Los que llegaron rodeados de apoyos (algunos inconfesables) para cambiar la situación de España, hoy se baten en retirada. Vox sabe que unas elecciones anticipadas los desarbolaría. El raquitismo ideológico de la derecha social española no da para más. Por eso Vox ha ido dando un bandazo tras otro.
Comenzaron en Andalucía, que mucho decir que el acuerdo estaba condicionado a que se cambiara la Ley de Violencia de Genero y, al final, no se cambió, pasaron por el aro y hoy viven un idílico romance con el PP y Ciudadanos. Francisco Serrano, que era el líder de Vox en la región y portavoz en el parlamento andaluz, no se conformó con esta renuncia a uno de los asuntos que marcaron su compromiso profesional, al punto de ser inhabilitado como juez.
La sentencia que devolvió a prisión a los cinco miembros de La Manada y que elevó su condena de ocho a quince años ha sido dictada «por la turba feminista supremacista». Ésa es la conclusión a la que llegó el juez Serrano, que consideró que la agresión a la joven en los sanfermines por parte de los condenados fue una agresión sexual en toda regla y no abuso sexual, como en primera instancia había declarado la Audiencia de Navarra.
«Hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer podría terminar con el impotente en prisión», dijo también el presidente del grupo parlamentario de Vox en Andalucía y su cabeza de cartel en las últimas elecciones autonómicas.
Vox salió al paso de los comentarios de su dirigente para desmarcarse del mismo por completo.
En este sentido, Vox Andalucía repuso que la de Serrano es una opinión «a título personal». La de la formación , ha hecho hincapié Vox, es la manifestada a través de las cuentas oficiales o a través del portavoz parlamentario, Alejandro Hernández, actual portavoz del partido verde en el parlamento regional, manifestó su «máximo respeto» por la sentencia. «Seguiremos luchando por un poder judicial autónomo e independiente», aseveró.
Qué había sido del partido que se convirtió en azote de feministas y en la esperanza de miles de varones que han sufrido los perversos y arbitrarios efectos de las leyes de género. Eso debió preguntarse Serrano al solicitar una baja médica como diputado en el Parlamento andaluz para recuperarse “anímicamente” del «linchamiento» al que fue sometido tras sus comentarios a la sentencia, de las que no se retractó por entender que fue un análisis «objetivo y jurídicamente riguroso».
Lejos de apoyarle, Vox Andalucía dejó abierta la puerta a medidas disciplinarias contra su cabeza de lista electoral en Andalucía. Desautorizado y ninguneado, Serrano ya habría tomado la decisión de abandonar el partido y renunciar a su acta de parlamentario, según fuentes muy allegadas al juez en excedencia. «Se encuentra en la rampa de salida para abandonar el partido», dijeron.
Las mismas fuentes recalcan que la decisión de Serrano ha sido largamente meditada, que cuenta con el respaldo de su familia, y que la hará pública al reiniciarse la actividad parlamentaria tras el parón estival.
El declive de Serrano pese a mantener el mismo discurso que Vox defendía
EC.- Francisco Serrano fue el candidato de Vox en Andalucía en 2015, cuando el partido cosechó apenas un 0,45% de los votos, unos 18.000. Entonces su figura eclipsaba la marca de un partido que huía a pedradas de mítines improvisados en la calle, sin apenas asistentes. El juez Serrano era ya un personaje muy conocido. Mucho más que Santiago Abascal. Su discurso era también público e idéntico al que ahora mantiene. Vox no podrá decir que las afirmaciones que el otro día volcó en su muro de Facebook a raíz de la condena de La Manada, donde llegó a afirmar que la única relación segura a la luz de esa sentencia era la prostitución, son una novedad.
El partido al que representaba se había valido de su fama y su notoriedad en el discurso contra “la política o la ideología de género”. Aunque ahora marque distancias o se aleje de las posiciones expresadas por Serrano en la sentencia de La Manada, Vox construyó una parte importante de su discurso político, el referido a la violencia de género o el feminismo, aprovechando íntegramente el argumentario del diputado andaluz en esta materia. Se valió de su fama y de su papel de abanderado de los hombres “maltratados” y “castigados” en casos de separaciones y divorcios para ganar votos y proyección pública.
