China se enfrenta a una crisis energética que puede poner al mundo contra las cuerdas

Con todos los ojos puestos en el gigante inmobiliario Evergrande, otra crisis (esta con un impacto más global) podría estar empezando a asomar la cabeza en China. El 'gigante asiático' está sufriendo las primeras consecuencias de una crisis energética que comenzó azotando a Europa y que ahora se extiende por el mundo a través de los mercados de gas, petróleo, carbón y materias primas en general. El racionamiento de esta energía amenaza con tensionar aún más las cadenas de suministro globales y generar escasez de "todo", según advierten desde Nomura. La recuperación económica corre peligro.

Pekín ha comenzado a racionar el consumo de electricidad para contener los precios y reducir las emisiones, que es uno de los grandes objetivos del gobierno chino. La segunda economía del mundo se encuentra en un proceso reformador cuyo objetivo es alcanzar una economía sostenible y más igualitaria (common prosperity). Parece que esta vez Pekín va en serio.

Por ahora, estas medidas afectarán a la industria del 'gigante asiático' (después pueden llegar hasta los hogares). El problema es que si China pisa el freno de su 'fábrica', el resto del mundo sufrirá las consecuencias, algo que podría comenzar a verse en las próximas semanas, a medida que las empresas europeas, americanas... vean agravada la escasez de insumos con los que trabajan. A su vez, esta escasez y aumento de costes puede trasladarse a una inflación que ya supera de forma holgada el 2% en casi todos los países desarrollados.

Cierres de fábricas en China​

Desde fundiciones de aluminio (afectando al precio de los metales), hasta productores de textiles y plantas de procesamiento de soja, se están viendo obligadas a frenar su actividad o, en algunos casos, a cerrar por completo.

La mitad de las regiones de China no cumplieron con los objetivos de consumo de energía establecidos por Pekín y ahora están bajo presión para frenar el uso de energía. Entre las más afectados se encuentran Jiangsu, Zhejiang y Guangdong, un trío de potencias industriales que representan casi un tercio de la economía de China. Esta es la parte que se ve desde China.

Desde Occidente el miedo es que estos parones en la producción terminen afectando a los bienes finales que tanto gustan a los consumidores del mundo desarrollado. Apple y Tesla ya están temblando. Varios de sus proveedores en China ya han anunciado que suspenderán la producción en algunas fábricas durante varios días, lo que pone en riesgo el buen funcionamiento de las cadenas de suministro justo en la temporada alta de los productos electrónicos, advierten desde la agencia Reuters.

Esta crisis se produce en momentos en que la escasez de suministros de carbón en China y el endurecimiento de los estándares de emisiones han provocado una contracción en la industria pesada en varias regiones, lastrando la tasa de crecimiento económico del país, según explican desde la agencia Bloomberg.

Sin chips para móviles y coches​

Unimicron Technology, proveedor de Apple, aseguró este domingo por la noche que tres de sus subsidiarias en China se han visto obligadas a detener la producción desde el 26 de septiembre hasta la medianoche del 30 de septiembre para "cumplir con la política de limitación de electricidad de los gobiernos locales".

Eson Precision, una filial de Hon Hai Precision Industry de Taiwán, ha revelado también en un comunicado la suspensión de la producción desde el domingo hasta el viernes en las instalaciones de la ciudad china de Kunshan.

Concraft, un proveedor de componentes de altavoces para el iPhone de Apple y que posee varias fábricas en la ciudad de Suzhou, también ha comunicado que suspende la producción durante cinco días. La firma ha intentado mandar un mensaje de tranquilidad asegurando que utilizará sus inventarios para satisfacer la demanda.

No obstante, otros fabricantes de chips han asegurado que siguen operando con normalidad y que no han recibido, hasta la fecha, ningún aviso para reducir su actividad o cerrar.

"La fábrica Hejian de UMC en Suzhou funciona actualmente a una capacidad máxima, generando más de 80.000 obleas para chips por mes", según ha declarado la firma taiwanesa, cuyos clientes incluyen a Qualcomm, según informan desde la agencia Reuters.

Dos fuentes relacionadas con estas medidas han revelado a Reuters que las instalaciones en Kunshan del fabricante contratado Foxconn han experimentado un impacto "muy pequeño" en la producción por el momento. Foxconn ha tenido que "ajustar" una pequeña parte de su capacidad, que incluye la fabricación de ordenadores portátiles que no son de Apple, según ha revelado una de las personas.

Todo el mundo miraba a Evergrande​

"Con la atención del mercado ahora centrada en la crisis del gigante inmobiliario Evergrande, es posible que se haya subestimado o incluso pasado por alto otro gran impacto en la oferta", según advierten los analistas de Nomura en una nota en la que aseguran que la economía de China podría contraerse este trimestre.

