Geoingeniería y chemtrails: La verdad al desnudo 🛩️

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Nos fumigan con nanopartículas metálicas y otras sustancias cancerígenas​

En los próximos meses/años nos van a volver locos con el clima. Nos subirán impuestos, tomarán medidas absurdas y nos culparán para justificar la gran mentira. Aunque ya publicamos extensamente sobre la falsedad del cambio climático, consideramos conveniente insistir, dada la gravedad de lo que se proponen las élites de la gobernanza mundial de «la nueva normalidad». Es posible que algunas de las ideas y datos que exponemos parezcan demasiado alarmistas o exagerados. Sin embargo, debemos conocerlas para formar un juicio más acertado sobre lo que acontece a nuestro alrededor, y poner los medios para prevenirnos, si fuera necesario. La primera consigna: que no te engañen. En esta serie de artículos revelamos el porqué y el cómo se fue urdiendo el maquiavélico plan.

Los cada vez menos misteriosos aviones de los chemtrails surcan los cielos de casi todo el mundo, sin que nadie se atreva a impedirles el paso. Las aeronaves involucradas en los chemtrails suelen ser aviones militares o comerciales que se han adecuado para este fin, es decir, se les han retirado los asientos y se han colocado depósitos para llevar el producto que se asperge durante el vuelo. ¿Pero de qué producto se trata? “¿Con qué diablos nos están fumigando?”, se pregunta Michael Murphy, director de un documental sobre el tema. Hace años que se conoce el uso de sustancias para conseguir precipitaciones de lluvia y todo lo contrario: para reducirlas o disipar frentes lluviosos. En el primer supuesto, se emplea el yoduro de plata, el dimetilsulfóxido, el ácido carbónico, el perclorato amónico y el bario. En el segundo, se utiliza el cloruro de calcio, el aluminio, el ácido sulfúrico, las diatomitas, el amoniaco, el dióxido de carbono, el butano, el isobutano, el propano, los freones, los polímeros superabsorbentes y la dispersión de óxidos de metales en la estratosfera, como el óxido de aluminio.

Si todo se quedara ahí, es decir, si se tratara de una lucha caprichosa de las naciones poderosas para conseguir climas locales a la medida de sus intereses, sería reprobable, pero estaría en la línea de lo comprensible. Los tiranos siempre manipulan a su antojo, y las naciones hegemónicas siempre lo han hecho con relación a los países atrasados. Pero no estamos hablando simplemente de atraer o disipar lluvias, sino de fumigaciones en toda regla para perpetrar cambios en el planeta, incluido el ser humano.

No estamos hablando de simples sospechas infundadas. Análisis de muestras de tierra, agua, plantas y sangre realizadas en diferentes partes del planeta indican que hay concentraciones anómalas de bario, aluminio y titanio, y que la presencia de estos elementos en la biosfera está aumentando de manera alarmante. Esto ha llevado a muchos investigadores a denunciar que la humanidad está siendo sometida a un proceso de fumigación. Suena fuerte, pero las evidencias así lo indican.

Por si la presencia de estos tóxicos sobradamente conocidos no fuera lo suficientemente grave, se une a esta conjura contra la vida la utilización de los novísimos polímeros autoensamblables, de nanotubos de carbono con capacidad portadora y química y de smart dust o polvo inteligente”. ¿Polímeros autoensamblables, nanotubos, polvo inteligente? Son términos que seguramente se nos escapan. Por ello, para entender algunos de los extremos que estamos exponiendo, es necesario dar unas pinceladas sobre la nanotecnología. El término fue empleado por vez primera por Norio Taniguchi en 1974, aunque ya en 1959 quien después sería Premio Nobel, Richard Feinman, haría alusión a sus posibilidades en una conferencia en el Instituto Tecnológico de California. Sin embargo, fue Eric Drexler quien realizó las aportaciones más importantes a la nanotecnología molecular. En su libro Engines of creation, publicado en 1986, expone los pormenores de esta ciencia maravillosa, capaz de fabricar nanomáquinas hechas de átomos, y capaces a su vez de construir ellas mismas otros componentes moleculares. Se define esta ciencia como “el estudio, diseño, creación, síntesis, manipulación y aplicación de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través del control de la materia a nanoescala, y la explotación de fenómenos y propiedades de la materia a nanoescala. Cuando se manipula la materia a escala tan minúscula, presenta fenómenos y propiedades totalmente nuevas. Por lo tanto, los científicos utilizan la nanotecnología para crear materiales, aparatos y sistemas novedosos y poco costosos, con propiedades únicas”.

