Si esta misma semana denunciábamos la actitud de una profesora en la barcelonesa ciudad de Tarrasa que agredió a una niña por pintar una bandera de España, hoy nos topamos con un vídeo vergonzoso en el que aparecen jóvenes escolares -entre 10 y 12 años- al grito de “libertad presos políticos”. Un hecho que ha denunciado el que fuera presidente de Sociedad Civil Catalana, Ramón Bosch, en su cuenta de Twitter. (Una profesora agrede, “cogiendo del cuello”, a una niña de 10 años en Tarrasa por pintar en su cuaderno banderas de España)

Una información de Libertad Digital en la que denuncian que “un grupo de escolares, de entre diez y doce años, desfilaba por una calle al grito de “¡Llibertat presos polítics!” en compañía de sus tutores”.




Sí, a eso se dedican los niños acompañados por sus profesores, a pedir la libertad de esos supuestos “presos políticos”. ¿Es esto de recibo?, ¿se puede permitir? El nivel de adoctrinamiento, de manipulación y de violencia a la que está llegando la escuela en Cataluña es intolerable. Y se debería actuar desde el Gobierno de la Nación.

¿Qué habría hecho Pedro Sánchez si, por ejemplo, esos niños gritaran consignas a favor de Franco?, ¿a que se habría abierto el correspondiente expediente y se habría sancionado a los profesores? Pues eso mismo exigimos para estos docentes que permiten esos gritos. pero no pasará nada, esta noticia no aparecerá en muchos medios y el Gobierno callará.

 

El nuevo currículum educativo enseñará a los niños a «identificar 'fake news'» sobre el islam​

a Secretaría de Estado de Educación ha publicado este jueves los currículos de las enseñanzas de Religión Islámica correspondientes a Educación Infantil, Primaria, Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato. En estos destaca que a los niños de entre 5 y 8 años que cursen esta asignatura por decisión de sus padres se les enseñará a identificar fake news sobre el islam. Una enseñanza que, por contraste, no figura en los currículos de las enseñanzas de la religión católica.

El texto destaca las «formas amistosas, respetuosas y solidarias de interactuar en la realidad religiosa y plural, las que fomentó el Profeta Muhammad, la Paz y las Bendiciones sobre él (P.B.)». Y abunda: «Son el primer paso en pos del deseo de ir detrás de los pasos del Profeta en el camino hacia la adoración ejemplificada en él».

Pero lo que destaca sobre todo es que los infantes deberán «desarrollar como competencia específica el identificar y clasificar en información veraz algunas noticias falsas sobre el Islam dadas en informativos o en textos periodísticos digitales, valorando el enfoque dado a una misma noticia por distintos grupos editoriales o audiovisuales, a través de escalas o niveles de objetividad».

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Recorte del BOE que especifica que a los niños de entre 5 y 8 años que cursen esta asignatura por decisión de sus padres se les enseñará a identificar fake news sobre el islam.

También se les anima a valorar en dos o más fetuas el «grado de beneficio para la sociedad y si fomentan o no los discursos que no promueven la convivencia, el respeto a las demás personas y el lenguaje inclusivo, integrando en un diseño básico de investigación los procedimientos propios de la Exégesis, el manejo de bibliografía y el método de trabajo de la jurisprudencia islámica».

Cabe recordar que el número de musulmanes residentes en España superó por primera vez en diciembre de 2019 los dos millones (2.091.656), siendo Cataluña, Andalucía y Madrid -por este orden- las regiones que más acogen. En la actualidad son casi 2.300.000, y tienen recogido en la Constitución –artículo 27.3– su derecho a estudiar su religión: «Se garantiza a los alumnos musulmanes, a sus padres y a los órganos escolares de gobierno que lo soliciten, el ejercicio del derecho de los primeros a recibir enseñanza religiosa islámica en los centros docentes públicos y privados concertados, siempre que, en cuanto a estos últimos, el ejercicio de aquel derecho no entre en contradicción con el carácter propio del centro».

