Los ingredientes de la plenitud ⭐



Los ingredientes de la plenitud es una nueva serie que explora los valores, sentimientos y cogniciones que nos permiten alcanzar la plenitud. Esta serie se publica los martes hasta agotar los contenidos. En el primer capítulo, reflexionamos sobre lo inútil de perseguir la felicidad. La felicidad es un sentimiento profundamente imperfecto y frágil. Por un lado, depende fuertemente de sus antagonistas. Sin la tristeza, la felicidad no existe o, por lo menos, no se va a valorar en su justa medida. Por otro, la felicidad es efímera. Es imposible vivir un estado de felicidad permanente. Tienes momentos de felicidad y, afortunadamente, éstos se alternan con momentos de tedio, momentos en los que estás dolido, y, bueno, momentos en los que vas tirando, que son la mayoría para todos nosotros. Además, la felicidad depende en gran medida de factores externos, que no puedes controlar. Se quiebra con cualquier catástrofe, se erosiona fácilmente con cualquiera que te toque los cojones, o con cualquier desafío cotidiano. Es frágil. La felicidad está muy sobrevalorada en nuestro mundo.
Así que vamos a dedicar una serie a la plenitud, cuáles son sus ingredientes, y cómo podemos hacer que llegue a nuestra vida. Al contrario que la felicidad, la plenitud sí puede perseguirse y conquistarse. Además, es duradera. Además, no depende de elementos externos. Y además, trae consigo también un tipo de felicidad madura y mucho más genuina.

Averiguar esto podría ser lo más importante que hagas.
 


Quizá uno de los mayores regalos de la plenitud, y uno de sus componentes más valiosos, sea la calma. Ninguna decisión buena se ha tomado en épocas de turbulencia, y ninguna sensación más perturbadora existe que el salto al abismo. Sin embargo, los individuos plenos, cuando de verdad se encuentran en estado de gracia, viven en calma. Muchas personas pasan, lamentablemente, gran parte de sus vidas perturbadas. Preocuparse por el dinero, la popularidad, estar estresado por el trabajo o la vida familiar puede consumirnos.

Hoy exploramos tres formas de obtener la calma que se corresponden a las tres grandes filosofías prácticas de la época Helenística: estoicismo, epicureismo y escepticismo.
 


La vida tiene una tendencia a agobiarnos a lo largo de los años. Lentamente, sin descanso, nuestra estancia limitada en la tierra se vuelve cada vez más seria, tallando líneas profundas y entrelazadas entre nuestras cejas que alguna vez fueron suaves.

No siempre fue así. Cuando éramos niños, teníamos propensión a la alegría. Pudimos vivir el momento. Los niños pequeños no tienen un concepto del pasado o del futuro; parecen comprender, intuitivamente, que lo único tangible que existe es el ahora.
 


El aburrimiento es un estado mental que hace que la mayoría de las personas se sientan terriblemente incómodas. Cuando todas las ocupaciones nos abandonan temporalmente y nos encontramos a solas con nuestros pensamientos, podríamos ser testigos de una sensación de letargo que parece envolver nuestras propias almas, engendrando un deseo instintivo de liberarnos del doloroso tedio de la nada. Huir lo más lejos posible de los intensos sentimientos de apatía, depresión, cansancio y languidez. Escapar parece la solución lógica a tan aparente horror. Sin embargo, aburrirse puede ser un privilegio.
 


A medida que maduramos de adolescentes a adultos, la responsabilidad recae sobre nosotros como un camión con un conductor dormido. Los niños no tienen que preocuparse de dónde vendrá su próxima comida o de la seguridad de su trabajo cuando ha habido cambios en la empresa. Sus necesidades básicas se satisfacen, a menudo sin agradecimiento, sin que llegue a preguntarse cómo se produce esa magia.

Como adultos, siempre vamos a sentir la presión de ganarnos la vida, pero podemos minimizar esa presión aprendiendo a estar contentos con lo que tenemos. ¿Hasta qué punto vamos a ser más felices con mil, dos mil, diez mil euros más al año? ¿Vale la pena trabajar constantemente hasta altas horas de la noche y privarse del sueño para conseguirlo? La mayoría de nosotros sabemos intuitivamente la respuesta correcta a esta pregunta y, sin embargo...
 


Nuestros cerebros no están programados para retrasos prolongados y sostenidos de gratificación en la búsqueda de algún objetivo final prometido. La verdad es casi exactamente lo contrario. Estamos programados para una supervivencia inmediata. Por lo tanto, si algo no es relevante para nuestra supervivencia ahora, como un objetivo a largo plazo que solo nos recompensa en un futuro lejano, nuestro cerebro filtrará ese algo como irrelevante y sin importancia.
Entonces, ¿cuál es la solución?

