Eutanasia: El genocidio invisible | ForoTrolls

Eutanasia: El genocidio invisible

Shizuka

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25 Nov 2010
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«Voy directa al grano: voy a morir en un máximo de 10 días. Después de años de duelo, mi lucha termina… Seré liberada porque mi sufrimiento es insoportable». Fueron las palabras de despedida de Noa Pothoven en Instagram. La joven holandesa, de 17 años, fallecía en su casa con la ayuda de una «clínica para el final de la vida».

Pothoven fue violada por su primo cuando era una pequeña, episodio tras el que sufrió un trastorno de estrés postraumático, depresión y anorexia. Escribió una autobiografía llamada «Ganar o aprender» sobre sus batallas contra las enfermedades mentales tras ser violada a una edad temprana. Dijo que quería que su libro ayudara a jóvenes vulnerables que luchan por la vida. Noa consumó su suicidio en el salón de su casa, ante la complacencia de sus familiares que se despidieron plácidamente de ella.

El caso ha reabierto el debate sobre la eutanasia. Holanda fue el primer país europeo en legalizar esta práctica. La ley entró en vigor en abril de 2002, considerando legal la intervención directa y eficaz del médico para causar la muerte de un paciente que sufre una enfermedad irreversible o que se encuentra en fase terminal y con padecimiento insoportable.

Las peticiones de eutanasia en el país las pueden hacer menores de edad, en algunos casos con el consentimiento de los padres (entre los 12 y 16 años inclusive) y sin el consentimiento, aunque participando en la decisión final (entre los 16 y 17 años).

5.516 personas solicitaron y recibieron la muerte asistida en Holanda en 2015. 56 de ellas padecían trastornos psiquiátricos. El denominador de estas personas es que todas eran de raza blanca. En 2016 se practicó la eutanasia de forma oficial a unas 6.091 personas, un 10% más que en 2015, lo que significó que el 4% de las muertes en el país durante ese año se debieron al suicidio asistido. En 2017 hubo 6.585 casos y, en 2018, los médicos neerlandeses aprobaron un total de 6.126 solicitudes, 459 menos que en 2017 y de las que casi dos terceras partes (4.013) se debieron a un cáncer.

Antes de Noa, cuya muerte ha sido prácticamente un acontecimiento público en Holanda, otros casos también llamaron la atención del mundo y pusieron el foco en una medida polémica.

Aurelia Brouwers

Aurelia Brouwers, de 29 años, fallecía por eutanasia en enero de 2018. No era una enferma terminal, pero desde los 12 años tenía una enfermedad mental que le impedía llevar su vida con normalidad, de ahí su decisión.

«Tengo 29 años y he elegido someterme voluntariamente a la eutanasia. Lo he elegido porque tengo muchos problemas de salud mental. Sufro de forma insoportable y no tengo esperanza. Cada aliento que tomo es tortura», dijo la joven en una grabación días antes de morir.

Sus últimos días, además, fueron grabados por una cadena de televisión holandesa, que la siguió durante dos semanas para retransmitir el final de su vida. «Estoy atrapada en mi propio cuerpo, en mi propia cabeza, y solo quiero ser libre», decía la joven en el reportaje.

Sus médicos habituales no compartían su decisión, por lo que la joven tuvo que recurrir a Levenseindekliniek, la clínica del «fin de la vida», en La Haya, donde encontró el respaldo del sanitario que le sumistró el veneno.

Mark Langedijk

Mark Langedijk, de 41 años y padre de dos niños, decidió que la única solución para acabar con su sufrimiento era la eutanasia, falleciendo en 2016, tras una inyección letal, en la casa de sus padres en Holanda. Langedijk era alcohólico. Había asistido a 21 sesiones de rehabilitación en los últimos ocho años, pero perdió la esperanza.

Según relata su hermano mayor, el periodista Marcel Langedijk, «cuando Mark se dio cuenta de que necesitaba ayuda, el alcohol ya lo había atrapado. Nunca lo soltó».

Respecto a la despedida con su hermano, Marcel explicaba que «estábamos llorando, diciéndonos que nos amábamos, que nos cuidaríamos unos a otros, que nos volveríamos a ver…».

 

Shizuka

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25 Nov 2010
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Acabar con la raza blanca en Europa, objetivo de la ingeniería social: Holanda practica la eutanasia a una joven de 17 años que sufría depresión

Una joven holandesa de 17 años que sufrió abusos sexuales cuando era una niña ha muerto en su casa, en la localidad de Arnhem, con la ayuda de una «clínica para el final de la vida». Noa Pothoven murió en una cama de hospital en su sala de estar después de que se le concedió el derecho a la eutanasia.

