten las hordas de la igualdad de género. La educación y la cultura pueden explicitar y reforzar estas diferentes vocaciones, exaltando sanamente las diferencias; o viceversa desviar a hombres y mujeres de ellas, confundiendo y degenerando a unos y a otras. Es por ello que el control de las propias emociones, que podemos considerar un ideal positivo para ambos sexos, es esencial en la formación de un carácter viril.

Y es por este motivo que la sociedad matriarcal debe destruirlo. Con la importante colaboración de hombres enemigos de la masculinidad; porque sean incapaces de asumirla, porque estén acomplejados o vaya uno a saber por qué otras oscuras razones.

Una palabra más. El llanto del hombre no es el equivalente igualitario del llanto femenino, como tendenciosamente se nos presenta. El lloriqueo masculino y el femenino no son lo mismo, son algo radicalmente diferente, especialmente en las relaciones con el sexo opuesto. El llanto de la mujer en sus relaciones con el hombre es, prácticamente siempre, una herramienta de manipulación para pilotar las emociones y el comportamiento del varón. El llanto masculino sin embargo es sólo expresión de falta de hombría y de babosa flojedad, cuando no es puntual y esporádico sino habitual y elevado a principio. Desde luego un hombre que llora no va a manipular a nadie: cualquier mujer se reirá en la cara del llorica si éste intenta algo parecido y éste atraerá sobre sí únicamente un soberano desprecio.

La falta de carácter del hombre llorica lo vuelve débil, amorfo y manipulable, falto de carácter y vulnerable; esto es lo que persiguen los apólogos de las “nuevas masculinidades”, con la colaboración de esos pobres diablos domesticados cuya aspiración, secreta o explícita, es renunciar a su papel como hombres y vivir bajo el dominio de la mujer.

 

China, terriblemente afeminada: temen a las amenazas occidentales​

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En este último lustro se ha producido tal cambio en la sociedad a nivel mundial que no sólo la prensa se ha hecho eco de ello, sino que el alarmismo se ha extendido tanto que son varios los análisis publicados desde asociaciones, activistas e incluso políticos: el descenso de la natalidad.

Quienes tienen la responsabilidad de garantizar que continúe multiplicándose la descendencia, son llamados como “la generación de las dos crisis” por muchos economistas: los nacidos entre 1985 y 1994 son víctimas de la condena que supone no poder avanzar mientras son devoradas por la incertidumbre, afectados por las circunstancias. Alejandro Macarrón, analista y escritor de El suicidio demográfico en España enumeró en una entrevista los diversos factores que abarcan ese desinterés hacia la familia, afinando lo políticamente incorrecto conforme explicaba la influencia del sector islámico en el país, gente con unos valores familiares tradicionales que priorizan la descendencia y repudian la Ideología de Género.

Sin embargo, el problema infectaría otras vías originadas en la enseñanza académica y el pensamiento popular: la creencia de que los bebés son una carga y desagradecidos durante su crecimiento, así como lo deprimente que resulta vivir -como estipulan artículos en los que se preguntan Por qué los millennials están haciendo memes sobre querer morirse– y la necesidad de que el hombre comience a condicionar su vida acorde a la idea de que son potenciales violadores y deben deconstruirse.

En el caso de China, la polémica está servida: aceptada en parte por la cultura que la precede, considera que su población joven masculina está feminizada y que urge volver a convertir a sus varones en ‘auténticos hombres’. Las autoridades aseguran que el K-POP y los grupos de cantantes están acabando con el «espíritu del yang» -pues, aunque eso arranca de Corea, su influencia se ha expandido de cara al aspecto internacional-. Resultaría algo agresivo utilizar esta clase de términos hoy en día, pero un considerable porcentaje adulto ha distinguido lo que sería su falta de virilidad: su maquillaje es excéntrico en ocasiones, su ropa bastante chocante para lo esperado y, en televisión, llegan a censurar sus orejas dado a que llevan pendientes y en China eso sería un complemento exclusivo de las mujeres.

CHINA Y ESPAÑA: REVOLUCIÓN SEXUAL, ANDROGINIA Y DESINTERÉS MILITAR

China siempre ha destacado por su ‘política de un solo hijo’, algo que ha desembocado en feminicidios debido a que dar a luz a una niña se considera una deshonra, hasta el punto de que ha habido suicidios registrados por el desprecio del marido hacia su esposa si el embarazo no prometía un varón, o madres asesinas de sus niñas. A consecuencia, cada vez son más los hombres solteros que deben enterrar su deseo de formar una familia, pues no sólo cuesta encontrar una mujer candidata para ese puesto, sino que se ha tachado a los hombres de ser “niños mimados”, “débiles” y, -cómo no- “afeminados”.

En un país donde el aborto y la inmolación se han naturalizado, estos ciudadanos comienzan a caracterizarse por su malsana obsesión por los videojuegos y la vergüenza por la masturbación; en el caso de Japón se le añade la práctica del ‘hikikomori’. Al margen de esto, ya se marcó un comportamiento específico ante el sexo, tal y como puede verse a través de la Revolución Cultural China: durante sus primeros años, retrasó la edad media de la práctica del primer sexo, esto es, desde la edad media de 23.1 años en el año 1949 hasta 24.4 años. Con la edad media de masturbación sucedió lo mismo; por ejemplo, la de la primera práctica de autosatisfacción de los chicos parte en 18.1 años, durante la Revolución Cultural, la edad se retrasó hasta 18,9 años.

Esta Revolución Cultural también se enfocó en la mujer y en suprimir las características femeninas; ellas nunca usaban faldas e intentaban comprar sujetadores de talla pequeña para no hacer destacar sus pechos. Por su parte, el entonces presidente Mao propuso la asexualidad, calificando de inmoral, sucia e incluso ‘asquerosa’ su opuesta, la práctica coital: “Mao creía que la cultura sexual chocaba con las propuestas de la Revolución Cultural y el único objetivo de los comportamientos sexuales era la procreación, cualquier actividad sexual que no se destinara a la procreación fue inmoral. Por lo tanto, una de las consecuencias fue la explosión demográfica”.

