A mí me pasó algo así en un mcdonadls. Resulta que mientras me comía mi mcmeú, se me escapó una llufarada de estas que vuelcan a los zombis de The Walking dead, de las que deja un poco de rastro, y la verdad es que el olor se esparció por todo el local de una manera letal. Se generó un poquillo de niebla como la del sadar. La peña comezó a toser, a cagarse en dios y en los ángeles, y claro, vivo en un barrio marginal, y la chusma que había en el local, comenzó a buscar culpables. Yo sabía que tarde o temprano, si no hacía nada para evitarlo, acabaría cayendo, y acabaría siendo descubierto, así que le ofrecí 10 eurazos al colega que estaba en la mesa conmigo para cargarle la culpa al otro colega que estaba en ese momento en el váter. Cuando volvió, y la gente comenzó a desplomarse en el suelo, nosotros respirábamos dentro de la caja del menú infantil, cogí un poco de fuerzas, y grité: "Ha sido este hijo de puta, que alguien nos vengue!", un grupo de canis se abalanzó sobre él, que no sabía de que iban los tiros, y comenzó la tunda. Nosotros gateando, nos fuimos del local, y pudimos salvar la vida. El chaval acabó con el cuerpo repletito de moratones, y doce personas tuvieron que ser ingresadas como consecuencia de haber inhalado el olor de mi cuesco. Al final el mcdonalds cerró un par de meses, y abrió nuevamente pero convertido en un starucks. El chaval nuca supo que fui yo, y nunca más se habló de aquel día, aunque ver a la gente caer sobre sus hamburguesas, a algunos clavándose las patatas deluxe en la frente, es algo que marca, y no se olvida.