El agravamiento de la crisis de energía en China es el reflejo de un suministro extremadamente ajustado a nivel mundial, que ya ha desatado su ira sobre Europa. La fuerte recuperación económica tras el fin de las restricciones por el covid ha impulsado la demanda de los hogares y las empresas, mientras que producción de gas, carbón o petróleo muestra cierta rigidez ante la menor inversión del sector.

Hay miedo a que esa inversión en nuevas minas o pozos no se pueda rentabilizar ante la clara apuesta global por las energías renovables. El problema, ya comentado en varias ocasiones, es que este giro hacía la energía 'verde' se está produciendo cuando el mundo aún es muy dependiente de los energías fósiles. Ahora se están sufriendo las consecuencias.

La crisis energética de China es en parte causada por ella misma. El presidente Xi Jinping y su gobierno están inmersos en una política que pretende reducir la emisión de gases y la contaminación. Además, según revelan desde Bloomberg, Pekín tiene un objetivo claro a muy corto plazo: que el cielo sea totalmente azul en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín del próximo mes de febrero

Escasez de carbón y gas​

La economía corre el riesgo de sufrir una grave escasez de carbón y gas, que se utilizan para calentar hogares y mantener funcionando las fábricas. Hay indicios de que la crisis de energía está comenzando a afectar tanto a hogares como a negocios. La provincia de Guandong ha pedido a sus residentes que usen al máximo la luz natural y limiten el uso del aire acondicionado, después de recortar el uso de la energía en algunas fábricas.

Los futuros del carbón térmico de China se han disparado en el último mes, estableciendo récord tras récord, mientras que las preocupaciones sobre la seguridad de las minas y la contaminación limitan la producción nacional. Por otro lado, los precios del gas natural, tanto en Europa como en Asia, están disparados en medio de una batalla por acumular inventarios de cara al invierno.

Cuando China ha racionado la energía durante otros inviernos, los productores han recurrido al diésel y otros derivados del petróleo para seguir produciendo. El problema es que estas fuentes de energía tampoco casan ahora con los objetivos de Pekín. Además de eso, el petróleo están tocando máximos no vistos desde octubre de 2018, por lo que tampoco sería una alternativa barata.

Además de las empresas y grandes proveedores que han anunciado una desaceleración de su producción, varias firmas más pequeñas también están comenzando a informar de que se les ha ordenado frenar o detener la actividad. Aunque estas pequeñas empresas pasan desapercibidas para los grandes inversores, el resultado final podría ser una escasez de todo, desde textiles hasta componentes electrónicos que podrían enredar las cadenas de suministro y consumir las ganancias de una gran cantidad de empresas multinacionales.

Escasez global de todo​

"Las restricciones de energía se extenderán e impactarán en los mercados globales", asegura Lu de Nomura. "Muy pronto, los mercados globales sentirán el impacto de una escasez de suministro, desde textiles, juguetes hasta piezas de máquinas".

Las reducciones son una nueva amenaza para una economía que se enfrenta a múltiples presiones después de la rápida recuperación que vivió durante 2020. Y al igual que con los problemas energéticos de Europa, la restricción plantea un desafío para los responsables políticos: cómo perseguir los objetivos medioambientales sin dañar unas economías aún frágiles.

"Los gobernantes parecen estar dispuestos a aceptar un crecimiento más lento en el resto de este año para cumplir con el objetivo de emisiones de carbono", asegura Larry Hu, jefe de economía de China en Macquarie Group. "El objetivo del PIB de más del 6% es fácilmente alcanzable, pero los objetivos de emisiones no son fáciles de alcanzar dado el sólido crecimiento en el primer semestre".

 

'Winter is coming': la batalla mundial que se avecina este invierno por el gas natural​

Desde China, llegan reportes de fábricas paralizadas y semáforos apagados en medio de unas draconianas medidas de ahorro energético. En Rusia, contenedores vacíos aguardan a ser llenados de gas natural mientras la Unión Europea denuncia un chantaje por la caída del suministro. En Pakistán, los responsables de las importaciones energéticas admiten que el país sufrirá apagones durante los próximos meses en medio de la indignación popular. En Brasil, los hospitales reciben a pacientes con quemaduras de tercer grado tras cocinar con alcohol de quemar intentando sortear los prohibitivos precios del combustible.

Son todo aristas de un mismo problema. Uno que lleva meses provocando una crisis energética a cámara lenta en Europa y que, día a día, se expande al resto del mundo. El enorme aumento de la demanda de gas natural este 2021 —alimentada por la acelerada recuperación económica pospandémica— ha pillado a contrapié a los principales exportadores, incapaces de aumentar su oferta tanto ni tan rápido. Este desequilibrio ha disparado el precio de este hidrocarburo en el continente más de un 250% en lo que va de año, una tendencia que los analistas de la industria no prevén que se vaya a frenar. Al contrario. Faltan pocos meses para que comience el invierno y todo apunta a que lo peor está por llegar.