Aunque en Occidente el punto del sexo ha provocado un cambio lo suficientemente notorio como para que el Estado ofrezca guías de masturbación y prácticas sexuales a niñas desde sus seis años, ambos territorios comparten esa característica de la impersonalización, androginia y/o la expresión de la imagen. Hoy en día el género va separado del sexo y se considera un constructo social, defendiendo así sexólogas y activistas del feminismo interseccional que “no nos atrae un sexo y ni siquiera una identidad de género, sino la expresión de género de una persona: la manera en la que leemos a una persona con base en los géneros disponibles en una sociedad (en este caso [del vídeo], hombre y mujer)”. A su vez, rechazar emocional o sexualmente a una persona por sus genitales, sería transfobia.

Mientras España lucha por encabezar una nueva etapa feminista, China ha declarado la guerra al comportamiento poco masculino -acorde a las expectativas tradicionales- que tienen sus habitantes. Las autoridades lo etiquetan como ‘crisis de masculinidad’, denunciado por un alto delegado del Comité chino -Si Zefu- quien ha iniciado nuevas medidas obligatorias de cara a la sociedad: entre sus deberes se comprende la orden de contratar a más instructores deportivos, rediseñar la educación y revivir la retórica militarista para que los jóvenes quieran convertirse en un “héroe de guerra” y se apunten al ejército, el ideal de masculinidad, rechazado en Occidente por su representación ‘fascista’.

Pese a que los objetivos chinos no se han concretado de manera estricta, la idea reside en esos puntos.

HOMBRES FEMENINOS POR LA FAMILIA Y LOS GRANDES MEDIOS

Tras señalar al entorno hogareño como el creador de esta ‘generación de cristal’, la respuesta española ante esta situación también ha trascendido a los medios. Siendo que Occidente destaca como el culpable de la feminización del hombre debido a la influencia de las ‘madres, profesoras y la cultura pop’ además del cine -pues las mujeres criarían a sus bebés desde la excesiva delicadeza y mimo, y la rama artística influiría demasiado a los niños con la promesa de una vida mejor y más sencilla si se opta por esa vía-, el movimiento feminista se hizo eco con un comunicado en el que argumentaba que este plan del gobierno chino se debía al daño que hace el patriarcado a los hombres.

Acorde a esto, las propias mujeres asiáticas se verían conducidas a entender que el aspecto de un cantante de K-Pop es el ideal masculino y lo verdaderamente atractivo. Aunque el Ministerio de Educación de China cataloga de urgente necesidad el hacer recuperar al hombre su virilidad, la «Propuesta de Prevención de la Feminización de Hombres y Adolescentes» también ha contado con detractores, más de los que se esperaban en la esfera política. La juventud cree que este proyecto se trata de una evidencia clara de discriminación sexual y perpetuación de los estereotipos de género, lanzando un listado de argumentos desde Weibo, la principal red social china.

“¿La feminización es ahora un término despectivo?” se recoge “Los niños también son humanos… siendo emocionales, tímidos o amables, estas son características humanas. ¿De qué tienen miedo los hombres, de ser iguales que las mujeres?”

A su vez, se ha insistido en que las mujeres también pueden proteger militarmente al país, y que las “amenazas occidentales” son suposiciones machistas.

El portal ‘Magnet’ añade que los medios oficiales del gobierno chino ponían en duda la necesidad de este plan, debatiendo las interpretaciones que aclararían qué es en realidad ser un hombre: “La educación no se trata simplemente de cultivar ‘hombres’ y ‘mujeres’. Es más importante desarrollar la voluntad de asumir la responsabilidad. Los hombres muestran ‘el espíritu del yang’ en porte, espíritu y físico, que es una especie de belleza, pero el ‘comportamiento masculino’ no limita a dicho espíritu”. Por otro lado, algunos docentes chinos declaran que, si estas campañas se llevan a cabo, lo único que se lograría es fomentar el acoso escolar, pues los niños cuya expresión de género no sea la esperada, estarían en peligro. Esto provocaría “un retroceso a los esfuerzos de años por construir entornos académicos más respetuosos donde todo el mundo tenga cabida sea como sea. Bullying patrocinado por el Estado, y todo porque quieren más gente interesada en el ejército”, manifiestan.

LA RESPUESTA ESPAÑOLA POLÍTICAMENTE INCORRECTA

Desde periódicos políticamente incorrectos, señalan que la feminización es “un producto de la decadencia, y al mismo tiempo un acelerador de la misma”, pues “surge siempre en un contexto de crisis terminal, en una fase de inversión completa de los roles y de los valores”. Se defiende que todo poder de la mujer es una concesión del hombre, y que la mujer “utiliza invariablemente este poder concedido contra el hombre, es decir contra su obra: la sociedad, la cultura, el orden establecido, los valores, la Ley”. Aunque se reconoce que ha habido grandes mujeres a lo largo de la Historia de la Humanidad, éstas lo han sido dentro de un sistema masculino. Remarcando así que lo que de verdad importa es el contexto de feminización de la sociedad en que tiene lugar esta toma de poder -y no la mujer en el poder en sí- dicha feminidad no es una cuestión de sexo/género en el sentido estricto del término. Ejemplificándose con una frase de Óscar Wilde, quien decía que ‘un francés será siempre más mujer que una inglesa’, el autor de dicha publicación finaliza afirmando que “ese fenómeno [del hombre femenino] es consecuencia obligada de la pérdida de virilidad” universalizándose “en esta fase de decadencia que prefigura el fin de una civilización que parece tener los días contados”.

Por el momento pareciera haber más enemigos que simpatizantes de esta propuesta del Ministerio de Educación chino, pero ha avivado esa eterna batalla de guerra de sexos que actualmente resulta tan victoriosa entre las nuevas generaciones, aferradas a la ideología de género.

¿Evolución… O retroceso?

 

La mariconización del hombre occidental​

Nos hemos convertido en un país de mujercitas.

No siempre fue así, por supuesto. Hubo una época en la que los hombres firmaban documentos sabiendo que ese simple acto resultaría en su ejecución si les capturasen y en la confiscación de todas sus propiedades por el Estado. Sus mujeres e hijos serían expulsados por los soldados y sus granjas y negocios entregadas a gente que no hubiera firmado ese documento.

