Hablemos seriamente de feminismo ♀️

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Hay que suscribirse para leer completa esta bazofia. Pero vamos, que con la entradilla y el primer párrafo queda clara una vez más la tara de estas tipas.
 

Montero declara la guerra al algoritmo: «Oscurece dinámicas machistas con lenguaje matemático»​

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El Ministerio de Igualdad ha lanzado un nuevo informe para criticar los algoritmos y la inteligencia artificial por conductas machistas. El departamento de Irene Montero sostiene que las últimas tecnologías «oscurecen dinámicas discriminatorias mediante el uso de un lenguaje matemático». «La regulación para que los algoritmos sean feministas son recomendaciones cosméticas. La discriminación de género se trata como una mera cuestión estadística. Las recomendaciones actuales no cuestionan la lógica ni las reglas del juego», denuncia.

Así consta en el documento titulado Informe Preliminar con Perspectiva Interseccional sobre Sesgos de Género en la Inteligencia Artificial. El objetivo de este encargo, que se suma a otras actuaciones del Gobierno por este mismo tema, es «promover el conocimiento y difusión sobre la presencia de las mujeres en la sociedad de la información».

«La inteligencia artificial (IA) es una tecnología de automatización y organización de procesos en auge, de gran impacto social. Sin embargo, investigaciones empíricas e informes académicos de los últimos cinco años han documentado numerosos casos de discriminación interseccional de género en la IA», asegura el informe oficial que firma Lorena Jaume-Palasi en un documento de 42 páginas. «No se puede separar la tecnología del contexto social que la produce y reducir su evaluación y prevención de la discriminación de género a una mera cuestión estadística o matemática», insisten, señalando directamente a varios gigantes tecnológicos.

Entre las conclusiones del informe se citan ejemplos de «impacto discriminatorio de género» entre los que está «la temperatura de un edificio inteligente o los procesos de selección de personal». Sostiene que estas entrevistas se automatizan con programas de IA que «tienen al hombre blanco de mediana edad como estándar». «El resto se convierte en una desviación estadística dentro del sistema, produciendo un impacto discriminatorio de género, especialmente en intersección con categorizaciones raciales, de edad, etc.», teoriza.

La tecnología, dicen, tiene «una mirada patriarcal» que comete «racismo» y otros «ismos» como «islamofobia, transfobia, gordofobia, edadismo», entre otras. También se afea que se apoyan en la «binariedad de género», es decir, la idea que critica Igualdad de que sólo hay hombres y mujeres en la sociedad.

Naturaleza​

Por otra parte, apunta que el impacto medioambiental «también debe formar parte de los criterios de evaluación del impacto de discriminación de género en sistemas algorítmicos». Por ejemplo, asegura que «el continente europeo depende del importe de materias primas críticas, ubicadas en su mayoría en otros continentes, para la manufacturación de estas tecnologías, siendo un vivo ejemplo de tecnologías que trascienden fronteras». Califica de «clave» que los reglamentos nacionales e internacionales, desarrollen «mecanismos que protejan del impacto discriminatorio de género producido por consecuencias medioambientales de la Inteligencia Artificial».

Dependencia​

También traslada una visión muy crítica con las tecnologías. «Toda creación de infraestructuras para sistemas de automatización complejas es a su vez la creación de una dependencia a plazo medio y largo», expone el informe.

«Una agenda con una visión de justicia de género debe ir más allá de la mirada reactiva y ofrecer una visión social que centre intereses e ideas feministas. Si bien ya se dispone de regulación al respecto, dichas medidas resultan parcialmente cosméticas o quedan reducidas a meras recomendaciones y autoevaluaciones en manos de las mismas compañías que desarrollan sistemas algorítmicos», añade.

En la última década, recuerdan, se ha producido un giro regulatorio: antes se legislaba de manera sectorial (pensiones, sector bancario, energía, transporte) y ahora se persigue una regulación más transversal (horizontal), como es el caso del Reglamento General de Protección de Datos, la Ley de Servicios Digitales y la Ley de Mercados Digitales -o el proyecto de ley Artificial Intelligence Act-. Afea Podemos que de esta forma «desaparece el contexto y es el contexto el que ayuda a desarrollar principios éticos, métodos de evaluación y medidas concretas».