Un derecho que, sin embargo, no se podía ejercer de facto hasta hace bien poco, pues eran muchas las Comunidades Autónomas -como Murcia, Baleares o Cataluña- las que no contaban con ningún docente en esta materia. El 90 % de los alumnos musulmanes no puede acceder a clases de religión islámica, según los datos del Observatorio Andalusí, que cifra en 106 profesores los disponibles para un total de 362.18o alumnos.

 
"Según explica el ministerio educativo presidido por Pilar Alegría, algunos ejemplos de estos saberes son las formas amistosas, respetuosas y solidarias de interactuar en la realidad religiosa y plural que fomentó el Profeta Muhammad, como la paz y las bendiciones sobre él"

Gobierno "laico". Con un par.

El Secretario de Estado de Pilar Alegría cuela el islam como troncal en todas las etapas educativas

 
Esta claro que no te enseñan a pensar por ti mismo, solo tratan que repitas lo que "ellos" dicen y si no lo haces te castigan con 'suspensos', 'exclusión social', 'humillaciones publicas' (en algunos casos, aunque me temo que cada vez más) y te amenazan con que 'no tendras "futuro"' de mayor' entre otras cosas.

Creo que no deberia hacer falta decir que esto es tortura, acoso, abuso y maltrato entre otras cosas.
 
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En la imagen, Paula the penis (el pene Paula). Se trata del formador en materia sexual y de género en varios colegios de San Diego.

No sé a quién le podría parecer mal que un individuo vestido de pene gigante de peluche eduque a niños pequeños...

*Rectifico: Paula no es de peluche, es de nylon.
 


El distrito escolar de Carolina del Norte utiliza un libro sobre los 'pros y contras del sexo gay' para estudiantes de séptimo grado (11 años)

"Frota la cabeza de su pene de un lado a otro con tu mano".

"Para poder correrse, es posible que tú o tu pareja deban terminar con una mano".
 
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La famosa trans-formación educativa

En Brasil, dos niñas besandose en clases, se llama Rincón del Beso, porque la profe les enseña que tienen que desarrollarse, conocerse, conocer sus gustos.
 

Un grupo de profesoras alerta de los «graves efectos» de las ‘leyes trans’ en los colegios​

Un nuevo libro denuncia que los protocolos ‘trans’ en la escuela han conllevado un «proceso de captación» de menores con efectos irreversibles sobre su salud

Cuatro expertas en educación denuncian en un nuevo libro los «graves efectos» que los protocolos ‘trans’ en las escuelas y en la sanidad están teniendo para la «salud física y mental» de los adolescentes. La tesis del libro La coeducación secuestrada (Ed. Octaedro) relata cómo el desembarco en los centros educativos de este tipo de leyes vigentes en la mayoría de comunidades autónomas ha conllevado una serie de efectos perversos sobre los más jóvenes. Y no dudan en alertar de que la ley nacional que prepara Irene Montero solo contribuirá a acentuar los problemas, en vista de los ejemplos que ya se pueden ver a escala autonómica.

Silvia Carrasco, doctora en Antropología Social y presidenta de Feministas de Catalunya; Ana Hidalgo, profesora de Enseñanza Secundaria y doctora en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid; Araceli Muñoz de Lacalle, doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad Complutense de Madrid; y Marina Pibernat, doctora en Antropología Social e historiadora, son las cuatros expertas que abordan desde el punto de vista de la docencia y la investigación los problemas surgidos de la sobreexposición a «las ideas transexuales». La organización corre a cargo de DoFemCo, docentes Feministas por la Coeducación.

«Este libro es incómodo y polémico, que rompe con el relato oficial de la identidad de género que se suscribe desde el Gobierno y el Ministerio de Igualdad», explica una de sus coautores, Marina Pibernat, a THE OBJECTIVE. Y añade que es el primero que se atreve a abordar desde un punto de vista científico, racional y desde la teoría feminista lo que está pasando en los centros educativos: «Abordamos el tema de forma muy amplia sobre el impacto del transgenerismo tanto en el alumnado como el profesorado, como en las familias, leyes y protocolos».

«Son ideas religiosas»​

Estas cuatro expertas en educación se dieron cuenta de que el sistema educativo no quedaba indemne de las «campañas multimedia y omnipresentes que difunde las ideas transgeneristas». Unas campañas, además, que se elaboran «para todos los grupos de edad». No solo para adultos. Y que, a su juicio, son ideas hegemónicas en los medios de comunicación. «Vimos que se multiplicaban los casos en las escuelas a medida que estas ideas eran las dominantes», añade Silvia Carrasco.