Hubo una época en la que los hombres corrían hacia una muerte segura diciendo “Bien, os podéis ir a la mierda, yo me voy a Texas” como respondió Davy Crockett en el Congreso antes de marchar hacia El Alamo

Hubo una época en la que los hombres iban a la guerra. A veces contra sus propias familias, para que otros hombres pudieran ser más libres. Y también hubo épocas en las que los hombres iban a la guerra porque reconocían el mal en el enemigo y sabían que tenía que ser destruido.

Hubo incluso una época en la que el presidente de los Estados Unidos amenazó con darle un puñetazo en la cara y una patada den los cojones a un tipo porque el hombre tuvo la temeridad de decir que la hija del presidente cantaba mal.

Ya no somos así.

Ahora a los niños en el colegio les suspenden por jugar a indios y vaqueros o policías y ladrones. O cualquier otra variación de “buenos VS malos” que les ayuden a aprender desde pequeños cómo funciona eso de que te persigan hombres decentes porque has roto la ley.

Ahora, a los hombres les enseñan que la violencia es mala. Que si un ladrón entra en tu casa o te amenaza en la calle, la manera de tratar con él es “darle lo que quiere” en lugar de coger una fusta y cruzarle la cara o pegarle un tiro ahí mismo.

Ahora la moda masculina no es ir de traje y chaleco, sino de un tío con tetas llevando un jersey apretado.

Ahora los cañones de las armas llevan una etiqueta de advertencia, como si los hombres se hubieran olvidado de que las armas son algo peligroso

Ahora a los hombres les dan Ritalin cuando son niños para que su agresividad natural, su curiosidad y su energía infinita pueda ser controlada, en lugar de nutrida y canalizada.

Y, por último, nuestro presidente, que resulta que ha sido piloto de combate, aterriza en un portaaviones vestido con traje de vuelo. Inmediatamente es tachado de “chulo”, que “va de macho” y, por supuesto, el insulto favorito de los mariquitas de la UE, “cowboy”. Por supuesto, se sabía que se iba a conseguir esa impresión, sobre todo de la prensa europea, ya que allí están a punto de completar su proceso de mariconización.

¿Cómo hemos llegado hasta esto?

Para empezar hay que entender que los EEUU son primero y, sobre todo, una cultura dominada por una figura, La Madre. No siempre fue así, hubo una época en la que El Padre mandaba en casa, trabajaba en su puesto y votaba.

Pero en el siglo XX las mujeres se metieron cada vez más en la política, en la industria y en los medios. Y casi siempre, para mal.

Cuando las mujeres consiguieron el voto, empezó a ser inevitable que el gobierno se hiciese cada vez más poderoso, más entrometido y más “protector”. Las mujeres están hechas así, para valorar la seguridad más que la incertidumbre y el peligro. Era por tanto inevitable que la influencia femenina en la política iba a fomentar la seguridad de la sociedad.

Soy consciente del enfado que esto que afirmo va a provocar. Y no me importa una mierda.

Lo que me importa es el hecho de que desde el inicio del siglo XX, ha habido una campaña orquestada para denigrar a los hombres. A reducirlos a figuras cómicas. A tratarlos como impotentes metafóricamente hablando.

Voy a ilustrar esto hablando de la televisión, porque la televisión es un termómetro perfecto para nuestra cultura.

En los años 50, la figura de El Padre en la TV era la de un tipo adorable, simple pero no simplón. Seguía siendo el que ponía la comida en la mesa y era la fuente de autoridad. Esa frase de “¡Espérate a que llegue papá a casa!” nos suena de algo.

Y entonces llegó el anuncio de Cheerios.

Para aquellos que no hayan visto esta mierda, voy a contarlo de memoria porque es el epítome de todo lo que odio de la campaña para amariconarnos. La escena empieza en la mesa del desayuno, donde dos chicos están sentados a la mesa con Papá mientras Mamá prepara las cosas en la encimera de la cocina. El diálogo era algo así.

Niña pequeña (no niño pequeño): Papá, ¿por qué comemos Cheerios?

Papá: Porque contienen mucha fibra y muchas cosas buenas para el corazón. Los como por eso.

NP: ¿Siempre comías cosas malas para el corazón, papá?

P: (risas) Lo hacía hasta encontrar a tu madre

Mamá: (ninguna risa) Papá hacía un montón de tonterías antes de encontrar a tu madre

Ahora cada vez que veo ese anuncio, me tengo que contener para no disparar a la TV con un Colt del .45. Si quieres un microcosmos de como los hombres han llegado a ser menos que hombres, ese es el ejemplo perfecto.

Lo que Papá tendría que haberle respondido a la niña favorita de Mamá es “Sí, Sally, es cierto. Hice un montón de estupideces antes de encontrar a tu madre. Incluso me follé a la tía Ruth un par de veces antes de conocer a tu madre”

Eso es lo que hubiera dicho yo si alguna vez mi esposa hubiera intentado castrarme delante de mis hijos así.

Pero no es lo que los hombres suelen hacer, por supuesto. Lo que va a hacer este tipo es sonreír lamentablemente, acabarse sus cereales y luego pirarse a follarse a la secretaria que no intenta cortarle los cojones a diario. Luego, cuando el asunto se descubra, la gente se dedicará a apoyar a la puta castrante de su mujer y a decirle de todo al hombre. Él perderá la custodia de sus hijos y ellos serán criados y educados por la figura definitiva a la hora de despertar simpatías en este mundo de hoy; la madre soltera.

¿Sabes qué? Que muchas mujeres se merecen ser madres solteras.

Cuando empecé esta web, mi propósito principal era meterme con la estupidez de nuestra sociedad.

Porque tengo un punto de vista sobre lo que constituye bueno y malo. Y no tengo problema en decir que Bill Clinton es un puto mentiroso y un hipócrita.

Pero sobre todo hago esta web porque me encanta ser un hombre. Entre otras cosas hablo de armas, de autodefensa, de política, de mujeres guapas, de deportes, de guerras y de herramientas. De todas las cosas que significan ser un hombre. Y todas estas cosas me hacen sentir bien.

