Primero;

Tema en 'General' iniciado por DeroVolk, 23 Sep 2013.

  1. Otro fin de semana, además de inicio de mi semana tras las vacaciones, y sin tener a nadie, sin salir de casa, salvo para ir a comer con mi madre y darme una vueltecita en la moto, solo, entrar a una librería a ojear y vuelta a casa. Cenar con mi gato con la tele y con humo y alcohol, y con internet claro, pero ya no frecuento chats ni conecto el msn, vengo a este foro y a un par de foros de moteros donde paso bastante desapercibido, veo algo de Anime, a cualquier hora del día me quedo dormido por no hacer otra cosa.

    Y lo más triste es que esto ya no me entristece, ya es mi forma de vida, ya me he acostumbrado a ser lo que soy. Las poquitas veces que salgo al cabo del año -con los del trabajo, que ya deben empezar a cansarse de cargar conmigo para que no aporte nada casinunca- tampoco me satisface, no termino de conseguir relajarme, aunque a veces hay buenos momentos pero tan escasos..
     
  2. de donde lo has copiado
     
  3. podrias decir cualquier cosa, pero eso me ha descolocado XDDDDD
     
  4. +1
     
  5. Y para ello he escrito una lista.

    DÍA 1

    Camino sigilosamente por el pasillo central de la tienda de música. En realidad no soy tan sigiloso, o de lo contrario todo esto no tendría ningún sentido.

    Miro al guardia de seguridad, que mantiene su vista pegada en los monitores que reproducen todo lo que pasa en la tienda. Perfecto. Con un programado fingido desinterés voy rebuscando entre los miles de cd’s que ocupan las estanterías de la sección de “Novedades”. Algunos son realmente caros. Demasiado. Sonrío ante mi ocurrencia y elijo uno : DBSK “Catch me”. El álbum en mis manos tiembla casi tanto como yo. Su título es perfecto para la ocasión. Me resulta extrañamente poético…

    Meto el cd en el bolsillo interior de mi cazadora en un movimiento lento y descuidado. Hacerlo rápido sería una estupidez. Camino lento hacia la salida, con una sonrisa miro al guardia de seguridad, que mantiene sus ojos puestos en los monitores.

    - ¿Te vas? – Pregunta, sin mirarme, lo cual me sorprende un poco.

    - No he encontrado nada interesante.

    - ¿Estás seguro? – Ahora me mira, clavando sus pupilas en mi cazadora, de un nada discreto color verde, y ligeramente abultada.

    - Lo estoy.

    - Muy bien.- Vuelve a mirar a los monitores y yo continúo mi camino hacia la salida. Como era de esperar, la alarma se dispara cuando paso junto al detector. Me detengo completamente. No es como si estuviera planeando correr.- ¿Qué llevas ahí? – El guardia de seguridad señala mi cazadora con su porra a un metro de distancia.

    - Nada.- Sonrío como un idiota mientras leo en su placa su nombre : Yunho. “Qué mono”.

    - Acompáñame.- Me empuja con suavidad hasta un cuarto junto a los lavabos, donde sólo hay una mesa, un par de sillas, y unas cuantas estanterías llenas de papeles desordenados.- Siéntate ahí, por favor.- Me señala una silla.

    - Estoy bien de pie, gracias.- Me cruzo de brazos y veo cómo me rodea hasta quedar frente a mi. Guarda la porra y desabrocha mi cazadora en un gesto realmente sexy y saca de mi bolsillo el cd.

    - ¿Y este regalito?

    - Oh… eso… Pensaba que me dejarías quedármelo, después de todo.

    - ¿Después de qué?

    Y así es cómo, el día 1 de mi plan, me follo a Yunho, el guardia de seguridad, en un sucio cuartucho apenas iluminado de la tienda de música del centro comercial de la ciudad.


