Atentado en Sri Lanka: 187 muertos en ocho ataques contra iglesias y hoteles

Sangriento Domingo de Resurrección en Sri Lanka, donde una cadena de atentados ha matado a al menos 187 personas y herido a más de 400. Entre los fallecidos hay 35 extranjeros, algunos de Estados Unidos, el Reino Unido y Holanda, pero todavía no se sabe si entre las víctimas hay españoles.

Según informan las agencias internacionales, las explosiones han sacudido esta mañana tres iglesias cuando estaban llenas de fieles celebrando la Pascua de Resurrección. En una de ellas, la de San Sebastián en Negombo, al oeste del país, habrían muerto al menos 67 personas. Tal y como muestran las dramáticas imágenes difundidas por las redes sociales, la detonación ha destrozado su tejado y las ventanas y desatado el pánico de los asistentes a misa, que salían confundidos del templo entre los regueros de sangre que dejaban los heridos. En la iglesia evangélica de Zion, al este de la isla en Batticaloa, habrían muerto otras 25 personas. También ha sido atacado el santuario de San Antonio en Kochchikade, un distrito de la capital, Colombo, donde habrían sido asesinadas otras 30 personas.

Junto a las iglesias, en un plazo de media hora ha habido explosiones en tres hoteles de lujo de Colombo: Sangri-La, Kingsbury y Cinnamon. En medio de la histeria general, avivada por los rumores propagados por internet, poco después se han registrado otras dos explosiones: una en un pequeño hotel frente al zoo en el suburbio de Dehiwala, en Colombo, que habría matado a dos policías, y otra en el distrito de Dematagoda.

Para controlar la situación, el Gobierno de Sri Lanka ha declarado el toque de queda desde las seis de la tarde hasta la seis de la mañana (hora local). «Condeno enérgicamente estos ataques cobardes contra nuestra gente. Apelo al pueblo de Sri Lanka a permanecer unido y fuerte en estos trágicos momentos», llamó a la calma el primer ministro, Ranil Wickremesinghe, en Twitter al tiempo que convocaba una reunión de emergencia de su Ejecutivo. Para que no cundiera aún más el pánico, pidió que no se propagaran «noticias no verificadas y especulaciones» por las redes sociales, sobre todo a través de WhatsApp y Facebook.

Tal y como desveló una fuente anónima de las fuerzas de seguridad a la agencia AP, dos de los ataques habrían sido perpetrados por terroristas suicidas. A la espera de saber quién ha cometido los atentados, ha trascendido que el jefe de la Policía, Pujuth Jayasundara, alertó hace diez días del riesgo de ataques suicidas contra «importantes iglesias» por parte del NTJ (National Thowheeth Jama´ath), un grupo islamista radical que el año pasado destrozó estatuas budistas.

En los últimos tiempos se ha recrudecido la violencia religiosa en Sri Lanka, un país de 22 millones de habitantes donde el 70 por ciento son budistas, el 12,6 por ciento hinduistas, el 9,7 por ciento musulmanes y el 7,6 por ciento cristianos. Pero la mayoría de los ataques solían ser de la mayoría budista cingalesa contra los musulmanes, lo que llevó al Gobierno a declarar el estado de emergencia el año pasado.

Esta cadena de atentados ha revivido el horror de los 26 años de guerra civil con los Tigres Tamiles, derrotados hace una década tras un conflicto que se cobró entre 70.000 y 80.000 muertos y vio los primeros ataques suicidas de la historia. Diez años después, la violencia vuelve a golpear a Sri Lanka.

 
Ya van 140 muertos; es la forma que tiene el Islam (ese Islam al que se inclina para lavar los pies el Jueves Santo y a cuyos imanes abraza el Papa Francisco) de felicitarnos la Pascua de Resurrección a los católicos.

Cerca de medio millar de heridos. Una serie de explosiones en cadena planificadas muy al estilo del terrorismo yihadista.

La fecha idónea: el domingo de Pascua de Resurrección.

Los atentados han tenido lugar en tres iglesias y en tres hoteles de lujo de Colombo, la capital del país, donde miles de católicos celebraban el Domingo de Resurrección, el día más importante dentro de la Semana Santa.

La iglesia San Antonio de Colombo, la iglesia San Sebastián de Negombo, al norte de la capital, y la iglesia de Batticaloa, en el este de la isla, han sido los objetivos del ataque de los practicantes de “la Religión de la Paz”.

Ahora que salga esa manada de voceros cobardes, demagogos y buenistas del sistema, a repetirme eso de que el Islam no tiene nada que ver con esto: seguramente los asesinos serían budistas, o animistas… ¡no te jode!

Los tres hoteles atacados, el Cinnamon Grand, el Kingsbury y el Shangri, todos de cinco estrellas y en la capital, Colombo.

El primer ministro esrilanqués, Ranil Wickremesinghe, ha condenado los que ha calificado de "ataques cobardes".

Vamos, lo de siempre.

Y El Papa hoy pedirá por los mártires en la Plaza de San Pedro, por los mismos mártires a los que ha despreciado abrazándose con imanes mientras ellos son perseguidos (como los primeros cristianos) allá donde el Islam gobierna.

