La generación idiota 🤪

El ridículo ecológico y presupuestario: 5 millones de euros para soltar 30 urogallos en el monte y que los zorros se coman 29​

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Las administraciones públicas españolas han vuelto a demostrar, con precisión quirúrgica, cómo convertir dinero ajeno —el de los contribuyentes— en un espectáculo de incompetencia absoluta. Esta vez el protagonista es el urogallo cantábrico, una especie amenazada, y el escenario, la Cordillera Cantábrica.

Tras invertir 5 millones de euros, el Centro de Cría de Valsemana (León), inaugurado en 2019 con bombo y platillo para salvar al urogallo de la extinción, ha realizado su primera gran liberación: 30 ejemplares nacidos en cautividad. El resultado ha sido tan previsible como lamentable: 29 de ellos han sido devorados en poco tiempo por zorros, aves rapaces y martas. Solo uno ha sobrevivido, de momento.

Un plan con patas de alambre

El festival del dinero público​

Este caso no es una anécdota aislada. Es el modelo habitual:
  • Se crea un centro caro y mediático.
  • Se genera empleo público y se reparten subvenciones.
  • Se hacen anuncios grandilocuentes sobre «salvar la biodiversidad».
  • Y luego la naturaleza, implacable, se ríe de los PowerPoint.
Mientras tanto, los españoles pagan religiosamente sus impuestos: IRPF, IVA, impuestos especiales, cotizaciones, tasas municipales… Un expolio constante que se justifica, entre otras cosas, con la necesidad de «proteger el medio ambiente». Y luego vemos cómo se esfuman millones en proyectos que parecen diseñados por quien nunca ha pisado un monte.

Cinco millones de euros. Con esa cantidad se podrían haber reforzado de verdad los hábitats, mejorado la gestión cinegética, controlado depredadores de forma inteligente o incluso compensado a los ganaderos y vecinos de las zonas rurales que conviven con la especie. Pero no. Mejor soltar 30 urogallos como si fueran palomas en una plaza y cruzar los dedos.

La extinción de la sensatez​

El urogallo cantábrico está en problemas reales. Su población es reducida y enfrenta desafíos serios. Precisamente por eso duele especialmente este derroche. Porque cuando se malgasta el dinero público de forma tan flagrante, no solo se pierde una oportunidad de hacer las cosas bien: se erosiona la confianza en las instituciones y se resta credibilidad a las verdaderas políticas de conservación.

Mientras tanto, el contribuyente medio, que aprieta el cinturón para llegar a fin de mes, ve cómo su dinero vuela (literalmente, en el estómago de un zorro) en forma de urogallo criado con mimo en un centro de cría de cinco millones de euros.

La conclusión es tan dura como evidente: hay formas más baratas y efectivas de proteger especies amenazadas. Pero para eso haría falta menos postureo, menos titulares y más conocimiento real del terreno. Algo que, a juzgar por los resultados, brilla por su ausencia en las administraciones públicas.

Otro día más en la España donde el dinero de todos se gasta como si fuera de nadie. Y los urogallos, pobres, pagan las consecuencias.