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DESMAQUILLANDO
 

En enero criticaba a Djokovic, ayer fue hallado muerto en su casa​

Parece que la historia de muertes repentinas continua, siendo sus circunstancias, en algunos casos, ciertamente llamativas. No era conocido en España, pero sí lo era en su país, Australia. Se trata de la estrella del criquet australiano Shane Warne.

Según publican varios medios de comunicación, Warne, de 52 años de edad, ha sido encontrado muerto en su casa tras sufrir un infarto. La justificación que se está dando para ese fallecimiento es que había estado sometiendo a su cuerpo a presión durante varios días.

La dieta de la que están hablando para justificar su muerte es una dieta líquida extrema que había llevado a cabo durante varios días y que habría ejercido demasiada “presión al corazón” al ser muy baja en proteínas. Según Garry Jennings, un médico especialista en dietética consultado por el diario británico Daily Mail: “En su mayoría, estos riesgos se suman a un problema cardíaco subyacente, no surgen de la nada. Dudo que puedan causar un problema cardíaco solos”.

Pero en Warne se da otra circunstancia de la que, por supuesto, poca gente habla y es que muy probablemente estuviera “grafenado”. Y es que en enero, cuando sucedieron los problemas de Djokovic para participar en el Abierto de Australia, el ahora fallecido jugador de criquet decía cosas como estas en Twitter sobre ese asunto:

“Novak es un gran tenista y uno de los mejores de todos los tiempos. Sin duda.Pero mintió en los formularios de inscripción, estuvo en público cuando sabía que tenía covid y ahora se enfrenta a consecuencias legales. ¡Tiene derecho a no ser inoculado, pero Oz [Australia] tiene derecho a echarlo! ¿Estás de acuerdo?”

Después de leer este mensaje no hace falta decir mucho más para darse cuenta de las circunstancias que han podido provocar este nuevo fallecimiento.

 

¿Qué ha pasado en Dinamarca tras el primer mes sin restricciones?​

Llevamos dos años en los que no hemos parado de intentar mostrar las pruebas de estamos viviendo una farsemia y no la pandemia que se nos está contando. A lo largo de estos dos años hemos intentado demostrar la ineficacia, peligrosidad y estafa que suponen las inoculaciones, siendo una de las pruebas más evidentes todo lo que ha sucedido en Gibraltar.

Pero la realidad es que nuestra difusión es muy limitada, llegamos a donde llegamos y no tenemos la misma capacidad que tienen las televisiones para llegar a todo el mundo Ya se sabe que la verdad absoluta solo aparece en las televisiones, si no sale por la caja tonta, simplemente, es mentira.

Hace ya más de un mes, sucedió el pasado 1 de febrero, que en Dinamarca se eliminaron todas las restricciones ordenadas con la excusa del virus. El oficialismo se echó las manos a la cabeza y muchos pusieron en duda esta decisión. Después de ese mes largo hay que comprobar todo lo que ha sucedido para darnos cuenta de la realidad. Y siempre según datos oficiales, ya saben, los que se publican tras realizar un test en el que da positivo hasta el agua.

Y parece que este mes vuelve a dejar muchas cosas claras. Parece que esos datos oficiales, los de los contagios, no son tan malos. Pero cuando vemos los datos de fallecimientos, se demuestra cuál era la estrategia política y mediática que se ha buscado con esa decisión.

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Viendo la gráfica de los fallecidos, muchos dirán aquello de que “la curva está en un punto muy alto”. Ciertamente es así, pero aquí hay un dato que falta para entender qué es lo que está pasando en ese y en muchos países, el de la inoculación. En Dinamarca, según datos oficiales, ha recibido la famosa pauta completa el 81,3% de la población y la dosis de refuerzo el 62,3%. No está nada mal el procentaje.

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Y ahora llega la gran pregunta: ¿Cómo es posible que bajando la curva de contagios suba la curva de muertos? ¿Cómo es posible que en un país en el que hay una alta tasa de inoculación suba la de muertes? ¿No habíamos quedado en que las inoculaciones provocaban que la enfermedad fuera más leve?

Si mezclamos todas esas preguntas obtenemos una respuesta bastante preocupante: que ahora ya no se quiere hablar de ello. Eliminando las restricciones, el virus pasa a ocupar menos espacios en los informativos, de esta forma no se habla de ello y no genera dudas más que razonables que se observan con estos datos.

