Creando masa crítica contra el Nuevo Orden Mundial 🏛️

Se desvela el motivo de la misteriosa “desaparición” del gobernador de California tras su segunda inoculación​

Parece que, una vez más, las cosas cuadran y las evidencias que vamos viendo en los últimos tiempo se van cumpliendo casi siempre. En el día de ayer nos hacíamos eco de las noticias que circulaban en Estados Unidos acerca de la “misteriosa” desaparición del gobernador de California, Gavin Newsom, tras haber recibido la segunda inoculación después de que en la primera se le hubiera administrado la vacuna de Janssen.

Para demostrar a todo el mundo que no pasaba nada por mezclar marcas en las inoculaciones, Newsom decidió que le fuera administrada una dosis de Moderna en su segundo pinchazo. Tengan en cuenta que, además de no ser necesaria esa segunda dosis porque con Janssen -en teoría- solo se necesita una, lo que busca este indeseable es que se inoculen incluso los más pequeños. Pero ha tenido un serio problema por lo que se rumorea en Estados Unidos, en esta ocasión no le han administrado placebo y ha sufrido efectos secundarios graves.

Según denuncia ‘The Defender‘, una fuente anónima les habría contado que este sujeto habría sufrido el síndrome de Guillain-Barré, o incluso parálisis de Bell, tal y como revela, también, ‘Steve Kirsch Substack‘. El síndrome de Guillain-Barré es un problema de salud grave que ocurre cuando el sistema de defensa del cuerpo (sistema inmunitario) ataca parte del sistema nervioso periférico por error. Esto lleva a que se presente inflamación de nervios que ocasiona debilidad muscular o parálisis y otros síntomas. La parálisis de Bell es un trastorno del nervio que controla el movimiento de los músculos de la cara. Este nervio se denomina nervio facial o séptimo par craneal. El daño a este nervio causa debilidad o parálisis de estos músculos.

Sea una cosa o la otra, parece que el karma le ha hecho una visita a este sinvergüenza dictador que es uno de los responsables políticos que está teniendo un comportamiento más criminal con su población en todo el mundo.

 

Más tomaduras de pelo: Vuelve a haber público en directo en ´Sálvame´, pero queda demostrado que para el virus también hay clases​

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Una de las situaciones más extrañas que se han producido con esto del virus, es la de las televisiones. Mientras todo el mundo tenía que salir a la calle, trabajar y estar en interiores con la mascarilla puesta, en los platós de televisión nadie la llevaba puesta porque, por lo que parece, el virus les respeta mientras están trabajando.

Una de las explicaciones más ridículas a este asunto las dio una tal Deborah Ciencia en TVE aquel día que intervino en directo para contarnos que los platós de televisión eran muy grandes y que por eso no era necesaria la mascarilla. Mientras ella decía esta idiotez, la gente tenía que ponérsela para pasear por las calles. Ridículo y una tomadura de pelo de las gordas.




Y ayer en el programa ‘Sálvame’ se volvía a producir otra de esas tomaduras de pelo de las que muchos parecen no enterarse, o no querer hacerlo. Volvía el público en directo al programa, pero se producía una situación tremendamente extraña: mientras los presentadores y colaboradores del mismo aparecían sin mascarilla, el público presente tenía que estar “enmascarillado”.

¿Acaso el virus distingue entre unos y otros? ¿Hay clases hasta para ese bicho? ¿Comparten un mismo espacio cerrado y unos van “embozalados” y otros no?

Toman el pelo y lo hacen de forma continua. Nos están tomando a todos por imbéciles y al final vamos a pensar que van a tener razón porque observen, una mujer que iba como público se colocó en el centro del plató para decir unas palabras y lo hizo con la mascarilla puesta, mientras las “estrellitas” del programa no lo hacían.

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Los “engañados” tienen un código que capta el bluetooth del teléfono. ¿Por qué? ¿Con qué fin?​

Uno de los secretos mejor guardados de este presente distópico es el contenido de las vacunas. Millones de personas están siendo inoculadas en todo el mundo con “una sustancia secreta” que nadie de la oficialidad ha explicado. Amparados en la confidencialidad de las patentes, han privado a la sociedad del derecho a saber el contenido de los viales. Estamos siendo tratados como animales estabulados. Lo incomprensible es la dejadez del colectivo humano, convertido en manada. No deja de ser llamativo, en una sociedad que ha dejado de creer en casi todo, que millones de personas profesen una fe ciega e incuestionable a una OMS corrupta, dirigida por personajes amorales; fe ciega en unos emporios farmacéuticos que no buscan el bien de la humanidad; fe ciega en unos profesionales de la medicina con serios conflictos de intereses; fe ciega en unos Colegios de médicos más tendentes a la obediencia al sistema que a permitir que sus colegiados pongan en práctica métodos de curación alternativos para salvar vidas; fe ciega en unos políticos psicópatas que obedecen órdenes; y fe ciega en unos medios de comunicación completamente vendidos a la gran mentira global.

