Creando masa crítica contra el Nuevo Orden Mundial 🏛️

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Como reconocer que la vacuna es una mierda en un titular de periódico.

(ni aún así lo ven los covidiotas...)

 

La patraña más burda jamás contada (¡Y creída!)​

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Sin querer ensombrecer la figura de Patrick Moore, quien fuera presidente de Greenpeace, y que ahora se percata de la falsedad de no pocos mantras medioambientales asumidos durante años, entre ellos el que concierne al cambio climático [antropogénico y devastador], al que él mismo etiqueta como “la mayor estafa de la historia”, me permitiré mantener mi título, refiriéndome a la ubicua «pandemia» que todo lo fagocita. O fagocitaba, porque invadir Rusia un país vecino y desaparecer el bicho ha sido todo uno. Bien podríamos aquí reformular la letra de la vieja canción cubana, mutándola por un Llegó Vladimiro y mandó a parar.

En fin…

Recuerdo que me declaraba yo revisionista (¡qué menos!) al principio de esta mierda, y ahora ya casi que me viene estrecho el traje de negacionista. Porque entiende uno que hace falta ser muy, pero que muy burrote, para haberse tragado todo el engrudo que nos han estado ofreciendo a diario en [la inmensa mayoría de] radios, televisiones y periódicos. Puede que esté equivocado de principio a fin, y que la locura coronavírica me haya trastornado a mí (¿aún más?, comentarán creyéndose graciosos algunos de mis allegados) hasta la chaladura completa, y sea yo quien ve cosas entre raras e inverosímiles, no siéndolo.

Llevamos dos años bien duros, durante los que se ha puesto a prueba no tanto nuestro sistema fisiológico para hacer frente a determinados patógenos desconocidos hasta la fecha, sino nuestra fortaleza mental como individuos, y sobre todo como grupo social; es decir, como animales de naturaleza eminentemente gregaria que somos.

Caí al principio en el desconcierto y en el miedo, como cayó casi todo el mundo, supongo. Y esa primera etapa dejó paso a una segunda, en la que sufrí mucho, lo reconozco, al percatarme de que una generosa mayoría de la gente creía al dedillo todo cuanto voceaban los mass media, fuera una cosa y la contraria durante la misma jornada.

“Hay que llevar guantes, pero no mascarilla”.

“Limpiarse la suela de los zapatos al entrar en casa”.

“Distancia interpersonal, o mejor social
(que tiene connotaciones más profundas)”.

“Mascarilla todo el mundo, y los guantes al gusto”.

“Serán dos o tres casos, leves, y traídos por extranjeros”.

“Confinamiento estricto, todos encerrados en casa 24/7, con la única excepción diaria de la 20:00 horas, cuando se podrá sacar el hociquito de la madriguera para aplaudir, y cantar, pero poquito y hacia adentro”.


Toda esta locura se basó ―se sigue basando― en una prueba sobre la que su propio inventor (Premio Nobel de Química, que negaba la existencia del SIDA y del Cambio Climático, todo un adelantado) dijo a quien quiso oírle que la PCR no‑sirve‑para‑diagnosticar‑enfermedades. Por más señas, detecta apenas una centésima parte del genoma que se supone corresponde al virus que nos ocupa. Y digo “se supone” porque nunca fue aislado, ni purificado, ni secuenciado. La cadena de nucleótidos ofrecida como oficial surge de un modelo matemático, mas no de la comprobación indubitada de los profesionales de turno. Esto es así, y no de otra forma, aunque el telediario diga otra cosa.

Las mascarillas ofrecen otro campo la mar de interesante, diríamos inagotable, sobre todo si tenemos en cuenta el tamaño estándar de un coronavirus y el tamaño de la rejilla textil que ofrece un tapabocas por igual estándar. ¡Por ahí entran y salen los coronavirus como Pedro por su casa! En consecuencia, no sería muy diferente que fuéramos por la calle embozados con una malla de esas para transportar naranjas, y no digamos ya con la clásica bufanda de toda la vida. Tómenlo como lo que es, un recurso hiperbólico… aunque no del todo. Intenten guardar arroz en una de esas mallas, y me cuentan el resultado.