 

Protocolos K0 B1T, parecieran diseñados para perjudicar a los enfermos más que para sanarlos​

Dra. Mª José Martínez Albarracín

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A lo largo de estos dos años, desde que se hiciera la declaración de pandemia por Covid, se han hecho diversos análisis sobre los protocolos de tratamiento hospitalarios y en residencias de la tercera edad, llegando algunos expertos a la conclusión de que parecieran haber sido diseñados más para matar que para curar a los enfermos y ya es bien sabido cómo se abandonó a los mayores denegándoles atención hospitalaria y administrándoles fármacos que se han bautizado como Cócteles de Eutanasia : Fentanilo o morfina y midazolam.

A raíz de conocer mejor la fisiopatología del síndrome covid, desde que se hicieran autopsias de los fallecidos (recordemos que contraviniendo el “consejo” de la OMS y la negativa de los gobiernos), se supo que se habían cometido graves errores en el tratamiento, pues si bien, el síndrome covid suele cursar con neumonía bilateral, esta no es siempre grave y son los problemas hemodinámicos (trombos) y hematológicos ( anoxia tisular) los que pueden complicar y agravar el cuadro clínico. Por esta razón, el uso indiscriminado y temprano de la ventilación mecánica, especialmente si era invasiva con intubación y traqueotomía, supuso un grave perjuicio y propició muchas muertes evitables. Por otra parte se ensayó con los enfermos una serie de fármacos antivirales como el remdesivir o el tocilizumab, eso sí, autorizados por la vía de emergencia (nunca se hicieron ensayos clínicos adecuados con los mismos), cuando no se administraron combinados antirretovirales para tratar el VIH como Kaletra. Todos ellos inmunodepresores y con reconocida toxicidad hepatorenal.

También asistimos con estupefacción a la manera de contabilizar las muertes Covid, ¿por Covid? ¿con Covid? Lo cierto es que se clasificaron en base a un test PCR positivo a 40 ciclos mínimo y realizado en un periodo de tiempo impreciso, a veces varios meses antes del fallecimiento. Algo completamente anticientífico y completamente aberrante.

Más aberrante aún parece el incentivo económico dado a los hospitales por diagnóstico, ingreso en UCI, Intubación mediante traqueostomía, y fallecimiento covid. Todo ello publicado en el Boletín Oficial del Estado, BOE. Y no es solo en España, esto es una constante a nivel mundial decidida por ¿Quién o quiénes? pero seguida a rajatabla por los estados. El abogado estadounidense, defensor de los derechos humanos Thomas Renz, estima que un paciente Covid “adecuadamente” tratado y fallecido en un hospital de USA puede suponer un incentivo de 100.000 dólares.

Pasada la primera ola y tras hacerse numerosas publicaciones que denunciaban estos errores, el común de los mortales pensaría que muchos de ellos se habrán corregido y que durante este otoño invierno las gripes-covid se han tratado ya “correctamente”. Pues por desgracia nada más equivocado: se han seguido y se siguen aplicando protocolos de tratamiento que más bien parecieran diseñados para perjudicar a los enfermos que para sanarlos.

Siendo ya bien conocido, o al menos, debiera conocerse, por los médicos de atención primaria, que el Covid es un síndrome inflamatorio que cursa como complicación de un proceso vírico generalmente tras una semana de evolución del mismo y cuando ya no hay replicación viral. A pesar de ello, lo primero que hacen es recetar paracetamol a los enfermos ambulatorios. Esto es un grave error, puesto que el paracetamol agota el glutatión hepático que es un potente antioxidante endógeno, imprescindible para combatir la inflamación, por lo que estaría mucho más indicada la aspirina que además de antiinflamatoria y antipirética es antitrombótica y es sabido que los enfermos Covid presentan una gran tendencia a la hipercoagulación. Y también por esta misma razón, la administración de tóxicos y carísimos antivirales no está justificada.

Pero eso no es lo más grave, ya que el verdadero calvario de los diagnosticados Covid empieza con el ingreso hospitalario. Me consta por información directa de muchos familiares de enfermos, así como por los informes clínicos de pacientes Covid que obran en mi poder (tras el alta hospitalaria por exitus o por recuperación) que en cuanto una placa Rx es significativa de neumonía con test PCR positivo, aunque el paciente esté clínicamente estable, respire con normalidad y pueda hacer vida prácticamente normal, es ingresado en un hospital y en un par de días trasladado a UCI. Ya durante el primer ingreso se le aplica ventilación asistida mediante Bipap, para lo cual se le seda de forma salvaje administrándole fentanilo por vía intravenosa además de sedantes orales benzodiacepínicos (loracepam, midazolam…). El fentanilo es un narcótico sintético más fuerte que la morfina y produce una marcada depresión del centro respiratorio, por lo que, el posible beneficio de la oxigenoterapia por ventilación asistida puede ser completamente neutralizado y el motivo por el que se aplica esta sedación es para que “acepte mejor” la máscara, algo completamente injustificado.

