Rodrigo de Castilla.- «Asesinato machista». «Violencia de género». «Agresión heteropatriarcal».
… Y algunos otros titulares de la mafia mediática se están haciendo notar con mucho ruido, como siempre.
Pero nosotros no somos como esos medios al uso. Alerta Digital no es un periódico al uso. Para nosotros, el acto que ha realizado Verónica Rubio es la suprema confirmación de la cobardía.
No tenemos la más mínima duda. Una acción infame precedida por un acto profundamente desleal con su pareja, salvo que el adulterio deje de tener el valor definidor de las personas que siempre tuvo entre la gente decente. Imagine el lector que el suicidio de Verónica se hubiera producido tras ser filtrada unas imágenes suyas robando parte de la recaudación de la empresa en la que trabajaja. ¿Habría sido tan victimizada como lo está siendo estos días? No lo creemos.
Y tampoco tenemos dudas sobre las auténticas víctimas de este suceso: los hijos y el marido de la suicida. ¿Es ella una víctima? ¡NO! Ella ejecutó una decisión personal. Nadie le obligó a quitarse la vida.
Una decisión lamentable, cobarde, egoísta y profundamente antinatural.
No hay, no debería haber nada más importante para una madre que sus hijos. Nada. Absolutamente nada. Ni la propia vida, ni la salud, ni mucho menos «el qué dirán».
Una mujer -una mujer defectuosa- que abandona para siempre a su pequeño de nueve meses de edad no tiene perdón, ni de los hombres, ni De Dios. O al menos no debería tenerlo.
Una mujer defectuosa que años después de un tropiezo cae nuevamente en otro, lo que debe hacer es asumir sus errores y seguir caminando. Por ella misma. Por su marido, por sus hijos.
¡Nadie dice una palabra sobre el marido o los hijos! ¿Que pasa aquí? ¡Son las verdaderas víctimas inocentes! El marido no se grabó practicando sexo con otra… y mejor así, o estaría detenido y acusado de asesinato. Imaginen: una mujer casada descubre que su marido grabó un vídeo sexual con otra poco antes de casarse con el… y ella va y se suicida. ¿Se imaginan que sería de ese hombre? Sería virtualmente destrozado por las feministas talibanes.
Pero no. Aquí la víctima es la muchacha ligera de cascos que se graba practicando sexo con otro poco antes de casarse con quien era el padre de sus hijos, un hombre roto, una víctima más de las estadísticas que apuntan a una mayoría de mujeres españolas que engañan a sus parejas, sin que nadie haga ni diga nada.
Para redondear la faena, nos enteramos que esta mujer declaró a la empresa en la que trabajaba que ella envió el vídeo a, al menos, DOS compañeros de trabajo. ¿A DOS?
Y si nos faltaba algo, hoy se publica en los medios que esta misma mujer ya tuvo un problema con otro vídeo sexual hace 10 años, apenas con la mayoría de edad cumplida.
Veronica Rubio era una joya.
Nos van a disculpar, pero esta señora no nos produce pena.
Por nuestra parte, reservamos la pena y la lástima para esas dos pequeñas criaturas que van a crecer sin madre, y para ese padre que descubrió que había sido engañado, teniendo a partir de ahora que asumir el cuidado de sus dos hijos pequeños. Y que nunca dejará de ser un «cornudo». Un pobre hombre, un desdichado padre, víctima de una mujer sin escrúpulos, fría, calculadora y profundamente inmoral.
Que Dios, en su infinita misericordia, perdone a Verónica. Nosotros, pobres pecadores, no podemos hacerlo.
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Pues toda la razón.