El invierno pinta mal", explica Gonzalo Escribano, director del Programa de Energía y Cambio Climático del Real Instituto Elcano. "Porque se esperan temperaturas bajas, porque los niveles de almacenamiento están bajos en Europa, porque hay tensiones en los mercados globales y porque hay muchas incertidumbres”, agrega el analista.

En Europa, los pronósticos apuntan, en el mejor de los casos, a un incremento sostenido y significativo de los precios. En el peor, se podrían experimentar potenciales crisis puntuales de suministro. “Si Europa sufre un invierno duro, tendremos problemas de suministro de gas”, advirtió recientemente Domenico de Luca, jefe de Trading & Ventas del Grupo Axpo —el principal 'trader' de electricidad de Europa— durante un encuentro con periodistas en Suiza.

Antonio Turiel, investigador en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC, considera que poco puede hacerse a estas alturas para evitar los problemas que se avecinan en los meses venideros. "El invierno siempre es una época del año en la que hay más demanda de gas, lo que implica un mayor consumo. Viene un invierno duro. Es muy probable que la capacidad de producción de Rusia y Argelia no sea suficiente para nosotros", apunta Turiel, autor del blog 'The oil crash', en entrevista con El Confidencial. Europa no será la única región afectada. Desde China hasta Brasil, gran parte del planeta está a punto de adentrarse —o ya está en las trincheras— en una batalla económica, logística y diplomática por el gas natural.

China, una crisis tras otra​

El Gobierno de China ha impuesto una serie de estrictas medidas para restringir el consumo de energía. Xi Jinping quiere neutralizar así el desmedido aumento de los precios del carbón y el gas natural, y al mismo tiempo conseguir que el cielo se mantenga azul durante los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán en Pekín en febrero de 2022. El presidente chino busca demostrar a la comunidad internacional que se toma en serio la descarbonización de la segunda economía del planeta y el compromiso del contaminante país asiático con la lucha contra la emergencia climática.

Sin embargo, casi la mitad de las regiones de China incumplieron sus objetivos de consumo energético y se encuentran desde entonces bajo una creciente presión para frenar el gasto energético. Entre las provincias más afectadas se encuentran Jiangsu, Zhejiang y Guangdong, un trío de potencias industriales que, en conjunto, representan casi un tercio de la economía de China.

El refuerzo de las medidas de ahorro energético está afectando a una amplia gama de industrias, incluyendo la tecnológica. Varias empresas de suministro y ensambladoras de productos para Apple y Tesla, entre otras multinacionales, han anunciado la paralización de parte de su producción en China para cumplir con las exigencias del Gobierno central. Esta nueva sacudida a los mercados internacionales se produce inmediatamente después de que la crisis de deuda de Evergrande, la segunda mayor promotora inmobiliaria del gigante asiático, desatara el pánico entre inversores.

No solo es la industria. Existen indicios de que las medidas impuestas por el Gobierno chino están comenzando a afectar tanto a hogares como a los pequeños y medianos negocios del país. La provincia de Guangdong, por ejemplo, ha solicitado a sus ciudadanos que aprovechen más la luz natural durante las horas del día y que limiten el uso del aire acondicionado.

Antonio Turiel: "Hay una demanda energética creciente, pero la producción es la que es"

Por ahora, el mayor problema del país continúa siendo el carbón. Un informe reciente de la agencia Bloomberg señala que los operadores de las plantas de carbón chinas están luchando para conseguir el combustible, que también ha subido drásticamente de precio, para mantenerlas en funcionamiento. Ante este escenario, Pekín está utilizando todos los recursos posibles para garantizarse el suministro de electricidad y calefacción para el invierno. La redoblada presión china en el mercado internacional de gas está exacerbando todavía más la disparidad entre la oferta y la demanda global. A este ritmo, se prevé que China se convierta este año en el mayor importador mundial del combustible, superando a Japón.

“Desde Asia se están produciendo compras muy agresivas de gas que están yendo hacia Japón, China e India. Hay una demanda energética creciente, pero la producción es la que es”, avisa Turiel.

EEUU, un cuello de botella​

Ante la hambruna de gas natural que recorre el mundo, resultaría lógico pensar que el principal productor mundial de este combustible está ahora mismo frotándose las manos. Pero Estados Unidos no solo es el mayor productor de gas natural del mundo, también es su principal consumidor. De hecho, hasta 2017, el país compraba más combustible del que vendía. Y si bien la llamada revolución del ‘fracking’ consiguió convertir al país norteamericano en uno de los mayores exportadores de gas del mundo, la potencia todavía tiene grandes limitaciones a la hora de trasladar el gas más allá de sus países vecinos (en 2020, aproximadamente el 55% de sus exportaciones se realizaron por gasoducto hacia México y Canadá).

