A
Adler
Invitado
Sentimientos en blanco y negro
Vacío, lúgubre y decadente queda mi ser al descubrir esa extraña sensación de
soledad espontánea al saber que ya nada alude a tu respuesta.
La música parece hacer amagos y no dejarse escuchar, la gente parece desaparecer sin más y no dejar huella. Ahora solitario y ahullando entre frases y escritos, solo dejo que el reflejo de mi alma, deje llenar el vacío de mis sentidos y el hueco de mis sentimientos ya apagados por la consciencia que decidió volarse la tapa de los sesos al presenciar mis horrendos actos de puro egoísmo.
También brilla por su ausencia la falta de descaro, que anteriormente me proporcionaba felicidad en mis tiempos de infancia e inocencia, ahora eso ya acaba con el culmen de todos los pesares, la sensación de vacío.
Es el premio que he conseguido por la total falta de estima al prójimo más cercano, la mayor de las perversidades expuesta a millares de almas más.
La reiteración de los acontecimientos ya es algo común en el día a día, pero más que la rutina vuelve a ocurrirme el hecho de estar otra vez de nuevo, completamente vacío.
El llanto ahogado del niño interior que se aferra en mis pensamientos hace trascender más allá la voz de los ecos de antaño, dejadas por el sonido de las grandes estrellas que divisamos en el firmamento, más sino quiero oír un poco de música que logre evadirme del mayor de mis sufrimientos, esta carta de sinceridad va abierta, al cerco inamovible de mentes que no entiendan esto, magnificando su ignorancia y alzando sus voces en pos del completo silencio.
Pero esto va a ti y solo a ti alma tan distante y tan brillante.
Déjame acompañarte a tierras más lejanas, sumergirte en nuevos mundos y ser por fin un alma libre que no deba merodear en los fosos del sufrimiento, con tu sonrisa puedo atravesar océanos y montañas, con tu mirada el Sol y la Luna, finalmente con tu recuerdo puedo traspasar las fronteras que tanto daño me han echo y vivir por fin en paz, sin el llanto de mi remordimiento.
Adler
Vacío, lúgubre y decadente queda mi ser al descubrir esa extraña sensación de
soledad espontánea al saber que ya nada alude a tu respuesta.
La música parece hacer amagos y no dejarse escuchar, la gente parece desaparecer sin más y no dejar huella. Ahora solitario y ahullando entre frases y escritos, solo dejo que el reflejo de mi alma, deje llenar el vacío de mis sentidos y el hueco de mis sentimientos ya apagados por la consciencia que decidió volarse la tapa de los sesos al presenciar mis horrendos actos de puro egoísmo.
También brilla por su ausencia la falta de descaro, que anteriormente me proporcionaba felicidad en mis tiempos de infancia e inocencia, ahora eso ya acaba con el culmen de todos los pesares, la sensación de vacío.
Es el premio que he conseguido por la total falta de estima al prójimo más cercano, la mayor de las perversidades expuesta a millares de almas más.
La reiteración de los acontecimientos ya es algo común en el día a día, pero más que la rutina vuelve a ocurrirme el hecho de estar otra vez de nuevo, completamente vacío.
El llanto ahogado del niño interior que se aferra en mis pensamientos hace trascender más allá la voz de los ecos de antaño, dejadas por el sonido de las grandes estrellas que divisamos en el firmamento, más sino quiero oír un poco de música que logre evadirme del mayor de mis sufrimientos, esta carta de sinceridad va abierta, al cerco inamovible de mentes que no entiendan esto, magnificando su ignorancia y alzando sus voces en pos del completo silencio.
Pero esto va a ti y solo a ti alma tan distante y tan brillante.
Déjame acompañarte a tierras más lejanas, sumergirte en nuevos mundos y ser por fin un alma libre que no deba merodear en los fosos del sufrimiento, con tu sonrisa puedo atravesar océanos y montañas, con tu mirada el Sol y la Luna, finalmente con tu recuerdo puedo traspasar las fronteras que tanto daño me han echo y vivir por fin en paz, sin el llanto de mi remordimiento.
Adler