Pues eso…

Añadan a lo anterior los «falsos positivos», los «los falsos negativos», y los «falsos falsos», y tendremos una sopa de letras, donde, a falta de poder leer en ella nada congruente, acaba a cucharadas en nuestro estómago, y bien rica que está. Pero nos la acaban de meter doblada, pues ahí iba un mensaje cifrado que no supimos interpretar, sea por pereza mental o por simple e impaciente apetito.

¡Ay!

Que sí, que ha muerto mucha gente, y que eso siempre es una desgracia para familiares y amigos. Pero es que siempre “ha muerto mucha gente”. ¿Acaso le parecen pocas las cerca de mil doscientas almas que de media nos abandonan en España a diario, con sus naturales altibajos, por la caprichosa estadística? Cualquiera puede hacer la prueba: tómese la jornada de este siglo que más fallecidos aportó, y paralelamente la que menos. Una sencilla operación nos ofrece el porcentaje entre ellas (por encima o por debajo, lo mismo da para el caso). ¿Deberíamos llevarnos las manos a la cabeza por ello? No lo hemos hecho hasta ahora, desde luego, y parece lógico aceptarlo como lo que es: pura y simple casuística.

Desapareció de repente la gripe estacional. ¿Motivo? El uso generalizado de mascarillas. Atención, pregunta: ¿Y por qué no se obligó su uso cada invierno, evitando con ello una media de diez mil muertes? No esperen que nadie responda, pues toda interpelación que pone en tela de juicio el relato oficial se ha convertido en malintencionada impertinencia, incluso perseguible con la ley en la mano, a poco que nos descuidemos.

Pregunté una vez a alguien cuántos ciclos se le habían aplicado a la prueba PCR efectuada a un familiar, para la que debía yo dar la correspondiente autorización. La pobre mujer no sabía de qué le hablaba, ni aun después de una somera explicación sobre el particular. Es hoy el día que sigue mirándome con cierto recelo, supongo que cruzando los dedos para que no le haga otra pregunta extraña.

Interpelé en otra ocasión a un farmacéutico del barrio cómo sabía que aquello daba positivo al SARS‑Cov‑2 y no al SARS‑Cov‑1, siendo idéntica la secuencia de nucleótidos detectada por el aparatito. Creo que desde entonces lo utilizan para maniquí de escaparate.

Y así todo.

Siempre sobrevoló mi cabeza la duda de si somos idiotas porque somos gregarios, o si somos gregarios por ser esta la menos gravosa de las fórmulas sociales para los idiotas de serie. Y tengo al respecto dos noticias, una buena y otra mala, como en el chiste. La buena es que no debemos preocuparnos por la duda, pues queda esta por completo despejada. Y la mala ya se la imaginan.

Pues hala, ya nos tienen enjaulados, sin necesidad de una cárcel real, con barrotes, pesadas puertas metálicas y funcionarios de prisiones. Simplemente han conseguido secuestrar nuestros cerebros, que controlarán a partir de ahora con el consabido mando a distancia, por evitar la incomodidad de tener que levantarse del sofá para cambiar de canal o subir el volumen. Y tamaño triunfo sin apenas oposición del propietario de la mollera, quien además ha acabado por creer que todo lo hacen por su/nuestro bien. No tendremos nada y seremos felices. Se refiere a NOSOTROS, que no a ELLOS.

«Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano».

*Un artículo de KEPA TAMAMES

 

PDF completo del periódico irlandés ‘The Light’ en el que se denuncia una de las noticias más escandalosas de la farsemia: “Pfizer sabía que su mataría”​

Hace unos días publicábamos un artículo en el que nos hacíamos eco de una de las noticias más impactantes que se han producido en las últimas fechas. Se mostraba la portada de un periódico de papel irlandés, llamado ‘The Light’, que era tremendamente demoledora: “Pfizer sabía que su mataría”.

