Carmen López Guzmán.- VOX ha muerto. Los progres lo han matado. Los de Abascal, un líder «cortito» y sin apenas formación, se han unido a la dictadura de la corrección política disfrazados de falsa disidencia. Ahora nos hemos enterado que la «extrema necesidad» consistía en regalarle a Errejón la Comunidad de Madrid. Fue bonito mientras duró.
Para los que dudaban de la capacidad de traición de VOX a esos supuestos ideales que decía defender, que AD siempre dijo que no tenían, aquí tienen la emboscada traicionera al juez Serrano, similar a la que unos meses antes montaron al historiador Fernando Paz.
Han intentado poner de rodillas y humillar públicamente al corajudo juez. Serrano, que es, sobre todo, un hombre de graníticos principios. Este ha preferido morir con las botas puestas antes que abominar de sus ideas. VOX le ha desautorizado por defender lo que este partido defendía en sus mítines. No ha sido el único caso infamante. El poderoso lobby judío, y el no menos poderoso lobby sodomita, obligaron a VOX a deshacerse de Fernando Paz por contrapuntar el mantra oficial ante determinados hechos concernientes a la moralidad.
Ahora ha sido el juez Serrano el sacrificado en el altar de los muy elásticos principios de Vox, con el objetivo de complacer al histérico colectivo feminista. En VOX han hecho suya la frase del gran Groucho Marx: «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros».
En cuanto han degustado un trozo del suculento pastel solo al alcance de la castuza, han mutado muchos de sus «innegociables» puntos de vista. Saben que nunca van a tener el apoyo que obtuvieron el 28 de abril, e intentan rentabilizar el papel de bisagra en algunas instituciones. La pasta es la pasta. Me avergüenza que, pese a todos los indicios y las denuncias de medios como AD, muchos patriotas españoles creyeran que un partido permanentemente presente en las televisiones del sistema podría representar algo distinto en punto a transformar la sociedad española y la herrumbrosa moral imperante.
¿Qué cabía esperar de un partido que prometía cerrar las mezquitas mientras era financiado en secreto por un grupo islamista vinculado al Estado Islámico?
¿Qué cabía esperar de un partido que anunciaba en sus mítines el cierre de La Sexta para luego terminar acudiendo lacayunamente a sus programas y debates?
¿Qué cabía esperar de un partido que echó a unos de sus mejores candidatos por las presiones del lobbi proisraelí?
¿Qué cabía esperar de un partido que ha desautorizado y ninguneado al juez Serrano por sus opiniones sobre la sentencia a «la Manada» y que son idénticas que las de Abascal antes de las elecciones?
¿Qué cabía esperar de un partido que quiere llenar el país de ñetas e indoamericanos porque son tus hermanos?
¿Qué cabía esperar de un partido representado en la telebasura por un negro del Congo?
¿Qué cabía esperar de un partido que habló más de toros y escopetas en campaña que de políticas sociales y de medidas en favor de los trabajadores nacionales?
¿Qué cabía esperar de un partido que prometió voz y votos a los afiliados y terminó prohibiendo las primarias y reduciendo la toma de decisiones a un grupo de amigos?
¿Qué cabía esperar de un partido que, en un país descapitalizado y desindustrializado, defendía la venta de todos los activos, empresas e infraestructuras que nos quedan a los Rotschild y los Rockefeler?
¿Qué cabía esperar de un partido que, en el país con los sueldos más bajos de Europa, proponía eliminar el SMI y privatizar las pensiones?
Pero sobre todo, ¿qué cabía esperar de un partido cuyos dirigentes han dejado literalmente tirada a la militancia tan pronto como han pillado cacho en el Congreso?
Descubierta pues la estafa ideológica que ha representado VOX, sus dirigentes se conformarán a partir de ahora con representar el papel de IU de la derecha, propinando algún que otro pellizquito de monja al PP por besar la bandera menos veces que ellos.
La estafa ideológica se puso ya de manifiesto durante las penosas negociaciones en Andalucia, donde entregaron el gobierno regional a PP y Ciudadanos sin exigir a cambio la derogación de la infame ley de memoria “histérica”, la ley de emasculación masculina o la de promoción de la pedofilia y la sodomía en los centros educativos. Ya previamente a estos hechos, su postura abiertamente favorable a Israel, al globalismo y a la Unión Europea, sirvió para que muchos ya advirtieran lo que una masa de abducidos se negaba a ver.