No hace falta ser muy listo para ver que todas las cosas que amo están en el punto de mira. Por ejemplo cuando la gracia que tiene para la comedia Tim Allen acaba siendo reducida a una puta sitcom llamada Home Improvement. El show debería de haberse llamado Man improvement porque todo el argumento iba de hacer a un hombre “mejor persona” en lugar de dejarle sólo reparando su coche de carreras antiguo en el garaje. Dejé de ver la serie después de cuatro capítulos.

The Man Show era mejor al menos la primera temporada. Hombres mirando mujeres, hombres molestando por ahí con juegos machistas, competiciones de beber cerveza y mujeres saltando de trampolines. Un material excelente, sólo que no lo suficientemente fuerte. Ya no lo veo tampoco, es demasiado plano y la idea ha sido subvertida por afeminados y convertida en una parodia de sí misma.

Y al final llegamos al programa de TV que en mi mente personifica todo lo malo de aquello en lo que nos hemos convertido. Lo ponen en el homo canal Bravo. Este excremento ha irrumpido en la cultura popular tanto que lo único que le ha llevado la contraria ha sido ese maravilloso episodio de South Park donde destruyen el programa de lo malo que es.

Lo siento, pero la premisa del show me da náuseas. Un puñado de homosexuales pretendiendo mejorar a hombres normales, es decir, más aceptables para las mujeres. Le cambian la ropa, la decoración de casa, la música…Me cago en la puta, ¿Qué tipo de hombre permite que estos amanerados piratas del culo le trastoquen la vida?

Sí, los hombres son por lo general, unos putos guarros desordenados. La última vez que eché un vistazo, eso era lo normal. Los hombres son guarros y desordenados y eso sólo cambia cuando las mujeres tratan de civilizarles con el matrimonio. Es el orden natural de las cosas.

¿Sabes la definición de homosexual que usábamos en Chicago? Hombres con perritos que vivían en apartamentos muy limpios y ordenados.

Los hombres de verdad por otra parte tienen perros malos. Bull terriers, rottweilers, rhodesian ridgebacks o cualquier otro pero de faena como pointers o retrievers con los que se va a cazar y que se muerden todo el mobiliario.

Las mujeres tienen perritos falderos.

Por eso las mujeres pretenden prohibir las peleas de perros o gallos. Prohibirían el boxeo también si pudieran, porque es cruel y malvado. Ni de coña, Shirley. Coño, odio la idea de las peleas de perros también, pero no tengo problema con los hombres que lo hacen. Los perros y los gallos pelean. También los hombres. No es ninguna sorpresa que tengamos afinidad por ello.

Mi página web se ha hecho bastante popular entre hombres, y al principio me sorprendió bastante, porque no pensé que estuviera haciendo nada especial.

No es lo que pienso ahora. Deben de haberme escrito ya más de 5000 hombres para decirme cosas como “Sí, estoy de acuerdo. Me molestó mucho cuando leí sobre INSERTE ABERRACIÓN PROGRESISTA AL GUSTO y pensé que era el único”.

No. No estás solo. Ni lo estoy yo.

Ahí fuera hay un montón de hombres que están cansados del tema. Estamos cansados de que se nos convierta en objetivos para el ridículo y la risa. De tener hombres afeminados en la prensa. De que los ejecutivos de publicidad y las estrellas de cine decidan lo que es ser un hombre. De las mujeres que nos tratan como niños….Y muy hartos de los políticos nenazas que le ríen las gracias a las mujeres creando leyes para un Estado Niñera. Normas para todo, el equivalente al Ritalin en la educación pública, para evitar que cacemos, corramos con el coche o la moto, fumemos, liguemos con mujeres en el trabajo, nos metamos en peleas por mujeres, disparemos a criminales y hagamos todas esas cosas que vienen con ser un hombre.

Cuando se permitió que Annika Sorenstam jugase en un torneo de golf AGP masculino, todos los hombres deberían de haberse negado a jugar. El único que lo hizo fue Vijay Singh. El único que tuvo cojones de mantenerse en su sitio y respetar sus principios, y fue linchado mediáticamente por ser un machista. Estupideces. No era un machista, era un hombre. El resto de jugadores, Woods, Mickelson y los demás, son mujercitas en comparación Y no hace falta decir que Vijay no es americano ni europeo. Por eso probablemente aún tiene dos cojones entre sus piernas y no colgando de una pared como trofeo para su esposa.

A la mierda. Estoy harto de esto.

No sé por qué tengo que aguantar estas estupideces más tiempo. No sé por qué algún hombre debería aguantar estas mierdas más tiempo.

No sé por qué los hombres deberían de ser más femeninos excepto que hemos permitido que pase. ¿Y sabes por qué permitimos que esto pase? Porque es mucho más fácil así. Por desgracia ya hemos ido demasiado lejos y nuestra hombría se ha amariconado tanto que no puede ser descrito con pocas palabras.

En este punto, podría ir de dos maneras. La primera sería decir que no sé si conseguiremos salir de ésta. El proceso está ya muy fortalecido, el momento de los hombres feminizados forma parte ya del tejido social y no hay mucho que podamos hacer.

Pero no voy a hacerlo. Citando a John Belushi, que era un hombre de verdad y no una puta mujer…“¿Acaso nos rendimos cuando los alemanes bombardearon Pearl Harbour?”

Pues bien, no me voy a rendir. Que les jodan. Una de las características de los hombres no amariconados (y esto debería de infundir miedo en el corazón de las mujeres y de los hombres amariconados) es que no se rinde sólo porque las posibilidades parezcan estar abrumadoramente en contra. Omaha Beach, muchachos.

Quiero un hombre de verdad como presidente, no a Al Gore que tuvo que contratar a un asesor para que le enseñase como ser un Macho Alfa y también tuvo que besar a su mujer en directo en TV para demostrar al mundo que era un hombre, cuando sabemos que ningún hombre de verdad tiene que hacer esa mierda patética.

Y quiero a nuestro presidente rodeado de otros Hombres de Verdad como Rumsfeld, Ashcroft y sí, Condolezza, que es más hombre que esos lameculos de Colin Powell y Norman Mineta

Quiero que nuestro gobierno sea más como Papá. Amable. Atento. Pero sin piedad para castigar cuando la jodemos en lugar de ayudarnos para justificar nuestras acciones.