Una cosa es llevar una agenda en contra de tu propia población para enriquecerte y eso se llama traición. El problema es que algunos de estos tipejos realmente están convencidos de lo que cuentan y eso se llama demencia.
 

Refutando, una vez más, las mentiras del feminismo y de sus voceros, bufones y trovadores​

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Recuerdo que en aquellos primeros años de lo que algunos llaman de forma ampulosa, pomposa, «la transición», conocí a través de los anarquistas españoles una canción que decía algo así como … todos nacemos iguales, la naturaleza no hace distinción… guerras no queremos, ni la explotación… Y también había una máxima anarquista que decía: a cada cual, según sus necesidades, de cada cual según sus posibilidades.

Pero, ¿de verdad nacemos todos -y todas- «iguales»?

Somos muchos los que pensamos que ésta es una de las muchas falsedades enésimas veces repetida por eso que comúnmente se denomina «izquierda política y sindical» (y también por parte de la derecha progre, boba y acomplejada, todo hay que decirlo).

Este asunto es parecido a aquello que la generación de nuestros padres y educadores repetían hasta la saciedad de yo educo a mis hijos por igual, les doy a todos lo mismo, procuro no darle a ninguno trato de favor, no tengo preferencia por ninguno, los quiero a todos por igual… Lo cual era absolutamente falso (pero había que decirlo para quedar bien) pues no todos los hijos eran –son- iguales, ni todos necesitan, demandan, lo mismo, pues no todas las personas tienen las mismas necesidades. Quienes obraron así, en la generación de nuestros padres y abuelos, y quienes tienen por norma esa falacia, lo único que consiguen es maleducar, malcriar a sus vástagos, y conseguir producir en ellos enormes carencias de todo tipo.

El feminismo triunfante, subvencionado y políticamente correcto, nos vende una mentira semejante, una tremenda falsedad: las agrupaciones de mujeres y las secciones femeninas de los partidos políticos -casi todos, salvo excepciones- sindicatos, y demás oenegés dicen que representan la causa –legítima- de las mujeres, que defienden sus intereses, que luchan por liberación de la mujer… Decir esto, es lo mismo que decir que la totalidad de las mujeres es algo homogéneo. Es afirmar que todas las mujeres son iguales (por eso hablan de la mujer, en singular, y no de las mujeres) que todas las mujeres tienen los mismos intereses, las mismas aspiraciones, las mismas necesidades, son merecedoras de los mismos derechos.

Pero, ¿realmente es cierto todo ello?

Basta con mirar un poquito a nuestro alrededor, para darse cuenta que esto es una completa estupidez. No todas las mujeres son iguales -afortunadamente- ni tampoco son las mismas sus circunstancias personales –desafortunadamente en muchos casos- No todas las mujeres sienten igual, ni son de la misma opinión, ni tienen los mismos intereses, ni las mismas aspiraciones.

Como tampoco los hombres son un todo homogéneo. La diversidad, la heterogeneidad, son lo común entre los seres humanos (para bien y para mal).

Es obvio que la cotidianidad de una mujer, de eso que denominamos primer mundo, bien poco tiene que ver con la forma de vida de las que viven en esos otros segundo y tercer mundos. Como tampoco tiene nada de parecido la actual forma de vida de las mujeres occidentales con las de nuestras abuelas y tatarabuelas. Como tampoco es igual la vida de quienes viven en zonas urbanas y zonas rurales. Lo que resulta alucinante es que haya que recordar estas cuestiones tan obvias en pleno siglo XXI.

El actual discurso feminista es un cúmulo de falsedades, de insensateces, e incluso habría que hablar simple y llanamente de charlatanería, como en el caso de la astrología u otras pseudociencias.

Los grupos feministas suelen afirmar –como un dogma de fe- que las mujeres están sojuzgadas, oprimidas, marginadas, etc., que hay una verdadera conspiración de lo que llaman clase hegemónica del patriarcado masculino, heterosexual e imperialista contra ellas. E incluso, también afirman que las mujeres no tienen apenas acceso a las instituciones, que no se les permite tener capacidad de decisión, que no se las respeta, etc.