Que el engranaje de todo esto funcione sin ser cuestionado, y que el ciudadano sea un ente pasivo dispuesto a tragar cualquier consigna lanzada por los medios, indica la fase avanzada de un atontamiento progresivo que empezó hace décadas. No estamos hablando de una masa de seres analfabetos, sino de una sociedad durmiente e irracional que no ha desarrollado la perspicacia ni el discernimiento y acepta cualquier patraña proveniente del papá Estado y sus tentáculos. Por eso extiende los brazos tan alegremente para el sacrificio o permite que los hisopos de las PCR atraviesen sus canales nasofaríngeos hasta la barrera hematoencefálica, sin un atisbo de preocupación.

Millones de personas ya han recibido dos dosis, y algunas ya van por la tercera. ¿Cómo es posible que acepten “algo” llamado vacuna, que los expertos dicen que es innecesario y que, además, no inmuniza? Pero la manipulación es tan profunda, que los pobres covidianos autómatas repiten el mantra lanzado por los participantes en el negocio: “no inmuniza, pero si me da, me da más suave”. Decepcionante e increíble. ¿Cómo es posible que una compañera de trabajo de 38 años, sana sanísima, fallezca al día siguiente de haberle inoculado la vacuna, y no se hagan preguntas e incluso se tape la información? Esto ocurrió en un medio de comunicación nacional vacunófilo y covidiano tragacionista en extremo, que se permite, además, el lujo de criticar y juzgar a quienes optan por no vacunarse, porque están en su derecho. No olvidemos que, de momento, según la Ley de Autonomía del paciente, la vacunación es voluntaria, lo mismo que aceptar o denegar cualquier otro tratamiento médico. ¿Cómo seres pensantes pueden creer en el factor “coincidencia”, diseñado por las farmacéuticas que han exigido inmunidad ante las muertes y los efectos adversos graves?

Hay que destacar que ninguno de los vacunados ha sido informado sobre los componentes del vial, que no ha firmado el consentimiento informado preceptivo y que la vacuna no ha sido prescrita por un médico, tal como señala el protocolo. (Hemos sabido que esto se lleva incumpliendo hace años con la vacuna de la gripe). Casi nada en esta mal llamada pandemia –yo prefiero llamarle crisis geopolítica— funciona de manera legal, como ya se está viendo en las diferentes sentencias judiciales.

Todas las medidas tomadas han causado daños irreparables en diferentes ámbitos, y ningún beneficio. Sobre todo, no han evitado muertes. Juan Gervás, todo un referente, apunta en su última artículo que la cifra de muertes covid entre los vacunados es superior a la de los no vacunados. Sin embargo, no paran de inventar variantes para justificar los efectos adversos.

La investigación sobre el contenido de los viales continúa –a espaldas de la oficialidad— y está revelando datos tan alarmantes y surrealistas que casi causa rubor hablar de ello. Por un lado, el denostado óxido de grafeno, de cuya investigación definitiva realizada por el científico Pablo Campra Madrid hablaremos en un próximo artículo. En este vamos a ceñirnos a la investigación del doctor De Benito, dada a conocer hace unos días en un informe traducido a varios idiomas, que acaba de enviar a diversos organismos internacionales que investigan sobre las más que misteriosas vacunas. El estudio pone de manifiesto la aparición de determinados códigos provenientes de los vacunados, que aparecen en el bluetooth de los teléfonos móviles. Tal cual, por escalofriante que parezca.

Cuando hace unos meses nos empezaron a llegar noticias sobre esto, nos pareció tan delirante que optamos por dejarlas en el cajón hasta tener más datos. Ni siquiera hicimos una investigación somera, como sí habíamos hecho cuando empezó el fenómeno de los “brazos imantados”, una anomalía ante la cual no sabíamos cómo actuar.