No podrán hacerse ahora los sorprendidos con las afirmaciones del diputado andaluz, que repitió como cabeza de cartel en 2018 y que, sorpresivamente, fue apartado por la cúpula nacional de Vox al arrancar la andadura parlamentaria en Andalucía. Primero se le vetó como portavoz en las negociaciones con PP y Cs para la investidura. Si un medio pedía hablar con Serrano, él mismo dejaba claro que estaría encantando pero que Madrid había decidido tomar las riendas. Lo silenciaron. Sus afirmaciones ante las protestas feministas a las puertas del Parlamento cuando se constituyó el legislativo coincidieron con la decisión de Vox de pasarlo a segunda fila. El partido no quería basar toda la negociación de la investidura en la ley de violencia de género, de carácter estatal y que finalmente desapareció del acuerdo sellado con el PP. No obstante, la derogación de esa ley continuó vigente en el programa de las generales. Un documento sellado en Vistalegre donde se recogían asuntos como el rechazo al aborto cubierto por la sanidad pública, las listas paritarias de los partidos y la supresión de “organismos feministas radicales subvencionados”.
La estrategia se materializaría con el relevo de Serrano como portavoz parlamentario y con su designación como presidente del grupo. Un cargo ‘honorífico’ sin contacto con los medios de comunicación. No obstante, su protagonismo siguió vigente por su cruzada contra los trabajadores de las unidades de violencia de género. Sus declaraciones seguían tensando la cuerda con PP y Cs pese a que Vox quería imponer otro rumbo.
Ya hace 10 años, Serrano era conocido por sostener exactamente lo mismo que ahora. “El problema es que una discusión de pareja, en condiciones de igualdad, se considera maltrato por parte del varón, y se anima a que ello se denuncie”, dijo argumentando que había un número importante de denuncias falsas.
Ante los números del Consejo General del Poder Judicial sostenía que, de ser verdad: “Casi todos los ciudadanos están pegando a casi todas las ciudadanas durante casi todo el día”. Estaba ya convencido de que las subvenciones estaban “viciadas” por darse en función del número de denuncias, sostenía que “unas 130.000 personas en España” vivían de la “política de género” y hablaba de “efecto llamada”. Si Vox se desmarcó de sus últimas afirmaciones, a él se entregaron en su momento pensando en su tirón electoral. Asumieron gran parte de su impronta ideológica contra lo que llaman “feminazis”.
Comenzaron en Andalucía, que mucho decir que el acuerdo estaba condicionado a que se cambiara la Ley de Violencia de Genero y, al final, no se cambió, pasaron por el aro y hoy viven un idílico romance con el PP y Ciudadanos. Francisco Serrano, que era el líder de Vox en la región y portavoz en el parlamento andaluz, no se conformó con esta renuncia a uno de los asuntos que marcaron su compromiso profesional, al punto de ser inhabilitado como juez.
La sentencia que devolvió a prisión a los cinco miembros de La Manada y que elevó su condena de ocho a quince años ha sido dictada «por la turba feminista supremacista». Ésa es la conclusión a la que llegó el juez Serrano, que consideró que la agresión a la joven en los sanfermines por parte de los condenados fue una agresión sexual en toda regla y no abuso sexual, como en primera instancia había declarado la Audiencia de Navarra.
«Hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer podría terminar con el impotente en prisión», dijo también el presidente del grupo parlamentario de Vox en Andalucía y su cabeza de cartel en las últimas elecciones autonómicas.
Vox salió al paso de los comentarios de su dirigente para desmarcarse del mismo por completo.
En este sentido, Vox Andalucía repuso que la de Serrano es una opinión «a título personal». La de la formación , ha hecho hincapié Vox, es la manifestada a través de las cuentas oficiales o a través del portavoz parlamentario, Alejandro Hernández, actual portavoz del partido verde en el parlamento regional, manifestó su «máximo respeto» por la sentencia. «Seguiremos luchando por un poder judicial autónomo e independiente», aseveró.
Qué había sido del partido que se convirtió en azote de feministas y en la esperanza de miles de varones que han sufrido los perversos y arbitrarios efectos de las leyes de género. Eso debió preguntarse Serrano al solicitar una baja médica como diputado en el Parlamento andaluz para recuperarse “anímicamente” del «linchamiento» al que fue sometido tras sus comentarios a la sentencia, de las que no se retractó por entender que fue un análisis «objetivo y jurídicamente riguroso».