Un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro. Hablamos de dimensiones imposibles hace apenas unos décadas, y que aún hoy nos cuesta trabajo imaginar. Una bacteria del género Micoplasma, la forma de vida celular más pequeña tiene un diámetro de 200 nm de largo. Se trata, en definitiva, de fabricar productos invisibles al ojo humano, por sus dimensiones. Dicho esto, al lector le será más fácil entender el alcance de algunos de los componentes de las estelas químicas. No estamos diciendo que la nanotecnología sea algo negativo per se, sino su empleo. Utilizada para el bien, esta novísima ciencia puede tener múltiples aplicaciones muy positivas, que suponen un avance para la humanidad, en la medicina, por ejemplo; pero ya el citado científico Drexler hablaba de sus riesgos si la ciencia no trabaja a la par con la ética.

Los peligros que auguraba Drexler los estamos sufriendo en carne propia. Todo apunta a que las fumigaciones secretas estarían relacionadas con la destrucción de la flora natural, con la manipulación del comportamiento de las masas a través de los programas de control mental y con la modificación del ADN humano y la propagación de enfermedades. Las sustancias que aspergen desde los aviones, aparte de llegar al suelo, son absorbidas por los seres humanos a través de las vías respiratorias. Se sospecha que estas partículas, cada vez más presentes en el aire, pudieran ser las causantes de algunas enfermedades, como el cáncer, las cada vez más comunes alergias y el terrible alzhéimer. Si el aluminio afecta negativamente a nuestro sistema nervioso –hablamos de un hecho probado—, relacionar el alzhéimer con las fumigaciones no parece descabellado. Como tampoco lo es que la actual pandemia esté aderezada con algunas nanopartículas procedentes de estas enigmáticas aeronaves que en un abrir y cerrar de ojos cuadriculan nuestros cielos. En junio de 2020, en la misma reunión de la Comisión Europea en la que se puso fin a la prohibición de experimentación con humanos –que regía desde los juicios de Núremberg— aprobando el experimento génico de las vacunas, se dio también vía libre a la dispersión de sustancias a través del aire. Casi al mismo tiempo, el Gobierno de España promulga la Orden SND/351/2020 por la que se autoriza a las Unidades NBQ de las Fuerzas Armadas a utilizar biocidas por medios aéreos, con técnicas de nebulización, termonebulización y micronebulización. Todo esto para perseguir a unos virus que nadie vio.

Sabemos que esto es casi como hablar de apariciones fantasmales. La sociedad no está preparada para estas verdades. El control al que estamos sometidos es tan grande, que somos incapaces de imaginar que personas cabales puedan idear semejantes planes de destrucción. ¿Cómo vamos a sospechar que nos estén fumigando? La sociedad, acostumbrada a confiar en el papá Estado no puede concebir que fumiguen con sustancias tóxicas, como tampoco imagina que una vacuna contra el tétanos pueda llevar un componente químico esterilizante; máxime si está de por medio la ONU, posiblemente la organización más corrupta del mundo. Cuando escribí esto, aún faltaban algunos años para que, de la mano de las Naciones Unidas, la humanidad en bloque protagonizara este suicidio colectivo a través de una “vacuna” que no es vacuna, que no inmuniza, que no salva de nada y que esteriliza y mata, aparte de otros efectos causados por las nanopartículas, muy posiblemente de óxido de grafeno. Esto no es ninguna broma.

Aunque este proyecto de ingeniería sea un programa a escala mundial, los países europeos y Estados Unidos están siendo los más afectados. En Estados Unidos, con cierta frecuencia, se presentan en el Senado proyectos de ley sobre experimentación, modificación y mitigación del tiempo atmosférico. En Europa, se han hecho preguntas al Parlamento Europeo, pero nunca se ha admitido la realidad de estas prácticas. Ahora van de frente, acompañados claro está de la mentira justificadora. Nos fumigan, pero es “por nuestro bien”, “para protegernos”, para prevenir el calentamiento global. Bill Gates ha dicho en varias ocasiones que tanto sol no es bueno y que hay que difuminarlo. Por eso este verano tenemos, a menudo, estos cielos encapotados, sin sol, la boina o la famosa “panza de burra” de Las Palmas de Gran Canaria. Este verano se están ensañando a gusto.

Algunas zonas han sido mucho más castigadas que otras. Por ejemplo, en España, Castilla y León siempre fue una zona muy caliente. En concreto, el área de La Guareña, al sureste de la provincia de Zamora, está sufriendo los estragos de una gran sequía desde hace años. Los campesinos veían aparecer las nubes, creían que por fin iban a tener lluvia, pero llegaban los aviones y las nubes se diluían [1].

