No me representas, tarada sobrealimentada. Yo quiero seguir dando dos besos. Que me abran la puerta para entrar en los sitios. Que los hombres sigan siendo caballeros, porque es una muestra de educación y cultura. Dejad de insultar a nuestra inteligencia llamando agresiones a los besos, mientras abrís las puertas a cientos de miles de extranjeros que nos consideran poco menos que cabras.
Deja de hablar en nuestro nombre, Pam. Vete a casa de una vez. Y no vuelvas.