Ahora mucho lacito negro y mucho crespón de luto en los perfiles de Facebook.

Y muchas flores.

Y mucho minuto de silencio…

Como decía el maestro Rafael García Serrano, “el minuto de silencio es el padrenuestro de los cobardes”.

Escribo llorando esta Editorial mientras rezo un padrenuestro por mis hermanos asesinados.

Y un Ave María porque la Iglesia, por fin, encuentre al heredero de San Pedro que anda, desde hace meses, jugando al escondite, por las habitaciones del palcio Vaticano, mientras los católicos son asesinados como cuando los echaban a los leones.

 
El Estado Islámico asume la autoría de la cadena de atentados de Sri Lanka

El Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) se ha atribuido finalmente los atentados contra tres iglesias en plena misa de Pascua y tres hoteles de lujo en Sri Lanka el pasado domingo. Unos atentados que, con más de 320 víctimas mortales y más de 500 heridos, se encuentran entre los más sangrientos en Asia en lo que va de siglo, y que amenazan con agravar la crisis latente en el seno del gobierno del país.

Quién supo qué, y cuándo lo supo, sobre las repetidas advertencias de los servicios de inteligencia de la India acerca de que se preparaban atentados contra cristianos y turistas se ha convertido en un arma arrojadiza en un Gobierno donde el jefe de Estado, Maithripala Sirisena, y su primer ministro, Ranil Wickremesinghe, llevan meses enfrentados. Desde que Sirisena cesó al jefe del Ejecutivo y se vio obligado a readmitirlo en el puesto tras una decisión de los tribunales.

Este martes, el presidente esrilanqués, al que los atentados del domingo encontraron en el extranjero, ha negado haber tenido conocimiento alguno de la advertencia, pese a que la policía y los servicios de inteligencia forman parte de su cartera. Sirisena también ha anunciado que habrá nombramiento en Defensa -los responsables directos de los servicios de inteligencia- en las próximas 24 horas.

“Voy a reestructurar por completo la policía y las fuerzas de seguridad en las próximas semanas. Espero cambiar a los responsables de los cuerpos de Defensa en las próximas 24 horas”, ha anunciado el jefe de Estado, en un discurso televisado a la nación. “Los funcionarios de seguridad que recibieron el informe de inteligencia de un país extranjero no lo compartieron conmigo. Se habrían tomado medidas adecuadas. He decidido tomar medidas duras contra esos funcionarios”.

Con esa iniciativa, Sirisena intenta acallar el descontento popular por el comportamiento del Gobierno en los días previos al baño de sangre, que el Gobierno ha atribuido al grupo radical islámico National Tawhit Jamaat, una organización local de reciente creación caracterizada por su antibudismo radical. El mismo Gobierno también había matizado que no descartaba vínculos de ese grupo con entidades extranjeras.

Pero parece improbable que esta medida -o su declaración de que no sabía nada de lo que debía conocer- sea suficiente para recuperar la confianza de un país que ha sufrido en carne propia las consecuencias de las rencillas internas de su cúpula política. “Los servicios de seguridad recibieron una notificación, la comunicaron al Gobierno, pero el Gobierno no se ocupó. ¿Cómo podemos confiar en ellos?”, se pregunta Maduri de Silva, hija de una de las víctimas de los atentados.

Las informaciones de que el ISIS ha asumido la responsabilidad de los ataques no ha contribuido a tranquilizar a la población, que daba por superados los días de terror de la guerra de 26 años -terminó en 2009- entre el Ejército y la guerrilla de la minoría tamil Tigres de Liberación de Tamil Eelam.

Una familia acomodada

La Policía ha dado a conocer este martes que entre los autores materiales de las matanzas en Sri Lanka se encontraba una familia entera: dos hermanos, hijos de un muy acomodado empresario en el sector de las especias, y la esposa de uno de ellos.

Los dos hermanos, menores de treinta años, llevaron a cabo dos de los tres atentados en hoteles de lujo en Colombo, la principal ciudad del país. Un cuarto atentado, en otro hotel vecino, se frustró cuando la bomba que llevaba uno de los terroristas no llegó a explotar. Alertados por las noticias que llegaban de otros hoteles, el personal de este establecimiento empezó a sospechar del comportamiento de esta persona, que salió huyendo. Perseguido por la policía hasta un hostal en las afueras de Colombo, allí hizo explotar un artefacto que le mató a él y a dos viandantes.

La dirección falsa que uno de los hermanos aportó al registrarse como huésped en su hotel permitió a los agentes llegar a su domicilio familiar, en un barrio comercial de la ciudad. Cuando llegaron policías de la unidad de operaciones especiales para investigar, la esposa hizo estallar explosivos que guardaba en la vivienda, causando la muerte a ella misma y a sus dos hijos pequeños. “Era una única célula terrorista, operada por una familia”, ha dicho uno de los investigadores del caso, informa Reuters. Los hermanos, ha agregado, “tenían el dinero y la motivación” para perpetrar los atentados. “También influyeron en otros miembros de su familia “, varios de los cuales se encuentran entre los 40 detenidos desde el domingo en relación con los ataques.

Parte de la investigación se centra ahora en determinar si los dos hermanos recibieron influencia de otros grupos radicales extranjeros, ha indicado la Policía.