Pero, ¿Todo ello es realmente cierto? La consigna feminista de que la mujer española, europea, occidental es una víctima impotente es una idea absolutamente absurda que, se ha ido imponiendo con machaconería, acabando por instalarse como un axioma que nadie se atreve a cuestionar.

La tozuda realidad es muy diferente:

– Las mujeres españolas viven, como media siete años más que los hombres.

– Las mujeres controlan de «facto» más del 80% de las rentas familiares y son ya más del 55% en la universidad.

– Las mujeres representan alrededor del 55% de los votos en cualquiera de todas las elecciones que se convocan en España, motivo por el cual difícilmente pueden las feministas afirmar que están siendo dejadas de lado en el proceso de toma de decisiones políticas.

– Las mujeres tienen a priori ganado, de manera sistemática cualquier contencioso referido a custodias de menores tras el divorcio, como tienen garantizada la posibilidad de repudiar y desahuciar a sus esposos, apartarlos de sus hijos, expulsarlos de sus vidas, e impedir que participen en su educación y crianza.

– Las muertes ocurridas por accidentes laborales afectan escasamente a las mujeres (un 6% únicamente, el otro 94% es cosa de hombres).

– Sólo en el 35% de los crímenes violentos las víctimas son mujeres; pese a ello, el Congreso de los Diputados de España ha aprobado una legislación especial para castigar «la violencia contra las mujeres» como si ésta fuera un crimen más horrendo que el de «la violencia contra los hombres». Este es un ejemplo de lo que la igualdad significa para el fundamentalismo feminista, esto en castellano se denomina trato de favor.

– Dos de cada tres euros que el Sistema Nacional de Salud gasta, van destinados a las mujeres; e incluso, sin tener en cuenta los cuidados relacionados con la maternidad, las mujeres reciben más atenciones que los hombres. A pesar de ello las feministas siguen gritando que la salud de las mujeres está descuidada

– De los 25 empleos peor considerados, teniendo en cuenta factores como salario, stress, seguridad y esfuerzo físico, 24 de ellos son predominantemente, si no son casi en su totalidad, masculinos. Evidentemente esto explica por qué los varones suelen ser más propensos a accidentarse y a suicidarse (80%).

Si tal como repiten hasta el hartazgo las feministas, los hombres han planeado todo, de manera egoísta, para que el mundo en que vivimos sólo sea maravilloso para ellos, obviando totalmente las necesidades y los intereses de las mujeres… ¿tendría algo de verdad todo aquello de lo que hablábamos al principio?

Por supuesto que no. Si se observa con las gafas apropiadas la realidad tal cual es, y no la caricatura, la imagen distorsionada que nos presentan las fanáticas feministas, y todos aquellos a quienes han acabado manipulando, lograremos ver una situación completamente diferente.

Las mujeres españolas, occidentales constituyen el grupo social con mayores privilegios de la historia de la humanidad, ostentando (o ¿tal vez detentando?) una capacidad de influencia, un grado de poder, de bienestar, y salud nunca antes conocidos.

Platón en su libro La República, afirma que, para crear una utopía eficaz, es necesario que ésta esté dotada de censura y de engaño, requisitos imprescindibles para obtener la virtud pública. Esto es lo que en lengua española se llaman mentiras piadosas, la «Mentira Noble» de Platón.

El lobby feminista políticamente correcto, y altamente y de manera generosa subvencionado, ha adoptado como estrategia, la «Mentira Noble» para conseguir sus objetivos. El feminismo utiliza la censura, mientras mantiene un aura de rectitud moral, ética, en la que subyace un profundo cinismo, cinismo que reina en el mundo académico y el gobierno, sin apenas disidencia-contestación.

Todo lo que el academicismo feminista enseña es realmente peculiar: Enseña una nueva versión de la Historia, diferente y repensada con respecto a la que se venía enseñando hasta ahora. El feminismo tiene una visión de la Ciencia que sólo asume de forma selectiva lo que le interesa de lo que se enseña en los departamentos de ciencia y, paradójicamente, con un enfoque no liberal, puritano, retrógrado de la moralidad, en la que una acción es correcta dependiendo de quién la realice.

