8 de Marzo: Día de la Mujer Subvencionada
Toda dictadura que se precie, y la
Dictadura de Género española no iba a ser menos, tiene su día grande. Aquí, por estas tierras tan alejadas de la mano de Dios, miles de
“bien pagás” mostrarán sumo agradecimiento a papá Estado el próximo 8 de Marzo,
Día de la Mujer Subvencionada.
Se trata de
femifuncionarias: bien las instaladas en una red faraónica de chiringuitos de género bien esas
denunciantas que en su día denunciaron de manera instrumental al padre de sus hijos para obtener ventajas procesales en su divorcio, como también están los
femifuncionarios, hombrecillos encogidos que viven al calor de ese matriarcado vengativo y rencoroso, fuera de sus cabales, sostenido por el Estado nacionalfeminista español.
Al ser el feminismo en España un populismo en toda regla, dado que
feminismo es populismo, la celebración de un día grande se convierte así en un obligado acto de exhibición festiva de loas al
Gran Macho Estado, ese súper macho que mantiene un harén de concubinas con el dinero que antes ha robado a sus ex maridos. Un invento, por cierto, muy bien inventado: yo le robo a ese pobre hombre inocente, te doy el dinero y tú me votas, ¿lo entiendes, bonita? Te lo explico otra vez, monada, por si aún no lo comprendes:
Tú lo botas y después me votas, ¿ahora sí, bellezón? ¿Ves cómo no era tan complicado de entender, Maripuri?
En pleno siglo XXI, el brujerío tomas las calles en España al grito cavernario de
“¡sí es sí!”, una soflama cargada de suprema intelectualidad, un hito sin parangón en el uso bobo, sumamente ideologizado, de la lengua española. En fecha tan ridícula, las pintorescas feminazis –una especie
made in spain– salen de sus cavernas ataviadas con los hábitos de la
Orden Morada, ropa de mercadillo que espolea ese fanatismo de odio irracional que las mueve, odio a un varón imaginario. Y al cabo de unas horas de lúbricos juegos preliminares, de cánticos de castración y mutilación de fetos
, fugaces momentos de lastimero ardor guerrero al más puro estilo de teatrillo de feria ambulante, cualquier observador repara en que esa muchedumbre animalesca desentona por completo en un escenario urbano que se supone de progreso social, no de involución. Justo entonces, tales criaturas, hembroides en permanente celo antidemocrático, por fin alcanzan, con mucho trabajito, que todo hay que decirlo, el clímax de la indecencia, el mal gusto y lo soez.
Estos 8 de Marzo, pues, vienen causando tristeza y risa a un tiempo, aunque uno comprende su absoluta necesidad: la necesidad de las altas cargas de género para mantener su poltrona y su pompi en crecimiento exponencial, la de la tropa base compuesta por gorditas pueblerinas que maman a diario de la
Gran Teta de Género sin dar un palo al agua, la de tanto varoncete acojonado que no se atreve ni a piar y vive acojonado, aquí y allá picoteando las sobras del
Gran Banquete de Género.
España, hábilmente transformada por una panda de vividores y vividoras de lo ajeno en
Femiespañistán, a día de hoy es el paraíso de una casta de
políticos femipopulistas que trafican con votos y utilizan a las mujeres al único fin de ordeñarles su voto, manteniéndolas en una permanente guerra contra el patriarcado, un cuento chino, de manera que así se les pasa la vida a estas
inocentas.
El tóxico
nacionalfeminismo español, pues, no es sino
populismo en estado puro, porque habla en nombre de la mujer, pero sin la mujer, porque las mantiene desasistidas de toda política de promoción profesional, ayuda a la familia y políticas sociales conducentes a una verdadera independencia, sino en exclusiva atadas a las cadenas de un feminismo sectario, antisocial y antimujer.
A día de hoy, una gran parte de las mujeres de lo que queda de este país, son títeres de un Estado que las mueve con hilos invisibles. Son esas mismas que una vez más harán el ridículo más absoluto abarrotando las avenidas de cada ciudad al objeto de conseguir la foto de portada de un diario amigo, un trofeo anual de caza al varón, una imagen más para la historia de la infamia de una democracia en manos de una clase dirigente inadecuada al bien social y ajena al dictado de nuestra Constitución, esa que proclama leyes sin distinción de sexos, sino igualdad.
Toda dictadura que se precie, y la Dictadura de Género española no iba a ser menos, tiene su día grande. Aquí, por estas t...
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