Es muy importante remarcar que la anoxia del enfermo covid es principalmente metabólica (como lo demuestra la marcada elevación del enzima LDH) y no tanto respiratoria, por lo que es imprescindible valorar el modo en que se administra el oxígeno al paciente y por esta misma razón las terapias oxidativas, especialmente la autohemoozonoterapia, son mucho más eficientes y deberían ser el tratamiento de elección en casos graves. Hay bibliografía científica que lo justifica, precisamente en el tratamiento de Covid, por mucho que la complicidad con farmaindustria tache la ozonoterapia de pseudoterapia.

Por otra parte la ventilación mecánica no invasiva tipo bipap, no está exenta de complicaciones entre las que destacan daños por aplicación de una presión inadecuada (atelectasias e incluso neumotórax), sequedad de mucosas y acúmulo de secreciones que pueden favorecer una infección bacteriana que complique la neumonía. Además de úlceras cutáneas, si la máscara se mantiene demasiado tiempo en la misma posición, por lo que es preciso valorar adecuadamente el riesgo/beneficio de su aplicación en una neumonía basal y leve en la que no existe un claro compromiso respiratorio.

Además del cóctel de sedantes, al ingresado por Covid se le priva de alimento, al menos inicialmente y se le “secuestra” aislándolo de sus familiares, especialmente si no están inoculados con la terapia génica experimental, con lo que se incapacita al paciente para tomar decisiones sobre la evolución de su propio tratamiento, no siendo capaces, en muchos casos, ni siquiera de telefonear a sus familiares. Estos familiares se encuentran que, de la noche a la mañana y sin que nadie les haya informado ni pedido autorización mediante el preceptivo consentimiento informado, a su familiar se le ha practicado una traqueostomía con intubación para aplicación de ventilación mecánica mediante respirador. Procedimiento invasivo que no suele mejorar en nada la evolución del cuadro y que, en muchas ocasiones precipita una complicación por bacterias resistentes produciéndose una infección nosocomial que puede terminar en el fallecimiento del paciente o, en el mejor de los casos alargar durante mucho tiempo la estancia en UCI y la administración de antibióticos en dosis muy altas. Algunos informes de denunciantes estiman que el porcentaje de fallecimientos tras la intubación está en torno al 85%.

Evidentemente la intubación requiere aumentar aún más la sedación y administrar alimentación enteral que frecuentemente produce estreñimiento. También se producen hemorragias traqueales por el procedimiento quirúrgico que deben ser cuidadosamente aspiradas, de lo contrario, se forma un trombo que tapona la vía traqueobronquial, de difícil extracción, como es el caso de uno de los informes clínicos que obra en mi poder y que precipitó la muerte de la persona en cuestión.

Cuando el enfermo se encuentra en la UCI, es frecuente que se le administren fármacos inmunodepresores como corticoides y antivirales. Los primeros, debido a su elevada eficacia antiinflamatoria pueden estar indicados según su evolución, pero los segundos (kaletra, remdesivir , tocilizumab) no solo no aportan ningún beneficio sino que favorecen la evolución hacia infecciones hospitalarias y en no pocas ocasiones el enfermo refiere que la administración de alguno de ellos (especialmente tocilizumab que está solamente autorizado para uso de emergencia) supuso un antes y un después en el empeoramiento de su evolución clínica.

Para concluir, quiero expresar que me produce un gran estupor y preocupación comprobar que la medicina ha sido protocolizada hasta tal extremo que poco importa que la atención médica sea dispensada por un ser humano o por una máquina y que, es muy conveniente ser capaz de autogestionar la propia salud evitando acudir a los hospitales si no es imprescindible, cosa que hoy día parece impensable, ya que el sistema nos ha acostumbrado sibilinamente a querer tratarlo todo de manera inmediata y farmacológica.

 


El análisis de la discordia bajo el imperio del miedo y la desinformación. Esos son los ingredientes del mal, lo que conduce al caos. Bombardear a la gente con noticias negativas alimenta el desaliento, la sensación de que no hay escapatoria posible. Cuando los promotores del miedo quieren analizar el nivel de entrega de la población, se va subiendo el estrés social, los impuestos, los absurdos, para saber hasta dónde está la gente dispuesta a soportar. Comprender que es esto lo que está pasando es sencillo y no debemos perder demasiado tiempo en discutir sobre lo mal que está todo: la cuestión es ¿hay alternativas para salir de este embrollo que conduce a la aniquilación del ser humano? Busquémoslas. Y si no existen, hagamos alarde de la capacidad del ser humano de crear su propio entorno social saludable. Esta noche, una vuelta más para la esperanza.