Quiero que nuestro gobierno de hombres de verdad haga retroceder al Estado Niñera y a su horrible costumbre de sobreprotegernos, de meterse en nuestra vida y de leyes tipo “mamá sabe lo que te conviene”.

Quiero que nuestra cultura sea más masculina y no de la forma satírica que aparecía en The Man Show o las caricaturas de Stallone, Van Damme o Schwarzenegger. Aviso a los ejecutivos de Hollywood; aborrecemos las películas de chicas sobre sentimientos y relaciones y todas esas historias femeninas. Queremos más John Waynes, Robert Mitchums, Bruce Willises y Clint Eastwoods. No importa que esto sea simplista…nos gusta lo simple, somos simples, somos hombres. Nuestras vidas no son complicadas y nos gusta así. We Were Soldiers era una gran película ¿y sabes porqué? Porque podrías quitar todas las partes donde sale alguna mujer y seguiría siendo una buena película porque era sobre Hombres de Verdad. Quita todas las partes con mujeres de una película de Woody Allen y te quedarán sólo los títulos de crédito.

Quiero que nuestra literatura sea más masculina y menos femenina. Un hombre no debería comprar libros de autoayuda a menos que sea de mecánica para coches, de mejorar en el golf o de desarmar una Browning. No nos mejoramos a nosotros mismos, mejoramos nuestras cosas.

Y finalmente, quiero que los hombres vuelvan a ser Hombres de Verdad. Que sostengan la puerta a las mujeres, conduzcan coches rápidos, fumen puros después de las comidas, se emborrachen de vez en cuando y que en palabras del Coronel Jeff Cooper, uno de los últimos Hombres de Verdad, “Cabalguen, disparen recto y digan siempre la verdad“.

En todos los sentidos de la palabra. Sabemos lo que la palabra SER significa.

Porque eso es lo que ser un Hombre de Verdad implica. No tienes que convertirte en una caricatura tampoco. No hay que lapidar a las mujeres como esos musulmanes, tampoco estoy sugiriendo que apoyemos esa perversión de Hombre de Verdad que son los artistas del gangsta rap. Esos putos maricones durarían 30 segundos contra un par de auténticos tipos duros que conozco.

Hablando de rap, ¿quieres saber por qué más blancos compran esa mierda que negros? ¿Sabías que las violaciones supuestamente son un gran problema en los campus universitarios?* ¿Por qué beber hasta caerse es un asunto feo entre los universitarios más jóvenes?

Es una reacción. Una reacción que que te amariconen. Y la comprendo por completo. Los hombres jóvenes son agresivos, a menudo pelean entre ellos mismos, son destructivos y todo esto pasa por un motivo.

Porque sólo los hombres fuertes acaban reproduciéndose.

Y las mujeres lo saben. ¿Sabes por qué sé que esto es cierto? Porque los hombres poderosos siempre atraen mujeres. Las mujeres, incluso las progres, se echaban encima de George Bush en su uniforme de piloto de la marina. Donald Trump sigue teniendo acceso a algunos de los mejores coños disponibles a pesar de parecer una gárgola de la Edad Media. Donald Rumsfeld si quisiera se podría follar al 90% de las mujeres de más de 50 años y a una buena parte de las más jóvenes.

Y lo no hará porque Rummy ha estado casado con la misma mujer 50 años y no va a perderla por echar uno rapidito. Es un hombre de verdad y no es casualidad que los de la Unión Europea le odien y le teman.

Lo mejor que podemos hacer es conseguir más como él. Mejor aún, ser más como él porque si no, los hombres acabarán siendo una nota a pie de página en la Historia.

 

Colau abrirá un centro para 'reeducar' a los hombres​

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Barcelona contará con un centro para reeducar a los hombres a partir de octubre. El Ayuntamiento de Barcelona, corporación que preside Ada Colau, ha anunciado la puesta en marcha del Centro de Nuevas Masculinidades, una escuela de formación de los "imaginarios distintos de lo que significa ser hombre".

Han dado cuenta de esta política municipal la misma Colau y Laura Pérez, cuarta teniente de alcalde de Derechos Sociales, Justicia Global, Feminismos y LGTBI. Alcaldesa y concejal han avanzado que el Centro de Nuevas Masculinidades formará a los trabajadores municipales y jóvenes. Promoverá otros "imaginarios" de la masculinidad, idea que servirá para alejarse de "la idea desfasada de que los hombres tienen que ser duros, incluso agresivos", ha precisado Colau.

Relaciona masculinidad con agresividad​

El Centro de Nuevas Masculinidades es una de las cuatro patas de la batería de medidas que impulsa el gobierno municipal de Barcelona contra el rebrote de violencia LGTBIfóbica en España. A este respecto, la edil Pérez ha precisado que "ser hombre no significa responder de forma agresiva, ni señalar al distinto que no cumple con los roles de lo que se supone que tiene que ser un hombre".

Según la electa de BComú, se impone "la necesidad de trabajar estas cuestiones con los jóvenes para flexibilizar esta masculinidad tan estricta que hemos tenido hasta ahora".

Trabajo en las escuelas, cine y comunidad​

En paralelo a ello, el consistorio trabajará otras líneas de actuación contra la nueva cadena de agresiones homófobas en la Ciudad Condal. Se ampliará la Red de Escuelas por la Igualdad y No-discriminación; se reforzará la muestra de cine Fire!; se aumentará la "perspectiva comunitaria" en el centro LGTBI de Barcelona y se "potenciarán y extenderán las propuestas culturales".

Todas las medidas buscan, han detallado Colau y Pérez, responder al aumento de ataques a la comunidad arcoíris en España. En el plano visual también tomará acciones el ayuntamiento, con una campaña de márketing elaborada junto a Equipo Singular que promoverá el carácter abierto de Barcelona.


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China prohíbe que "hombres afeminados" y otras estéticas "anormales" aparezcan en la televisión​

El Gobierno de China prohibió que "hombres afeminados" aparezcan en la televisión y pidió a las emisoras que promovieran la "cultura revolucionaria", ampliando una campaña para reforzar el control sobre la sociedad y la firme determinación del país de limpiar el "caos" en el sector.