El doctor De Benito realizó la investigación este verano, en los meses de julio y agosto. Aunque dentro de la ortodoxia, fue muy crítico con la versión oficial desde el inicio de la pandemia. Confiesa que le costó hacer el estudio sobre los códigos de los vacunados, que aparecen en el bluetooth, y publicarlo porque, en cierta manera, no pertenece al ámbito sanitario. Le han aconsejado no entrar en estos berenjenales para no perder credibilidad, dado que creó su canal para informar sobre la pandemia, estado de las ucis, contagios, etcétera. Pero hace tiempo que asegura que la pandemia terminó y que no existe ninguna crisis sanitaria, sino política, y que esto terminará cuando los políticos decidan. Así de claro. Dice que se siente obligado moralmente a compartir lo que ha descubierto y reconoce que el fin de todo esto es el control y la restricción de libertades a los seres humanos.

El informe, con el título Lo que la vacuna nos pone empieza con el siguiente razonamiento:

«Si desde el punto de vista médico no existe ninguna necesidad de administrar ninguna medida preventiva –dudosamente preventiva—, para una enfermedad con una letalidad del 2 por mil, ¿por qué tanta insistencia en que todo el mundo se inocule –con motivo o sin él—, e incluso se obligue también a que la reciban quienes no desean pincharse? Si he constatado que me enfrento a la enfermedad, y no enfermo, ¿qué me va a dar a mí la vacuna que no tenga yo ya? De esta reflexión surgió este experimento, fruto de la casualidad, porque tengo un teléfono móvil chino un Huawei Honor 8, y me pasé el verano trabajando en un hospital aislado del mundo, o de casi todo el mundo.

«En la sierra de Madrid, a los pies del monte, hay un edificio de consultas médicas en medio de una arboleda aislada. Aunque hay muchas consultas, durante el verano de 2021, por las tardes, la que yo ocupaba era la única operativa. Ni siquiera había personal administrativo por las tardes en ese edificio. Y en las calurosas tardes de verano, pude hacer las observaciones que os cuento a continuación. […] Bajo mi consulta, ocasionalmente, aparcaba una ambulancia del SUMA, del servicio de urgencias, porque tienen allí una base».

El doctor De Benito comenzaba la consulta a las tres de la tarde, y tenía las citas cada veinte minutos. Debido a las medidas covid, se recomendaba que los pacientes acudiesen solos y, a ser posible, a la hora indicada, a fin de evitar aglomeraciones.

Antes de comenzar la consulta el doctor conectaba en su teléfono móvil la aplicación bluetooth y comprobaba que no se registraba ningún dispositivo disponible con el que poder contactar. El bluetooth es una aplicación que localiza dispositivos disponibles. Al comenzar la consulta no había ningún dispositivo disponible con el que poder conectarse, pero cuando se acercaba un paciente, a unos veinte metros de la consulta, en su teléfono móvil podía ver si aparecían dispositivos con los que conectar con bluetooth. Si el bluetooth detectaba algún dispositivo aparecía un código MAC address (Media Access Control), un identificador único que los fabricantes de dispositivos electrónicos asignan a una tarjeta o elemento que se puede conectar en red. Consta de doce dígitos, números o letras agrupados de dos en dos y separados por un guion o por dos puntos. Se trata de un número de identificación, supuestamente, único e irrepetible para cada dispositivo electrónico. (Este detalle es muy importante, por lo que veremos después).

Después de atender al paciente, le preguntaba si se había vacunado de covid. Cuando la respuesta era afirmativa, solía ser rápida y sin titubeo; en cambio cuando era no, algunos mostraban cierto recelo, incluso enfado. Esto lo llevó a deducir que los no vacunados habían sido objeto de algún tipo de presión o acoso.

Tras tranquilizar al paciente, con independencia de la respuesta, el doctor lo iba anotando en una ficha. Ninguno de los 137 pacientes preguntados se negó a responder, aun habiéndoles ofrecido esa posibilidad. Sí es cierto que, como expresamos, los no vacunados se sentían algo molestos cuando se les preguntaba.

Si la respuesta era afirmativa, indagaba sobre qué tipo de vacuna les habían puesto, cuándo y si habían tenido alguna reacción adversa. Después les preguntaba si llevaban encima algún teléfono móvil o algún dispositivo electrónico. Si era así, les pedía que lo desconectasen un momento. Cuando lo apagaban, de su teléfono móvil desaparecía el código de uno de los dispositivos que se registraban en el bluetooth. (A veces esos dispositivos no aparecen con el MAC address, con esos doce números, sino con el nombre o marca del dispositivo).