No retener la recompensa hasta que hayamos logrado cada una de las cosas de nuestra lista. Cada vez que hacemos una tarea hacia nuestro objetivo, debemos recompensarnos de alguna manera pequeña y tangible. El acto de hacerlo crea ciclos virtuosos de refuerzo de hábitos que hace que sea cada vez más fácil trabajar hacia nuestras metas.
 


Hoy quiero que pensemos en dos de los fantasmas que más hieren las relaciones interpersonales. El rencor, y el orgullo. Ambos se relacionan con esa situación en que, de madrugada, miras el whatsapp de esa persona con la que tienes un conflicto, ves cómo cambia su estado, te roes los dedos y decides no escribir. Si pusiéramos en fila las horas y horas de angustia que orgullo y rencor han dejado en las relaciones humanas, daríamos la vuelta al sol varias veces.
 


¿Alguna vez ha sentido la abrumadora necesidad de seguir mejorando y construir una vida extraordinaria? Esa sensación de querer algo más grande y mejor que lo que tienes en este momento o lo que has vivido en el pasado.

Este es un instinto humano básico, una vez que tenemos satisfechas nuestras necesidades actuales, el siguiente paso natural es buscar formas de mejorar y obtener más. Esto es lo que llamamos y celebramos como "ambición" y "metas en la vida". Sin embargo, cantidades excesivas de esta ambición pueden comenzar a ser perjudiciales para usted antes de que se dé cuenta.
 


Si ahora mismo me sentaran ante un micrófono para hacerme una entrevista y comenzaran por preguntarme qué es para mi una buena vida, posiblemente respondería que una buena vida es estar rodeado de personas que amamos, con belleza, con risas y alegría. Una vida en la que hacemos un trabajo que es significativo para nosotros, que nos brinda placer y contribuye a construir el mundo de nuestros sueños. Una buena vida es aquella en la que estamos física, mental y emocionalmente sanos. Donde tengamos acceso a buena comida y agua limpia, que podamos mover nuestros cuerpos y dormir bien. Una buena vida incluye vivir en un lugar cómodo al que podamos llamar hogar. La lista podría seguir y seguir.

Y, sin embargo, ¿es eso todo cierto? ¿Todo esto realmente importa? ¿La ausencia de alguna de estas cosas implica una mala vida?
 


A lo largo de los años, he aprendido que lo mejor que ofrece la vida el 99% de las veces ocurre fuera de tu zona de confort. Muchos de nosotros terminamos siendo prisioneros de nuestra zona de confort debido a la plétora de miedos, ya sea la muerte, el rechazo, la humillación, a la incomodidad, a la incertidumbre, lo que sea. Para vivir una vida verdaderamente plena, has de abandonar la zona de confort. Esto es algo indiscutible, imprescindible.

Sin embargo, muchas personas creen que salir de tu zona de confort es emprender un largo viaje, abrir una empresa, declararse a esa amiga con la que llevas años tonteando sin llegar a nada, tener un hijo, cambiar de trabajo... Y aunque estas cosas pertenecen a la categoría de “salir de la zona de confort”, hay otras muchas, más pequeñas pero igualmente válidas, que te ayudarán a alcanzar la plenitud con mayor facilidad.
 


A veces, hay enseñanzas en culturas remotas que pueden aportarte algo: Hoy hablamos de Buda, quien inspiró a muchas personas a renunciar a sus vidas y unirse a él. Sin embargo, algunos de esos seguidores interpretaron mal sus enseñanzas, sobre todo porque se centraron en los primeros pasos que Siddhartha siguió en su camino hacia la plenitud. Así, practicaban un ascetismo que Buda descubrió era contraproducente. Buda se dio cuenta de que en la mesura se encontraba el secreto para alcanzar el Nirvana. Hoy exploramos formas sencillas de seguir la senda de la mesura.
 


El mecanismo predeterminado de los cerebros humanos de hoy es perseguir la comodidad, el placer y la gratificación instantánea. Y para favorecer esta predisposición, están infinidad de multinacionales que se gastan cantidades ingente de dinero para lograr satisfacer esa necesidad casi obsesiva de placer. Esta necesidad nos persigue desde que nos despertamos y con el ojo medio abierto consultamos la pantalla azulada del móvil hasta que nos vamos a dormir, reventados después de un día entero levantando el país, y nos quedamos arrullados, casi diría que hipnotizados, ante una serie trivial. Y en el ínterin, nuestro cerebro ha sido bombardeado con imágenes equívocas que nos prometen la ropa más cómoda, la dieta más fácil, la comida más sabrosa, la bebida más refrescante, el suavizante que deja las toallas más esponjosas, el coche con los asientos más mullidos y el viaje con las estampas más inolvidables.