La visión del mundo creada por el feminismo contemporáneo tiene mucho en común con la de un ilusionista, que crea un escenario impresionante, que sólo es perceptible desde un determinado ángulo, y siempre y cuando todos los intentos de un estudio crítico sean abortados. Para más INRI, los hombres han ido interiorizando que es un gran pecado, una barbaridad, atacar a las mujeres, incluso si esas mismas mujeres adoptan un discurso disparatado y delirante en su afán de atacar de forma virulenta a los hombres. Ni que decir tiene que el mayor fraude de esta ideología –perspectiva de género la llaman-, es asumir que la agenda propuesta por las feministas, se realiza en verdad para beneficio de las mujeres. Si el feminismo fuera sinceramente liberador, promovería relaciones armoniosas entre ambos sexos y fortalecería la familia; sin embargo, la agenda feminista, al hacer lo contrario, perjudica a la mayoría de las mujeres, y por descontado a los hombres. Como resultado de una eficaz propaganda (todo hay que decirlo) divulgando falsedades y medias verdades, la gente de buena voluntad, la gente educada ha ido aceptando todo el discurso demencial del feminismo sin hacer apenas cuestionamientos.

Las feministas no se privan de hablar con frecuencia, de que los últimos miles de años son el período del ascenso del patriarcado, un enunciado con el que tratan de imponer la idea de que en otros tiempos mejores las cosas fueron diferentes. Incluso hay quienes sostienen que durante el Neolítico, Europa disfrutó de una sociedad pacífica e igualitaria, con igualdad de sexos pero centrada en la mujer, antes de la invasión de las brutales hordas patriarcalistas indo-europeas, hace más de cuatro mil años… (Marija Guimbutas)

Obsérvese que, en esta nueva versión del Génesis Bíblico, la raza humana ha sido expulsada del paraíso debido –solamente- a los pecados del hombre, no los de la mujer. Téngase en cuenta que, en la fábula feminista, únicamente los varones son los responsables de lo negativo, mientras que las mujeres representan todo lo positivo. Este planteamiento está presente una y otra vez en toda la doctrina feminista, dando a entender sin tapujos, que la mujer es superior moralmente al hombre.

Estas son algunas de las mentiras que se enseñan a los estudiantes hoy día, en nombre del feminismo.

La terca y cruda realidad es que la totalidad de la historia de la humanidad, es un continuo sin interrupción del denominado patriarcado, tal vez llegando incluso hasta nuestros primeros ancestros primates. En las sociedades humanas, sin excepción (aunque no guste a las feministas) el liderazgo está asociado al varón, y el cuidado y crianza de los niños a la mujer.

Quienes afirman que la socialización guarda relación con los roles sexuales, son incapaces de explicar por qué la socialización avanza siempre en una dirección uniforme, cuando – de acuerdo con sus premisas – debería ser de forma aleatoria, dando como resultado unas veces matriarcados y otras, patriarcados. ¿Por qué todas las sociedades, sin excepción, educan a los hombres para el liderazgo y a las mujeres para las tareas domésticas? ¿Por qué no al revés? La aplicación de la perspectiva de género de forma estricta, acaba inevitablemente en una regresión infinita, y termina postulando una causa sin causa: se dice que el dominio masculino que observamos en todas las sociedades es causado por la socialización, a pesar de que la socialización (que siempre origina el liderazgo masculino) en sí misma no tiene causa, y de alguna forma siempre fue así.

Como afirma Steven Goldberg, las teorías feministas cometen el error de tratar al ambiente social como una variable independiente, no logrando explicar por qué el ambiente social siempre se acomoda a los límites fijados por, y siguiendo, una dirección acorde con lo fisiológico (es decir, el ambiente nunca actúa como contrapeso suficiente para permitir que una sociedad evite el dominio masculino de las jerarquías) Dicho de otro modo, no es verdad, como las feministas dicen, que las sociedades inventan roles sexuales arbitrarios. Muy al contrario, todas las sociedades humanas poseen pautas de conducta que la biología parece hacer inevitables y, en consecuencia, tratan de socializar-educar a los hombres y mujeres tomando como referencia roles que se espera que ellos serán capaces de cumplir.

