Los dos químicos permitidos en envases alimentarios en España, que otros países han prohibido

Se trata del bisfenol A y los ftalatos, cuyo uso está permitido por la UE, aunque se sigue estudiando el nivel de riesgo que entraña para la salud

«De conformidad con lo previsto en estas normas, estará prohibida la utilización de ftalatos y bisfenol A en envases», se aseguraba en un comunicado enviado al Senado, fruto del pacto entre PSOE y Unidas Podemos, que se refería al uso de estos dos químicos en envases alimentarios. La presencia de estas sustancias que pueden resultar peligrosas para la salud en este tipo de recipientes preocupa por su posible transferencia a los alimentos.

Los primeros están presentes en los táperes y el bisfenol se encuentra en la película que recubre las latas de comida y bebida y que separa el metal del alimento. En palabras de Carlos de Prada, presidente de Hogar sin Tóxicos, que recoge ABC: «Desde esa resina, el bisfenol pasa al alimento, es una de las principales vías de llegada a nuestro organismo». Una serie de riesgos que motivaron que en 2011 se restringiera su presencia en biberones desde la Unión Europea, así como que, en otros países, como en Francia, su uso se haya erradicado por completo de todo lo relacionado con la alimentación.

Pero en lo que respecta a España, la futura ley de residuos, que era la que planteaba su prohibición en envases alimentarios, ahora se enfrenta a una enmienda aceptada por el Gobierno que podría paralizar el fin del uso del bisfenol A y los ftalatos. Durante la negociación en la Cámara Alta, el PSOE y el PP han introducido una enmienda que elimina la prohibición y que condicionan el uso de estas sustancias peligrosas a lo que se dicte desde la Unión Europea que, aunque sigue estudiando los posibles riesgos, actualmente continúa permitiendo su uso, aunque de forma limitada.

 

Cerco a otro producto tóxico: el bisfenol A, presente en envases​

Debe ser prohibido el bisfenol A, una sustancia tóxica muy usada en los envases alimentarios? Este es el debate que se plantea en España, por dos motivos diferentes y contrapuestos. En el trámite parlamentario de la ley de Residuos en el Senado, se ha eliminado la previsión inicial de prohibir esta sustancia en estos usos. Y, por otro lado, esto ocurre justo cuando la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha propuesto rebajar 100.000 veces el valor máximo de ingesta diaria tolerable de esta sustancia, considerada un disruptor endocrino.

La ley de Residuos, aprobada en el Congreso, establecía que “a partir del 1 de enero del 2023 no podrán emplearse en envases” el bisfenol A, ni ftalatos (plastificantes) ni otros disruptores endocrinos. Sin embargo, en el debate en el Senado se ha suprimido esta prohibición tras una enmienda del PP. La rectificación ha sido criticada por expertos y conservacionistas (médicos, científicos, Rezero, Amigos de la Tierra, Surfrider España y Hogar sin Tóxicos) que reclaman arrinconar tales sustancias químicas.

Fuentes socialistas en el Senado indicaron que “se trata de la corrección de un error”, puesto que esta prohibición “no está contemplada en el reglamento de la UE”, por lo cual el legislador nacional” “no puede” modificarlo. En cambio, el senador Vicenç Vidal (Més per Mallorca) estima que la clave el cambio “no es corrección técnica”, sino la presión del PP.

Desde los años noventa del siglo pasado, los científicos han ido acumulando estudios que muestran que el bisfenol A (BPA) tiene efectos potencialmente dañinos sobre la reproducción, el desarrollo del cerebro, la salud de las glándulas mamarias y el metabolismo, entre otros. Preocupa sobre todo la exposición de mujeres embarazadas, ya que los efectos del bisfenol A pueden ser mucho más graves en embriones o fetos.