    DÍA 2
    - ¡Auch! – Me acaricio el trasero, la caída ha dolido más de lo que esperaba, pero no contaba con que la distancia desde la ventana de mi habitación hasta el suelo del jardín era tan grande. Intento acallar mis quejidos para evitar que mis padres me descubran.
    Sí, me estoy escapando de casa. Siempre quise vivir una aventura como esa y ahora que me voy a convertir en mayor de edad, tengo que cumplir ese “ritual de paso” de todo adolescente que se precie. Miro a los lados, mis padres duermen desde hace rato, de modo que no levantaré sospechas. Consulto el reloj : son las 3 a.m. Perfecto.
    Corro durante unas cuantas calles con la falsa premonición de que alguien me viene siguiendo, pero rápidamente abandono esa paranoia. Nadie en su sano juicio seguiría a alguien como yo en plena madrugada. Y este barrio es demasiado tranquilo.
    Decido ir caminando el resto del tiempo. Cojo un chupachups de mi mochila (sólo cargada con mi cartera, mi teléfono móvil y una jersey por si hiciera frío en mi huída) y paseo por los alrededores del cementerio. Por mi mente cruza brevemente la idea de escalar los enormes barrotes de hierro de la puerta y entrar pero luego me escalofría pensar en estar solo ahí dentro durante el resto de la noche. No soy tan valiente, después de todo.
    Saco del bolsillo trasero de mi pantalón la lista y tacho. “Ya llevo 2, ¡genial”!” y vuelvo a mirar la puerta cerrada, intentando pensar en hacer algo interesante. Pero este barrio es demasiado aburrido.
    - El cementerio no abre hasta dentro de 4 horas.- La voz junto a mi me sobresalta y pego un pequeño bote, alejándome de ella.- No estarás pensando en hacer algo malo, pequeño delincuente.
    El chico alto a mi lado pone sus brazos en jarra y me mira con desaprobación.
    - Nah…- Finjo no haberme asustado-… sólo un par de rituales satánicos…
    - Eso está mal.- Me agarra por la mochila, deteniendo mi intento de huir de él-. Me pregunto qué hace un niño pequeño como tú solo en mitad de la noche.
    Le aparto la mano de un tirón.
    - No soy ningún niño. Pronto cumpliré dieciocho.
    - ¿Ah sí? No lo parece, ¿cuándo los cumples?
    - En cinco días.
    - Ah… muy bien. En ese caso, hasta entonces, procura no estar de noche por la calle, es peligroso.
    - Lo será para ti.- Meto de nuevo el chupachups en mi boca y me doy media vuelta. Pero el extraño vuelve a tirar de mi mochila.- ¿¡Y ahora qué!?
    - ¿A dónde vas? – Pregunta con voz calmada, mientras yo sólo pienso en hacerle alguna llave de taekwondo y hacerle desaparecer de la faz de la tierra.
    - ¡No te importa! – Prácticamente pataleo contra el suelo, pero él mantiene su sonrisa intacta.
    - Dime dónde vives y te llevaré a tu casa.
    - ¡Estás de coña si crees que te voy a decir dónde vivo, maldito pervertido corruptor de menores! – De un tirón me deshago de sus manos, mi mochila se ha roto en el impulso y mis cosas han quedado tiradas por el suelo. Las recojo rápidamente y me voy de allí, mientras el chico con cara de flipado sigue llamándome. ¡Menudo gilipollas!
    He corrido tanto para huir de él, que estoy cansado. Creo que como aventura ya ha sido más que suficiente. ¡Maldito entrometido! Empiezo a tener hambre y ya veo los primeros rayos de sol. Tengo un sueño terrible. Creo que es mejor que regrese a casa para desayunar. Sí, eso haré.
    DÍA 3
    Sueño.
    Creo que voy a tener que arrastrarme durante todo el día por culpa de mi aventura de anoche. Aventura frustrada, cabe decir, por aquel extraño del cementerio. Vale que yo no debería haber estado allí a esas horas, pero ¿y él? Eso sí que era extraño.
