Quieren que se legalice la pederastia

La pornografía infantil no es un problema actual, siempre ha existido. Incluso se llegó a normalizar y a comercializar durante los 70. Cierto es que raíz de internet es mucho más sencillo intercambiar este tipo de contenido detrás de un anonimato.

No es una conspiración de la izquierda ni de la comunidad lgtbi+. Están en todas las profesiones, en todos los partidos políticos y en todas las ciudades. Lo que le ocurrió a Montero hace añls es que no fue clara por liarse con los géneros, que está más pendiente de esa mamarrachada que del contenido del discurso en sí.

Dejo un artículo que me ha parecido interesante. Aquí un fragmento:

"La historia reciente de la pornografía infantil comienza con la relajación general de la censura en los años 60 del pasado siglo, y el consiguiente incremento en la disponibilidad de imágenes y vídeos de menores en Europa y Estados Unidos (De la Rosa-Cortina, 2011; Jenkins, 2001). La experiencia europea parecía demostrar que la mayor accesibilidad a pornografía dura proporcionaba una vía de escape para los instintos violentos y estaba estrechamente relacionada con la reducción de delitos sexuales (Jenkins, 2001; Kutchinsky, 1973), y una asunción coherente de este modelo invitaba a no poner trabas a la distribución de material pornográfico de esta naturaleza.

La década de los 1970 (los “10 años de locura”), supuso el momento de máximo apogeo de la producción comercial de pornografía infantil (Jenkins, 2001; Jiménez-Serrano, 2012; Morales-Prats, 2002; Quayle & Jones, 2011). Las revistas publicadas durante estos años (unas 250 sólo en Estados Unidos (De la Rosa-Cortina, 2011)), ofrecían una amplia variedad de materiales: de chicas adolescentes a niñas que apenas gateaban, desde simples desnudos en la playa hasta prácticas sexuales extremas. Al menos durante unos pocos años, era fácil entrar a una tienda y conseguir pornografía infantil (Quayle & Jones, 2011) y algunas revistas llegaron a constituirse como marcas comerciales de relevancia. Estas imágenes también influyeron en ámbitos ajenos al mundo del porno, como revistas de rock o películas de cine, donde era común el personaje de la“lolita” (Jenkins, 2001).

Pero a mediados de los 70 los defensores de la decencia y los grupos feministas difundieron la idea de que el material pornográfico estaba relacionado directamente con los delitos sexuales (Jenkins, 2001; Kelly & Regan, 2000) y el miedo a la explotación sexual de los menores cundió en Estados Unidos y llegó pronto a Europa, generando un consenso internacional sobre la necesidad de proteger a los menores; movimiento intensificado durante la década de 1990 a raíz de diversos
escándalos europeos –redes de pederastia y asesinatos en serie de menores– que cambiaron radicalmente la imagen del consumidor de pornografía infantil, de un inadaptado a un violento violador o incluso un asesino, exigiendo una severa respuesta legal (De la Rosa-Cortina, 2011; Fernández-Teruelo, 2007; Jenkins, 2001). Ésta fue la época en la que empezaron a impulsarse medidas legislativas centradas en la prohibición de la producción, la venta y la distribución de pornografía infantil (Morales-Prats, 2002; Quayle & Jones, 2011), como parte de una tendencia político-criminal punitivista aún imperante sustentada (en expresión de Villacampa Estiarte & Gómez-Adillón (2016)) en indemostrados pánicos morales.

Los activistas morales provocaron una mayor intervención gubernamental (Morales-Prats, 2002) y presionaron a la policía neoyorkina para que actuaran de forma contundente contra la “cultura del vicio” que ubicó en Times Square el centro simbólico de la compra-venta de pornografía infantil. Pero cuando las tiendas para adultos salieron del negocio, todavía quedaban proveedores privados de venta por correo; además comenzaron a importarse desde Holanda, donde seguían siendo legales y fácilmente accesibles, revistas de pornografía infantil (Cohen-Almagor, 2013; Jenkins, 2001).

Además, aunque la denigración por parte de los medios llevó al negocio lucrativo surgido en los 70 al borde de la extinción en los 80 (Jenkins, 2001), pronto fue sustituido por material elaborado por aficionados mediante sus cámaras de vídeo (Jiménez-Serrano, 2012; Quayle & Jones, 2011; Rojo-García, 2002), cuyo progresivo abaratamiento y la facilidad de copia incrementaron la cantidad de material en circulación (Cohen-Almagor, 2013; De la Rosa-Cortina, 2011; Morales-Prats, 2001). Sin embargo, los riesgos de la venta por correo eran máximos, pues se generalizaron las operaciones policiales encubiertas (Cohen-Almagor, 2013; Jenkins, 2001; Rojo-García, 2002)."
 
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