Como sucede siempre que se publica algo de este tipo, salieron inmediatamente los de siempre a poner en duda la veracidad de esa noticia e incluso llegaron a negar la existencia de ese periódico. El adoctrinamiento de unos, que no ven más allá de la televisión y el miedo de otros, que no quieren ver la realidad de lo que se habían inoculado voluntariamente, hacía el resto.

La cosa llegó a tal extremo que incluso se llegó a insultar a aquellos que difundían la noticia, como si tuvieran el más mínimo interés en hacerlo. Es curioso que, mientras se hace eso por un lado, por el otro se siga a rajatabla lo que se dice desde medios de comunicación, profesión médica, políticos y las propias empresas farmacéuticas, cuando es más que evidente que ellos sí que tienen intereses creados para que las inoculaciones masivas tengan el éxito que han tenido. Los que las denunciamos tenemos muchos más inconvenientes que ventajas, se lo podemos asegurar.

El caso es que han sido tales los ataques, que una usuaria de Twitter ha subido un vídeo en el que una responsable del propio periódico mostraba la portada en cuestión y todos los ejemplares que se iban a distribuir con la noticia.



Pero no piensen que para algunos eso ha sido suficiente. A pesar de publicar todas las pruebas, a alguno de esos lerdos a los que tanto les gusta jugar con el karma todavía no les parecía bien. Es más, tiraban de un humor bastante discutible para, suponemos, seguir manteniendo su cabeza a raya, después de que haya quedado más que demostrado el grandísimo error cometido.



Y esta es, precisamente, la clase de tipos a la que no podemos llegar a entender. Si han cometido un error gravísimo, la culpa es suya y solo suya. Bastante hemos intentado hacer los demás con intentar advertir contra viento y marea, estén seguros de ello, sobre todo lo que estaba pasando y todo lo que se escondía detrás de esas inoculaciones masivas, experimentales y mortíferas, en muchos casos.

Pero volviendo a la publicación de este periódico, es importante que todos sepan de dónde ha salido la información. El propio periódico lo explica en su portada:

Los documentos fueron primero filtrado en un ciberataque al sitio web de la Agencia Europea de Medicamentos. Más de 40 megas de información clasificada de la Agencia se publicó en la dark web y varios periodistas, incluidos los del British Medical Journal recibieron copias de la filtración“.

La información sobre lo que realmente está sucediendo sobre las inoculaciones sigue saliendo y ya es absolutamente imparable. Por eso están sucediendo todas las cosas que están sucediendo. La Comisión Europea se reúne deprisa y corriendo con las grandes plataformas de redes sociales y se pretende implantar una dictadura censora en internet de manera inmediata. Además, en canales en los que hasta ahora se podía difundir información sin censura, como Telegram, se están empezando a notar movimientos “extraños” como la eliminación de seguidores en plena noche, como nos está sucediendo a nosotros en nuestro canal https://t.me/ElDiestro.

El tema es que ahora no nos encontramos en un enfrentamiento entre rojos y azules, hombres y mujeres o negros y blancos. Estamos en la lucha por la supervivencia porque, aunque muchos todavía no se hayan enterado, estamos en guerra y esta es una guerra que está librando el poder contra todos nosotros.

Quien piense que si se sienta en un sofá no le afectará, está muy equivocado porque, en estos momentos, todos somos víctimas potenciales de la psicopatía de los personajes que están sentados en los gobiernos y, sobre todo, de las manos negras a las que sirven.