Acusan a la propia escuela de ser transmisora de esta ficción de las teorías queer de que se puede cambiar de sexo, que se puede nacer en un cuerpo equivocado y que ser mujer u hombre es un sentimiento. «Estamos ante un conjunto de ideas transgeneristas que se parecen mucho más a creencias religiosas que a ideas científicas y empíricas. Con graves efectos sobre los jóvenes en su salud mental, sus cuerpos, y salud física», remacha Pibernat.

Calculan que hay más de 46 leyes vigentes de esta naturaleza, así como protocolos educativos y sanitarios sobre como aplicarlas. Estas normas persisten en la idea de que «el sexo es ficticio» y no advierten a los más jóvenes de las consecuencias que pasar por un tratamiento hormonal puede tener sobre su salud ni de la irreversibilidad de estos tratamientos.

«Proceso de captación»​

El libro también insiste en la tesis de que hay «un proceso de captación» y efecto contagio en la que muchas adolescentes, con las dudas inherentes de la edad sobre su propio cuerpo y sexualidad, se ven sumergidas en un proceso sin marcha atrás. Denuncian que el sistema actual, con fundaciones como Chrysallis, que están «muy bien financiadas» y subvencionadas, hace casi imposible que las adolescentes tengan visiones alternativas sobre los cambios y dudas que están experimentando.

Uno de los ejemplos es una chica de 13 años, que en pleno confinamiento por la covid-19, empezó a ver vídeos en internet y se convenció de que era un chico atrapado en un cuerpo de mujer: «La madre la llevó al psicólogo, y este, aduciendo que no es un tema de salud mental, la derivó inmediatamente a Trànsit, la unidad de tratamiento de la identidad de género de la sanidad catalana».

Salió de esta primera visita con la receta de la testosterona y un documento, cuyas dos primeras páginas sostienen que todo es inocuo y reversible. Las otras dos páginas son un listado de más de 40 asociaciones catalanas de ‘familias trans’, subvencionadas por la Generalitat, relata Carrasco para explicar cómo las teorías queer se han vuelto dominantes, a pesar de dudas de psicólogos, pediatras y docentes sobre esta disciplina.

Prótesis sexuales infantiles​

En el libro también recogen cómo estas teorías transexuales han hecho proliferar la venta de prótesis sexuales para niños y niñas. Siendo un fenómeno cada vez más extendido: «Esta sexualización es paralela a la comercialización en internet de genitales y atributos sexuales protésicos de silicona de tamaño infantil. Penes protésicos para que las niñas, supuestamente niños trans, los sujeten a su cintura y orinen a través de ellos, y mamas protésicas a modo de sujetador para niños, supuestas niñas trans».

Como ejemplo ponen la oferta comercial de la empresa Transkids.biz, dedicada a ‘suministros de afirmación del género para tu criatura’, que «muestra un repertorio inequívoco que refleja la asociación entre infancia, sexualidad e identidad trans». A este respecto, vinculan la ‘gincana sexual’ para niños que se celebró en Vilassar de Mar (Barcelona) con el fomento de estos juegos sexuales de la doctrina queer.

Suecia o Reino Unido dan marcha atrás​

Uno de los objetivos del nuevo libro, que sale a la venta en noviembre, es concienciar a los políticos de la necesidad de dar marcha atrás en este tipo de políticas. Avisan de que en países como Suecia o Reino Unido, pioneros en este tipo de leyes trans, están reculando al «constatar sus nefastas consecuencias».

Insisten en que el actual proyecto de ‘Ley Trans’ del Gobierno se «basa en una mentira anticientífica» y quieren dejar constancia que la oposición a las teorías queer no es «machismo rancio» sino una forma de «proteger a las mujeres y a la infancia».