Hay varias alternativas españolas que sí representan una verdadera opción identitaria, pero no tendrán nunca la cobertura mediática ni el apoyo de los amos de Europa que sí ha tenido VOX. Mediten por qué.
Para los que dudaban de la capacidad de traición de VOX a esos supuestos ideales que decía defender, que AD siempre dijo que no tenían, aquí tienen la emboscada traicionera al juez Serrano, similar a la que unos meses antes montaron al historiador Fernando Paz.
Han intentado poner de rodillas y humillar públicamente al corajudo juez. Serrano, que es, sobre todo, un hombre de graníticos principios. Este ha preferido morir con las botas puestas antes que abominar de sus ideas. VOX le ha desautorizado por defender lo que este partido defendía en sus mítines. No ha sido el único caso infamante. El poderoso lobby judío, y el no menos poderoso lobby sodomita, obligaron a VOX a deshacerse de Fernando Paz por contrapuntar el mantra oficial ante determinados hechos concernientes a la moralidad.
Ahora ha sido el juez Serrano el sacrificado en el altar de los muy elásticos principios de Vox, con el objetivo de complacer al histérico colectivo feminista. En VOX han hecho suya la frase del gran Groucho Marx: «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros».
En cuanto han degustado un trozo del suculento pastel solo al alcance de la castuza, han mutado muchos de sus «innegociables» puntos de vista. Saben que nunca van a tener el apoyo que obtuvieron el 28 de abril, e intentan rentabilizar el papel de bisagra en algunas instituciones. La pasta es la pasta. Me avergüenza que, pese a todos los indicios y las denuncias de medios como AD, muchos patriotas españoles creyeran que un partido permanentemente presente en las televisiones del sistema podría representar algo distinto en punto a transformar la sociedad española y la herrumbrosa moral imperante.
¿Qué cabía esperar de un partido que prometía cerrar las mezquitas mientras era financiado en secreto por un grupo islamista vinculado al Estado Islámico?
¿Qué cabía esperar de un partido que anunciaba en sus mítines el cierre de La Sexta para luego terminar acudiendo lacayunamente a sus programas y debates?
¿Qué cabía esperar de un partido que echó a unos de sus mejores candidatos por las presiones del lobbi proisraelí?
¿Qué cabía esperar de un partido que ha desautorizado y ninguneado al juez Serrano por sus opiniones sobre la sentencia a «la Manada» y que son idénticas que las de Abascal antes de las elecciones?
¿Qué cabía esperar de un partido que quiere llenar el país de ñetas e indoamericanos porque son tus hermanos?
¿Qué cabía esperar de un partido representado en la telebasura por un negro del Congo?
¿Qué cabía esperar de un partido que habló más de toros y escopetas en campaña que de políticas sociales y de medidas en favor de los trabajadores nacionales?
¿Qué cabía esperar de un partido que prometió voz y votos a los afiliados y terminó prohibiendo las primarias y reduciendo la toma de decisiones a un grupo de amigos?
¿Qué cabía esperar de un partido que, en un país descapitalizado y desindustrializado, defendía la venta de todos los activos, empresas e infraestructuras que nos quedan a los Rotschild y los Rockefeler?
¿Qué cabía esperar de un partido que, en el país con los sueldos más bajos de Europa, proponía eliminar el SMI y privatizar las pensiones?
Pero sobre todo, ¿qué cabía esperar de un partido cuyos dirigentes han dejado literalmente tirada a la militancia tan pronto como han pillado cacho en el Congreso?
Descubierta pues la estafa ideológica que ha representado VOX, sus dirigentes se conformarán a partir de ahora con representar el papel de IU de la derecha, propinando algún que otro pellizquito de monja al PP por besar la bandera menos veces que ellos.
La estafa ideológica se puso ya de manifiesto durante las penosas negociaciones en Andalucia, donde entregaron el gobierno regional a PP y Ciudadanos sin exigir a cambio la derogación de la infame ley de memoria “histérica”, la ley de emasculación masculina o la de promoción de la pedofilia y la sodomía en los centros educativos. Ya previamente a estos hechos, su postura abiertamente favorable a Israel, al globalismo y a la Unión Europea, sirvió para que muchos ya advirtieran lo que una masa de abducidos se negaba a ver.
Hay varias alternativas españolas que sí representan una verdadera opción identitaria, pero no tendrán nunca la cobertura mediática ni el apoyo de los amos de Europa que sí ha tenido VOX. Mediten por qué.