Se ha demostrado sobradamente que las hormonas masculinas y femeninas, invariablemente, crean características profundas que alteran el estado de ánimo. Sin embargo, las feministas atribuyen la conducta de los hombres a la socialización. La razón por la que las teorías feministas intentan forzarnos a ignorar el rol fundamental de las hormonas masculinas y femeninas (como determinantes de la conducta) es que inevitablemente tendrían que reconocer que los roles sexuales no solamente no son arbitrarios, sino que de hecho son permanentes (salvo una intervención quirúrgica radical).

Las feministas contemporáneas, así como los neomarxistas, se sienten obligados a postular una explicación puramente ambientalista, cultural, para todas las diferencias de tipo sexual, ya que, si las diferencias biológicas fueran admitidas como factores relevantes, la presunción de que las mujeres son víctimas de la discriminación no puede ser apoyada de ningún modo. Entonces, las feministas estarían obligadas a separar los efectos de lo que ellas denominan discriminación de aquéllos producidos por la biología, una tarea a todas luces imposible. Por consiguiente, según la perspectiva de género es imprescindible afirmar a manera de dogma de fe, que las diferencias biológicas varón/mujer no tienen consecuencias posibles que sean observables.

Como dice el biólogo Garrett Hardin, suponer que la conducta humana no está influida por la herencia, es lo mismo que decir, que los seres humanos no son parte de la naturaleza. La premisa darwiniana es que sí lo somos; los darwinianos insisten que el peso, la carga de la prueba debe recaer en aquellos que afirman lo contrario.

El filósofo Michael Levin describe la teoría feminista como una forma de Creacionismo, una negativa a aplicar la teoría de la evolución a los humanos.

Cambiando de tópico y dogma: Si fuera realmente cierto que las mujeres estuvieron recibiendo 59 céntimos de euro (o cualquier otro número que usted elija) por cada euro que el hombre gana, por realizar el mismo trabajo y con el mismo nivel de habilidades, entonces posiblemente ningún negocio sería rentable ni productivo si emplearan a algún hombre.

En este asunto ninguna explicación será admitida por las feministas contemporáneas a menos que presente a los hombres como explotadores y a las mujeres como víctimas. Para justificar el uso de la teoría de la conspiración, las feministas deben sostener que, o bien no existen diferencias genuinas, innatas, en las capacidades, actitudes y habilidades, entre hombres y mujeres, o bien que tales diferencias pueden existir, pero no tienen un efecto observable, en absoluto. Tan pronto como se admiten dichas diferencias como un importante factor que está influyendo en la elección de carreras y de actividades laborales, el argumento de la supuesta discriminación, de la brecha salarial –omnipresente- se desvanece.

Si nos trasladamos a la práctica deportiva, en las diversas modalidades donde existen registros de las marcas masculinas y femeninas, los hombres superan, de forma significativa, a las mujeres. Esas diferencias no son un truco; lo corriente es que los atletas varones que ya comienzan a destacar cuando son estudiantes de secundaria igualen los récords de las mujeres adultas que poseen marcas mundiales en su especialidad deportiva. A las feministas no les queda otro remedio que admitir, aunque sea a regañadientes que al menos en el ámbito deportivo la diferencia entre hombres y mujeres es debida a factores innatos, y no consecuencia del entorno, del condicionamiento social. Ningún adoctrinamiento de género intensivo acabará transformando a una mujer en un jugador respetable de la Liga Nacional de Fútbol.

Como es lógico, todo esto sitúa al lobby feminista de género en la curiosa posición de tener que admitir que, los factores innatos sí cuentan para explicar las profundas diferencias en el rendimiento de hombres y mujeres en la práctica deportiva y el ejercicio físico en general, a la vez que afirman que no están presentes en ningún ámbito más.