 

"Escándalo" por el viraje de la educación sexual escolar: "Aumentan los casos de niños trans"​

"En la ikastola de mis hijas se da formación en sexualidad afectiva con perspectiva trans a niños de 6° grado (11 años), en horario escolar y sin supervisión de los docentes. [...] Palabras como "personas menstruantes", "no binarios", "infancias trans", familias "diversas", fluían de la boca {de la formadora} en la explicación de los contenidos del taller. [...] Los esfuerzos por aclarar que esa perspectiva no era la correcta solo sirvieron para parecer lo que no era: una intolerante. Los padres que no tienen idea de cómo está calando esta ideología promovida por las áreas de igualdad de sus ayuntamientos, les hacen el trabajo sucio a los transactivistas porque nadie quiere parecer retrógrado. La coeducación ha sido secuestrada, y en su lugar van a enseñar a nuestros hijos la ideología queer. [...] Ideas que llevarán a muchos a transicionar, a hormonarse, a someterse a cirugías. Y a los que no, a pensar que eso es lo normal en personas que no se sienten cómodas en sus cuerpos".

Esta es la denuncia realizada por una madre a través de su cuenta de Twitter. Pero no es una alerta solo suya ni es algo que ocurre solo en su colegio. Docentes Feministas por la Coeducación (DOFEMCO), la Red de Psicología Casandra y la Agrupación de Madres de Adolescentes y Niñas con Disforia Acelerada (AMANDA) han denunciado en este periódico que la gran mayoría de los contenidos de las charlas afectivosexuales que se están dando desde hace años en los colegios son "escandalosos" y suponen un peligro porque "confunde a los menores" e influye en el "aumento de casos de niños trans".

Silvia Carrasco Pons, autora del libro "La coeducación secuestrada" y miembro de la agrupación de profesoras DOFEMCO, explica que la mayoría de las formaciones que se están impartiendo en los centros escolares, "incluso desde infantil", se basan en cuatro premisas falsas y que van "radicalmente en contra" del conocimiento biológico: que no somos binarios, que cabe la posibilidad de nacer en un cuerpo equivocado, que ser hombre o mujer es un sentimiento y que el sexo es algo que se puede cambiar.

"Todos estos talleres, que se están impartiendo por personas no expertas y en muchos casos sin el consentimiento de los padres, confunden gravemente a los niños y adolescentes y les generan ideas falsas que les llevan a dudar de sí mismos, especialmente a las chicas. Estas dudas y rechazos provocan que piensen que la inseguridad típica de la adolescencia tiene su origen en que su cuerpo no es el correcto", añade Carrasco.

También los psicólogos denuncian que el viraje de los contenidos de la educación sexoafectiva no son adecuados y que perjudican gravemente la salud de los menores. Una psicóloga y sexóloga de la Red de Psicología Casandra afirma que se necesita formación afectivosexual, "pero una educación que no genere más confusión, que se base en verdades impartidas por profesionales y se adapte a los menores".

"Los sexólogos siempre hemos reclamado que se forme en sexualidad y que no sea un tema tabú, porque es necesario para la convivencia. Pero lo que se está enseñando ahora es un disparate que solo confunde y genera rechazo propio", añade, alarmada, la representante de Casandra.

Entre los contenidos que enseñan en estas charlas, promovidas por el Instituto de la Mujer y que se imparten ya en todas, "muchas cosas escandalosas", como aseguran todas las fuentes: si no te sientes cómoda con tu cuerpo, es probable que sea porque no eres chica; si no te gusta el fútbol siendo un niño, a lo mejor es porque eres gay; podemos ser no binarios y nuestro sexo es un sentimiento, no una realidad... "Es alarmante que esto se esté enseñando sin ningún control en colegios e institutos de toda España. No contemplan la realidad del problema de los adolescentes en su totalidad y lo reducen a que tus complejos y rechazos personales se pueden solucionar cambiando tu sexo", apuntan fuentes de AMANDA.

Sin adaptación a los menores​

Además, aparte de que lo que se está enseñando "sustituye el conocimiento biológico y confunde a los menores", hay que tener en cuenta que la mayoría de veces el contenido no está adaptado a las edades de los niños. "Estamos viendo que a niños de tres años les dicen en estas charlas que no existen niños y niñas. No tienen la capacidad de comprender esto, porque tienen un aprendizaje muy visual y claramente observan que hay niños y niñas. Es imposible que lo entiendan y les confunde", señalan desde la Red de Psicología Casandra.