Aquí tiene el PDF completo de esa publicación para ser descargado. Hagan clic en este enlace.

https://www.eldiestro.es/2022/04/pdf-completo-del-periodico-irlandes-the-light-en-el-que-se-denuncia-una-de-las-noticias-mas-escandalosas-de-la-farsemia-pfizer-sabia-que-su💉%E2%80%8B-mataria/
 


El poder tiránico se mantiene por el miedo. Miedo por amenazas a lo que más aprecian los hombres, su salud, su vida y sus dineros. Miedos reales o posibles. Los padres preguntan por los casos de las hepatitis en niños, fulminantes en algunos casos. ¿A qué se deben? ¿Van a ir a más?. Actualizaremos la situación esta noche en directo. Y también hablaremos de los proyectos totalitarios de los que gobiernan el planeta para hacerse con el control de las personas. Lo que pasa en Shanghai es un aviso. Pasó el COVID, pasó Ucrania,... y mientras España estaba de Semana Santa se han movido unas piezas que amenazan la libertad.
 

Trabajadores esenciales, los grandes olvidados tras sufrir efectos secundarios de la vacuna de la covid​

“Mi vida se paró en seco. Solo pido que encuentren la solución para recuperarla”

El 28 de abril se celebra el Día de la Salud Laboral, una fecha que la Asociación de Trabajadores Afectados por la Vacuna de AstraZeneca (ATEAVA) quiere aprovechar para hacerse oír. Muchos de ellos son profesores, policías o vinculados al sector sociosanitario y por su condición de trabajadores esenciales recibieron “tempranamente” una vacuna contra la covid “bajo el argumento de que teníamos mayor riesgo de exposición y de transmisión a otras personas”.

Consideran que la mayor parte de los efectos secundarios que han padecido “son fruto de esta premura, ya que con el tiempo las autoridades españolas desaconsejaron vacunar con AstraZeneca, por el riesgo que ello entrañaba a personas cuyos perfiles compartimos”.

Ahora reivindican que la patología que sufren sea reconocida como una enfermedad laboral, que el Sistema de Farmacovigilancia Española realice un seguimiento de sus casos, “cosa que no se ha venido haciendo hasta la fecha y que sesga, por tanto, los datos que periódicamente se publican” porque no se tiene en cuenta su evolución.

Exigen que se registre a todas las personas que han desarrollado efectos secundarios y se les reconozca como “hecho causante de su sintomatología la vacunación”, y que de ellos se puedan derivar “efectos administrativos, legales y laborales que sean necesarios para una adecuada atención”.

Insisten en dar mayor transparencia a los casos de afectados para que se sepa los números de lote con los que se vacunó a las personas que han desarrollado efectos secundarios graves, estadísticas sobre edad, sexo o patologías previas, entre otras.

También reclaman la creación de unidades específicas de estudio y tratamiento sanitario para todos aquellos cuya sintomatología no tiene, a día de hoy, un diagnóstico claro y, como consecuencia no logran una total recuperación.

ATEAVA remarca que su postura no tiene nada que ver con los antivacunas ni con los negacionistas. Se vacunaron porque sabían que la covid es un virus peligroso y lo único que exigen es una atención por parte de las Administraciones Públicas que aún no han recibido.

“Mi vida se paró ese día”​

El caso de Celia, una veterinaria de Castellón, es un ejemplo de la situación que viven estas personas. Al día siguiente de recibir la vacuna no pudo ir a trabajar. Presentaba los síntomas normales. A los dos días, creyó que estaba recuperada y volvió la clínica. “Empecé con episodios debilidad, temblores, cansancio, cefaleas intensas. Me despertaban por la noche y no remitían con nada. También tenía sangrado espontáneo de encías”. Acudió a Urgencias y descartaron posible trombo.

