Cinco estrategias progres para quitar importancia a un atentado islamista

Shizuka

VIP
Nov 25, 2010
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La izquierda endófoba recurre una y otra vez al mismo discurso de auto-odio, victimismo y “xeno-manía” que utiliza siempre que el islamismo comete un atentado terrorista. El objetivo es el mismo: minimizar el crimen y, subrepticiamente, justificarlo como respuesta proporcional a la intervención occidental en sus países, o a la supuesta “racista política de fronteras” de los países de la UE, frente a la política de “puertas abiertas” y “libre circulación de personas” que defienden partidos como IU, Podemos o las CUP.

Creo que nadie medianamente informado desconoce los vínculos de naciones como Arabia Saudí o Qatar con la OTAN, Israel, servicios de seguridad norteamericanos y anglo-sionistas, a la hora de armar o incluso entrenar militarmente a elementos de Al Nusra, Al Qaeda o Estado Islámico-ISIS. Que existan, y que estén documentados, no debería distraernos de la realidad: los europeos son ahora mismo el objetivo principal del terrorismo islámico. Lo vimos en los atentados de Madrid y de Londres, lo vimos en las ramblas de Barcel0na, leímos los mismos argumentos cuando lo de Charlie Hebdo, y a la próxima volveremos a comprobar cómo la izquierda española está enferma de un progresismo infantil, conduciéndose en un frívolo camino hacia ningún lado, y lo que es peor, arrastrándonos a todos en él.

Estas son las 5 estrategias “progres” para minimizar un atentado islamista:

Pseudo-laicismo, o “laicismo de conveniencia”

Si un atentado como el de París o Barcelona hubiese sido reivindicado por el “Estado Católico” o por la “Alianza Apostólica Anti-comunista”, los ataques de la izquierda contra la Iglesia Católica serían de una ferocidad tal, que ningún “progre” se atrevería siquiera a musitar que el cristianismo es una “religión de paz”. Para el social-demócrata, para el marxista cultural, para el “progretariado“, la gravedad de un crimen se mide en función de la naturaleza del criminal. Un ejemplo: con la colaboración de los medios de comunicación y el cine, la izquierda española ha conseguido que para mucha gente, solo escuchar la palabra “iglesia católica” les haga pensar en “curas pedófilos” o en abusos sexuales (la lista es larga: la extorsión etarra a empresarios se disfrazó durante años, con el beneplácito de los “mass media”, con la etiqueta de “impuesto revolucionario”; otro: “interrupción voluntaria del embarazo” por “aborto”). Este pseudo-laicismo pro-islamista y anti-católico es especialmente contradictorio cuando la izquierda se tapa los ojos ante las actitudes machistas de las teocracias árabes, denunciando mientras tanto actitudes “micro-machistas”, casi imperceptibles, cuando no invisibles.

“El Estado Islámico es fascista”

Acusando de “fascista” o de “neo-nazi” al ISIS, o al talibán de Al-Qaeda, la izquierda mata dos pájaros de un tiro: aleja del centro del debate al criminal islamista, y disfraza el hecho real y tangible con su habitual retórica “anti-fascista”. Desarmado intelectualmente, consciente de que su “hegemonía cultural” ya no es tal, el progre utiliza la palabra comodín para tratar de generar un estado de opinión en virtud del cual el crimen no es responsabilidad ya del musulmán, sino del “fascista”. La adulteración del lenguaje es de tal calibre, que se han leído argumentos “feministas” y “anti-patriarcales” que acusan de “machistas” a los terroristas, como si los asesinos hubiesen elegido con una presunta intencionalidad “de género” a sus víctimas. Tampoco han faltado referencias a las valerosas guerrilleras kurdas, que luchaban “contra el fascismo de ISIS”.

Apropiación de la causa palestina, para criticar el intervencionismo “occidental”, de corte “imperialista” y “colonialista”

Aunque el asunto palestino no tiene absolutamente nada que ver con el terrorismo de ISIS o Al Qaeda, la izquierda, como buen “caballo de troya” intelectual del islamismo, trata continuamente de introducir ese conflicto en cualquier diálogo geo-político que se precie, a cualquier precio. Curiosamente, los acobardados agentes políticos de la izquierda “española” (o del “estado español”, como prefieren presentarse), Izquierda Unida y Podemos en concreto, apenas si se atreven en musitar en voz baja argumentos anti-OTAN en el congreso o el senado, a pesar de manejar una retórica anti-imperialista, solo de consumo interno, en todos sus actos privados y de base.