La Administración Nacional de Radio y Televisión dijo que los programas de televisión deben promover "enérgicamente la excelente cultura tradicional china, la cultura revolucionaria y la cultura socialista avanzada" y "poner fin resueltamente a los hombres afeminados y a otras estéticas anormales", agregó el regulador de la televisión, utilizando un término despectivo para los hombres con apariencia poco masculina "niang pao", o literalmente, "maricón".

La medida se suma a los límites impuestos para reducir el acceso de los niños a los juegos en línea, ajustándose a la campaña para frenar lo que el Partido Comunista chino considera una atención nociva a las celebridades.

Según los comentarios emitidos, esto refleja la preocupación oficial de que las estrellas del pop chinas, influenciadas por el aspecto elegante y aniñado de algunos cantantes y actores surcoreanos y japoneses, no están animando a los jóvenes chinos a ser lo suficientemente masculinos.

El presidente Xi Jinping durante una conferencia del viernes y sábado pasado, hizo un pedido a un "rejuvenecimiento nacional", con un control más estricto sobre los negocios, la educación, la cultura y la religión.

Asimismo, el Gobierno de Xi ha reforzado el control sobre las industrias chinas de Internet, imponiendo acciones antimonopolio, de seguridad de datos en empresas como Tencent Holding y el gigante del comercio electrónico Alibaba Group.


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La señal definitiva del declive europeo llegó cuando los hombres empezaron a depilarse las cejas como vedettes de revista. Ahora se estiran el escroto quirúrgicamente. Esto no tiene solución.
 

La falda de hombre ha llegado y así la vas a llevar​

Ya es hora de ir rompiendo estereotipos y marcar la diferencia con estilo

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Bolsos, carteras de mano, vestidos y faldas ya no son prendas exclusivas para la mujer. En realidad, nunca lo fueron, y hay ejemplo de ello en distintas culturas de todo el mundo, pero para los occidentales siguen siendo piezas muy vinculadas al armario femenino. Somos nosotros los que les ponemos límites de carácter ambiental porque la industria de la moda hace ya tiempo que le quitó tiró abajo las barreras imaginarias que marcaban dichos límites. A continuación, profundizamos en un caos concreto de los citados: la falda.

Somos conscientes de que por mucho que el abandono o superación de los roles de género contemporáneos por una parte cada vez más amplia de la sociedad, especialmente en las nuevas generaciones, habrá quien diga que la falda es una prenda de mujer. Igual que el rosa es para niñas porque “así ha sido siempre”, cosa que no es verdad. Pero incluso aunque lo fuera, permanecer anclados mientras el tiempo avanza no parece la decisión más lógica, ni mucho menos la más divertida. Y si por algo destaca la moda es por su sensibilidad y permeabilidad a los cambios sociales, junto a los que camina de la mano. Abrir la mente es imperativo para seguir alcanzando

¿Cómo llevar la falda en clave masculina?​

La respuesta es muy sencilla: como te dé la gana. Y el motivo es evidente: si te atreves a llevarla, ¿qué más da cómo la combines si va a ser la absoluta protagonista del look? Nadie, ni tú mismo, se quedará indiferente ante tu apuesta. Es lo que tiene viajar en el vagón de la vanguardia. Para lo malo pero, sobre todo, para lo bueno, que es mucho.

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Dicho esto, en las faldas masculinos predominan unos patrones concretos. Diseños midi o largos, con protagonismo para tejidos como el cuero, la lana y el algodón, este último sobre todo en la temporada de calor, y colores como el negro, y con gusto especial de los diseñadores por las tablas. Esto no quiere decir que sean las únicas, ya que puedes encontrar en el mercado diseños que no llegan más allá de la altura de la rodilla -incluso hay firmas que apuestan por la minifalda-, otros que apuestan por tonos opuestos, como por ejemplo el blanco o el beis, y también faldas lisas o de tipo wrap -cruzadas-.

Como ves, el abanico de opciones es amplio. Y todavía se amplía más si introduces la variable del calzado, ya que una falda masculina, como las de mujer, lo aceptan todo: desde las sandalias del momento, ya sean tipo ‘ugly’ o con tiras de cuero, hasta zapatos con plataforma o un poco de tacón pasando por las botas militares, que evidentemente tendrán que esperar la vuelta del frío, o al menos del fresquito, para retomar el protagonismo que ha tenido en los últimos inviernos.

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Nos gusta especialmente el resultado de la falda masculina en sastrería. Es rompedor y elegante al mismo tiempo, así que si te gusta arriesgar y deseas hacerle hueco a la falda en tu vestidor, la opción de la americana a juego con la falda de tablas es una de las opciones ganadoras.

No tienes que cambiar ni el calzado ni el resto de los elementos del look que llevarías con tu dos piezas habitualmente -zapatos, camisa, pañuelo, etcétera- pero no lo dudes un instante si te apetece tirar la casa por ventaja y hacer un all in: los botines o botas de cordones y los cordones altos le irán igual de bien, así que siéntete libre de dar rienda suelta a tu creatividad y tu necesidad de expresarte a través de la ropa.

 

La sociedad feminizada: agresión a la Androsfera y destrucción del Temenos masculino. Por Max Romano​

Anticipación del libro Crónicas de la tiranía feminista que será publicado próximamente por SND Editores.

Androsfera es el ámbito de formación y expresión de lo específicamente masculino, el espacio de transmisión, formación y vivencia de la masculinidad. Androsfera es la relación con el Padre y lo que nos transmite, son los ritos de iniciación del varón, son la amistad y las fraternidades masculinas. Es un espacio a la vez exterior e interior, a un tiempo cotidiano y simbólico, donde el hombre encuentra su fuerza, aprende a ser sí mismo y a relacionarse, con el mundo y con el otro sexo sin homologarse a una lógica que no es la suya.

Por eso mismo Androsfera es combatida con saña por el feminismo y su crisis es signo de una sociedad feminizada.

El descrédito de la paternidad y la campaña contra el Padre es el signo más evidente. También la eliminación completa, en nuestra cultura, de los ritos de paso e iniciación que marcan el paso del muchacho al hombre adulto. La educación cada vez más feminizada, la hostilidad cuando no la criminalización hacia las formas de vitalidad más propias de los varones. En un contexto de infantilización social e inmadurez militante que afecta a ambos sexos, aquí también algunos son menos iguales que otros; malamente disimulada, se evidencia una voluntad de impedir u obstaculizar todo aquello que es formativo para el sexo masculino, que lo hace crecer y ser fuerte interiormente.