De los 137 pacientes preguntados, 112 contestaron afirmativamente y 25 dijeron que no. Ninguno de los que no habían recibido la vacuna registraban en el móvil del doctor dispositivos disponibles, es decir, ningún código. En 96 pacientes de los 112 que declararon haberse vacunado –habiendo apagado sus dispositivos electrónicos, si los llevaban—, permanecía en la pantalla del móvil del médico un código MAC, que el anotaba en la historia del paciente. Este hecho le hizo concluir que se trataba de un código que el propio paciente llevaba encima, integrado en su cuerpo. De hecho, cuando el usuario abandonaba la consulta y salía del edificio, el código desaparecía de su móvil. Resumiendo: el cien por cien de los pacientes que dijeron no estar vacunados no generaron ninguna señal bluetooth en el móvil del doctor; y, por otro lado, el 86 por ciento de los que declararon estar vacunados generaban una dirección MAC address. (No todos los teléfonos pueden registrar estos códigos. Huawei, Samsung y Xiaomi sí los captan. Sería positivo que los usuarios hiciesen comprobaciones sobre los vacunados de su familia y entorno).

Imaginamos el estupor de un médico, al comprobar estas anomalías que nada tienen que ver con la sanidad o la medicina; como también el grado de decepción y desconfianza hacia un sistema que dice velar por los seres humanos.

De toda esta investigación, al doctor le surgen numerosas dudas y preguntas, entre ellas: ¿por qué de un mismo vial (cinco dosis), aplicado a cinco personas distintas, cada una genera un código diferente? Consultado con informáticos en robótica, se sospecha que los códigos se puedan generar por la interacción de lo que se inyecta, con el material genético del paciente. Pero la investigación no ha hecho más que empezar, y queda mucho camino por recorrer. Otra de las preguntas que genera escalofríos es si el MAC address detectado en una persona vacunada permite interaccionar con ella y hasta qué punto. Somos conscientes de que estamos geolocalizados a través de los móviles y otros artilugios, pero, como bien reflexiona el doctor De Benito: “otra cosa es que el dispositivo se lleve dentro”.

Hemos publicado hasta la saciedad sobre los fines de manipulación y control de la humanidad que los “amos del mundo” tienen en su agenda desde hace mucho tiempo. El doctor De Benito no pertenece al mundo del periodismo de investigación; sin embargo, parece rendido a la evidencia y así lo expresa: “Si esta condición [de persona geocalizada] permite interactuar con mayor profundidad como, por ejemplo, conocer su estado de ánimo, su salud, sus intenciones, o controlar su voluntad… no lo sé… lo ignoro… el tiempo lo dirá”.

En efecto, el tiempo lo dirá y nosotros se lo contaremos. Hasta entonces, aprendamos a vivir las situaciones adversas desde nuestro rincón de paz. A pesar de todo, somos poderosos, aunque no lo sepamos o lo hayamos olvidado. La meditación, la oración y la práctica del amor incondicional son las armas más poderosas para combatir esta situación tenebrosa que estamos viviendo.

 

Escándalo: El Ministerio de Salud a cargo de Carla Vizzotti, modificaron las pruebas de la «vacuna» Sinopharm para poder inocular a los niños​

Así como leen, modificaron las pruebas, jugando y experimentando con la salud y la vida de tus hijos. Este portal web ya lo había advertido en el momento del anuncio en una confabulación con la Sociedad Argentina de Pediatría.

El observador envió varios mails en el mes de octubre a la SAC pidiendo explicación de esta polémica vacunación en los menores, solo fue silencio. El presidente de SAC ( ahora ex ), renunció y se fue por la puerta de atrás sin decir ninguna palabra.

El entramado

El primer acto de Carla Vizzotti al frente de la cartera de salud fue aprobar la vacuna Sinopharm para su uso “de emergencia”.

El ANMAT aprobó el testeo fase 3 de la vacuna Sinopharm en argentina.
Con el patrocinio del Laboratorio Elea-Phoenix, del aportante Hugo Sigman, la cara del Grupo Insud, que ya tiene entre sus manos el tema Ivermectina, el suero equino, la producción del componente de la vacuna de AstraZeneca a través de mAbxience y ahora también la vacuna Sinopharm. La coordinación de la investigación se realiza a través de la Fundación Huésped, el estudio clínico sobre la vacuna China se realizaría en tres de los centros de la Fundación Vacunar, Cañitas, Coghlan y Liniers.

El problema, ético, es que Vizzotti, la actual Ministra de Salud, es presidenta honorífica de la “Fundación Vacunar” y también forma parte de la “Fundación Huésped” desde el año 2017.

