Valencia se ha llenado de basura metálica, estas nuevas obras europeas se presentan como el máximo anhelo espiritual y terrenal al que el hombre europeo debe aspirar.
Este hombre por ejemplo, grabó un video para aclararle a la gente que esto no es, ni arte, ni representa a los valencianos.
En realidad, no es nada que no conociéramos ya.
Tras la Segunda Guerra Mundial y la imposición del marxismo cultural y del consiguiente relativismo donde los cánones de belleza han sido eliminados, el arte degenerado goza de aceptación en todos los ámbitos y niveles, uno de sus mayores impulsores -si no los principales- eran, como no, los judíos.
Como ejemplo, el judío Kahnweiler fue uno de los principales defensores del movimiento cubista a través de sus actividades como marchante de arte y vocero de artistas. Se convirtió en promotor de los cuatro principales artistas del cubismo: Pablo Picasso, Georges Braque, Juan Gris y André Derain. Fue el primero, junto al judío Wilhelm Uhde, en interesarse por Las señoritas de Avignon, obra fundadora del cubismo que vio en julio de 1907 en el taller de Bateau-Lavoir e inmediatamente quiso comprarla junto con todas las obras de Picasso.
Picasso escribiría más tarde sobre Kahnweiler: “¿Qué hubiera sido de nosotros si Kahnweiler no hubiera tenido un sentido comercial?” Gracias a Kahnweiler, Picasso pudo continuar adelante, ya que era en gran parte desconocido e indigente en el momento en que se crearon muchas de sus obras más famosas.
Siendo que el movimiento era rechazado por la mayoría de personas en la época y que no tenía ningún interés por no ser considerado ni siquiera arte, Kahnweiler apoyó en su galería a muchos de los pintores de este estilo de su época. Las compras iniciales incluyeron obras de Kees van Dongen, André Derain, Fernand Léger, Georges Braque, Juan Gris, Maurice de Vlaminck y otros más.
Mediante estas compras pretendía que este tipo de pinturas se estandarizaran a la vez que permitía a los pintores continuar creando más cuadros al verse ya desahogados económicamente por sus compras.
Fue el Tercer Reich quien popularizó el término “Arte degenerado” o “Entartete Kunst” para denominar a estas obras, que ya en su época eran promovidas por judíos.
En aquella época reían a carcajadas y se retorcían en como el anterior gobierno alemán había podido comprar por millones este tipo de garabatos. A la llegada del gobierno de Adolf Hitler esta arte quedo relegado y se expusieron comparándolos con el “Arte ario”, es decir, el arte clásico europeo.
Adolf Hitler y algunos allegados aprovecharon para vender todas esas obras a personas estúpidas de otros países que consideraban que eso era “arte”, con el dinero, comenzaron a comprar un montón de obras de arte clásico en subastas mundiales.
Valencia se llena de arte judío y todavía nadie lo ha destrozado
Esculturas metálicas con escenas sexuales muy detalladas, de Antoni Miró, inundan la Marina de Valencia sin escapar de la polémica entre los que ensalzan la exposición por tratar el sexo con naturalidad y los que la consideran demasiado explícita para un espacio público de ambiente familiar.
Junto al emblemático edificio Veles e Vents y entre el agua y la antigua base del Alinghi, una hilera de más de una docena planchas metálicas de gran tamaño -tanto la figura como su molde- evocan desde este fin de semana el arte griego con volúmenes en los que se distinguen penes, genitales femeninos y pechos y que representan escenas en plena masturbación, a punto de realizar una penetración, una felación o practicar sexo anal.
Se trata de la exposición impulsada por Presidencia de la Generalitat y la Conselleria de Cultura. Paseando a pie, en bicicleta o patines, valencianos y turistas que pasaban este lunes por la zona han descubierto la muestra y algunos, escandalizados, han criticado que es demasiado explícita y debería estar en un sitio donde no pasen tantos niños y, otros, encantados, han defendido que es simplemente arte y representa la naturaleza y el cuerpo humano.
Para Vicente, un hombre mayor que había salido a correr un rato, las esculturas de Miró podrían ser adecuadas para la gente joven pero para una persona de su edad son “una guarrería” y “un escándalo” y ha sostenido que eso no es arte.
Antonio ya sabía de la existencia de las esculturas “llamativas” y ha decidido acercarse a ver unas obras que, a su entender, “no es un arte para colocar en la calle” y es “fuerte ponerlas a la vista de los niños”.
Este hombre por ejemplo, grabó un video para aclararle a la gente que esto no es, ni arte, ni representa a los valencianos.
En realidad, no es nada que no conociéramos ya.
Tras la Segunda Guerra Mundial y la imposición del marxismo cultural y del consiguiente relativismo donde los cánones de belleza han sido eliminados, el arte degenerado goza de aceptación en todos los ámbitos y niveles, uno de sus mayores impulsores -si no los principales- eran, como no, los judíos.
Como ejemplo, el judío Kahnweiler fue uno de los principales defensores del movimiento cubista a través de sus actividades como marchante de arte y vocero de artistas. Se convirtió en promotor de los cuatro principales artistas del cubismo: Pablo Picasso, Georges Braque, Juan Gris y André Derain. Fue el primero, junto al judío Wilhelm Uhde, en interesarse por Las señoritas de Avignon, obra fundadora del cubismo que vio en julio de 1907 en el taller de Bateau-Lavoir e inmediatamente quiso comprarla junto con todas las obras de Picasso.
Picasso escribiría más tarde sobre Kahnweiler: “¿Qué hubiera sido de nosotros si Kahnweiler no hubiera tenido un sentido comercial?” Gracias a Kahnweiler, Picasso pudo continuar adelante, ya que era en gran parte desconocido e indigente en el momento en que se crearon muchas de sus obras más famosas.
Siendo que el movimiento era rechazado por la mayoría de personas en la época y que no tenía ningún interés por no ser considerado ni siquiera arte, Kahnweiler apoyó en su galería a muchos de los pintores de este estilo de su época. Las compras iniciales incluyeron obras de Kees van Dongen, André Derain, Fernand Léger, Georges Braque, Juan Gris, Maurice de Vlaminck y otros más.
Mediante estas compras pretendía que este tipo de pinturas se estandarizaran a la vez que permitía a los pintores continuar creando más cuadros al verse ya desahogados económicamente por sus compras.
Fue el Tercer Reich quien popularizó el término “Arte degenerado” o “Entartete Kunst” para denominar a estas obras, que ya en su época eran promovidas por judíos.
En aquella época reían a carcajadas y se retorcían en como el anterior gobierno alemán había podido comprar por millones este tipo de garabatos. A la llegada del gobierno de Adolf Hitler esta arte quedo relegado y se expusieron comparándolos con el “Arte ario”, es decir, el arte clásico europeo.
Adolf Hitler y algunos allegados aprovecharon para vender todas esas obras a personas estúpidas de otros países que consideraban que eso era “arte”, con el dinero, comenzaron a comprar un montón de obras de arte clásico en subastas mundiales.
Valencia se llena de arte judío y todavía nadie lo ha destrozado