Lo anterior es ciertamente pero no decisivo, siempre y cuando el cachorro de hombre o el varón adulto tenga puntos de referencia: la leyenda de Parsifal nos cuenta cómo el futuro caballero crece en un ambiente protegido y feminizado, donde se le quiere evitar la tentación de las armas; pero es suficiente que el joven se encuentre con unos caballeros armados en el bosque, para que sienta la llamada de su verdadero destino. Esos caballeros eran una de las encarnaciones del temenos masculino.

Temenos
era en la antigüedad clásica un espacio reservado al culto, separado y delimitado del exterior, un espacio sacro. Por extensión y cumpliendo analógicamente la misma función, temenos masculino es el espacio reservado a la camaradería masculina, es una delimitación concreta de Androsfera en el espacio y en el tiempo. Es el ambiente donde no se admiten mujeres; no por animosidad hacia ellas, en absoluto, sino porque los hombres necesitan un espacio para estar entre ellos como lo necesitan las féminas.

De hecho los espacios reservados a mujeres siempre han existido y más aún hoy, aunque hayan degenerado en su mayoría a nidos de víboras feministas con un carácter totalmente destructivo; estas últimas tienen perfectamente clara la importancia de estos espacios.

Como también tienen clara la importancia de destruir los espacios reservados a los hombres: la sociedad feminista ha declarado una guerra a muerte al temenos masculino que se expresa en una abierta hostilidad hacia los ambientes exclusivamente masculinos. Ésta es la verdadera razón por la que las mujeres actuales se empeñan en introducirse en cada rincón previamente reservado a los varones; no tanto o no solamente por un interés genuino en esas actividades, sino por una voluntad específica de acabar con los ambientes de camaradería masculina.

Nos vienen a la mente por ejemplo los famosos clubs de caballeros con gran solera y tradición en ciertos países que han debido (ignoro si alguno se salva de la quema) abrir las puertas a las mujeres; cuando nada impediría la coexistencia de clubs masculinos, femeninos y mixtos, dejando que cada uno elija lo que más le agrade.

Otro caso evidente es Ejército; la solución de dar un espacio a las (pocas) mujeres realmente interesadas en la carrera militar, separando unidades femeninas y masculinas para llegar a una oficialidad mixta solamente a partir de un cierto punto en la cadena de mando, no ha sido adoptada que sepamos en ninguna parte; sin embargo sería una buena solución, evitaría varios problemas y respetaría tanto el temenos masculino como el presumible interés de las amazonas posmodernas de tener su espacio.

Pero tanto en un caso como en otro no se trata solamente de un interés en participar y seguir una vocación; además de ello hay detrás una voluntad de abolir y estropear los espacios reservados a hombres donde puedan estar sólo entre ellos.

Que se trata precisamente de esto, lo podemos ver en la mala baba y el odio apenas disimulado con la que las feministas miran a los ambientes puramente masculinos: cuando no se deja entender que solamente los homosexuales pueden querer desear un ambiente únicamente masculino (un absurdo que ni vale la pena comentar) se lanza la acusación de que tales ambientes son focos de misoginia, machismo recalcitrante, desprecio hacia la mujer.

Sin duda esto último es lo que en psicología se llama una proyección y en refranero castellano “cree el ladrón que todos son de su condición”… los ambientes femeninos actuales (sobre todo los politizados) sí que son en gran parte focos de odio contra el varón.

Lo que realmente escuece, provocando rabia en las feministas y desconfianza en muchas mujeres normales (en la medida en que una mujer puede ser normal en tiempos feministas) es que en el temenos masculino el hombre encuentra puntos de referencia, está perfectamente bien sin necesidad de mujeres, encuentra una comunidad que le refuerza interiormente y esto para muchas es intolerable: el varón debe ser privado de referencias, debe necesitar siempre a la mujer, debe ser debilitado.

Tranquilícense las mujeres en general y particularmente las hembristas: en sus gineceos empoderados y posmodernos, ciertas féminas degeneradas quizá se dediquen todo el día a escupir odio contra los hombres y tramar formar siempre nuevas de hacerles la vida imposible. Pero en el temenos de los hombres, en la camaradería masculina, no se habla sólo de mujeres y ni siquiera la mayor parte del tiempo; mucho menos se desperdicia ese tiempo en planificar la guerra de sexos y en cómo enfrentar a los unos con las otras.

 

"Ser hombre es una ficción": asistimos al inicio delirante de la escuela de masculinidades de Colau​

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El convento de San Agustín de Barcelona fue primero convento, luego cuartel y finalmente centro cívico, archivo fotográfico y museo del chocolate. Desde este miércoles tiene un nuevo uso: el de ser sede del Centro de Masculinidades "Plural" promovido por el ayuntamiento de Ada Colau. El claustro que en el siglo XIV escuchó el murmullo del rezo los monjes agustinos y en el XVIII el estruendo de los cañonazos en el sitio de Barcelona, fue testigo la tarde del miércoles de las bases que definirán a un nuevo hombre. Un no-prototipo masculino "positivo, abierto, plural y heterogéneo" del que la Barcelona de Colau quiere ser abanderada.

La alcaldesa anunció a finales de julio la creación de este nuevo equipamiento municipal, donde tendrán lugar talleres, seminarios, charlas e incluso cursos de 10 a 16 semanas de duración con terapias de dos horas semanales que se encargarán de esculpir los nuevos modelos de hombre. "Plural" estará destinado a funcionarios del consistorio y a colegios, pero también a todo hombre que quiera desprenderse de la "toxicidad" que lleva incorporada por el hecho de haber nacido hombre. Y todo, de momento, gratis, pagado por el ayuntamiento.

La inauguración arrancó con una jornada que reunió a ponentes, 'performers' y representantes varios de la ciudadanía -policías de uniforme incluidos- que forman parte del collage de las nuevas masculinidades que promoverá la escuela de Colau. En las charlas participaron un hombre trans, otro con diversidad funcional, un gay, aliados feministas, varias mujeres y hasta un 'drag king'; es decir, una mujer que se traviste de hombre y que tiene "pluma marimacho", como ella misma dijo.