En la zona de Levante también hay mucha actividad. En Madrid –incluida la Sierra—es frecuente ver aparecer los aviones a gran altura, a veces en grupo, y en un momento dejan el cielo lleno de cruces.

¿Cómo es posible que la sociedad no vea algo tan evidente? La respuesta es muy sencilla, a la vez que penosa. Estamos atontados con la televisión, las redes sociales, los juegos digitales, y así vamos pasando la vida, en un estado de zombificación perpetua. La sociedad no se entera, pero opina, y eso sí es grave, porque la masa ha sido hábilmente programada para defender a los manipuladores y ejercer de alguacil frente a los disidentes, si fuera necesario. Es muy difícil despegarse de las anteojeras y mirar hacia adelante sin miedo. Es muy difícil salirse del rebaño. Por eso, la manada defiende al pastor, a pesar del ordeño continuo y del matadero como fin de fiesta. A los que se enfrentan al sistema, les queda el vacío, el descrédito o algo peor.

(Datos tomados del libro Conspiraciones contra la humanidad. La agenda de los amos del mundo, Salvador Freixedo/Magdalena del Amo, La Regla de Oro Ediciones, Madrid, 2017).

NOTAS:​

1. Entre las consecuencias más inmediatas, los expertos y “guardacielos”, que llevan años haciendo el seguimiento, constatan varios frentes de lluvia deshechos. Estas son algunas de las consecuencias: El pinar de El Maderal desapareció en solo un año; los cultivos tardan en madurar debido a una menor radiación solar, porque las fumigaciones interfieren en la luz solar más de la mitad del año; los árboles y las viñas son parasitados por hongos; las plantas, incluso el maíz, tienen más necesidad de agua (parece que no les es suficiente con la lluvia y el riego normal; el trigo se quema por las puntas y salen unas hierbas muy altas, desconocidas para los agricultores; se encuentran miles de hormigas muertas, y también gatos, conejos y águilas o milanos, tras llevar días de vuelo bajo. La salud de las personas se resiente: aumentan las alergias, afecciones pulmonares, virus extraños, sangrado de nariz, afecciones de piel, picor de ojos y de garganta, dolor de pecho, dolor de oídos, pitidos, vómitos, diarreas, cansancio extremo, estado depresivo, insomnio y pérdida de memoria. El número de personas con alzhéimer en la zona se ha disparado y se registran casos de ictus y personas fallecidas por paradas cardiacas en el campo o en casa, incluso entre una población más joven. Información tomada de www.guardacielos.org. Recomendamos la visita a esta web).

 

Alba Lobera: «La geoingeniería es el instrumento para imponer el supuesto cambio climático»​




La periodista Alba Lobera presenta en este vídeo para el canal de Adáraga en YouTube el libro Geoingeniería: Un infame pacto de silencio. Coordinado por ella misma y José Antonio Bielsa Arbiol, esta obra colectiva nos descubre los pormenores de uno de los mayores peligros a los que se enfrenta la humanidad: la manipulación del clima.

Junto a los coordinadores, también han participado en el libro los investigadores y expertos en geoingeniería Patricio Carrasco Lorente, Miguel Blasco, Juan Carlos Baruque Hernández, Gonso García, Taras Kozak y Luys Coleto.

Como explica Alba Lobera, «Geoingeniería: Un infame pacto de silencio tiene como finalidad denunciar, desde la rigurosidad científica más estricta y con documentación firme, la modificación climática que tantos años lleva retando a la Madre Naturaleza. La labor de coordinación (titánica y apretada por los contratiempos que han protagonizado el plazo de elaboración de este trabajo) ha sido gestada desde un abanico de variopintas propuestas en su composición. Aportes sobre un punto crítico de la ciudadanía, de los medios de comunicación, de la política, del ámbito médico y biológico, y desde la estricta definición científica, apoyan al libro acertadamente dividido en tres partes, siendo cerrado por unos anexos y despedido por un epílogo tan crudo como directo».

 

Miedo al cielo... 'nos están fumigando'​

Como Eisenhower, Marcos Alonso piensa que el país que controle el clima controlará el mundo. Lo que diferencia al presidente norteamericano de este agricultor zamorano es que el primero veía el mundo desde el cielo de los gobernantes y al español se le viene encima. Porque a Marcos, 45 años, sus viñas, chopos, almendros y nogales se le están secando como si de una maldición bíblica se tratase. Sus cultivos se mueren irremisiblemente cada vez que llueven partículas del cielo. Los análisis dicen que son de aluminio y brillan con el rocío de la mañana. A la mayoría de los agricultores de los 32 pueblos de la comarca de La Guareña (Zamora) les sucede lo mismo desde hace unos años. Todos miran al cielo en busca de respuestas. Con miedo.