Mover este combustible no es sencillo si no se cuenta con gasoductos conectados con el lugar de destino. La alternativa es su licuefacción y transporte mediante buques metaneros. Sin embargo, es un proceso complejo que requiere de infraestructura especializada para enfriar el producto hasta convertirlo en Gas Natural Licuado (GNL). El número relativamente pequeño de plantas de licuefacción con las que cuenta Estados Unidos —algunas en zona de riesgo por el paso de huracanes y tormentas— es el cuello de botella que impide ampliar el volumen de exportación más allá de las costas del país.

Y este no es un problema que se pueda solucionar de la noche a la mañana. Esta infraestructura requiere de una considerable inversión y tarda años en construirse, por lo que sería necesario algo más que un aumento repentino de los precios para convencer a la industria de EEUU de que una ampliación de su capacidad exportadora merece la pena. El objetivo de la administración de Joe Biden de acelerar la transición energética tampoco ayuda en este apartado. “Habría que vender la idea a unos inversionistas que están, esencialmente, pensando: ‘Pero ¿qué estáis haciendo? Deberíais estar rotando hacia la energía eólica”, explicaba recientemente un analista energético al 'Financial Times'.

Incluso si así fuera, una ampliación considerable de la exportación estadounidense de GNL podría tardar más de una década en ejecutarse. Incapaz de cambiar nada de cara a este invierno, al país norteamericano no le queda otra que seguir mirando atónito cómo los precios del gas en Asia y Europa, que hace poco más de un año eran similares a los suyos, son ahora hasta cinco veces mayores.




Rusia, barriendo para casa​

Si bien Estados Unidos es el principal productor de gas natural del mundo, Rusia es, con diferencia, el mayor exportador. Sin embargo, pese a la inmensa demanda, en los últimos meses las exportaciones de gas ruso a Europa han experimentado un marcado descenso. ¿Cómo es posible?

Para muchos analistas, la respuesta es evidente. Para el Gobierno de Vladímir Putin, utilizar la dependencia europea del gas ruso como arma geopolítica para obtener concesiones es, a estas alturas, algo rutinario. En esta ocasión, se especula que la reciente negativa de Rusia a vender combustible a sus vecinos occidentales más allá de lo que está obligada contractualmente forma parte de la presión de Moscú para que la Unión Europea ratifique su polémico gasoducto Nord Stream 2.

“La presión geopolítica es, sin ninguna duda, un elemento de la cantidad de gas que ofrece Rusia a Europa. Resulta imposible comprobarlo o contrastarlo con seguridad, dado que, sobre el papel, Rusia está cumpliendo sus contratos. Pero cuando Europa quiere comprar cantidades adicionales de gas, Moscú no las está dando. Y esto está tensionando los mercados. Es un comportamiento estratégico”, argumenta Escribano a este periódico.

Sin embargo, aunque pocos dudan de que este tipo de presión sea uno de los factores que el Kremlin tiene en cuenta, algunos expertos consideran que la razón principal es un problema mucho más elemental: el aumento del consumo interno de gas en la propia Rusia.

De acuerdo con información de Bloomberg, el almacenamiento ruso de gas para su propio consumo interno se encuentra en niveles críticos. Así que, para garantizar la calefacción y energía necesarias para sus ciudadanos durante el invierno, el gigante energético paraestatal Gazprom necesita mantener tanto gas natural en casa como el que actualmente envía a Europa Occidental. Cada día, suministros equivalentes a cerca del 80% de las exportaciones diarias a Europa están siendo bombeados a almacenes subterráneos del país euroasiático.

El mayor consumo ruso de su propio combustible tiene un factor coyuntural. Las temperaturas inusualmente frías de su pasado invierno e inusualmente cálidas de su reciente verano han provocado un aumento de la demanda energética. Sin embargo, también forma parte de una tendencia más amplia. La propia Gazprom pronosticó en junio de este año que el consumo doméstico de gas natural aumentaría un 7,5% en el próximo lustro, independientemente de los eventos climáticos.

Para Turiel, esto no supone ninguna novedad y es una muestra de la ceguera del Viejo Continente. “Es un problema para Europa que era perfectamente previsible. De hecho, se había previsto hace 10 años que pasaría”, asegura el investigador. “Se sabía que llegaría un momento en el que los principales suministradores de gas vía gasoducto, Argelia y Rusia, alcanzarían sus puntos máximos de extracción de gas. A partir de ahí, el problema es que la producción de gas de esos países empieza a decrecer a la vez que su consumo interno aumenta, reduciendo más todavía las exportaciones”, agrega.