El Senado rectifica el pacto para eliminar los disruptores endocrinos en los envases, que ya pidió el PSOE en el 2013​

“Estos compuestos no provocan toxicidades agudas; no producen efectos adversos inmediatos; pero sí una toxicidad crónica como resultado de pequeñas dosis diarias de una sustancia química”, dice Ethel Eljarrat, investigadora del instituto Idaea-CSIC.

El bisfenol A es una sustancia química que se usa para fabricar policarbonato (plástico al que da robustez) y resinas. En forma de policarbonato está presente en garrafones reutilizables dispensadores de agua (de oficina, por ejemplo), vajillas (platos y tazas) y recipientes. Y, como resinas epoxi, se usa en recubrimientos interiores para latas de bebidas y alimentos (tomate, atún, piña…). El riesgo es que se dé una migración del producto desde el recipiente a los alimentos y bebidas, dice la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Además –como uso no alimentario– el bisfenol A está en los plásticos de policarbonato (bolígrafos, estuches, lentes orgánicas, CD y DVD, carcasas de móviles, cascos de motoristas...). “Todo el plástico de policarbonato tiene bisfenol; no se puede fabricar con otras sustancias que no sean bisfenol A”, señala Antonio Balairón, director de la Asociación Nacional del Envase de PET (ANEP). En cambio –añade– no está en las botellas de plástico PET (agua, refrescos, aceite, zumos, leche...)

El debate sobre el polémico bisfenol A ha cobrado nuevo impulso porque la EFSA está reevaluando los riesgos de esta sustancia sobre los alimentos, y ha propuesto una drástica reducción de la ingesta diaria tolerable en comparación con los valores del 2015.

La sustancia está en el revestimiento de latas de bebidas y comida, o en los garrafones reutilizables de agua​

La EFSA propone rebajar la tasa de ingesta diaria tolerable desde 4 microgramos por kg de peso corporal (valor actual) a 0,04 nanogramos por kg de peso corporal por día. Es una reducción de 100.000 veces. Aduce que esta drástica disminución es el resultado de la evaluación de estudios publicados del 2013 al 2018, particularmente aquellos que indican efectos adversos del bisfenol A sobre el sistema inmunológico.

La EFSA ya publicó una reevaluación global de la exposición y la toxicidad del bisfenol en el 2015, cuando redujo la ingesta diaria tolerable de 50 a 4 nanogramos por kg de peso corporal. “Antes del año 2015, la EFSA ya nos decía que era supuestamente seguro; pero eran concentraciones 1.250.000 veces superiores a las que ahora se propone; es una barbaridad”, señala Carlos de Prada, responsable de Hogar sin Tóxicos, entidad que desde el 2013 impulsa una campaña para prohibirlo en materiales en contacto con alimentos.

“Los niveles actuales de exposición del consumidores al bisfenol A en la dieta superan los nuevos valores máximos establecidos ahora por la EFSA. Por eso, debemos reducir los niveles de exposición actual a este compuesto; y, para lograrlo, son necesarias medidas como las que recogía inicialmente el proyecto de ley”, recalca la investigadora Ethel Eljarrat.

El bisfenol A se ha ido arrinconado; pero “de manera muy lenta; llevamos 30 años denunciándolo”, dice Nicolás Olea, investigador y catedrático de la Universidad de Granada . El primer paso se dio al prohibirse su uso en los biberones, el 30 de julio del 2011. “Hubo que retirar los biberones, porque cada vez que hervíamos un biberón el policarbonato liberaba el monómero que es el bisfenol”, dice Nicolás Olea.

En el 2020, también se retiraron de Europa de los ticket de caja térmicos. Y en el 2018 se prohibió su uso en cualquier envase alimentario para niños de 0 a 3 años. Pero, para el doctor Olea, esta última medida se queda corta –y por eso es partidario de que se extienda adultos–, pues “ignora que hay mujeres embarazadas” a las que no alcanza esta medida. “Y si estás preocupado por el bisfenol A en los niños de pecho, pues imaginemos los niños intrauterinos...”, dice para resaltar a incongruencia.