Las denuncias de todas estas asociaciones continúan porque las charlas generan en los menores un rechazo muy fuerte a la feminidad y son mensajes homófobos y sexistas. La crisis por los cambios corporales que sufren a lo largo de la adolescencia empeora cuando en estas charlas les meten la idea de que el cuerpo se puede rechazar y cambiar. "En vez de enseñar a amar y respetar su cuerpo, superando las inseguridades y aceptando la habitual feminidad de la mujer, invitan a las niñas a evitar mostrarse como tal, reflejado por ejemplo en la forma de vestir y de caminar". También son mensajes cargados de homofobia y sexistas porque se basan en los estereotipos. "En vez de normalizar que hay niñas que les pueda gustar el fútbol y niños que les guste jugar a las familias, sugieren que es porque no se identifican con su cuerpo y tienen que cambiar de sexo. Todo es mucho más sencillo", añaden las fuentes de Amanda.

Por último, tanto los docentes, como los psicólogos como los padres exigen que estas formaciones se impartan por verdaderos expertos en la materia, sexólogos y médicos, que se informe a los padres y madres y docentes de lo que se va a enseñar a los niños y que el contenido sea fiel a la realidad y a la ciencia. "Los centros educativos, que es donde la formación más tendría que cuidarse, abren la puerta a entidades transactivistas y proivadas que sutituyen a los padres y los docentes", denucia Silvia Carrasco Pons, de DOFEMCO.

 

Querido alumno universitario de grado: Te estamos engañando​

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Llevo impartiendo clases en la universidad cerca de 25 años, dos de ellos en la Universidad Complutense de Madrid y el resto en la Universidad de Granada. Por mis clases han pasado directivos de grandes empresas que tenían más o menos mi edad cuando les di clase y otros que, en sus generaciones respectivas, han ido ganándose un puesto en la sociedad gracias a su formación y a su esfuerzo.

La primera asignatura que impartí fue en el curso 1997/98. Era Dirección Estratégica de la Empresa (sigo aún impartiéndola), entonces del plan antiguo de 5 años de Económicas y Empresariales. Tenía matriculados 524 alumnos en cada grupo. Era imposible distinguir las caras de los que se sentaban atrás en aquellas gigantescas aulas del Pabellón de Tercer Curso de la UCM. Eso sí, las aulas estaban llenas. Algunos alumnos se tenían que sentar en las escaleras porque no cabían.

En las horas de tutoría, los alumnos hacían cola en la puerta de mi despacho. Responder todas las consultas, curiosidades, dudas… era tan agotador como satisfactorio. Las constantes preguntas de los estudiantes en clase me obligaban a llevar la materia muy preparada. Yo ya tenía 25 años y no recuerdo estudiar más que entonces.

La asignatura era dura y las preguntas de desarrollo configuraban exámenes que duraban horas. Era imposible corregir todo aquello en menos de diez días. Las revisiones eran complejas (sobre todo para los que estaban entre el 4 y el 5).

Todo lo anterior es tan sólo un eco del pasado.

Hoy me dedico a engañar más que a enseñar. Me explico a continuación.

Los grupos hoy son de unos 50 alumnos, de los cuales raramente viene a clase más de un 30%. Los que vienen, lo hacen en su mayoría con un portátil y/o un teléfono móvil que utilizan sin ningún resquemor durante las horas de clase. Las caras de los alumnos se esconden tras las pantallas. De hecho, me sé mejor las marcas de sus dispositivos que sus rasgos faciales. Es raro que alguien pregunte, por mucho que se les incite a hacerlo. Quince minutos antes de que acabe la clase ya están recogiendo sus cosas, deseosos de salir.

Cada vez me siento más como un profesor del instituto de una serie mediocre de los 80 que como un catedrático. A menudo tengo que callarme porque el rumor generalizado se extiende por el aula y me da vergüenza mandar callar a universitarios constantemente. He separado a gente para que no hablen entre ellos, he expulsado alumnos del aula y me he llegado a marchar de clase ante el más absoluto desinterés.