Indudablemente cuando las feministas acaban admitiendo la tozuda realidad de que existen cualidades-potencialidades diferenciadas debido al sexo, se ven obligadas a confesar que el mayor rendimiento de los hombres en los trabajos agotadores es debido a factores innatos, y no a la discriminación o a la socialización. No cabe duda alguna de que es una cuestión ideológica y no de lógica, la que mueve la hipótesis de la absoluta intercambiabilidad varón/mujer (cuando se vean necesitadas de ello, las feministas acabarán negando la intercambiabilidad, pese a que como norma defiendan vigorosamente todo lo que se deduzca de ella).

El feminismo contemporáneo, el lobby feminista de género, haciendo hincapié en los derechos grupales, colectivos, y las ofensas al grupo, nada tiene de liberal, es profundamente reaccionario, y por supuesto representa una ruptura radical con la larga tradición humanista que enfatiza los derechos individuales, la igualdad de oportunidades, la promoción social teniendo en cuenta la capacidad, la destreza, el mérito, etc.

Más todavía: el movimiento feminista ataca constantemente a la libertad de expresión, siempre que sea usada de manera que las asociaciones de mujeres la consideren contraria a sus intereses. Esta perversa ideología -totalitaria y liberticida- pretende reemplazar la idea liberal de igualdad ante la ley por el siniestro algunos somos más iguales que otros, premiando a las mujeres con derechos y protecciones especiales que les son negados a los hombres.

Sin embargo, cuando se dirigen a un público escasamente informado e ingenuo las feministas no dudarán en proclamar que ellas sólo quieren igualdad. Pero si fueran sinceras y honestas, deberían especificar a qué privilegios están dispuestas a renunciar. En el retablo de las maravillas del feminismo contemporáneo la segregación o apartheid por razón de sexo es, o muy necesaria, o muy mala, dependiendo de cuál sea el sexo que está siendo excluido. A fin de cuentas, todos los argumentos feministas son ad hoc: utilizan cualquier argumento que se encuentren para intentar probar lo que desean probar en ese momento (victimización, discriminación, opresión, persecución, lo que sea) No importa que el argumento que el feminismo usa hoy, sea o no coherente con el que usó ayer, o el que use mañana. Los hombres, simultáneamente, son y no son más agresivos, son y no son mejores en matemáticas, son y no son más persuasivos, etc., dependiendo de qué es lo requerido por las exigencias del momento.

Al feminismo no le preocupa lo más mínimo que alguna mujer objete que el argumento de hoy es contrapuesto al de ayer: cualquiera que lo haga será etiquetada como enemiga de las mujeres, cómplice del patriarcado, y lindezas por el estilo, y será expulsada-excomulgada del movimiento…

Este texto es una adaptación, resumida, del ensayo que lleva por título «Refutando las mentiras feministas más comunes y el pseudo-academicismo» de Robert Scheaffer.

 

Lo del patriarcado es una falacia, las mujeres son las grandes víctimas del Sistema​

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Con algunas pinceladas satíricas, sin que esto sea un texto de humor, pretendo analizar algunas características del universo femenino, que están siendo muy bien utilizadas por el Sistema, con el fin de imposibilitar su completa independencia. Sin que sirva de precedente, me tomo la libertad de escribir Sistema con mayúscula en las doce ocasiones que utilizo la palabra.

Se dice que al lado de un hombre oprimido, hay una mujer aún más oprimida, que sufre, a mayores, las consecuencias de ser mujer –pensemos en las féminas del Tercer Mundo—. Así, aparte de llevar una vida miserable, suelen ser víctimas de violencia doméstica, por parte del marido, hermanos e incluso de otros hombres del clan.

Hoy, las mujeres del Primer Mundo tenemos derechos y leyes que nos protegen. Como ya expresamos hasta la saciedad en diferentes trabajos, estamos en contra de la Ley de violencia de género, por injusta – legal y justo no son sinónimos— y discriminadora contra el hombre. Es cierto que algunas mujeres siguen sufriendo malos tratos y acoso sexual y laboral. Pero las mujeres, en general, estamos siendo acosadas y manipuladas por el Sistema. Si en tiempos pasados vivíamos en un patriarcado vigilante y activo, que no le permitía a la mujer ni el más mínimo protagonismo, como no fuera en los roles de cortesana y donadora de placer o reproductora y ama de casa –en casa y con la pata quebrada—, hoy ese patriarcado lo ejerce el Sistema a través de una tiranía a la que solo las valientes osan enfrentarse. ¿Qué mujer se atreve hoy a no dar a luz en un paritorio y optar por un parto mucho más natural, en casa? Cuando digo en casa no me refiero a tener el niño en solitario y en plan salvaje, sino a un alumbramiento acompañado de profesionales de la salud y todos los medios necesarios. Hay otros muchos ejemplos de los que hablaremos.