“Fui empeorando cada día, iba a rastras, hasta que el día 15 abril (se vacunó el 29 de marzo), me empecé a encontrar muy mal y tuve el tiempo justo para aparcar. Sentía que en cualquier momento me iba a desplomar. Entré en la clínica, me senté en un sillón. Casi ni recuerdo cómo llegué. Mi jefa, al ver que no salía y que había entrado sin decir nada, empezó a llamarme, pero yo no podía responder. Me encontró sin casi poder hablar ni moverme, palidísima y con mucosas grises. Llamó al 112 pidiendo una ambulancia mientras una médica que conoce le daba instrucciones sobre cómo actuar. En urgencias me realizaron todo tipo de pruebas, y me solicitaron otras, así como la remisión a especialistas. Me dieron la baja. Ese día mi vida se paró en seco. Los síntomas no mejoraron, y apareció la disnea y dolor torácico, por lo que se requirió de nuevo de la atención de urgencias para realizar más pruebas diagnósticas. A partir de ahí se empezaron a sumar síntomas y empezaron las múltiples visitas y pruebas médicas”.

Ha pasado más de un año desde entonces y sigue sumando síntomas nuevos. “Cefalea, disnea, fatiga (respiratoria y muscular), dolor torácico, opresión en el pecho, debilidad, astenia extrema, niebla mental, mialgias, artralgias, taquicardia, palpitaciones, sangrado espontáneo e inflamación de encías, parestesias/rampas, temblores internos, alteración en la termorregulación, episodios de pérdida de sensibilidad, reactivación ganglionar, sequedad y prurito ocular, episodios de visión borrosa, tos, espasmos esofágicos, alteraciones digestivas e intolerancias alimentarias, eccemas intermitentes, amenorrea, disfonía, mareos, contracturas musculares…”

A todo esto se suman crisis que duran de dos a tres horas en que los que se queda sin poder moverse. “Tengo hormigueo en extremidades, parestesias, rampas, fatiga, debilidad extrema, malestar general, frío extremo, palpitaciones, mialgias más intensas, a veces disnea y dolor torácico... Mi cuerpo es como si estuviera cubierto de cemento y no lo puedo mover. A veces, tengo crisis de fatiga extrema (disnea)”.

A esto se le suma que ha desarrollado efectos adversos a fármacos que antes no tenía. “Mi mayor objetivo era entrenarme para poder aguantar la jornada laboral, dado que para mí, mi trabajo es mi vida”. Las limitaciones que padece le han obligado a trasladarse a casa de sus padres y tan solo le queda ahora confiar en que los médicos estudiarán su caso y darán con la solución para volver a su trabajo.

 

Imputados por allanamiento los agentes de policía que derribaron la puerta de un piso con un ariete en uno de los estados de alarma ilegales​

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Parece que una de las verdades casi absolutas que existen en este mundo es aquella que dice que “la letra con sangre entra”. Y por lo que se está pudiendo ver, los agentes de policía que reventaron la puerta de un piso en la calle Lagasca de Madrid el 21 de marzo de 2021, van a sufrir las consecuencias de sus actos en sus propias carnes.

¿Recuerdan que siempre hemos dicho que era tan culpable aquel que dicta una ley ilegal, como aquel que la cumple y obliga a cumplirla? ¿Cuántas veces hemos intentado recordar a la policía a lo largo de estos dos años que están al servicio del pueblo y de no de los políticos de turno, sobre todo cuando estos cumplen ilegalidades? ¿Recuerdan esta escena?



Estamos seguros que sí, pero todavía estamos más seguros que los agentes implicados en este atropello no la olvidarán en la vida. Ahora, los responsables de tirar abajo una puerta tras golpearla hasta 17 veces con un ariete, se tienen que enfrentar a una imputación por un delito de allanamiento. Imputación de la que tienen que responder, además, después de que el estado de alarma por el que derribaron esa puerta haya sido declarado ilegal por el Tribunal Constitucional.

La Fiscalía de Madrid pretende ahora hacer una cabriola legal para salvar los muebles, no a los agentes, al gobierno y dice que aprecia la eximente completa, ya que actuaron siguiendo una orden de este superior; cumpliendo, por tanto, su deber. Parece que la fiscalía “olvida” que estaban cumpliendo con un “deber” que ha resultado ser ilegal.