Creo firmemente que es necesario castigar de vez en cuando a nuestro cerebro obsesionado con el placer, para hacernos más despiertos, más centrados, más productivos y, en definitiva, para tomar el control sobre nuestras vidas, que es uno de los ingredientes fundamentales de la plenitud.
 


La belleza, lejos de limitarse a lo extraordinario, se puede encontrar en los lugares más inesperados, en las formas más inesperadas. Es la incomodidad torpe de dos adolescentes que intentan interactuar; el obrero de la construcción excesivamente macho que paga el almuerzo de su compañero de trabajo. Es el ronroneo largo y prolongado de la madre soltera al final de su día, mientras se tiende en su diván raído para descansar. La belleza está a nuestro alrededor, y si tenemos algún interés en apreciarla, necesitaremos una actitud de receptividad abierta, dispuestos a recibir aquello que normalmente se encontraría con un gesto torcido. Encontrar belleza en lo mundano nos obliga a renunciar a nuestros juicios erróneos. Nada destruye la belleza más eficientemente que una noción preconcebida negativa,una bolsa de plástico arremolinándose en el viento. ¿Recuerdan la icónica escena de la bolsa flotando suavemente de American Beauty?
 


¿Cómo puedes replantear cómo piensas sobre tu vida para que refleje mejor tus valores? Si sientes que su vida está transcurriendo de una forma que no te parece significativa y satisfactoria, una pregunta útil que puedes hacerte es… qué cambiarías si te dijeran que tienes menos tiempo de vida. Digamos que le queda una cantidad finita de tiempo, en el que todavía estarías sano y lo suficientemente fuerte como para hacer lo que sea que puedas hacer ahora. ¿Qué harías diferente si solo tuvieras un año de vida? ¿Qué tal cinco, diez o veinte?
 


Revisar tus pensamientos en busca de negatividad tiene lógica. Como la tiene huir de las personas que conviven con una nube gris descargando una tormenta perpetua sobre sus cabezas. Sin embargo… en muchas ocasiones, la positividad ciega, incesante y vacía puede acabar por pasar factura. La positividad tóxica puede arruinar tus intentos de lograr la plenitud.
 


El salto improbable del talento al éxito -- Los ingredientes de la Plenitud 17

Hay una verdad solitaria, terrible, desalentadora, cruel y despiadada, pero no por ello deja de ser una verdad. El talento no es igual al éxito. A lo largo de mi vida he visto a muchas personas con talento que nunca llegaron a la cima porque no tenían el impulso o la determinación para desarrollar plenamente ese talento. Pero el talento es solo una pieza del rompecabezas de la vida y el éxito. Hay otras razones menos obvias por las que las personas con talento no alcanzan su potencial.
 


Enfrentar cambios difíciles -- Los ingredientes de la Plenitud 18

Hay un hecho indudable sobre la vida: no importa cuánto intentemos evitarlo, todos pasamos por momentos difíciles. Incluso si estamos entre los pocos afortunados que no padecen demasiadas penurias, ver sufrir a nuestros seres queridos es igualmente difícil, si no más. Nuestras situaciones externas pueden diferir, pero los sentimientos de pérdida, desesperación, impotencia y frustración son algo que compartimos universalmente entre nosotros.

Permíteme compartir una perspectiva que me ha ayudado inmensamente y que puede que te ayude a navegar a través de lo que sea que estés pasando.
 


Aprendiendo de la playa -- Los ingredientes de la Plenitud 19

Soy plenamente consciente de que poder vivir aquí, delante de esta inmensidad azul, es un regalo que la mayoría de la gente no tiene. Sin embargo, del mismo modo que yo he encontrado consejos en el mar, me gustaría inspirarte a que tú mismo busques esos consejos en lo que tengas delante. La gran enseñanza que saqué del mar es que cualquier rincón es una fuente de inspiración que está esperando a ser descubierta.
 


Mis consejos de inversión -- Los ingredientes de la Plenitud 20

¿Criptomonedas? ¿Bolsa? ¿Bienes raíces? ¿Montar un pequeño negocio? ¿Arte? ¿Sellos? En este vídeo te explico cuál es la inversión más rentable si quieres alcanzar la plenitud.