Lejos de apoyarle, Vox Andalucía dejó abierta la puerta a medidas disciplinarias contra su cabeza de lista electoral en Andalucía. Desautorizado y ninguneado, Serrano ya habría tomado la decisión de abandonar el partido y renunciar a su acta de parlamentario, según fuentes muy allegadas al juez en excedencia. «Se encuentra en la rampa de salida para abandonar el partido», dijeron.
Las mismas fuentes recalcan que la decisión de Serrano ha sido largamente meditada, que cuenta con el respaldo de su familia, y que la hará pública al reiniciarse la actividad parlamentaria tras el parón estival.
El declive de Serrano pese a mantener el mismo discurso que Vox defendía
EC.- Francisco Serrano fue el candidato de Vox en Andalucía en 2015, cuando el partido cosechó apenas un 0,45% de los votos, unos 18.000. Entonces su figura eclipsaba la marca de un partido que huía a pedradas de mítines improvisados en la calle, sin apenas asistentes. El juez Serrano era ya un personaje muy conocido. Mucho más que Santiago Abascal. Su discurso era también público e idéntico al que ahora mantiene. Vox no podrá decir que las afirmaciones que el otro día volcó en su muro de Facebook a raíz de la condena de La Manada, donde llegó a afirmar que la única relación segura a la luz de esa sentencia era la prostitución, son una novedad.
El partido al que representaba se había valido de su fama y su notoriedad en el discurso contra “la política o la ideología de género”. Aunque ahora marque distancias o se aleje de las posiciones expresadas por Serrano en la sentencia de La Manada, Vox construyó una parte importante de su discurso político, el referido a la violencia de género o el feminismo, aprovechando íntegramente el argumentario del diputado andaluz en esta materia. Se valió de su fama y de su papel de abanderado de los hombres “maltratados” y “castigados” en casos de separaciones y divorcios para ganar votos y proyección pública.
No podrán hacerse ahora los sorprendidos con las afirmaciones del diputado andaluz, que repitió como cabeza de cartel en 2018 y que, sorpresivamente, fue apartado por la cúpula nacional de Vox al arrancar la andadura parlamentaria en Andalucía. Primero se le vetó como portavoz en las negociaciones con PP y Cs para la investidura. Si un medio pedía hablar con Serrano, él mismo dejaba claro que estaría encantando pero que Madrid había decidido tomar las riendas. Lo silenciaron. Sus afirmaciones ante las protestas feministas a las puertas del Parlamento cuando se constituyó el legislativo coincidieron con la decisión de Vox de pasarlo a segunda fila. El partido no quería basar toda la negociación de la investidura en la ley de violencia de género, de carácter estatal y que finalmente desapareció del acuerdo sellado con el PP. No obstante, la derogación de esa ley continuó vigente en el programa de las generales. Un documento sellado en Vistalegre donde se recogían asuntos como el rechazo al aborto cubierto por la sanidad pública, las listas paritarias de los partidos y la supresión de “organismos feministas radicales subvencionados”.
La estrategia se materializaría con el relevo de Serrano como portavoz parlamentario y con su designación como presidente del grupo. Un cargo ‘honorífico’ sin contacto con los medios de comunicación. No obstante, su protagonismo siguió vigente por su cruzada contra los trabajadores de las unidades de violencia de género. Sus declaraciones seguían tensando la cuerda con PP y Cs pese a que Vox quería imponer otro rumbo.
Ya hace 10 años, Serrano era conocido por sostener exactamente lo mismo que ahora. “El problema es que una discusión de pareja, en condiciones de igualdad, se considera maltrato por parte del varón, y se anima a que ello se denuncie”, dijo argumentando que había un número importante de denuncias falsas.
Ante los números del Consejo General del Poder Judicial sostenía que, de ser verdad: “Casi todos los ciudadanos están pegando a casi todas las ciudadanas durante casi todo el día”. Estaba ya convencido de que las subvenciones estaban “viciadas” por darse en función del número de denuncias, sostenía que “unas 130.000 personas en España” vivían de la “política de género” y hablaba de “efecto llamada”. Si Vox se desmarcó de sus últimas afirmaciones, a él se entregaron en su momento pensando en su tirón electoral. Asumieron gran parte de su impronta ideológica contra lo que llaman “feminazis”.