Ahora, y esto también lo hemos repetido en infinidad de ocasiones, los agentes se darán cuenta que quienes van a pagar los platos rotos son ellos y no los impresentables de quienes recibieron esas órdenes. Que tengan en cuenta esos agentes que, empezando por Marlaska y siguiendo por todos sus subordinados, ahora estarán tranquilamente en sus despachos haciendo lo que mejor saben hacer, nada, y ni siquiera se acordarán de ellos.

Parece mentira que no hayan tenido en cuenta, desde un primer momento, algo tan simple como esto. Es lo que tiene cumplir órdenes ilegales sin pensar en las consecuencias y abusar, como han hecho desde el principio de la farsemia, de su autoridad de una forma vergonzosa. ¿Creían que los políticos que les mandan les iban a salvar el trasero? Si ya sabíamos todos que cuando vinieran las “duras” los primeros en esconderse serían ellos, ¿no eran conscientes de ello estos agentes cuando cometieron barbaridades como estas?

 

EXCLUSIVA: Cientos de empleados de los CDC no se vacunaron contra COVID-19​

Casi 400 empleados de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos no se vacunaron contra el COVID-19, según los registros obtenidos en exclusiva por The Epoch Times.

En total 382 trabajadores de los CDC no están vacunados, declaró a The Epoch Times Roger Andoh, funcionario de la agencia en virtud de la Ley de Libertad de Información (FOIA).

Otros nueve empleados solo recibieron una dosis de las vacunas de Pfizer o Moderna, lo que significa que no están totalmente vacunados según las directrices de los CDC.

En conjunto, la cifra representa el 3.2 por ciento de la plantilla de trabajadores de los CDC.

El funcionario de la agencia señaló inicialmente un comunicado de prensa del gobierno que contenía datos actualizados hasta diciembre de 2021 y se negó a responder completamente a la solicitud de FOIA de The Epoch Times, la que pide cifras más detalladas actualizadas hasta el 15 de marzo de 2022.

“Por favor, tenga en cuenta que estos son los datos más recientes y más completos disponibles y que algunos elementos de datos que usted solicitó no están disponibles”, dijo Andoh inicialmente.

Cuando se le pidió una aclaración, otro funcionario del CDC repitió la declaración de Andoh.

Después que The Epoch Times presentara una apelación al Departamento de Salud y Servicios Humanos, la agencia matriz de los CDC, la oficina cambió su postura sin explicar por qué.

“Tras una búsqueda adicional, le proporcionamos la siguiente información”, dijo Andoh en la nueva respuesta.

“La respuesta que obtuve a su apelación a los CDC me dio la impresión de que en primer lugar no tenían la intención de retener ninguna información”, dijo Jonathan Nelson, un analista de la FOIA del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS), en un correo electrónico. “Basándome en eso, mi creencia personal es que esto fue solo una omisión accidental por su parte”, dijo Nelson.

Además de revelar que 391 empleados no están totalmente vacunados, los CDC dijeron que 12,399 sí están totalmente vacunados o han recibido dos dosis de la vacuna Moderna o Pfizer o la vacuna de una sola dosis de Johnson & Johnson.

Además, 5810 empleados comunicaron que recibieron una dosis de refuerzo, aunque la agencia subrayó que los empleados no tienen que decir si se han vacunado.

Los CDC también revelaron que la agencia no ha concedido ninguna solicitud de exención a la orden de vacunación de los trabajadores federales del presidente Joe Biden, que está a punto de entrar en vigor el 31 de mayo después de una suspensión de un mes debido a un fallo judicial.

La oficina de prensa de los CDC no respondió cuando se le preguntó qué pasaría con los trabajadores no vacunados que no tienen una exención, y por qué no se han concedido exenciones.

Los datos están actualizados al 12 de abril.

Otras tres agencias sanitarias dentro del HHS profundamente implicadas en la promoción de la vacunación contra el COVID-19 que también se negaron a proporcionar datos más allá de diciembre de 2021 aún no proporcionan las cifras solicitadas. Estas son la Administración de Alimentos y Medicamentos, los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid y los Institutos Nacionales de Salud.