Pretende Vox que creamos que sus apoyos a las investiduras de Juan Manuel Moreno (Andalucía), Fernando López Miras (Murcia) e Isabel García Ayuso (Madrid) ha sido gracias a la aceptación por parte del PP y de Ciudadanos de algunos puntos de su programa, sobre todo en relación a los colectivos feminista y LGTBI.
Durante la investidura de Ayuso, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, dejó claro que el gobierno regional no daría un paso atrás en lo tocante a los derechos LGTBI. Rocío Monasterio tuvo que aceptar esta cláusula para evitar la repetición de elecciones, que hubiera supuesto a Vox la pérdida de la mayoría de sus diputados en la Asamblea de Madrid.
El efecto Vox comenzó a desinflarse desde el mismo momento en que sus votantes percibieron que todos esos principios defendidos en los mítines al final solo pretendían servir de muletilla al PP en las instituciones donde los de Casado han necesitado su apoyo. Y que lo de la «España viva» era solo la España de un puñado de vivos.
En su encuesta de mayo, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) atribuyó a Vox la mitad de la fuerza electoral que había obtenido el 28 de abril, con tan solo el 5,3% de los apoyos.
La senda de la irrelevancia en el CIS sería una máxima que se repetiría en los consecutivos sondeos: en junio volvía a descender dos décimas -5,1%- , marco reafirmado por otros barómetros publicados en ese momento, como el de GAD3 para ABC del mismo mes, que auguraba para Vox un 5,6% de los votos y tan solo nueve de los 24 escaños que conserva ahora. La falta de respaldo electoral se constataría en julio, hundiéndose hasta el 4,6% en la cocina de Tezanos, unas cifras que contrastan con el 10,26% de los votos cosechados en abril.
Y es que no se puede predicar una cosa y hacer la contraria. O lo que es lo mismo, no se puede apelar a la regeneración moral de España para al final proporcionarle a la «derechita cobarde», a cambio de casi nada, parte del poder autonómico que hoy ostenta..
Nos preguntamos, por ejemplo, de qué ha servido hasta ahora el apoyo de Vox a la coalición PP-Ciudadanos en Andalucía cuando vemos que la agenda homosexista y las políticas de género siguen siendo exactamente las mismas que en la época de Susana Díaz.
Como muestra, el siguiente botón: La Junta de Andalucía colabora económicamente con la Asociación de Transexuales Andaluces en la organización de un «Campamento Trans» (sic) para niños en la Sierra de Cazorla (Jaén), entre el 11 y el 15 de septiembre. ¿Qué ha dicho Vox de la colaboración de la Junta en esta iniciativa claramente adoctrinadora? Absolutamente nada.
Los de Abascal, un líder «cortito» y sin apenas formación, se han unido a la dictadura de la corrección política disfrazados de falsa disidencia. Ahora nos hemos enterado que la «extrema necesidad» consistía en organizar un «Campamento Trans» para que los niños andaluces sucumban a la propaganda LGTBI. Y en fingir que se introducían cambios para que todo siga igual.
Fue bonita la estafa mientras la disfrazaron de patriotismo.
Durante la investidura de Ayuso, el vicepresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio Aguado, dejó claro que el gobierno regional no daría un paso atrás en lo tocante a los derechos LGTBI. Rocío Monasterio tuvo que aceptar esta cláusula para evitar la repetición de elecciones, que hubiera supuesto a Vox la pérdida de la mayoría de sus diputados en la Asamblea de Madrid.
El efecto Vox comenzó a desinflarse desde el mismo momento en que sus votantes percibieron que todos esos principios defendidos en los mítines al final solo pretendían servir de muletilla al PP en las instituciones donde los de Casado han necesitado su apoyo. Y que lo de la «España viva» era solo la España de un puñado de vivos.
En su encuesta de mayo, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) atribuyó a Vox la mitad de la fuerza electoral que había obtenido el 28 de abril, con tan solo el 5,3% de los apoyos.
La senda de la irrelevancia en el CIS sería una máxima que se repetiría en los consecutivos sondeos: en junio volvía a descender dos décimas -5,1%- , marco reafirmado por otros barómetros publicados en ese momento, como el de GAD3 para ABC del mismo mes, que auguraba para Vox un 5,6% de los votos y tan solo nueve de los 24 escaños que conserva ahora. La falta de respaldo electoral se constataría en julio, hundiéndose hasta el 4,6% en la cocina de Tezanos, unas cifras que contrastan con el 10,26% de los votos cosechados en abril.
Y es que no se puede predicar una cosa y hacer la contraria. O lo que es lo mismo, no se puede apelar a la regeneración moral de España para al final proporcionarle a la «derechita cobarde», a cambio de casi nada, parte del poder autonómico que hoy ostenta..
Nos preguntamos, por ejemplo, de qué ha servido hasta ahora el apoyo de Vox a la coalición PP-Ciudadanos en Andalucía cuando vemos que la agenda homosexista y las políticas de género siguen siendo exactamente las mismas que en la época de Susana Díaz.
Como muestra, el siguiente botón: La Junta de Andalucía colabora económicamente con la Asociación de Transexuales Andaluces en la organización de un «Campamento Trans» (sic) para niños en la Sierra de Cazorla (Jaén), entre el 11 y el 15 de septiembre. ¿Qué ha dicho Vox de la colaboración de la Junta en esta iniciativa claramente adoctrinadora? Absolutamente nada.
Los de Abascal, un líder «cortito» y sin apenas formación, se han unido a la dictadura de la corrección política disfrazados de falsa disidencia. Ahora nos hemos enterado que la «extrema necesidad» consistía en organizar un «Campamento Trans» para que los niños andaluces sucumban a la propaganda LGTBI. Y en fingir que se introducían cambios para que todo siga igual.
Fue bonita la estafa mientras la disfrazaron de patriotismo.