El origen puede estar en las prolongadas líneas blancas que dejan los aviones y que parecen algo más que simples estelas de condensación, como dicen los científicos. "Nos están fumigando", afirma convencido Marcos mientras nos enseña, junto a su mujer María del Mar y su hijo Álvaro, de 11 años, los restos de aluminio en sus huertos ecológicos. En ese momento, un avión militar pasa por encima. "¿Ves? Antes no había tantos vuelos y las plantas estaban normales. De vez en cuando veo llover esas cosas".

Algunos achacan el fenómeno a la teoría mundialmente conocida como los chemtrails: aviones que vuelan bajo y dejan trazas en el cielo con restos químicos con el objetivo de cambiar el clima. A Josefina Fraile no le gusta el término. Acaba de dar una conferencia sobre la manipulación climática en la Universidad de Cambridge y es la presidenta de Guardacielos, una asociación que lleva dos años denunciando las fumigaciones. En 2013 el Parlamento Europeo aprobó su petición de que se investigara el asunto. Y esta semana el partido italiano Movimiento 5 Estrellas llevará el tema en sus preguntas parlamentarias.

"Desde 1999 se están llevando a cabo fumigaciones clandestinas en España, por aviones militares de la OTAN, que ejecutan programas de geoingeniería para manipular el clima y las comunicaciones globales a través del control de la estratosfera y de las ionosfera para fines militares. Y Zamora es una zona especialmente delicada ya que es su radar de experimentación", asegura Josefina, de 65 años, quien, tras trabajar en la Comisión Europea de traductora, formar el partido político Cibers y ser alcaldesa de Velilla del Río Carrión (Palencia), ahora se dedica a informar a la población de lo que cree que está ocurriendo. "Mira, mira, otro avión, y así todo el día. Ahora están empezando a utilizar drones que salen de bases militares como la de Albacete y sobrevuelan a 3.000 metros. Como son muy pequeños, parecen aviones comerciales que vuelan a 9.000", asegura indignada.

Josefina y Marcos dieron el lunes una conferencia en un hotel de Zamora. Entre los 30 asistentes estaban varios alcaldes de la zona y un representante de Podemos, Elvira Lichte, responsable del consejo del Área de Medio Ambiente en Castilla y León: "Está claro que nos están rociando con algo, hay pruebas, y hay que investigar". Elvira habla de unos análisis de cultivos ecológicos en Zamora que el Seprona realizó el año pasado por orden de la fiscalía tras la denuncia de los agricultores. "Los niveles de aluminio y hierro son alarmantes. No puede ser que haya 19 miligramos de aluminio cuando el índice de referencia es 0,5. El suelo está contaminado", sostienen los agricultores.

Al preguntar al juzgado que encargó los análisis dicen que no pueden hablar del tema porque están investigando. Pero son muchos los expertos que han puesto la voz de alarma. Como el geólogo José Miguel González: "Sólo hay que comparar los cielos de hace 20 años y los de ahora. Dicen que es por el cambio climático, pero no es así. En un suelo ecológico es imposible encontrar tales cantidades de esas sustancias. El aluminio, por ejemplo, no se puede encontrar jamás de manera natural en la superficie de la tierra, y menos en trozos grandes. Hay que extraerlo de un mineral".

Pero no sólo Zamora mira al cielo. En Castronuño (Valladolid), PP, PSOE e IU firmaron una moción en diciembre rechazando las fumigaciones y los proyectos de geoingeniería. "Hay evidencias claras de que algo están echando, avionetas que vuelan muy bajo sobre el Tajo", dice Epifanio Modroño, el alcalde socialista de la localidad.

Luis Enrique Martín Otero es coronel de sanidad y coordinador de la Red de Laboratorios de Alerta Biológica en la Complutense. Ha realizado varios estudios sobre la geoingeniería y el cambio climático como arma de destrucción masiva del futuro. "La manipulación climática se lleva haciendo desde la Guerra de Vietnam, cuando los vietnamitas producían lluvias para embarrar los caminos y que no pasase el transporte. Pero que ahora aviones militares estén bombardeando con productos químicos como dice esta gente... lo desconozco y la verdad es que me extraña", afirma.