    He dormido una siesta de 3 horas. Mi madre me tuvo que arrancar literalmente la almohada de las manos. Y ahora estoy despierto a las diez de la noche y sin ningún plan. Ninguno, porque todos mis amigos son mayores de edad y pueden entrar en las discotecas y bailar y ligar durante toda la noche mientras que yo sólo puedo quedarme en casa viendo porno en internet.
    Cojo la lista, el papel empieza a estar seriamente arrugado, pero aún es legible. Voy a hacer realidad otro de mis sueños.
    Con la excusa de comprar algunas cosas que mi madre olvidó en el supermercado, salgo de casa y me dirijo a la tienda de 24 horas de la esquina. Me cuelo en el pasillo de bebidas alcohólicas y empiezo a leer etiquetas. “No entiendo nada”. En realidad no me gusta el alcohol, al menos no lo que he probado, pero tengo que hacerlo. Al menos mientras sea menor.
    Con la lista de la compra de mi madre y todos los artículos en la cesta, llego al mostrador.
    - DNI…- Murmura Kai, el guapísimo dependiente del turno de noche.
    - ¡Joder, Kai, ya sabes cuántos años tengo! ¿para qué lo quieres?
    - Eres menor de edad, Ren, no voy a venderte alcohol y arriesgar mi culo.- Separa la botella, pero antes de que la baje bajo el mostrador, la agarro con ambas manos, suplicante.
    - ¡No, por favor!
    - Ren, me estás comprometiendo…
    - Por favor, Kai.- Le miro intensamente, de verdad estoy seguro de poder convencerle-. No me obligues a robarla.
    - ¿¡Pero qué cojones dices!?, ¿¡te has vuelto loco!? – Me la quita definitivamente y la guarda lejos.- ¿Ahora robas?
    - Ya casi tengo dieciocho, no seas idiota… Dámela.
    - Vuelve la semana que viene, y yo mismo te la envolveré en papel de regalo.
    - Gilipollas.- Le pongo cara de asco mientras le entrego el dinero.
    - Niñato.- Cuenta los billetes.- Me has dado de más.
    En ese momento mi brazo ya se había alargado lo suficiente como para agarrar la botella.
    - ¡Es por esto! – La balanceo en el aire y cojo mi bolsa a la velocidad del rayo. Me apoyo en el mostrador, mientras Kai lucha entre cerrar la caja registradora, contar el dinero y quitarme la botella de las manos.- Eres muy sexy, Kai, ¿lo sabías? – Le doy un beso en los labios y salgo de allí rápido, antes de que le dé tiempo a reaccionar y seguirme.- ¡Quédate el cambio! ¡La semana que viene lo celebraremos como es debido!
    DÍA 4
    Qué asco. Ojalá no hubiera comprado esa maldita botella de absenta de 80º. Me duele la cabeza una barbaridad, supongo que esto debe de ser lo que la gente llama “resaca”. El estómago me da vueltas y apenas puedo tenerme en pie.
    El pequeño papel se mueve en mis manos al igual que las letras.
    - ¡Volveremos por la noche! – Mi madre cierra la puerta con tanta fuerza que me dan ganas de matarla. La cabeza me va a estallar.
    Un momento. Me han dejado solo. Y el coche de papá sigue en el garaje.
    Sonrío mirando al techo de mi habitación. “Si consigo levantarme de la cama, lo haré”.
    Media hora después ya soy casi una persona y cojo las llaves del coche con toda la tranquilidad del mundo.
    - Sólo será una vueltecita rápida. Nadie lo notará.
    Me subo, coloco el cinturón de seguridad y arranco. No es que sepa demasiado acerca de conducir, pero papá me dio algunas clases cuando estábamos en el campo y puedo hacer lo básico. Muy lentamente saco el coche del garaje. El único camino que sé es el del centro comercial, o sea que planeo ir hasta allá y hacerle una visita a Yunho. Con suerte, nos enrollamos y me regala otro cd.