Brasil, seco y harto​

Brasil atraviesa este año, según estimaciones oficiales, la peor sequía en 91 años, concentrada en las regiones centro-oeste y sur del país. Según un reciente informe del Servicio Meteorológico Nacional de Argentina, el 75% de la cuenca del río Paraná —la mayor parte del cual se encuentra en Brasil— está afectada por sequías moderadas o excepcionales, lo que equivale a unos 70 millones de hectáreas de superficie. Un auténtico mazazo ecológico y energético para el Gobierno de Jair Bolsonaro, cuyo país depende en gran medida de la energía hidroeléctrica para la generación de electricidad; en 2020, esta fuente suministró el 66% de su demanda eléctrica.

La sequía actual no solo afecta a Brasil, sino a gran parte de la región sudamericana. Argentina y Chile, por ejemplo, también esperan unas cuotas de producción hidroeléctrica anormalmente bajas hasta fin de año. El resultado es un desbalance energético regional que golpea doblemente a la economía brasileña, la cual depende de importaciones de electricidad de Argentina y de gas de Bolivia.

El ya impopular Ejecutivo de Bolsonaro, asediado por la opinión pública debido a la catastrófica gestión de la pandemia y a varios escándalos de corrupción, teme arreciar la ira de la ciudadanía ante el inevitable aumento de los precios del gas y el combustible, por no hablar de potenciales apagones y fallos de suministro (como ya ocurrió durante una sequía similar en 2001). Por ello, se ha lanzado a la importación de cuanto GNL pueda conseguir, superando un récord mensual de compra este septiembre, según datos de Refinitiv y la consultora Kpler citados por Reuters. En este gran juego de suma cero, esto ha provocado que las limitadas exportaciones estadounidenses que normalmente se destinarían hacia Europa se desvíen hacia la nación latinoamericana, con la novena mayor economía del mundo.

Europa, sin solución a la vista​

Se palpa el temor en muchos gobiernos en Europa. Tras un verano marcado por las constantes subidas del precio de la luz a lo largo y ancho del continente, la inminente llegada de un invierno empeorará considerablemente la factura energética de la ciudadanía. Ante esta coyuntura, el Gobierno de España propuso este mes a Bruselas aplicar a la crisis energética un modelo de acción conjunta similar al de la campaña de vacunación, basado en la centralización de la compra de dosis por parte de la Comisión Europea. En esta ocasión, se trataría de crear un sistema conjunto para la compra de gas. Sin embargo, la capacidad de acción del Ejecutivo comunitario no permite por el momento ejecutar un plan de tal calibre.

¿De quién es la culpa? "La crisis actual es el resultado de una combinación de factores. Desde las meras realidades del mercado hasta las condiciones climáticas, la geopolítica y, en cierta medida, las decisiones políticas, incluidas las relacionadas con el cambio climático", indica Carol Nakhle, experta en Energía del Centro Carnegie para Oriente Medio, a El Confidencial. "Sería simplista señalar con el dedo un solo factor", concluye.

A medio plazo, la dependencia externa de este combustible pone en peligro los compromisos europeos de descarbonizar la electricidad. Para lograr el objetivo manifiesto de cero emisiones netas para 2050, los precios del gas deben subir y la inversión en el sector debe caer. Pero en este momento, el gas continúa siendo una fuente de energía indispensable.

"Tenemos un problema estructural más allá de los coyunturales, y es que no vamos lo suficientemente rápidos en el despliegue de renovables y tecnologías asociadas para cumplir con los objetivos de transición energética. Estamos muy lejos de conseguirlo", opina Escribano. "Al mismo tiempo, las empresas ya no tienen el incentivo de antaño para invertir en petróleo y gas como antes porque piensan que en 2050 no van a vender ni un barril de petróleo en Europa. Y en este lapso, esos riesgos de transición son muy relevantes y hay que gestionarlos muy bien", concluye el investigador de Elcano.

Si se está, o no, a tiempo de llegar a los objetivos planteados para la mitad de este siglo, nadie lo sabe con certeza. Lo que sí está claro que es inevitable es que se acerca el invierno boreal. Y parece que a Europa, como a gran parte del mundo, se le va a hacer muy largo.

 

Las tres razones que están llevando a China a sufrir una crisis energética sin precedentes​

China lleva años ganando relevancia en el tablero económico y mediático mundial. Sin embargo, en las últimas semanas parece haberse convertido en el gran foco de atención de los mercados por una serie de eventos (Evergrande y la crisis energética) que podrían marcar el devenir de la economía global a corto y medio plazo. La economía más grande de Asia está sufriendo las primeras consecuencias de una crisis energética, que en parte es autoinfligida, y que podría tener repercusiones globales, dado el papel de China como gran fábrica del mundo, un papel que además se ha visto reforzado durante la crisis del covid.