Para Ana Casals, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología Española (AEMET), la teoría de las fumigaciones tampoco tiene sentido. "Se están haciendo experimentos en muchos países para luchar contra el granizo, aumentar la lluvia y acabar con la niebla, pero nosotros no tenemos la tecnología para manipular el clima", dice. Y aporta una explicación científica sobre el rastro que dejan los aviones: "Son estelas compuestas por agua condensada. Cuando el queroseno quemado sale del motor del avión está a alta temperatura, y en el exterior hace muchísimo más frío. El brusco contraste provoca la condensación inmediata del agua. Y cuanta más humedad, más tiempo durarán las estelas".

Pero el biólogo valenciano Jordi Munto no comparte la opinión de la meteoróloga. "¿Cómo se explica que aquí en el Levante, en días anticiclónicos, en los que el cielo está despejado, no hay nubes ni humedad, haya estelas de avión que duran horas en zonas donde nunca se ve tráfico aéreo?", pregunta convencido de que estamos sufriendo fumigaciones en todo el país. "Aquí hace dos años que no llueve y la sequía está destrozando la producción agrícola. También hemos analizado el cultivo y hay altos niveles de aluminio que nadie nos explica".

Las hipótesis más extremas apuntan a que algunas multinacionales farmacéuticas están detrás de estos vuelos con el fin de propagar determinadas enfermedades entre la gente para luego venderles sus remedios. "Se han disparado los problemas respiratorios en la zona. Hay un 300% más de autismo y ayer me llamaron diciéndome que había seis niños en Zamora que tienen el Síndrome de Sanfilippo, que les retrasa el crecimiento y deteriora su estado mental. Nada es coincidencia", dice Josefina. La activista está preparando un encuentro nacional de agricultores en Madrid en noviembre para protestar y hablar de las fumigaciones.

¿Qué está pasando realmente en nuestros cielos? ¿Nos están fumigando o se trata de una paranoia colectiva? ¿Tenemos que preocuparnos? Las respuestas, y nunca mejor dicho, están en el aire.

 

Cuatro trabajadores de la Agencia Estatal de Meteorología confesaron que aviones están esparciendo por toda España dióxido de plomo, yoduro de plata y diatomita​

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El de España fue el primer gobierno occidental que incluyó de forma oficial los ‘chemtrail’ en su Boletín Oficial. El Ministerio de Sanidad español autorizó a las unidades NBQ (Nuclear, Biológico y Químico) de las Fuerzas Armadas y también a la UME para que usen biocidas desde el aire. Un mes después de que se impusiera el estado de alarma, el Ejecutivo justificó en el BOE que esta técnica es una de las “más eficaces” contra el coronavirus ya que con “técnicas de nebulización, termonebulización y micronebulización, se alcanzan todas las superficies con rapidez”.

El Ejecutivo justificó también que las citadas unidades “disponen de medios personales, materiales, procedimientos y el adiestramiento suficiente para llevar a cabo desinfecciones aéreas, pues son operaciones que ejecutan regularmente, con la salvedad de que en vez de emplear productos biocidas lo hacen con otros productos químicos descontaminantes”.

El 19 de mayo de 2015, el eurodiputado Ramon Tremosa i Balcells (ALDE) anunció en el Parlamento Europeo que cuatro trabajadores de la Agencia Estatal de Meteorología habían confesado que España está siendo rociada en su totalidad desde aviones que esparcen por la atmósfera dióxido de plomo, yoduro de plata y diatomita. El objetivo, según el mismo europarlamentario, sería alejar las lluvias y permitir que suban las temperaturas, lo que crea un ambiente climático veraniego para el turismo y, al mismo tiempo, ayuda a las corporaciones del sector agrícola. Esto, a su vez, está produciendo gotas frías de gran intensidad.

La Región de Murcia, la Comunidad Valenciana y la provincia de Almería están siendo las más afectadas, hasta el punto de que no llega a caer ni una gota de agua de lluvia en más de siete meses, se generan gotas frías catastróficas, y se causan enfermedades respiratorias a la población al inhalar el dióxido de plomo y los demás compuestos tóxicos. El aeropuerto militar de San Javier en Murcia estaría siendo utilizado para el despegue de estos aviones.

Tremosa solicitó a la Comisión Europea que tomase posición sobre el asunto.

¿QUÉ ES UN ‘CHEMTRAIL’?

Los Chemtrails son quimioestelas o estelas químicas que pueden apreciarse en el cielo. Muchas personas han creído que estas estelas de condensación de larga duración dejadas por los aviones a gran altura son en realidad “estelas químicas” que consisten en agentes químicos o biológicos rociados por los aviones con fines no revelados a los ciudadanos. El propósito de la liberación química podría ser el manejo de la radiación solar, modificación del clima, manipulación psicológica, control de la población humana o una guerra biológica o química. También se afirma que las estelas causan enfermedades respiratorias y otros problemas de salud.