Diversos expertos esgrimen (frente al argumento del PSOE en el Senado) que la ley española podría prohibir el empleo del bisfenol A en envases alimentarios aplicando un principio de precaución, y sin tener que esperar una decisión para toda la UE. No obstante, esto exigiría invocar la cláusula de salvaguardia del reglamento de materiales destinados a entrar en contacto con alimentos.

Koldo Hernández, de Ecologistas en Acción, estima que la propuesta de la EFSA brinda una magnifica oportunidad para ello. La referida cláusula dice que si un Estado miembro dispone de nuevas razones que demuestren el peligro de un material “podrá suspender o limitar provisionalmente en su territorio” la utilización de este producto.

Para él, estas razones son las que ahora sirve en bandeja la EFSA con su propuesta de reducción de la tasa de ingesta diaria tolerable. Dinamarca ya la invocó en el 2010, y Francia se adelantó al prohibirla en todos los usos alimentarios en el 2014.

Los diputados del PSOE María Luisa Carcedo y José Luis Ávalos presentaron en el 2013 una proposición de ley (estando en la oposición) a favor de “extender la prohibición” del uso del bisfenol A a todo tipo de envase de alimentos.

 

COLOGISTAS ACUSAN A PSOE Y PP DE PACTAR PARA IMPEDIR QUE SE ELIMINEN LOS TÓXICOS DE LOS ENVASES ALIMENTARIOS​

Este 8 y 9 de marzo son fechas clave para la tramitación en el Senado de la ley de residuos y suelos contaminados para una economía circular. Un proceso que varios grupos ecologistas como Amigos de la Tierra, Rezero y Surfrider España siguen con preocupación, pues consideran «alarmantes» algunas de las enmiendas que han sido introducidas en la ponencia de la ley.

En un comunicado conjunto, las organizaciones muestran su especial preocupación «por el retroceso que hace la ley en relación a la protección de la salud humana». Así, el artículo 18 de la Ley aprobada en el Congreso incluía la prohibición de ftalatos y bisfenol A en envases, una medida dirigida a proteger la salud humana de estos productos tóxicos presentes en los envases de alimentación. Estos son reconocidos como disruptores endocrinos que provocan enfermedades como diabetes, enfermedades tiroideas, reproductivas, obesidad, cáncer, etc. Compuestos químicos que, además, afectan especialmente a las mujeres y a la infancia.

Sin embargo, las organizaciones ambientales aseguran que en esta primera fase del proceso del Senado, el PP y el PSOE -miembro del gobierno de coalición que impulsó la propuesta en el Congreso- «han sumado sus fuerzas para eliminar esta medida y, por lo tanto, permitir que estos compuestos sigan formando parte de los envases de alimentación que se consumen a diario».

Los grupos ecologistas también denuncian que a su paso por el Senado la ley está sufriendo además un ataque frontal al cumplimiento del principio de “Quien Contamina, paga” al atenuar la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP). Un principio europeo de obligado cumplimiento que obliga a los productores a asumir la totalidad de los costes de gestión de sus productos cuando se convierten en residuos. Es decir, «asumir el coste no solo del reciclaje, sino también de la limpieza de calles, playas etc., y de las infraestructuras necesarias para el tratamiento de estos residuos». Unos costes que hoy están siendo «injustamente asumidos por los ayuntamientos» y, por tanto, por el conjunto de la ciudadanía.

Las organizaciones señalan que el Senado no debe incumplir las directrices europeas y que es inaceptable que se introduzcan rebajas a esta responsabilidad, pues «se podría llegar a eliminar la obligatoriedad de asumir los costes de la limpieza viaria o de la limpieza de playas».

Por estas razones, las entidades firmantes consideran que estos posibles retrocesos «representan una marcha atrás en la gestión preventiva de los residuos que ni el planeta, ni la economía de los ayuntamientos ni la salud humana se pueden permitir».