Noa escribió una autobiografía llamada «Ganar o aprender» sobre sus batallas contra las enfermedades mentales tras ser violada a una edad temprana. Como resultado de aquel terrible suceso, sufrió un trastorno de estrés postraumático, depresión y anorexia.

Noa dijo que quería que su libro ayudara a jóvenes vulnerables que luchan por la vida, y agregó que los Países Bajos no tienen instituciones o clínicas especializadas donde los adolescentes puedan acudir para recibir ayuda psicológica o física.

En las redes sociales, tan sólo un día antes de su fallecimiento, el domingo pasado, Noa hizo pública su decisión. Ella escribió: «Estuve deliberando por un tiempo si debería o no compartir esto, pero decidí hacerlo de todos modos. Tal vez esto sea una sorpresa para algunos, dado mis publicaciones sobre hospitalización, pero mi plan no es impulsivo. Tras años de luchar y pelear, estoy agotada. He dejado de comer y beber por un tiempo y, después de muchas discusiones y evaluaciones, decidí dejarme ir porque mi sufrimiento es insoportable».

¿Estaríamos lamentando a estas horas la muerte de Noa de no haber sido una europea de origen de raza blanca? ¿Se mostrarían los progres tan comprensivos con la torcida voluntad de la joven de haberse tratado de una inmigrante extraeuropea?

La legalización de la eutanasia en Holanda está causando una estampida de enfermos y ancianos

Por otra parte, e gobierno de Amsterdam ha desestimado las quejas de los grupos que han denunciado el éxodo de ancianos que huyen de los servicios de salud holandeses.

Holanda ha sido pionera en la legalización del aborto, las drogas y la prostitución, y ahora muchos ancianos temen que los «maten» en los hospitales donde se aplica abiertamente la ley de ‘terminación de la vida a petición propia y ayuda al suicidio’. El éxodo de ancianos y enfermos comenzó en el segundo semestre de 2002, pero se ha intensificado en los últimos meses. Los viejos desconfían profundamente de sus médicos, del servicio de salud holandés e incluso de sus familiares, y cruzan la frontera solos o en grupos, especialmente hacia Alemania, para ponerse a salvo de la eutanasia. Sin preguntas La cifra es espeluznante.

En Holanda fallecen 4.000 personas al año por ‘muerte legalmente provocada’. La ley que lo permite entró en vigor en abril de 2002 para despenalizar la eutanasia, una práctica que de todas formas venía cumpliéndose, sin persecución judicial, en los servicios de salud holandeses desde principios de los 90. La ley en cuestión lo único que hizo fue reglamentar una práctica que, vista desde la óptica de los enfermos, puede ser la materialización de la peor pesadilla. La alarma se disparó con un reciente estudio de la Universidad de Göttingen (Alemania), que analizó 7.000 casos de eutanasia en Holanda y encontró que los médicos y familiares parecen disponer de la vida de sus ancianos y de sus enfermos.

Según los investigadores, 41 por ciento de estas muertes por eutanasia fueron ‘legitimadas’ por el deseo de los familiares de acabar con el sufrimiento del paciente. Lo que es peor, en 11 por ciento de estos casos el enfermo se hallaba consciente y estaba en situación de tomar decisiones, pero nunca se le preguntó si quería morir o no. «Con estos antecedentes es apenas natural que el miedo se haya apoderado de los ancianos, que escapan de una muerte ‘anticipada’ y buscan ahora refugio en los asilos de Bocholt y de otras poblaciones alemanas cercanas a la frontera con Holanda», dijo a SEMANA Reiner Mansch, profesor de medicina de la Universidad de Göttingen y asesor del estudio sobre la eutanasia. El estudio concluyó que 60 por ciento de las muertes por ese procedimiento en Holanda tuvieron como razón fundamental la falta de expectativas para la recuperación del enfermo, pero para Mansch el dato más preocupante que arroja la investigación es que uno de cada tres casos de ‘muerte asistida’ obedeció a «la incapacidad de los familiares para continuar con la situación del enfermo hasta el final».