Diseñar “conspiraciones”

En las que, invariablemente, el presunto verdugo no es el que parece ser; las teorías de la conspiración son aplicables a acciones terroristas individuales, o de muy pequeña escala, pero cuando la sincronización de varios atentados en un corto espacio de tiempo como en París, resulta complicado pensar que varios “hombres de paja” puedan estar involucrados, al mismo tiempo, en una falsa bandera. El asesinato de Kennedy, el “lobo solitario” de Toulouse, la masacre de Breivik o los atentados del maratón de Boston sí podrían explicarse en términos “conspiracionistas”, pero una convergencia de atentados como la de París -siete en total- resulta muy difícil de simultanear. Para que veamos hasta qu punto llega el delirio progresista; en el caso de los atentados de París, la izquierda más radical trató de sugerir que todo ha sido una “escenificación” con la intención de aupar al Frente Nacional de Marine Le Pen al gobierno de Francia, lo cual resulta una absurdidad: desde que se inventó la televisión, no es necesario recurrir a un “atrezzo” tan sangriento e innecesario.

La cosa puede ser peor;udimos ver al padre de uno de los niños atropellados en las ramblas de Barcelona con el imán de Rubí (Barcelona) tras haber dicho, literalmente, “necesito abrazar a un musulmán”. Cualquiera que conozca un poco del tema, sabe lo que se dice y escucha en las mezquitas y como el gesto del imán, ausente de sinceridad, es parte del reino de la fantasía progre, en el que los asesinos siempre acaba siendo víctimas.

“Las mayores víctimas del Estado Islámico son musulmanes”

Semejante obviedad solo podría salir de la mente de un imbécil, o de un intoxicador profesional. A nadie se le ocurriría sugerir que las mayores víctimas de los carteles de la droga mexicanos son también mexicanos: es una verdad, una evidencia, y punto. La pregunta es: ¿qué intenta la izquierda presuntamente “laica” al tratar de presentar el terrorismo islámico como una variante marginal y radical del islamismo? Sin duda, disculpar el terrorismo musulmán, disuadirnos de que es solo una “excepción”, una “anécdota”. Una actitud muy contraria a la desarrollada tradicionalmente por la izquierda, al etiquetar a la iglesia española, en bloque, como machista y opresora, franquista y “hetero-patriarcal”. Para la izquierda progre de nuestro país, los presuntos “represaliados” después de la guerra civil, asesinados o enterrados en cunetas, no son ya españoles, sino “víctimas del franquismo”. Todo sea con tal de evitar pronunciar la palabra prohibida: “España“.

Son 5 estrategias, pero podrían ser 10

El progre sabe que, adulterando una discusión política con argumentos tangenciales, puede conseguir distraer la atención de una audiencia relativamente influenciable o desinformada. Hace unos años era muy habitual que cuando se acusaba a un sindicalista o a un diputado de IU por corrupción, el izquierdista de turno sacase el caso de Bankia (“Reductio ad Bankiam” lo llamaban, muy acertadamente) o “los papeles de Bárcenas” para minimizar el robo de los suyos, muy pequeño en comparación con los desfalcos de “los otros”. Con el terrorismo es igual: para el izquierdista, los muertos en la reconquista española son más víctimas que los genocidados por Stalin, o los asesinados por el terrorismo islamista. La izquierda olvida que los muertos no tienen nacionalidad, raza o religión, y que lo de Madrid, Barcelona o París son atentados contra población civil, tan inocente como la de Beirut o Damasco. Su “colaboracionismo“, su RESPONSABILIDAD INTELECTUAL con el islamismo armado, rompe todo vínculo de fidelidad entre autóctonos, entre ciudadanos, y es un delito de traición que debería ser castigado severamente, incluso con penas de prisión.

Nos hemos acostumbrado a ver tragedias en suelo europeo, con números de víctimas que se cuentan no por decenas, sino por centenares, con lo que va siendo hora de que la izquierda ESPAÑOLA (muy a su pesar), endófoba, anti-blanca y anti-católica, vaya generando argumentos nuevos de cara a tratar de confundir o intoxicar al personal.

 

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