Soy consciente que para vosotros, soy sólo un estímulo más que compite con las redes sociales y el vasto imperio de internet. Evidentemente, soy más aburrido que un video de influencers de Tiktok.

Como respuesta a este panorama y, siguiendo las cambiantes normativas universitarias (siempre peores que las anteriores), los profesores hemos tomado cartas en el asunto con las siguientes medidas:

-El nivel de la asignatura ha bajado. Impartimos menos temas de manera mucho más superficial.

- Hacemos parciales tal y como establece la evaluación continua para tratar de aprobar a un mayor número de alumnos, pues un número de suspensos superior, a lo que la universidad establece como límite, conlleva una sanción que influye en el presupuesto del departamento, esclavizado a través del denominado contrato-programa.

- El nivel de los trabajos y presentaciones de los alumnos no pasaría, en su mayoría, los estándares del teatrillo de Navidad de primaria. Pero eso, para nosotros es más que suficiente para poner un 5.

De este modo, cumplimos el contrato-programa, el departamento es feliz, la universidad es feliz, nuestros alumnos aprueban, creen que saben algo y son felices y nosotros languidecemos ante la triste realidad.

Por eso, te digo que me dedico a engañarte, querido alumno/a. Vives en una mentira que nosotros edulcoramos. Por eso, es mejor que si quieres seguir viviendo en tu burbuja, mientras puedas, no sigas leyendo, ya que voy a contar lo que hay detrás de Matrix.

Bueno, si sigues leyendo, lo haces bajo tu propia responsabilidad. No digas que no te advertí. Aquí van algunas realidades que no te van a gustar:
  1. Te faltan habilidades básicas indispensables en estudios superiores. No tienes capacidad de expresión. Tu vocabulario es muy básico y se limita a verbos débiles (hacer, ser, estar) en lugar de específicos como desarrollar, evolucionar, ampliar, …
  2. Por ello, cuando entregas un trabajo o haces una exposición de un texto que has copiado de Wuolah, El rincón del vago u otros, donde plantas frases como «considerando la posibilidad de articular el concepto de selección adversa con las bases teóricas de la economía de las organizaciones…», sé de sobra que no lo has escrito tú porque, para más INRI, cuando te pregunto en clase sobre el significado de esa frase, no sabes qué contestar.
  3. Por supuesto, al exponer en clase, la frase del punto anterior la has leído literalmente de tu móvil, del que no despegas los ojos aún enfrente de tus compañeros, y la has colocado en una transparencia de Powerpoint cuyo diseño en 1995 ya estaba obsoleto. El resto de tu presentación se limita al «efecto karaoke», leer los interminables párrafos que has cortado y pegado.
  4. No sabes estar. Sí, estar. Balbuceas, te encorvas, no fijas la mirada, llevas una o las dos manos en los bolsillos, vienes a una exposición en chándal o con legginsNo te dignas a respetar la institución milenaria que te acoge y que se llama universidad. No entiendes lo que eso significa y tampoco tienes ningún interés en saberlo.
  5. Si tu expresión es limitada, tu escritura lo es más. Se nota que ya no se hacen dictados en educación secundaria. Caso aparte merecen los alumnos que no hablan español y no comprendo que hacen ocupando un asiento, especialmente aquellos provenientes del país creador de Tiktok.
  6. Jamás hubieras superado esta asignatura hace 10 o 20 años. De hecho, de tu clase, no más de 10 personas seguirían admitidas en estos estudios. Te lo dice un licenciado que acabó dos titulaciones en la Universidad Carlos III de Madrid donde tras 4 convocatorias suspensas de una asignatura, ibas a la calle.
  7. Tu nivel de lenguas extranjeras es nulo. Doy clases en un Máster íntegramente en inglés donde apenas hay españoles y el nivel de los estudiantes extranjeros es infinitamente superior. De hecho, el máster es lo único que alimenta mi motivación a enseñar.
  8. Las habilidades blandas brillan por su ausencia. ¿Liderazgo, resiliencia, trabajo en grupo? Son básicas para cualquier empleo. Cuando me escribes un email para decirme que te has peleado con tus compañeros de grupo o envías a tu madre a una revisión de exámenes, mi perplejidad no cabe en mi persona. Hace años que no recomiendo a ningún alumno para ninguna empresa.
  9. Vives anestesiado por las redes sociales. ¿Te crees que no me entero? Mientras doy clase veo tu cara de soslayo tras la pantalla con risitas y yo sé que explicar la cadena de valor de la empresa es de todo menos gracioso. No estás en clase, estás en Instagram. Pero yo me hago el tonto y miro para otro lado.
Estos puntos son sólo la cima del Iceberg. Los profesores estamos hartos de formarnos en técnicas docentes multidiversas y de pelajes exóticos para motivar al alumnado. Lo que está claro es que si tú, estudiante, no tienes interés, yo no puedo plantarlo en ti. Pero sí puedo hacerte creer que vales, aunque sepa que es mentira. Me he convertido en un experto en hacerlo porque el sistema me lo exige y cumplo. Y rezo por que esto sólo me ocurra a mí, y como mucho en mi facultad, pero no ocurra en Medicina o Ingeniería de caminos, sobre todo cuando cruce un puente o, Dios no lo quiera, esté en la camilla de un quirófano.