Los que deciden La ley holandesa, llamada «Verificación de la terminación de la vida a petición propia y ayuda al suicidio», exige como requisitos para que se pueda aplicar la eutanasia a un enfermo que su sufrimiento sea ‘insoportable’ y la ausencia de un tratamiento que alivie sus padecimientos. El médico está obligado a pedir una segunda opinión a un colega, y sobre todo debe informar a una comisión regional de control -integrada por un jurista, un médico y un experto en ética-, que dictamina si el facultativo que practicó la eutanasia cumplió las disposiciones de la ley.

En teoría, la eutanasia sigue figurando como delito en el Código Penal y el médico podría ser condenado hasta a 12 años de cárcel, si no la practica de acuerdo con los requisitos legales. La norma vigente fue más lejos de lo que muchos preveían al permitir a los menores optar por la eutanasia a partir de los 16 años sin el consentimiento de sus padres.

En el caso de los niños de 12 a 16 años, es preciso el acuerdo del menor y de por lo menos uno de sus progenitores. Hasta abril de 2002, fecha en que entró en vigor la ley, la eutanasia en Holanda no era legal pero tampoco era perseguida. Rara vez se acusaba a algún médico de practicarla y sus reglas evolucionaron durante 25 años de debates, con precedentes que sentaron la jurisprudencia que dio sustento a la ley. Antes, los médicos estaban obligados a registrar los casos ante el Fiscal General del país, y ahora sólo deben acudir ante la comisión regional, que los exonera de toda persecución judicial. Pero Ilse Keuenhof, del Movimiento Católico Holandés, uno de los grupos que más se han opuesto a la eutanasia en su país, aseguró que, tras tantos años de práctica habitual de la eutanasia y con la presión de los familiares del enfermo, «la interpretación de la ley ha cambiado al punto de que basta con que el paciente, en medio del dolor de sus quebrantos, haya manifestado en repetidas ocasiones su deseo de morir para establecer una base legal y ser conducido a la muerte».

Los partidos y grupos católicos han denunciado el éxodo de ancianos y enfermos rumbo a Alemania, pero el gobierno de Amsterdam y el ministro de Justicia holandés, Piet Hein Donner, han desestimado sus quejas y recuerdan las encuestas donde casi 90 por ciento de los 15 millones de holandeses, «entre ellos la mayoría de los católicos», se han mostrado a favor de la eutanasia.

 

Shizuka

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25 Nov 2010
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La ley de eutanasia que propone el PSOE quiere autorizar la muerte para las personas sanas que no quieren vivir

La historia de Noa Pothoven, la adolescente de 17 años que ha muerto por eutanasia en Holanda tras no poder superar los traumas fruto de haber sido víctima de abusos en su niñez por parte de su primo, reabre el debate sobre la legalización o no de la eutanasia y los casos en los que debería ser aplicada. En España, el Gobierno del PSOE quiere legalizar esta práctica y lleva tiempo intentando aprobarla.

Argumenta que individuos que «opinan que su vida está completa, deben, bajo criterios estrictos y esmerados, poder terminar con su vida de una manera digna», por lo que el suicidio asistido pronto puede ser una realidad en el país.

El planteamiento de los socialistas defiende que la prestación de la eutanasia debe estar integrada como una partida más de la sanidad pública. La propuesta de los socialistas pretende «regular el derecho que corresponde a las personas a solicitar y recibir ayuda para morir» cuando concurran las circunstancias previstas en la norma. El PSOE va un paso más allá de lo que significaría la mera despenalización de la eutanasia en el código penal ya que ésta se configura como una prestación más del catálogo del Sistema Nacional de Salud.

La decisión de solicitar ayudar para morir ha de ser una decisión autónoma, después de haber sido informada la persona por el equipo sanitario que le atiende. Y debe quedar constancia de esa información en la historia clínica. Entre las condiciones que propone el PSOE para solicitar la eutanasia se encuentran las siguientes: tener la residencia legal en nuestro país y ser mayor de edad. Siendo, además, «capaz y consciente» en el momento de la solicitud. Además, el paciente tiene que haber recibido toda la información que exista sobre su proceso y las diferentes alternativas terapéuticas, incluidos los cuidados paliativos. El paciente debe haberla formulado de manera voluntaria y por escrito. Un proceso que debe repetirse al menos una ocasión más con una separación de quince días naturales. Esa prestación de ayuda para morir no se podrá realizar sin que hayan transcurrido al menos quince días desde la última solicitud.

La proposición incluye también un apartado de derechos y deberes de los facultativos, incluida la regulación de la objeción de conciencia, que se presenta como «derecho individual» que debe manifestarse anticipadamente y por escrito.