Los secretos de la Citroën C15 que la marca nunca quiso revelar



La Citroën C15 no fue solo una furgoneta: fue la herramienta de trabajo que aguantó veintiún años casi sin cambios y terminó siendo el vehículo comercial más rentable de la historia de Citroën. Nacida de la fusión de urgencia entre Peugeot y Citroën en 1974, la C15 heredó la plataforma del Citroën Visa y, por debajo, la mecánica del Peugeot 104, un Frankenstein industrial construido sin presupuesto propio, en la Francia más convulsa de los años setenta, sustituyendo a la vieja Citroën Acadiane.

Detrás de su nombre no había marketing: C15 era una clasificación técnica de PSA que indicaba un Peso Máximo Autorizado de 1.500 kilos. Bajo ese chasis convivían dos furgonetas distintas: la versión gasolina heredaba el tren delantero del Visa, mientras que la diésel montaba el del Peugeot 205, con aletines de plástico para disimular la diferencia de vía trasera, un secreto de montaje que pocos conocían.

El verdadero protagonista fue el motor XUD7, un diésel de 1.7 litros y 60 CV con cámara de precombustión Ricardo Comet V, capaz de tragar combustibles de baja calidad e incluso aceite vegetal o de freír usado en las versiones con bomba Bosch VE, un fenómeno silencioso extendido por zonas rurales de España y Francia. Ese mismo bloque de fundición terminaría, sin el motor completo, dentro del legendario Peugeot 205 T16 del Grupo B de rallys.

La fábrica de Vigo fue el corazón de esta historia: la primera planta de PSA en superar el millón de unidades de un mismo modelo, con turno de noche incluido para seguir el ritmo de la demanda. Entre 1984 y 2005 salieron de sus líneas más de 1.181.000 unidades, hasta que la última, fabricada el 5 de diciembre de 2005, se repartió como reliquia entre Vigo y el museo Citroën de Aulnay.

Hubo versiones que casi nadie recuerda: la C15 Dangel 4x4, la sorprendente C15 Eléctrique de 1990, o una rarísima variante de tres ejes con 1.100 kilos de carga útil. Porque la carga de la C15 nunca fue una cifra fija: empezó en 500 kilos y llegó hasta los 800 según la versión, sin ceder ni una sola deformación estructural.

Con la llegada de la Citroën Berlingo en 1996 debería haber desaparecido. Pero la C15 aguantó nueve años más, terca, barata de mantener y reparable con herramientas básicas, hasta convertirse en el furgón más icónico y resistente de la historia de Citroën.