Y no solo eso, sino que de acuerdo a los registros de la ANSES, ni bien ingresó al Ministerio de Salud, Vizzotti comenzó a cobrar un sueldo de la Fundación Vacunar (oportunamente publicado por Sebastián Turtora), que a pesar de la mascarada de ONG sin fines de lucro, detrás posee una sociedad comercial registrada en el Boletín Oficial bajo el tipo de Sociedad Anónima e inscripta como proveedora estatal. Actualmente, Vacunar SA posee contratos estatales con el Gobierno de la Ciudad y con la Municipalidad de La Plata. El 2 de enero de 2020 el intendente Garró publicó en el Boletín Oficial la adjudicación a Vacunar SA de la Licitación Pública “35” realizada desde la Secretaria de Salud por la suma total de $9.868.000.

Al igual que la Fundación Huésped opera junto a Huésped SRL, el grupo Vacunar esta compuesto por la Fundación Vacunar que comparte el domicilio con Vacunar SA, que desde la tienda brinda servicios “filantrópicos” y desde la trastienda es proveedora del Estado y figura en los registros oficiales como empleadora de la funcionaria Vizzotti.

Pero Vizzotti no es la única en el gobierno con lazos con Vacunar.
Pablo Bonhevi, integrante del comité de expertos que asesora a Alberto, es el Director Científico de Vacunar, actividad que de acuerdo a su LinkedIn “desarrolla en conjunto con el Dr. Ricardo Rüttimann”.

Los investigadores de referencia en nuestro país para la prueba de la vacuna Sinopharm son: Pedro Cahn (Asesor científico del gobierno y director científico de Huésped), y los integrantes del comité científico de Vacunar, los doctores Ricardo Rüttimann, Pablo Bonvehí y Florencia Cahn.

De acuerdo a los registros oficiales, ni bien ingresó Vizzotti a la actual gestión, junto al sueldo del Ministerio de Salud también figura un sueldo de parte del empleador “Fundación Vacunar“.

¿Puede una funcionaria de alto rango como Vizzotti, recibir de parte de una Fundación un sueldo “extra” y luego, cuando esa misma “Fundación” realiza el testeo de Sinopharm (acordado por el Ministerio de Salud y el fabricante chino), que la compra de dicha vacuna sea aprobada por Vizzotti con la excusa de una emergencia sanitaria?


En Argentina todo es posible. Mientras tanto, las finanzas de Vizzotti pican en punta. De acuerdo a su DDJJ, la ministra logró un ahorro de 134.300 dólares y también se compró un Toyota Yaris.

 

Deja que los muertos entierren a sus muertos​

Jesús de Nazaret tenía un mensaje para el mundo. Uno de sus seguidores le dijo que lo acompañaría, pero le pedía tiempo para una ceremonia funeraria. En los rituales judíos era muy importante la ceremonia de acompañar a sus difuntos a su última morada.
Jesús lo miró fijo y le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.

En esta frase, aún desata polémicas en el mundo de la teología cristiana, pues no resulta fácilmente comprensible que Jesús usara palabras tan duras. Él se refería a los “muertos espiritualmente”, pues la muerte nunca fue para Jesús otra cosa que la entrada al Reino para aquellos que lo hayan elegido.

No es mi intención hacer un debate teológico. Lo tomo como una metáfora para referirme a la enorme cantidad de “muertos en vida” que, ya sea por falta de iniciativa en la búsqueda de la verdad, o también como no, por la devoción absoluta a los medios de comunicación, decidieron inocularse una sustancia desconocida simplemente porque los “líderes de opinión” políticos y mediáticos así lo aconsejaron.

Para quienes además nos tomamos el tiempo para leer los prospectos, sabemos también que no brinda inmunización alguna. Y hoy, eso es demostrable.

Existe una tendencia entre aquellos que fuimos capaces de investigar (en mi caso personal más de 1.500 horas) a intentar “salvar almas” de las garras del perverso Nuevo Orden Mundial, representado por un informático eugenésico incrustado como un okupa en el mundo de la medicina y unas instituciones globalistas ( Rockefeller Foundation, OMS, Foro de Davos, ONU, etc. etc.). No escapé de esa tendencia, he intentado mediante lo poco que las redes sociales permiten, alertar a amigos y a algunos conocidos. Pero desde el momento en que comprobé que la mayoría de la gente aceptaba la pócima, dejé de enviar información, por conocer el daño que estaban provocando estas inoculaciones, siendo consciente que divulgar esta información podría generar miedo en las personas que, de buena fe, pusieron el brazo para este experimento. Y el miedo, es mal consejero. Si las autoridades (mediáticas y políticas, a sueldo de las mega-corporaciones) se dedicaron a generar miedo para lograr doblegar a la gente, yo no quise ser otro factor que lo promueva, especialmente, en momentos en que todo el mundo ya tomó la mejor decisión que consideró posible.

