Una de las grandes verdades de esta farsemia
Es evidente que entre los inoculados, todos tenemos a familiares, a amigos, en definitiva, a seres queridos. Y no nos equivocaremos si decimos que todos hemos intentado hasta el cansancio que esos seres queridos no cometieran el error de inocularse. Por desgracia, también una gran mayoría no ha conseguido convencerles. Han tomado su decisión y ya solo nos queda intentar ayudarles cuando empiecen a sufrir las consecuencias de su irresponsabilidad.
Y a pesar de lo que se nos cuente y se nos haya intentado contar, no lo han hecho por solidaridad con los demás, ni nada parecido. Lo han hecho por miedo, lo han hecho por egoísmo, lo han hecho por viajar, por entrar en un bar o en un restaurante y la inmensa mayoría de los engañados ni siquiera se ha tomado la molestia de informarse. Tampoco cuando cometían la barbaridad de inocular a sus hijos.
Ahora se ven las consecuencias. Ahora ya estamos viendo que mucha gente, antes sana, ahora muere repentinamente. Y aún peor, ahora estamos viendo que muchos de esos que están muriendo son niños. Niños que mueren por infartos, por ictus, niños que fallecen de muerte repentina como si fueran ancianos. Los más afortunados, seguirán viviendo, pero con tremendas secuelas.
Y estando dispuestos a ayudar a los engañados, lo que no admitimos ahora es que nos cuenten cuentos. No admitimos que utilicen como excusa el desconocimiento o la falta de información. La información ha estado a disposición de todo el mundo y los que nos informábamos se la intentábamos transmitir a los demás, a pesar de las burlas, los insultos y la censura que hemos sufrido.
Por eso, a pesar de que seguiremos ofreciendo nuestra ayuda, esta nos parece una de las grandes verdades que, como enseñanza, nos deja esta farsemia.
Una de las grandes verdades de esta farsemia
www.eldiestro.es