"China se enfrenta a una crisis energética sin precedentes", asegura Alicia García Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico para Natixis y una de las mayores expertas en la economía de China. Las autoridades han comenzado a imponer un racionamiento sobre la energía que amenaza con tensionar aún más las cadenas de suministro globales y generar escasez de "todo", según revelaban los economistas del banco japonés Nomura.

La intensificación de los problemas de suministro de electricidad está obligando a las fábricas de varios centros de producción clave a reducir o detener por completo su actividad. "Estas restricciones producen grandes desafíos desde el lado de la oferta, que se producen justo en medio de un auge de la demanda mundial de bienes inducido por una pandemia, muchos de los cuales dependen de la producción china y, por lo tanto, requieren un mayor consumo de electricidad", explican en una nota los economistas de BCA Research.

¿Qué está pasando realmente en el mercado energético de China para llegar a esta situación?​

García Herrero destaca en una nota recién publicada este miércoles que son tres los factores clave que están generando esta crisis energética que mantienen en vilo a todo el mundo: (i) la prisa de los gobiernos locales para cumplir con sus objetivos de emisiones, (ii) la brecha entre la oferta y la demanda de carbón y (iii) los topes impuestos al coste de la electricidad.

Estos topes que limitan el precio de la electricidad impiden que se produzca lo que se conoce en el argot económico como 'destrucción de demanda', que es la reducción del consumo de electricidad (o cualquier otra cosa) por unos precios tan elevados que hace que sea inviable seguir consumiendo, al menos, tanta energía como antes. En China, al final son las autoridades las que tienen que decidir quién puede seguir consumiendo energía y quién no.

"Este triple golpe seguramente elevará los precios al productor en China, y posiblemente la inflación general, y afectará el crecimiento", asegura García Herrero. Desglosando algo más cada factor que está dominando el mercado energético en China cabe destacar que los gobiernos locales se están esforzando por cumplir con sus objetivos de emisiones, lo que les ha obligado a frenar, o incluso detener temporalmente, la producción en las industrias que son más intensivas en energía.

Una anécdota que resume a la perfección este movimiento de China en pos de una economía más sostenible y 'verde' aparecía hace unos días en la agencia financiera Bloomberg: parece que China tiene un objetivo claro a muy corto plazo, que el cielo sea totalmente azul en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín del próximo mes de febrero.

Escasez de carbón en China​

La segunda razón es la escasez de suministro de carbón a nivel mundial, que afecta aún más a China dada su fuerte dependencia de la electricidad a base de carbón (72% de la generación total de electricidad de enero a agosto según fuentes nacionales), comenta la economista de Natixis. Esto está coincidiendo con las restricciones a la importación de carbón de Australia ante la creciente tensión política entre ambos países, añaden los expertos de BCA Research.

Por otro lado, la fuerte demanda de la producción industrial (la industria china ha salido reforzada del covid), que ha aumentado un 13,1% en lo que va de año, gracias a la recuperación económica global, ha elevado enormemente los precios del carbón térmico. Al creciente coste del carbón, se le une unos precios del gas disparado y la propia crisis energética que vive buena parte del mundo.

Topes al precio de la electricidad​

"La tercera y última razón es crucial, lo que hace que la crisis de energía de China sea muy diferente a la de Europa, puesto que los precios de la electricidad están limitados por los gobiernos locales", comenta García Herrero.

Esto tiene una parte positiva, y es que la traslación de costes a los usuarios de electricidad no se está produciendo en un principio. Es decir, en Europa y España, si la electricidad sube, los consumidores pagan un precio mayor y eso, a su vez, puede conducir a un consumo menor de energía (para ahorrar costes) que modera en última instancia los precios (oferta y demanda). En China las reglas son diferentes y tienen también consecuencias negativas.

Al no poder trasladar los mayores costes a los consumidores, "los generadores de electricidad sufren una caída de sus márgenes de beneficio. Esto está reduciendo los incentivos para generar electricidad. La creciente brecha entre el suministro y la demanda de energía está obligando a los gobiernos locales a utilizar el racionamiento para restringir el uso de la electricidad, lo que seguramente afectará las perspectivas de crecimiento de China", advierte García Herrero.

La experta apunta en el documento publicado por Natixis que como la mitad de las provincias no han alcanzado sus objetivos energéticos hasta ahora, "la presión seguramente aumentará aún más... Las restricciones de energía para controlar la demanda afectarán particularmente al sector manufacturero, que hasta ahora ha ofrecido el mayor apoyo a la economía china en el contexto de una rápida desaceleración liderada por los servicios".

Aunque los precios de la electricidad no suban para los consumidores, la reducción de la actividad industrial puede generar escasez de ciertos bienes finales e intermedios. Cuando la escasez hace su aparición, los precios suelen responder con alzas intensas. El resultado es menos bienes producidos para una demanda que encima parece que están en alza, lo que llevará a una escalada de los precios.

