Anna se dirige a su casa de veraneo junto al lago con su marido Georg y su hijo de diez años Schorschi para desconectar del trabajo. Poco después de instalarse, dos jóvenes llaman a la puerta para darles la bienvenida a la zona y pedirles huevos de parte de su vecina. Tras romper los huevos repetidamente, Anna empieza a sospechar que algo pasa. Más tarde, a pesar de las buenas palabras, golpean a George con un palo de golf rompiéndole la pierna sin perder la sonrisa. A partir de ahí, los jóvenes dicen a la familia que todo se trata de un simple juego: apuestan a la familia, a que al día siguiente, a las 9 de la mañana, estarán todos muertos.