“En casa y con la pata quebrada” no quería decir descansando o tumbada a la bartola. Las mujeres han trabajado siempre de sol a sol, han vivido peor, siempre se han reservado los peores bocados, han dado de mamar, han servido de amas de cría, han atendido a los mayores de la casa, y casi nunca estaban enfermas, o si lo estaban, lo llevaban en silencio, porque eran imprescindibles. No se lo podían permitir. “La pata quebrada” era solo para el contacto con el mundo, y las privaciones. Nada de lectura, nada de estudio. “Las mujeres que saben latín son peligrosas”, decía un sabio que resultó ser profeta. Y nada de exhibiciones que pudieran poner en peligro su honor y el de la familia. No importaba si su alma sufría; lo importante era conservar la honra intacta para entregársela a un hombre para siempre. Esa era su garantía de mujer. Afortunadamente, hoy es diferente, pero eso no quiere decir que la mujer haya conseguido la estabilidad anhelada. Ahora el péndulo está en el otro extremo, y todo el mundo anda un poco perdido.

La mujer dejó la esclavitud del hogar para convertirse en esclava del Sistema; asalariada, eso sí, pero condenada a trabajos forzados, sin tiempo apenas para dedicar a los hijos y a sí misma. Y además del trabajo, las mujeres tenemos hoy otro tipo de servidumbres que nos hacen mucho menos libres de lo que creemos.

Si en el pasado éramos sometidas por la fuerza, el marido, la tradición, las costumbres, las leyes y la religión, hoy es el Sistema quien nos somete de manera subrepticia. Los think tanks de las multinacionales farmacéuticas, la ciencia y los médicos al servicio de ellas, la industria de la cosmética y los diseñadores de la nueva sociedad trabajan activamente para crearnos necesidades que ellos están dispuestos a satisfacer. Ocurre con la sociedad en general, pero las mujeres somos mucho más vulnerables ¡y rentables!, porque a nuestro universo propio hay que añadir el mundo infantil, un sector cada vez más consumista.

Somos un filón para la industria farmacéutica. De manera velada, ha ido convirtiendo todos nuestros procesos naturales en estados de cuasi enfermedad, en los que debemos ser aconsejadas y tuteladas. Así, aspectos y situaciones como la ovulación, la menstruación, la anticoncepción, el sexo, la concepción, el embarazo, el parto, el postparto, la lactancia, la crianza y la menopausia, son utilizados por los santones del estáblisment para imponer sus criterios en favor del Sistema.

Lo cierto es que, si nos atenemos a lo que dicta la publicidad y los estudios pagados por empresas farmacéuticas, publicados en revistas femeninas de tendencia más bien frívola, la mujer, desde la primera regla hasta el fin de la menopausia, o de su vida, es todo un problema que hay que ir parcheando. Además, como la mujer es un ser tan “imperfecto” y pierde fluidos por todas partes, sus tutores han inventado compresas para la noche y para el día, tampones para nadar, salva eslip para no manchar las bragas , que además no puede notarse que las llevas porque queda feo. Por no hablar de las depilaciones; hay pelo por todas partes, para lo cual hay que tener maquinillas especiales para alcanzar todos los rincones. Y encima, los olores. La industria dice que olemos mal, y para ello han ideado desodorantes fieles que no nos abandonan y jabones íntimos para “esos días críticos”, dicen. La menopausia no necesita compresas, pero el mercado ha sido muy hábil y ha convertido un proceso natural en tragedia griega. Para esta etapa han inventado –y esto es más grave— los estrógenos, las densitometrías y las raciones de calcio extra, aparte de las cremas vaginales y las antiedad para ganarle la batalla al tiempo y los asesoramientos de sexología para mantener la actividad.