El impacto de la restricción del suministro de energía puede ser muy diferente para cada sector. según los datos de Natixis, en agosto de 2021, la industria secundaria representaba el 67% del consumo de electricidad en China. Y los principales perdedores serán los sectores con alto consumo y densidad de energía, como metales, químicos y otros materiales como el cemento, cuyo mercado ya se encuentra en una situación tensa, que está lastrando la construcción de vivienda en Europa o EEUU.

"Para otros sectores, el impacto dependerá de cuánto dure la restricción de poder. Vemos un trato preferencial para los semiconductores sin apenas restricciones en el uso de electricidad, lo que significa que el impacto en la producción de chips debería ser limitado. Sin embargo, el efecto de desbordamiento aún puede ocurrir en otros productos. Los sectores ganadores serán los mineros del carbón a corto plazo dado el aumento de precios", asegura García Herrero. Aunque a largo plazo debería ser más fuerte la intención de China de seguir reduciendo las emisiones y apostando por las energías renovables.

La escasez de energía podría retrasar la recuperación económica. Además, "si los recortes de producción se prolongan, una de las principales consecuencias para la economía mundial sería unos precios de exportación chinos más altos, lo que amenazaría con convertirse en otra fuente de presión alcista sobre la inflación a nivel mundial", según advierten desde BCA Research.

 

Inflación, luz, gas, petróleo y quiebras: la bomba energética que está a punto de estallar​

Máxima tensión en el mercado energético. La luz, el gas, los derechos de emisión del CO2 o el petróleo siguen marcando récords sin dar tregua y sin que todavía haya llegado el invierno. Este miércoles, el precio de la electricidad en el mercado mayorista (pool) alcanzará los 189,9 euros el megavatio hora, lo que implica el octavo máximo histórico en lo que va de septiembre.

Así, el precio de hoy se sitúa como el más alto registrado en la serie e, incluso, en determinados tramos horarios llegará a romper la onerosa barrera de los 200 euros la hora. Por ejemplo, entre las 21:00 y las 22:00 horas, los cerca de 11 millones de hogares españoles que tienen contratada una tarifa regulada o PVPC pagarán por la electricidad la friolera de 208,47 euros.

Con esta nueva subida, el precio de la luz multiplicó por más de tres el que tenía este mismo bien el año pasado (49,15 euros). Para mañana jueves, se espera un precio medio similar, aunque en las horas más caras (entre las 9 y las 10 de la noche) la luz llegará hasta los 221 euros, lo que pone todavía más en entredicho la promesa de Pedro Sánchez de que todos los españoles acaben pagando a finales de 2021 por la luz "una cuantía similar" a lo que pagaron en 2018.

Alerta de quiebras

Hay que recordar que, mientras que hay 11 millones de consumidores afectados por los vaivenes de la tarifa regulada, alrededor de otros 18 millones restantes pertenecen al mercado libre, donde el precio de la energía lo fija de antemano la eléctrica estableciendo una especie de tarifa plana que permite al consumidor saber lo que va a pagar por la energía que consuma en el futuro y que se calcula con precios pasados —por ejemplo, los de 2020—.

Tradicionalmente, estas tarifas planas resultaban más caras a cambio de más seguridad en el precio, tal y como explica el Banco de España en este informe, pero durante los primeros meses del año han permitido blindar a sus clientes de la subida del precio de la luz. Eso sí, como ya explicamos en Libre Mercado será por poco tiempo, debido a que las compañías eléctricas difícilmente podrán absorber una subida de la electricidad, que apunta que va para largo.

"Las grandes podrán soportarlo, pero habrá comercializadoras pequeñas que no aguanten y tengan hasta que romper contratos... o quebrar" advertía otra fuente del sector. Esta semana, la presidenta de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC), Cani Fernández, venía a confirmar estos augurios. "Nos tememos que haya muchas pequeñas comercializadoras que puedan quebrar", avisó. Otra grave derivada es que haya empresas de todo tipo de sectores que se vean obligadas a cerrar porque con los altos precios de la energía no les compensa seguir produciendo sus productos, como ya está sucediendo en Reino Unido.

El gas y los conflictos internacionales​

El elevado precio del gas y el incremento del precio de los derechos de emisión de CO2 —que ejercen como un impuesto encubierto a nivel europeo y cuyos ingresos recauda la Hacienda de cada país—, están detrás de este encarecimiento sin precedentes del precio de la luz. Además, no hay que olvidar que, en España, al recibo de la luz también hay que sumarle abultados costes políticos y fiscales.

