El privilegio de ser mujer y el absurdo teatro del 8M. Por María Godoy
Tengo el honor y el privilegio de ser mujer, pero también el de haber luchado por conseguir la igualdad entre sexos mientras me granjeaba el respeto y la admiración de mi entorno y el de los hombres. Épocas de enorme sacrificio, pero también de gran orgullo.
Ser mujer y tener fuerza, valentía, decisión, capacidad de trabajar, independencia y tantas cualidades más, era implícito. Incluso perderle el miedo al dolor y al propio miedo nos caracterizaba a la mayoría de las valientes que vivimos el machismo, el de verdad.
Ser mujer también implicaba tolerancia y respeto hacia cualquier elección de vida. ¿O creen que los homosexuales, transexuales, bisexuales, etc., han surgido ahora? ¡Sería tronchante que así lo pensaran!
Ser mujer, madre y trabajadora implicaba no descansar, enseñar a vivir a tus hijos al tiempo que aprendías con ellos y te marchabas a trabajar dejándoles en una guardería que pagabas en lugar de llevarlos contigo al trabajo... Ejercer de psicóloga, enfermera, cocinera, maestra, profesora, médico, cuidadora, psiquiatra, niñera, limpiadora, cantante, actriz, chófer, y tantas y tantas profesiones más… Expertas en el arte de la adivinación y de la sorpresa, pero siempre sin esperar nada a cambio. Jamás se nos ocurrió aquello de: «nosotras parimos, nosotras decidimos». ¿Y si tu hij@ mañana te hace la vida imposible? ¿Qué harás? ¿Paquete certificado y de vuelta al padre? Permítanme que me ría un rato.
La lucha librada y los logros conseguidos, quedan ahora ninguneados a causa del erre que erre de las radicales que adoran meter ruido con comportamientos hostiles en una guerra que carece de sentido, porque hoy por hoy, ser mujer es una bendición gracias a las que ganamos ese privilegio a base de demostrar valía sin pisotear a nadie. ¡Qué fácil resulta apabullar y atemorizar al hombre cuando otras ya hemos ganado la batalla al miedo del pasado! Ahora, el respeto empieza a desaparecer a causa del alboroto de unas cuantas que se dejan convencer con argumentos baratos.
Los esfuerzos pasan a ser gritos, insultos y acusaciones. Un circo esperpéntico que ha sustituido el amor por el miedo, la valentía por la soberbia y el coraje por la arrogancia y la prepotencia.
¡Miedo! ¡Un término terrible! El mismo que empiezan a sentir multitud de jóvenes varones de acercarse a las chavalas.
El miedo hace cobarde a quien lo padece y verdugo a quien lo provoca. ¿Acaso intercambiamos papeles para convertirnos en «verdugas»? ¡Cambiemos el sexo del opresor y del oprimido! ¡Atroz! El mismo perro con distinto collar. De víctima a verdugo. Las mujeres luchadoras jamás quisimos que esa barrera se traspasara. ¿Ese es el actual feminismo? Solo pregunto.
¿Creen que vociferar con los pechos al descubierto consignas contra el hombre conlleva lograr la ecuanimidad? La dignidad que con tanto esfuerzo ganamos, se ve denostada con tales demostraciones de soberbia. Muchas sentimos vergüenza después de haber luchado sin tanto teatro, convirtiendo en un circo algo tan serio como es la igualdad, pero sin olvidar el respeto y los altos valores del ser humano.
La batalla de la igualdad empezó a ganarse hace años. Ahora, las feministas radicales nos ridiculizan hasta el punto de tacharnos de fascistas a quienes opinamos de manera diferente, cuando gran parte de ellas, ni siquiera habían nacido mientras se libraba esa lucha.
Que no cuenten conmigo para atemorizar al hombre, porque ser esposa es ser compañera, no juez. Ser madre es ser amorosa, no posesiva y ser trabajadora es estar cualificada, no tener exigencias solo por la condición de ser mujer. Espero que me valoren por lo que tengo en la cabeza y no entre las piernas.
Ni el hombre es asesino por nacer varón, ni las madres amorosas por parir. Respetémonos. Dejemos la lucha contra nosotros mismos. Ignoremos lo que unas pocas gritan desde sus poltronas mientras viven una vida muy diferente a la que predican. Por favor, razonemos.
Tengo el honor y el privilegio de ser mujer, pero también el de haber luchado por conseguir la igualdad entre sexos mientras me granjeaba el re...
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