Amenazada de muerte por dejar de ser lesbiana. El colectivo LGTBI actúa como una secta.

Emily Thomes era libre para elegir su opción sexual según el colectivo LGTBI: hasta que dejó de ser lesbiana. Desde entonces, hay que acabar con esta mujer que ya no despierta ningún interés en las feministas y que concentra no poco de los odios de los poderosos colectivos homosexuales de los EE.UU.

Emily era lesbiana hasta que el pasado mes de diciembre manifestó -a través de un vídeo de la página del grupo evangélico Anchored North- que había dejado atrás el lesbianismo y la promiscuidad por haber encontrado en el Evangelio otra manera mucho más edificante de vivir su existencia.

Según ha denunciado el periódico The Christian Post, "Emily está siendo objeto de una persecución violenta por parte de colectivos LGTBI que han llegado a desearle, en las redes sociales, una muerte lenta y dolorosa".

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En el citado vídeo ¡que se ha hecho viral en EE.UU.! Emily cuenta su transformación y lo feliz que vive ahora, casada con un hombre y embarazada; también detalla su vida como lesbiana que califica como “súper salvaje” y reconoce haber mantenido múltiples relaciones sexuales con mujeres a lo largo de años, una vida que -según su protagonista- se transformó gracias a haber decubierto a Dios con 22 años.

Según ha manifestado Greg Sukert, responsable de Anchored North, es “resulta increiblemente deshonesto y pueril descalificar la historia y la cuenta personal de alguien como lavado de cerebro, sólo porque no se está de acuerdo con la posición de la persona”.

Lo bien cierto es que -más allá de "reconversiones sexuales por influencias religiosas", el colectivo LGTBI se muestra exactamente igual que una secta, no permitiendo a ninguno de sus miembros abandonar al grupo y optar por otro camino en su vida.