La velada inició con un encuentro cerrado al público entre diferentes entidades y actores implicados en el no pequeño entramado del género, el feminismo y las nuevas masculinidades de la Barcelona reciente, financiado en gran parte por el erario público. Pasadas las seis de la tarde, dieron comienzo las charlas, moderadas por la historiadora especialista en "género, inmigración y diversidad cultural" Gemma Torres.

Torres se arrancó diciendo que vio la película de Superman y que le llamó la atención cómo la cinta enseña a los hombres que no tienen que ser Clark Kent, sino Superman. "Pero claro, Superman es un extraterrestre (...)", dijo. El "héroe que salva al mundo" poco tiene que ver con el hombre real, planteó. "¿Existe el hombre de verdad?". Sobre ello debatieron después Antonio Centeno, un tetrapléjico desde los 13 años y que aboga por el acceso a una sexualidad igualitaria, y Miquel Missé, sociólogo y activista trans.

"Desde la diversidad funcional no hay ganas" de ser un "conquistador" o un "macho proveedor", dijo Centeno. También se mostró contrario al "guion de la superación" que la sociedad supuestamente exige al hombre, y más a hombres como él, con discapacidad: "Nos dicen que vivimos mal porque no nos hemos esforzado lo suficiente", dijo.

Missé, por su parte, habló de su experiencia como hombre trans y sus intentos para encajar en lo que se supone que es "el hombre original". "Los hombres dedican mucho tiempo a ser hombres y eso no les hace felices ni libres (...) Nadie conseguirá ser un hombre porque ser un hombre es una ficción (...) la masculinidad no es realista ni es humana", fueron algunas de las frases que siguieron.

Luego vino una especie de apología de la vulnerabilidad, como un modelo al que el hombre "violento", "competitivo" y "agresivo" debería aspirar. Missé relató su experiencia de cómo en varias ocasiones ha "bajado la mirada" o ha "cedido" con tal de que no le rompieran la cara en situaciones conflictivas. "Bajo constantemente la mirada" (...) "ceder también está muy bien (...) para conservar la cara intacta"...

Torres, la moderadora, concluyó: "Ser hombre es pesado, es peligroso, es un lío...". Se refería nuevamente a los "restringidos" modelos masculinos que plantea la sociedad heteropatriarcal. Acto seguido vino la performance del 'drag king' Ken Pollet.




Con canciones cuyas letras rezaban versos como "Ese es mi macho de verdad" o "Quiero encontrar un hombre de verdad", el artista apareció disfrazado con bigote y con el atuendo de un cuerpo musculoso que terminaba colapsando. La actuación concluía con Pollet quitánsose la ropa que lo masculinizaba, para terminar casi desnudo con el torso encadenado, haciendo alusión a lo que los cánones presuntamente le imponían.

Terminada la actuación, la moderadora lo presentó así, en una terminología digna de la nueva escuela de masculinidades barcelonesa: "Hemos visto a Ken Pollet, que es un 'drag King' que rompe escenarios y prejuicios. Es el cuerpo donde Elena Ramírez, filósofa y activista, vuelca su trabajo como 'drag king', que le sirve para investigar sobre el género y resistir la violencia machista y la homofobia. Nació en Málaga pero vive en Barcelona, donde realiza diversos talleres 'drag king' y varias fiestas donde quiere contribuir al empoderamiento 'marimacho' y 'bollo', donde celebra su pluma 'marimacho' y su ser travesti para resistir al binarismo de género, crear vínculos y redes de empoderamiento en la comunidad LGTBI y cuestionar las relaciones entre género, poder y masculinidad (...)"

Después habló Pollet, que concluyó su discurso con un "¡Viva el fracaso!", exhortando a fracasar "como hombres y como mujeres".

Posteriormente, Paco Abril, sociólogo y miembro de la asociación de Hombres Igualitarios AHIGE, y Adriana Sabater, educadora y activista feminista, debatieron sobre cuál sería el hombre del futuro. "Será un hombre heterogéneo, diverso, desorientado, descolocado y perdido sin referentes que emular", dijo Abril. "El mundo ya no gira a su alrededor y los demás no somos recursos a su servicio", prosiguió.

Abril, entre otro de los puntos que definirán al hombre que viene, destacó "la rendición de cuentas" que el hombre deberá asumir por la violencia que ejerce "diariamente contra las mujeres".

El coloquio prosiguió con críticas al sistema "competitivo", "capitalista" y "productivo" que vende el modelo de masculinidad tradicional. Con críticas al rol masculino que defiende "la ultraderecha". Con ejemplos de masculinidad tóxica como el asalto al Capitolio o el uso del "lenguaje bélico" durante la pandemia. Al final de las charlas, un mosso d'esquadra, Eugeni Tarjuelo, de la unidad de Policía Comunitaria, se excusó por aparecer con uniforme y manifestó su compromiso con lo que se había expuesto en la jornada.

Pareciera que, en boca del público, los ponentes y la moderadora, cualquier situación que exigiese de fuerza, agresividad o resistencia, en definitiva, de valores masculinos tradicionales, fuese una invención de la propia masculinidad para desplegarse. Que todo pudiese afrontarse desde una charla, bajar la mirada o una 'performance drag'. Claro que no se habló de delincuencia, o de cómo parar a un maltratador cuando la educación ha fracasado. Ni el mosso comentó cómo algunos de sus compañeros tienen que medirse día sí, día también, a vándalos que quieren acabar con sus vidas, incluso a terroristas, haciendo gala de unos valores de la masculinidad tan denostados desde la tarima.

Júlia Alpiste, participante en la charla de cierre junto a Roy Galán, aseguró que el mensaje está llegando a las instituciones, pero no a la calle. "El cambio real no está pasando (...) No podemos hacer charlas a las que vengamos solo nosotros". La queja de Alpiste es más que real. Si ser hombre es una ficción, también lo es, por ahora, el conjunto de posibilidades sociológicas sobre el nuevo hombre que pretende el Centro de Masculinidades que se acaba de inaugurar en Barcelona. Tiene trabajo por delante.