Podemos echarle la culpa a la universidad pública y tiene bastante, pero no toda. «Si quieren calidad, que se vayan a la privada», he escuchado por ahí. Y los números van apuntando en esa dirección. Quizás, el pago de una matrícula de cuatro ceros aumente la motivación en lugar de las irrisorias tasas académicas públicas. Puede que la universidad pública reaccione cuando la privada le coma la tostada, cosa que está haciendo muy bien.

No obstante, mis evaluaciones docentes son muy buenas y las he publicado. Pero no soy una excepción. Cuando hablo con compañeros coinciden con mi visión. Escribir esto es arriesgado y es más cómodo callar y obrar. Lo entiendo perfectamente, patada y al área es la actitud mayoritaria.

No quiero terminar exponiendo un problema sin dar soluciones. Las hay. Pero para ello, hay que romper el paradigma en que estamos sumergidos y ser muy valientes. He aquí algunas propuestas incómodas:
  1. No somos todos iguales. Hay estudiantes con vocación e interés eclipsados por la mediocridad imperante. Centrémonos en ellos. La universidad es para formar a las élites intelectuales. Antes de que me llaméis facha, esa frase es del insigne Gregorio Peces-Barba, mi rector cuando estudiaba en la Universidad Carlos III, padre de la Constitución y socialista de los de verdad (cómo han cambiado las cosas). La Formación Profesional forma grandes profesionales que no han de ser universitarios.
  2. Devolvamos al profesorado universitario las competencias perdidas como autoridad intelectual a la hora de diseñar planes de estudio, modelos de enseñanza y currículum. No podemos esperar dos años a que la ANECA dé el visto bueno a una modificación de los planes de estudio. El mundo cambia demasiado rápido para seguir impartiendo contenidos obsoletos.
  3. Reforcemos las capacidades básicas en enseñanzas no universitarias: Enseñar a pensar, a enfrentarse a obstáculos, a expresarse, a tener modales, a leer y escribir bien en español e inglés, a tener tolerancia a la frustración y, sobre todo, a buscar la superación constante.
  4. Eliminemos cualquier rastro de gadgets tecnológicos en la enseñanza (lo que incluye ordenadores portátiles). Darle un Chromebook a un niño de 10 años es como darle una cuchilla de afeitar a un bebé. SEÑORES TECNO-PROGRES LEAN ESTO POR FAVOR: Cruzar un puente no te hace ingeniero de caminos, de la misma manera que tener un ordenador no te hace nativo digital. Mis alumnos no saben, en su mayoría, elaborar un Excel o dar formato a un texto en Word. Las TICs a edades tempranas sólo sirven para distraer. La plasticidad neuronal se desarrolla con lápiz y papel, no con la dictadura de los teclados.
  5. Hacer sentir a los chavales orgullosos de quienes son y donde están, con admiración hacia lo que les rodea y hacia otras culturas. Fomentar la curiosidad innata y el respeto. Crear descubridores y jamás plantar la semilla del odio o la desolación. Huir de los nacionalismos, siempre manipuladores y huir de los populismos, de cualquier cosa negativa que acabe en ismo. La mente de un niño es sagrada.
  6. Fomentar la cultura de la competición y la colaboración en todo tipo de enseñanzas. El esfuerzo conlleva recompensa, a veces a largo plazo. Los mejores serán premiados y los peores se quedarán fuera de juego y, si quieren volver a entrar tendrán que esforzarse más, o bien, centrarse en otro juego, esto se llama flexibilidad académica. Si tu hijo es malísimo en matemáticas, pero le encanta tocar la guitarra, quizás tengas que ponerle un profesor particular en guitarra y no en mates. Y el sistema ha de aceptar esto. Saquemos lo mejor de cada individuo.
  7. Con 18 años no sabes, salvo que tengas una vocación innata, que es lo que quieres estudiar (yo no lo sabía, pero tuve suerte al elegir). Flexibilicemos los primeros años universitarios y de FP. Las titulaciones no han de ser bloques de cemento. ¿Empiezas Informática y no te gusta? Hagamos pasarelas. Implantemos el major y el minor como en EE. UU. Que una mala decisión no frustre una vida.
En fin, querido estudiante, esto es lo que hay. Quizás seas la excepción a todo lo escrito, ojalá sea así, pero los números me dicen que las probabilidades son inferiores al 10%. En todo caso, no busques la solución en el estado, ni en los sindicatos, ni en los cantos de sirena de los -ismos, ni en las redes sociales. La solución está en ti. Si tú cambias, el mundo cambia.

