Su afán por arrebatar al hombre las cualidades masculinas y a la mujer, las femeninas, es brutal. Pero las diferencias entre unos y otras están impresas en nuestro ADN. Es una cuestión biológica. Su adoctrinamiento está envenenando a la sociedad, sí, pero también está surgiendo una corriente radicalmente opuesta a los dogmas de la ideología de género entre los más jóvenes. Veremos si la acción tóxica de las instituciones no provoca una reacción visceral entre los que hoy son niños.

