Losantos, erre que erre, culpa ahora a Abascal de las consecuencias que han tenido sus propias palabras y las de Isabel San Sebastián
Siempre hemos pensado que a Federico Jiménez Losantos se le podría criticar por muchas cosas, pero nunca por ser una persona culta, valiente e inteligente. Siempre hemos escuchado sus programas con interés y sobre todo sus editoriales cargados de razón la mayoría de las veces e incluso de una ironía y humor que, bajo nuestro punto de vista, demostraba que se trataba de una persona brillante.
De un tiempo a esta parte, ya lo sabrán muchos de ustedes, hemos ido publicando varios artículos en los que mostrábamos nuestra gran decepción cuando escuchábamos a quien antes admirábamos, lanzar arengas favorables a las vacunas y calificativos muy graves contra los que no quieren, no queremos, vacunarnos. Que se nos llame criminales, asesinos e incluso bebedores de lejía, no tiene un solo pase. Esas palabras son gravísimas y las lanza contra personas que, simplemente, no confiamos en las vacunas basándonos en la información que manejamos.
En base a esa información, nosotros hacemos un llamamiento a la gente a no vacunarse, pero nunca se nos ocurriría insultar de la forma que lo hace Federico a quien decida hacerlo. Por otro lado, y por mucho que se esfuerce, sus ataques a las personas que promocionan el consumo de dióxido de cloro acusándoles, como ha
hecho hoy mismo, de “movimiento globalista e irracionalista que alimentan económicamente las sórdidas mafias enriquecidas con el MMS, el jarabe de los ‘bebelejía’, cuyo carácter tóxico se explicaba ayer científicamente en LD”, simplemente nos parece una auténtica tomadura de pelo y tomar a sus lectores por imbéciles.
Que precisamente él diga eso no deja de hacernos gracia, nos parece hasta irónico. Que alguien que está haciendo un tremendo esfuerzo por vendernos las bondades de un medicamento experimental que pretende inocularnos la billonaria, poderosa y gigante industria farmacéutica, llame a los promotores del MMS “sórdidas mafias enriquecidas” resultaría hasta gracioso, si no fuera tan grave. Es aberrante.
Esos a los que llama negacionistas y antivacunas son ahora la parte más débil de la sociedad. No están apoyados ni por el gobierno, ni por ningún grupo político. Tampoco por las televisiones y los grandes medios de comunicación. Simplemente son, somos, unos pequeños grupos de personas con un alcance muy limitado, infinitamente menor que, por ejemplo, Libertad Digital, que a base de buscar información, utilizando la lógica y el sentido común, estamos intentando desmontar las vergüenzas y las muchas contradicciones en las que está cayendo el relato oficial. No parece que seamos tan pocos y tan chalados cuando se nos está dedicando tanto espacio en las televisiones y grandes medios, no para rebatir nuestras informaciones, sino para desacreditarnos con calificativos graves.
Pero resulta que, además, tanto que presume de valentía y de enfrentarse él solo a los poderosos, en el artículo que ha publicado hoy en Libertad Digital demuestra mucha cobardía. En lugar de asumir y explicar los graves insultos que nos ha dedicado a muchas personas esta semana, se convierte en víctima, nos cuenta que esta semana esRadio ha sido atacada por una “horda”, pero que a él no le preocupa porque está acostumbrado a “las ratas y a los desagradecidos”.
Y es que él no ha sido el culpable de nada porque lo que él dice está siempre justificado y cargado de razón. Lo que ha sucedido a lo largo de esta semana no ha sido por censurar y despedir a uno de sus colaboradores desde hace 14 años por ser valiente. Tampoco por insultos como “asesinos, criminales y bebelejías”. Ni siquiera por dar cobertura a las sandeces que dice Isabel San Sebastián, no. La culpa la tiene Abascal por no confirmar si estaba vacunado o no. Ese ha sido el gran problema.
“Y unas palabras sobre la libertad. Esa coalición antivacunas que ha encontrado, espero que por poco tiempo, escondrijo en Vox, y en la que se ayuntan los que niegan el Holocausto y los que en otro tiempo escribieron libros denunciándolo, menudas piezas, se esgrime, como hizo Abascal en esRadio, la libertad de ocultar una opinión. Lo hacen los que presumen de ser los únicos en criticar la tiranía de lo políticamente correcto, la censura de los medios y la llamada cultura de la cancelación, manifestaciones todas de ese marxismo cultural que, insisto, dicen ser los únicos en combatir”.
Parece no saber que esa libertad no nos la da él, ni buenistas acomplejados de los que se ha rodeado que, simplemente, intentan mantener su puesto de trabajo. Esa libertad nos la da la constitución y además es individual. ¡Solo faltaría que tuviéramos que justificar ante nadie lo que cada uno decidimos hacer con nuestro cuerpo! Qué equivocados estábamos con Federico, ya no queda nada de lo que creíamos que era.
Losantos, erre que erre, culpa ahora a Abascal de las consecuencias que han tenido sus propias palabras y las de Isabel San Sebastián
www.eldiestro.es