Y si no quieres cambiar, no te preocupes, te seguiremos engañando, haciéndote creer que lo estás haciendo muy bien.

 

Un catedrático de la Universidad de Granada a los universitarios: “Vives en una mentira que nosotros edulcoramos”​

Sinteticemos. Daniel Arias Aranda, catedrático de Organización de Empresas de la Universidad de Granada. Colaborador en los excelentes Podcasts Días Extraños y Frikilosofía. Escritor de novela y relatos cortos. He ahí.

Querido alumno de grado: Te estamos engañando

El artículo Querido alumno de grado: Te estamos engañando se ha situado en el podium de LinkedIn Noticias. Memorable artículo donde ponía negro sobre blanco lo que todos, profesores o no, intuimos/sabemos: el sistema educativo en España, atroz basura de idiotización, adoctrinamiento (elegetebeí y más allá) y domesticación. Y, sobre todo, mayestática falsedad. Desde infantil hasta la Universidad: el mundo (y la historia), al revés.

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Descarnado y brutal y certerísimo diagnóstico de nuestra Matrix de “instrucción” estatal/concertada/privada. Dedicándose a engañar, jamás a enseñar. Y a algunos de quienes conocemos la horrenda (des)educación en Bozalistán, nos parece que se queda corto. Todo en caída libre. Todo lo anterior, tan sólo una remota y desvaída reminiscencia del pasado.

Y el profesor, tan solo “un estímulo más que compite con las redes sociales y el vasto imperio de internet”. Los alumnos, en todos los sentidos, lastimosos. “Los trabajos y presentaciones de los alumnos no pasarían, en su mayoría, los estándares del teatrillo de Navidad de primaria”. Sic.

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Salvo improbable milagro, lo peor está por llegar

Y los profes, dizque, haciendo que no ven el estropicio. Alumnos, intelectualmente inapetentes, tiranía digital mediante, “anestesiados con las redes sociales”, con peor nivel que tantos padres que tuvieron que dejar la escuela con diez añitos para ponerse a currar. Alumnos, hogaño, que no saben escribir. Ni hablar. Ni expresarse con cierta profundidad. Copiando y pegando cualquier cosa que hallan en internet.

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Además de mal intelecto, pésimas ética y estéticas: “No sabes estar. Sí, estar. Balbuceas, te encorvas, no fijas la mirada, llevas una o las dos manos en los bolsillos, vienes a una exposición en chándal o con leggins”. Hablando mal español, lo dicho. Y, de otras lenguas, mejor ni hablar. La siniestra filfa del bilingüismo (o trilingüismo en ciertas autonosuyas)…

..Y el futuro: “Te seguiremos engañando, haciéndote creer que lo estás haciendo muy bien”. En fin.