Se nota además el odio que se genera contra los que con intenciones sanas, quieren alertar e informar a los demás. El médico Luis Miguel De Benito explicaba en uno de sus directos en la plataforma Rumble (porque Youtube le cerró el canal, claro…) de una manera muy didáctica por qué las personas inoculadas no quieren saber nada que contradiga la decisión tomada:

“…es como una persona que lleva meses con la intención de comprar un coche determinado, soñando con él, hasta que un día va al concesionario y lo compra. De pronto, un ingeniero mecánico amigo le dice: vaya mierda de coche te compraste…”

Intenté entonces pasar por alto la clave del problema (la situación sanitaria programada), enviando de vez en cuando imágenes, pequeños videos o reflexiones acerca del conglomerado elitista que toma las decisiones que afectan al mundo, con el “lote” de excrementos culturales que penetran el mundo occidental por obra y magia de los políticos (sean de la tendencia que sean), incrustándose en el inconsciente colectivo mediante la fagocitación social en los medios, el cine, las series (Netflix se lleva el Oscar), falsos movimientos sociales; como por ejemplo la aniquilación de la familia como eslabón social, la culpabilización del hombre blanco, la ingeniería de género, la mentira del cambio climático “por culpa del hombre”, la inteligencia artificial, la ridiculización de todo lo espiritual y un largo etcétera. Todo esto, hoy representado iconográficamente con el círculo multicolor de la perversa “Agenda 2030” que patrocina el Foro de Davos.
Un fracaso. No se puede convencer a nadie de que la mierda es solo mierda. (mientras millones de moscas la sigan consumiendo).

Y no voy a pasar por enviar vídeos de gatitos, frases de Pablo Coehlo, y todo lo que tenga que ver con disfrazar la realidad que estamos viviendo, y que no es ni más ni menos que la tercera guerra mundial sin misiles ni bombas. Y las guerras traen muchos damnificados. Para quienes no saben lo que hay hasta hoy, se verá a mediano plazo.

Durante la ocupación nazi en Francia, había muchos colaboracionistas. Pero había una resistencia que sintonizaba radios clandestinas para conocer la realidad y que no se resignaba a la desaparición de su país y a la germanización de sus gentes. Así pues, empatizo con esos franceses de la resistencia y sus radios clandestinas. Y no me apetece compartir cursilerías. Sé que estoy en la recta final de mi vida pero quiero vivir esa recta con dignidad, con verdadero empoderamiento, con información real, acercándome a la realidad por dura que sea (y lo es). En esta guerra (como en todas), la verdad es la primera que muere. Miles de millones de dólares han comprado la opinión de los pueblos mediante sicarios informativos. El 90 % de los medios de comunicación están en manos de los mega fondos de inversión como Black Rock, Vanguard, Black Stone… (dueños a su vez de la gran banca). Lo mismo que los grandes operadores de internet (Google, Youtube, Facebook, etc). Así pues, la realidad imperante en nueve de cada diez personas está restringida a la cantidad de botones del mando a distancia. Solo una red social, propiedad de un multimillonario ruso ha dejado a sus usuarios expresarse. Se trata de Telegram, que pasó de 50 millones a 600 millones de usuarios durante estos tiempos plandémicos. Los comunicadores reales migraron a plataformas de video como rumble, twitch u odisee. Y allí, es donde están los nuevos “franceses con sus radios”. Con un ejercicio de selección cualquiera puede quedarse con muy pocos canales de información y verá una realidad para la que hay que estar preparado, si se toma la decisión de abordarla.

Y así, es como vuelvo a la frase de Jesús: “…Deja que los muertos entierren a sus muertos…”. Dejaré que lo hagan, y mientras esté en este mundo, me acercaré más a los vivos. A las personas con alta vibración y conciencia. A los demás también, claro, comprendiéndolos desde mi compasión cristiana y no abordando temas que los pueden desestabilizar con excepción de aquellos que se interesen por la visión de “la cara oculta de la luna”, y menos aún discutir, jamás podría convencer a nadie compitiendo con un personajillo de la TV. Tampoco a esta altura, lo deseo.
Habrá que dar a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César…