    A los cinco minutos ya siento que estoy perdido. Creo que me he confundido un par de calles a la izquierda y no tengo la menor idea de hacia dónde me dirijo. Lo más gracioso es que voy como a 5 kms/h, leyendo todos los carteles y ninguno anuncia el centro comercial. “Mierda”.
    De pronto alguien se cruza en mi camino. Una moto. Se detiene delante de mi y me obliga a frenar bruscamente, calando el coche y casi matándome de un infarto. “Maldita sea”.
    Ya iba a salir del coche a insultar a aquel pobre inútil hasta que le veo bajar de la moto y aprecio su uniforme. “Mieeeeeeeeeeeeeerda” es un policía.
    Respiro hondo y empiezo a maquinar rápidamente. Pero nada llega a mi cerebro. Al menos, nada con sentido. “¡Mierda de absenta!”.
    Los nudillos del policía golpean el cristal de la ventanilla y me hace un gesto para que la baje.
    - Buenas tardes, caballero.- Saluda de un modo irónico.
    - Bu-buenas tardes.- Apenas me sale un balbuceo.
    - ¿Se puede saber a dónde ibas a esa velocidad?
    “Coño, ¿tan rápido iba?”
    - Ehm… creo que me he perdido.
    - Ya me he fijado, estabas entorpeciendo la circulación con tu lentitud.
    Abro los ojos al escuchar eso, ¿es que pueden multarme por algo así?
    - Lo siento, no conozco la zona.- Pssss, mentira.
    - El carnet de conducir.- Extiende su mano ante mi. La miro, hipnotizado. Tiene una mano muy bonita. Pero por desgracia, yo no tengo carnet de conducir. Porque soy menor de edad.
    - No tengo.- Sonrío de un modo tierno, mirándole.
    No puede evitar asombrarse ante mi sinceridad y rápidamente saca una libretita de su bolsillo.
    - Baja del coche.
    Obedezco. Es el final. Lo sé. Me he quedado sin Yunho y sin polvo justo en este preciso momento.
    - No es que haya atropellado a nadie ni incumplido ninguna norma…- Intento defenderme.
    - No tienes carnet. Eres un conductor ilegal.
    - ¡Soy menor!- Me apuro. Sé que no va a pasarme nada.
    - Y además apestas a alcohol.- “Ups!”.- Sin carnet y borracho. Dame tu dirección.- Empieza a garabatear en su libreta.
    - Por favor, señor agente, no le diga nada a mis padres, sólo intentaba practicar un poco, ¡dentro de poco ya podré apuntarme a la autoescuela! ¿Sabe que dentro de 3 días cumpliré los dieciocho?
    - Eso no me importa. Hoy tienes diecisiete y has infringido un montón de normas.
    - Pero como soy menor no iré a la cárcel, ¿verdad? – Insisto, aunque en realidad me estoy autoconvenciendo.
    - Dame el teléfono de tus padres.
    - Lee Donghae…- Leo en su uniforme, y deja de escribir, mirando mi cara divertida-… eres demasiado guapo para ser policía.
    Me mira boquiabierto, seguramente pensando en que soy un descarado, pero ya estoy acostumbrado a eso.
    - ¿Sabes lo que estás diciendo, niño?
    - Por supuesto que lo sé.- Agarro el cuello de su camisa, jugueteando con sus botones.- Te queda realmente bien el color azul.- En realidad pienso en lo bien que le queda el uniforme.
    Traga saliva, creo que le he puesto nervioso.
    En un momento veo que cierra la libretita y la guarda. Me agarra por los hombros.
    - Escucha bien, pequeño descarado. Voy a fingir que no he visto cómo cometías todas esas ilegalidades y te voy a acompañar a tu casa para que guardes el coche de tu padre en el garaje y me prometas que nunca más vas a conducir sin carnet.
    Pestañeo, incrédulo. “¡No me jodas!”
    Y así es cómo NO me follo al guapo agente de policía Lee Donghae, que me escolta lentamente en su moto hacia mi casa, frustrando mi tarde apasionada en el cuartito del guardia de seguridad del centro comercial.
     
  6. Pobre Psico :(
     
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