En el caso del gas natural, los precios siguen desbocados y este miércoles han alcanzado los 78,99 euros por megavatio hora, cuando hace justo un año apenas llegaban a los 13 euros, un ascenso que supone multiplicar por seis su valor. A esta tormenta gasista se le une que la semana pasada Rusia decidía cerrar el suministro de gas que envía a Europa por Ucrania y que la reciente ruptura de relaciones entre Argelia y Marruecos podría poner en riesgo la entrada del gas que Argelia manda a España por el gasoducto Magreb-Europa, que atraviesa Marruecos. Argelia es el principal país proveedor de gas natural de nuestro país. Estas tensiones internacionales unidas al aumento de la demanda de gas en Asia, contribuirán a inflar todavía más los precios del gas en el Viejo Continente.

Los impuestos del gas siguen contribuyendo mes a mes a llenar las arcas del Estado sin que Hacienda se haya planteado rebajarlos del 21% de IVA como hiciera con la luz. En pleno encendido de las calefacciones en los hogares el encarecimiento del gas podría ser fatal para los bolsillos de los ciudadanos. Lo único que ha hecho el Gobierno para evitar este golpe del gas en las familias es poner un tope a la subida del gas de los próximos meses, pero generando una deuda que después tendrán que seguir pagando los consumidores en sus próximas facturas, aunque el sector duda de cómo recuperará ese dinero en 2022. Según los futuros, no será hasta entonces cuando se prevé que se frene el precio del gas.

La inflación al alza​

El elevado precio de la energía ha provocado que la inflación se dispare hasta el 4% en septiembre y alcance su tasa más alta en 13 años. Según Estadística, en el comportamiento interanual del IPC destaca la subida de los precios de la electricidad, mayor este mes que en septiembre del año pasado.

También influye, aunque en menor medida, el aumento de los precios de los carburantes y lubricantes para vehículos personales y el hecho de que los precios de los paquetes turísticos bajaron menos en septiembre de este año de lo que lo hicieron en igual mes de 2020. Tampoco hay que olvidar que en estas últimas jornadas el barril de petróleo ha rozado los 80 dólares.

Aunque el Gobierno siga restándole importancia al repunte de la inflación, las dudas sobre su carácter transitorio cada vez son mayores. Y es que, si tenemos en cuenta el último dato de la inflación subyacente (sin alimentos no elaborados ni productos energéticos), que hemos conocido hoy, este indicador aumentó en septiembre hasta el 1%, cuando en abril la tasa interanual de la subyacente era 0%.

 



La mayor parte de China está sufriendo cortes en el suministro eléctrico que no tienen precedentes en su historia reciente. ¿Cuáles son las causas? ¿Qué efectos tendrán sobre la propia China y el resto de la economía mundial?
 

Problemas de China con la gasolina: las estaciones de servicio comienzan a racionar el combustible​

La crisis energética de China comienza a afectar al suministro de combustibles en algunas regiones del país. Las estaciones de Guangxi y Anhui, al este y suroeste del país, han comenzado a limitar el suministro a 1.000 yuanes por cliente para racionar el consumo. La venta de generadores de electricidad se dispara ante los cortes de luz y con ella la demanda de diésel en el ámbito doméstico.

La escena de largas colas de camiones en las gasolineras en las provincias chinas de Guangxi y Anhui son cada vez más frecuentes, avanza Bloomberg. El gigante asiático está entrando en una nueva fase de la crisis energética con problemas de suministro en los combustibles. Algunas estaciones de servicio han comenzado a limitar la dispensación de gasolina por cliente y día.

Las gasolineras están intentando evitar quedarse sin combustible en sus surtidores con la restricción a 1.000 yuanes por cliente y día de gasolina o diésel, lo que equivale a alrededor de 130 euros. Hace unos días el limite estaba en 2.500 yuanes, más de 300 euros. Las cantidades no son un problema para un vehículo utilitario pero comienza a ser un problema para camiones. Y también para los ciudadanos que utilizan generadores de combustión para esquivar los cortes de suministro eléctrico.

Las ventas de generadores se han disparado según ha ido avanzando las restricciones del gobierno en el uso de la electricidad. Y con ella el consumo de diésel en el ámbito doméstico, en paralelo a un aumento de apagones. Mientras las estaciones de servicio limitan la oferta a los clientes, las autoridades intentan elevar las reservas reduciendo las exportaciones y aumentando las importaciones.

Tanto refinerías independientes como estatales han elevado repetidamente los precios al por mayor del diésel y la gasolina por la subida de la cotización del petróleo. Esta situación mete en serios problemas a las estaciones de servicio al laminar sus márgenes. Algunas gasolineras están sirviendo combustible a pérdidas, por debajo del coste al que los compraron.

China atraviesa una profunda crisis energética derivada de la falta de existencias de carbón y gas natural. Las limitaciones a la producción que está imponiendo Pekín a todo el país para reducir las emisiones está agravando la situación al dispararse el precio de las materias primas.