Paralelamente a esto, han masificado las operaciones de cirugía estética. Ahora hay que operarse para estar en el mercado sin crear rechazo, porque vivimos en una sociedad sin alma, que solo se preocupa por el cuerpo efímero; lo viejo no es estético. Es una idea puesta en marcha por el Sistema, y que las mujeres hemos interiorizado mansamente. Siempre me han llamado la atención las operaciones de aumento de senos, o como diría aquella ministra de infausto recuerdo, “ponerse tetas”. En los últimos años se han puesto de moda los implantes de nalgas y las operaciones de vulva. Según algunos estudios de psicología y sociología, esta necesidad es consecuencia del visionado de pornografía –cada vez a edades más tempranas— y la comparación con las pornostars, aparte de la banalización del sexo.

Lo tenemos todo para dejar de ser mujeres objeto, algo a lo que parecíamos estar irremisiblemente condenadas. Tenemos carreras universitarias, trabajo, independencia económica, pero el Sistema nos quiere atadas al pesebre y aquí estamos ahora presumiendo de atributos femeninos. Como dice el refrán: “Para este viaje no se necesitaban tantas alforjas”.

Pero esto no es todo. Como hemos expresado en otros escritos, en todos los países del mundo, con el fin de poner en marcha el control de la población y enriquecer aún más a la industria farmacéutica, se han instalado los centros de planificación familiar, esos lugares a donde van las mujeres a que las tutelen, es decir, a que les receten anticonceptivos y les organicen la vida sexual. Y claro, la industria, encantada repartiendo dividendos a final de año. No importa si a las mujeres les sale vello, si engordan, si les desaparece la regla o si, posteriormente, aparecen cánceres relacionados con los órganos femeninos.

A los diseñadores del Sistema no les importa que estos chutes hormonales alteren nuestro equilibrio endocrino robándonos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual, debido a la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de los hemisferios cerebrales. Esto no les preocupa y, lo que es peor, lo ocultan. Las mujeres llevamos mucho tiempo desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y natural. ¡Y el Sistema encantado!

Por eso, cuando surgen movimientos como los que proponen el parto en casa, enseguida los guardianes de “lo correcto” dan la voz de alarma y envían a sus servidores a los programas de televisión –vistos, sobre todo por mujeres—, para desprestigiar estas iniciativas naturales. Oigan, ¡que estamos hablando de traer un niño al mundo!, un niño que se ha formado solo, porque la naturaleza es maravillosa; un niño que debe nacer en un ambiente relajado y tranquilo, lejos del bullicio de los paritorios oficiales. Entiendo que esto no puede hacerse de la noche a la mañana, sin una formación y concienciación previas para garantizar la asepsia y seguridad que tal situación requiere. Es toda una conspiración contra la mujer y sus ciclos vitales. En un próximo artículo hablaremos sobre la conspiración contra el bebé para romper el nexo con la madre.

 




Una chavala con mucha necesidad de atención publica un vídeo de su trayecto hasta casa. Nadie le hace ni puñetero caso, a pesar de que increpa hasta en dos ocasiones a diferentes hombres. Pero como su percepción subjetiva es más importante que la realidad, ella cuelga un vídeo explicando lo terrible que es su existencia, el acoso a que es sometida y la falta que hace el feminismo. Definitivamente, lo de esta gente raya la esquizofrenia.

Están jodidísimas de la cabeza.
 


¿JUSTICIA PATRIARCAL? Funcionaria de Justicia hace el ridículo en un debate | Emmanuel Danann 🐍

Una funcionaria del Ministerio de Justicia queda en ridículo al intentar responzabilizar al "patriarcado" por las decisiones judiciales que tomaron algunas Juezas en beneficio de ciertas mujeres y en grave perjuicio de hombres y niños varones. Final épico.
 
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Otra cosa curiosa es que el movimiento este contra la supuesta gordofobia es sólo para mujeres. Hablan de que padecen "terrorismo corporal" porque no caben en el asiento del metro. Pero luego ellas sólo quieren tíos atractivos.